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domingo, 22 de junio de 2014

Banderas y banderías



La definición de bandera que dan los diccionarios es simple, sin connotaciones emocionales: tela de forma comúnmente rectangular, que se asegura por uno de sus lados a un asta o a una driza y se emplea como enseña o señal de una nación, una ciudad o una institución.

La de bandería tiene más precisión: parcialidad.

En estos días en que jueces imperiales como Thomas Griesa y otros en instancias superiores a la de él hasta llegar a la máxima han sentado jurisprudencia que avala bestiales atropellos políticos, gente sencilla, imbuidos los más de fuertes banderías de ocasión, agitamos banderas frente a cámaras de TV, en los estadios “mundialistas” de altísimos precios por asiento, en los automóviles desde los muy nuevos y caros hasta los más o menos destartalados, en otros rodados motorizados, a pedal o arrastrados por cuadrúpedos, en balcones de lujosas viviendas, en modestísimas ventanas, y tanto en transnacionales empresas como universidades nacionales.

No se oponen esas banderas a Griesa y sus colegas, expresan otros fervores sinceros, sin duda, pero también confusos e inducidos por una parafernalia publicitaria. Son banderías pasajeras, fervores efímeros, calenturas de ocasión.

Otras parcialidades no. Persisten en cierto imaginario profundo.

Me llegó una invitación, hoy mismo, a firmar una declaración con el título “La cultura dice NO a los buitres”. No he adherido y manifesté la razón a sus muy anónimos promotores (https://laculturadicenoalosbuitres.wordpress.com/2014/06/20/la-cultura-dice-no-a-los-buitres/), porque el penúltimo párrafo del texto dice así:

La conciencia de nuestras conductas, transparentes universalmente en este tema, respaldadas por quienes ven en ellas un faro para enfrentar la depredación financiera del mundo global, que busca desaparecer y someter a la naciones y a sus pueblos, es una demanda ético cultural que nos obliga. Porque  somos soberanos y porque, a pesar de que cumplimos con deudas injustas de casino, pases de fondos sucios, no olvidamos a sus socios, ni a los que se hacen los tontos de haber sido sus discípulos y compañeros de ruta.  Han vendido su réproba ética amasada en denuncias, ante su absoluta incapacidad de haber hecho nada, cuando gobernaron, a favor de la Nación Argentina y de su pueblo. Por el contrario lo arrojaron a la sumisión y el empobrecimiento y se beneficiaron de la  creación de las deudas que hoy nos vemos obligados a  pagar. Son calculadores de negocios futuros para los que se ofrecen pretendiendo que aquello que provocaron antes volverá a ocurrir y volverán a enriquecerse.

Con bastardillas y negritas, en la cita, hemos destacado una frase que dice mucho: engloba y califica con una vieja expresión que, sin duda, fue ahora incluida sin prudencia ni crítica intelectual: “compañeros de ruta”, que, más precisamente “compañero de viaje”, en ruso es poputchik (попутчик).

Esta calificación al parecer se hizo universal a partir de la difusión de un libro de León Trotsky cuya primera edición data de 1924, y que trata del proceso político y sus tendencias en los literatos y artistas rusos entre las revoluciones de 1905 y 1917. En Literatura y revolución, capítulo II, apartado «Los “compañeros de viaje” literarios de la revolución», Trotsky los define como personas de las letras y el arte en situación de tránsito político, sin fuertes ligaciones con lo viejo pero a la vez todavía sin compromiso revolucionario, quizá románticos, sólo justicieros. Luego, en el resto del mundo, más allá de las entonces fronteras soviéticas, fueron poputchik los intelectuales que sin ser comunistas o socialistas se entusiasmaban con aquel proceso anticapitalista que pronto cumplirá su primer centenario.

Emplear la expresión para calificar a los admiradores de los capitostes y del modus operandi de la especulación financiera y la expoliación de los pueblos es un índice de profunda confusión. A los argentinos y rioplatenses memoriosos nos recuerda la triste definición de “ni yanquis ni marxistas, peronistas”: es decir, creyentes en la existencia de un “capitalismo con rostro humano”, o “capitalismo serio”.

Desde que aquellos “compañeros de ruta” del siglo XX muchos luego se afirmaron en las ideas y acciones revolucionarias y dejaron descendencia, hay ahora compañeros de ruta de los procesos populares adheridos a gobiernos como los vigentes en Ecuador, Venezuela, Brasil, Uruguay, Bolivia, Argentina, etc. Somos compañeros de ruta aun con visiones críticas sobre algunos de esos imaginarios políticos: la historia es un proceso.

Terminado el negocio de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) parcialidades e insignias volverán a sus usos habituales, como volverán “la inseguridad ciudadana” y acusaciones diversas a los primeros planos de diarios, revistas y TV.

Si los mentores de “La cultura dice NO a los buitres” corrigen sus lapsus marcharemos acompañándonos por las mismas rutas portando nosotros esta consigna: no más capitalismo.