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martes, 11 de julio de 2017

Cultura contra fascismo. “El compromiso de los intelectuales en el siglo XXI”, por Pascual Serrano*

 
Facsímil del programa del II Congreso en Valencia, 1937



















Intervención de Pascual Serrano, periodista y ensayista español, en conmemoración del 80° Aniversario del II Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura realizado en Valencia, España, en 1937. La exposición de Serrano fue hecha hoy, 11 de julio, en La Habana, Cuba, en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, con el auspicio de la Fundación Nicolás Guillén.

En aquel II Congreso realizado en Valencia en 1937, hace ahora ochenta años, participaron artistas e intelectuales de diversos países en solidaridad con la República Española que era atacada por la reacción fascista mundial. Entre otros participaron Nicolás Guillén, Antonio Machado, Pablo Neruda, Ernest Hemingway, Raúl González Tuñón, César Vallejo, Octavio Paz y André Malraux. G.E.


Antes que nada quiero agradecer a la Fundación Nicolás Guillén, a la Unión de Nacional de Escritores y Artistas de Cuba y al Ministerio de Cultura de Cuba su invitación a este Congreso y felicitar por su celebración. Igualmente agradezco la colaboración de la embajada de España en La Habana y la presencia del embajador y su agregado cultural. Ojalá esto suponga un mayor compromiso del gobierno de España con la memoria histórica de nuestro país y la justicia con nuestro pasado.

Dijo el lingüista Noam Chomsky en su obra La responsabilidad de los intelectuales, allá por 1969 con motivo de la guerra de Vietnam, que la responsabilidad del intelectual es, sencillamente, “decir la verdad y denunciar la mentira”. Es impresionante que ese reto sea tan simple y al mismo tiempo tan complicado en los tiempos actuales. Existen momentos históricos en los que el papel del intelectual es fundamental y debe mostrar si trabaja para perpetuar el sistema de los poderosos o, al contrario, se sitúa al lado de los pueblos. La guerra civil española fue una de esas situaciones. Pero también la de Vietnam, la revolución cubana, la invasión de Iraq, la revolución bolivariana de Venezuela.

La otra función del intelectual es acortar al máximo la brecha que existe entre él y el ciudadano. Es decir, elevar el nivel cultural de cada hombre y cada mujer para que la literatura, el arte, la música, el cine y el resto de ciencias y artes dejen de ser privilegio de pocos para convertirse en riqueza de todos. Y ahí es donde se comprueba si un gobierno de verdad quiere un pueblo culto, con conciencia, sin miedo al conocimiento, al debate o la confrontación de ideas.

El gobierno de Cuba, en esta ocasión y en otras muchas, ha convocado a los intelectuales que se sitúan al lado de los pueblos. Y el gobierno de Cuba ha demostrado su apuesta por elevar el nivel cultural de los cubanos: con su lucha contra el analfabetismo nada más llegar al poder, con su política editorial, su apoyo al teatro, a la danza, a la pintura, su capacidad de enfrentar al mercado también en el dominio cultural.

Es mi intención hablar del compromiso de los intelectuales en el siglo XXI. Alguien podrá plantear que este siglo no tiene nada de diferente a cualquier otro a la hora de plantear el papel de los intelectuales. En parte es verdad, algunos elementos no han cambiado: la necesidad de unos intelectuales que respondan a los intereses de las clases populares y a ellas se deban, un poder que intenta comprarlos como primera opción o silenciarlos como segunda, un mercado como principal herramienta para ejecutar esas acciones del poder. Pero hoy tenemos características nuevas, sin precedentes.

Un mundo globalizado

Si siempre, por razones éticas o morales, nos debía resultar cercana cualquier injusticia contra cualquier persona en cualquier lugar del mundo, ahora todo se encuentra interrelacionado. Cuando una persona es explotada laboralmente quizás una empresa a la que nosotros apoyamos sea responsable, cuando una bomba cae sobre una población quizás detrás esté nuestros ejército o el dinero de nuestros impuestos, cuando un gobierno occidental apoya un golpe de Estado quizás detrás esté nuestro voto a ese gobierno. Por tanto, la necesidad de un compromiso del intelectual que llegue a cualquier lugar del globo hoy es más importante que nunca. Es más, la ausencia de compromiso con el combate a la injusticia hoy ya deja de ser un signo de indiferencia para ser directamente crimen.

Un mundo multipolar

Pasamos de un mundo dividido en dos bloques al derrumbe de uno de ellos y la, aparente, victoria del otro. Es verdad que el bloque capitalista tiene un claro predominio mundial, pero están surgiendo otras potencias con gran capacidad de contestacion: China, Rusia, Irán, Brasil, India. ¿Alguna de ellas son nuestro referente o alternativa? No. ¿Son tan peligrosas para la paz mundial y tienen las manos igual de manchadas de sangre que Estados Unidos? Tampoco. Por tanto, en nombre de la equidistancia y de la pureza de ideas no debemos aceptar el trato por igual. El intelectual no silenciará injusticias, pero no deberá permitir que, con la coartada de combatirlas se cometan más crímenes. No debíamos aceptar que en nombre de la lucha contra la opresión de las mujeres se invada Afganistán, no debíamos permitir que bajo lo excusa de la defensa de minorías étnicas se destruya Yugoslavia, tampoco que la excusa de déficits democráticos se utilice para bombardear Libia o Siria y derrocar gobiernos. No vamos a permitir que el vecino que lanza a sus hijos por la ventana nos diga que debemos denunciar al que les da un azote. No seremos coartada para el crimen. El imperio ha aprendido que necesita excusas y coartadas para los genocidios, las encuentra con la complicidad de gobiernos lacayos, de medios de comunicación sumisos y de intelectuales rastreros. Nuestro deber es denunciarlo.

El uso y abuso de la religión como arma de enfrentamiento de los pueblos

Durante siglos los poderosos han utilizado el nombre de Dios para llevar a las gentes a la guerra y la muerte. Durante el siglo XX, a pesar de sus guerras y sus holocaustos, parecía que el racionalismo se iba imponiendo. Ahora vemos que no está siendo así. De nuevo apelar a Dios sirve para intereses de los poderosos. Sirve para atacar cuando se está desesperado y para contraatacar cuando se quiere criminalizar al diferente. Sirve para reclutar mercenarios a los que ahora se les paga con la promesa del paraíso y sirve para sembrar el miedo que nos paralice y nos hace aceptar la opresión. Los intelectuales solo aceptaremos y principios basados en el racionalismo nacido en la revolución francesa y en las banderas de justicia e igualdad que se alzaron en posteriores revoluciones. Si el creyente se quiere unir a ellas bienvenido será.

El siglo de la información

Otra de las novedades de nuestra era es que estamos viviendo los tiempos de la información. El mundo ha producido en treinta años más informaciones que en el transcurso de los cinco mil años precedentes... Un solo ejemplar de la edición dominical del New York Times contiene más información que la que durante toda su vida podía adquirir una persona del siglo XVII. Por poner un ejemplo, cada día, alrededor de veinte millones de palabras de información técnica se imprimen en diversos soportes (revistas, libros, informes, disquetes, CD-Rom). Un lector capaz de leer mil palabras por minuto, ocho horas cada día, emplearía un mes y medio en leer la producción de una sola jornada, y al final de ese tiempo habría acumulado un retraso de cinco años y medio de lectura...1

¿Ha servido el manejo de esa información para crear individuos más sensibles al dolor de los lejanos, para reconocer mejor a los responsables de las injusticias, para organizarse mejor en la búsqueda de alternativas? Sinceramente creo que no.
Y mi respuesta es que no, porque desde el poder se han encargado de sepultar las grandes verdades con ruido, paja e incluso mentiras. Porque los grandes pensadores, los grandes luchadores, las grandes causas siguen siendo silenciadas. Como decía el arzobispo Heldert Camara, cuentan que la gente es pobre pero se cuidan mucho de explicar por qué son pobres.

De ahí que otra de las responsabilidades de los intelectuales en el siglo XXI es explicar el mundo con el arma de la verdad. Algo que, paradójicamente, quizás hoy sea más difícil por dos razones. Porque los altavoces los tienen otros y porque, a diferencia de otras épocas, la gente cree, equivocadamente que sabe la verdad. Y es más difícil convencerles de que viven en una mentira que enseñar la verdad al ignorante. Los ciudadanos en España, en Europa, en Estados Unidos, creen que Venezuela es una dictadura cuando hubo más elecciones y más justas que en nuestros países, creen que la oposición es pacífica cuando lleva un centenar de asesinatos, algunos quemando vivos a partidarios del gobierno sin que lo sepan en nuestros países, creen que Estados Unidos está preocupado por llevar la democracia y la libertad a otros países y solo ha llevado muerte, creen que los empresarios crean trabajo y que lo estados son ineficientes y desconocen que la mayoría de los empresarios del mundo acumulan riqueza con la explotación de una humanidad que no tiene otro patrimonio que su fuerza de trabajo que debe ofrecer prácticamente gratis. Y no saben que solo tendrán salud, sanidad, salarios justos y paz si tienen un Estado fuerte y democrático. Y ahí debemos estar los intelectuales que hemos logrado movernos en la búsqueda de una información rigurosa y veraz, en el compromiso de llevarla a las gentes. La verdad os hará libres, dijo Jesús, el de la Biblia. Y en eso tenía razón, aunque luego la Iglesia de Roma se haya dedicado dos mil años a difundir mentiras. La verdad, además es revolucionaria cuando se vive en un mundo donde predomina la mentira, como es el actual.

Para ello debemos enfrentar a todo el aparato mediático. Un aparato que se ha demostrado mucho más eficaz en silenciar las voces de los dignos que cualquier dictadura. Hoy no haría falta encerrar a Miguel Hernández hasta que muriese de tuberculosis, ni fusilar a Lorca o que se tuviese que exiliar Antonio Machado. La plutocracia mediática los silenciaría con quizás el mismo efecto. ¿Acaso pensamos que un gran medio de difusión masiva publicaría hoy los llamados revolucionarios de Bertolt Brecht? ¿O defendería “violencias” como las de franceses o italianos bajo la ocupación nazi? Al contrario les llamarían terroristas ¿Cómo tratarían hoy los medios al Che si existiera? ¿Qué diría hoy lo crítica si un escritor plantease el dilema de Camus en Los Justos?

La tragedia de los últimos cincuenta años es la puesta en marcha de un sistema de genocidio informativo de todo intelectual rebelde y de consolidación de la meritocracia mediática del sumiso y halagador.

Por eso tenemos ante nosotros un gran reto, que forma parte del compromiso intelectual. El de romper el cerco mediático, romper el bloqueo. Durante la clandestinidad, el Partido Comunista de España creó lo que llamó los “equipos de pasos”. Eran comandos de militantes cuya función era que los líderes y militantes comunistas pudiesen atravesar los Pirineos sorteando los controles fronterizos. Ahora debemos crear también “equipos de pasos” para que el pensamiento, las ideas y las palabras, sonidos e imágenes que traen la verdad atraviesen los controles fronterizos interpuestos por los grandes medios de los grandes capitales entre los ciudadanos y los intelectuales díscolos.

Los militares de fronteras y represores o el burdo censor que antes había que burlar para que el intelectual subversivo no terminara en prisión, ahora se ha transmutado en responsable de medios que son la voz de su amo, gran empresa accionista o publicitaria.
Los intelectuales comprometidos debemos también ir organizando grupos de pasos que emitan al aire la palabra, que impriman las letras, que iluminen las imágenes.

La era de la internet

Sí, el papel de los intelectuales, hoy y siempre, es intentar iluminar, con humildad y con modestia, es un mundo en el que hay más poderes interesados en mantenernos en las tinieblas. Pero cada época tiene sus propios formatos de dominación y, por tanto, también debemos aprender las técnicas de liberación. Nuestros tiempos son indisociables de internet, la era de la internet le llaman incluso. Y es en ese ciberespacio donde se está desarrollando parte de la batalla. No toda, pero sí parte. Internet puede servir para alienarnos con sus chisporreteos de frivolidades e intrancendencias, con los narcisismos de sus redes sociales, con su alud de mentiras y falsedades, con una falsa sensación de militancia. Pero también puede servirnos para enfrentar al oligopolio de los grandes medios de la información, para tejer redes de solidaridad e interacción que se materialicen en la vida real, para llevar la cultura donde nunca pudimos llevarla. Los intelectuales debemos saber utilizar en cada época las armas que disponemos, y ni una sola del enemigo debemos ignorar. Pero siempre recordando que el hambre, la opresión y las injusticias se producen en el mundo real y no en el virtual.

Notas:
* El texto de la conferencia de Serrano fue tomado de La pupila insomne, publicación  digital cubana que dirige Iroel Sánchez Espinosa (https://lapupilainsomne.wordpress.com/2017/07/11/el-compromiso-de-los-intelectuales-en-el-siglo-xxi-por-pascual-serrano/).

1 Ignacio Ramonet, La explosión del periodismo, Clave Intelectual, Madrid, 2011.

miércoles, 5 de julio de 2017

Muy bien lo dice Rodolfo Rabanal, argentino, 77 años… (Contratapa de Página|12)



Coincidimos plenamente en la indignación y el grito de alerta de Rabanal, 
apenas un año y medio mayor que nosotros.

Es imprescindible darse cuenta de lo que sucede en este mundo al que le hemos dejado centenares de millones de hijos y nietos, es imprescindible que esos hijos y nietos se percaten que están yendo al más lúgubre matadero. Que se percaten para resistir y vencer en la construcción de otro mundo.

 Gervasio Espinosa


Todos somos culpables, salvo algunos

Por Rodolfo Rabanal, escritor argentino nacido en 1940, en la contratapa del diario Página|12 de hoy, 5 de julio de 2017. La ilustración es la publicada por el diario acompañando la nota.



Es sorprendente el escaso tiempo que le tomó al gobierno de Mauricio Macri transformar a la Argentina en el país de la culpa y de la deuda. Hoy, tanto las personas discapacitadas como aquellas otras que perciben pensiones por viudez son culpables de haber robado al Estado hasta que prueben lo contrario. 

La maquinaria culpabilizadora alcanza a los abogados laboralistas (tratados de mafiosos) y a los trabajadores que abusan de los juicios a su favor y empujan a las pymes a la misma ruina. Esto último se lo escuchamos todos al Presidente capturado por las fotos en un primer plano de furia. Incluso se señalan como probables estafadores aquellos obreros accidentados en medio del trabajo. 

Estas y algunas otras docenas de declaraciones aplastantemente antipopulares suenan a increíbles torpezas de mal gusto si no fueran las pautas que marcan el avance de un programa de medidas implacables donde no hay ningún margen de error. 
La matriz restauradora y la línea neoliberal de este gobierno responde –no importa si lo sabe o no– al  famoso anatema de Margaret Thatcher cuando, a principio de los ochenta, sentenció: “Ya no hay sociedades, sólo están los individuos y sus familias”, frase con la que convocaba a la violencia del consenso reprimiendo la crítica y anulando la memoria para, obviamente, demoler la política.

Hoy es evidente que en aquel momento había empezado un cambio cultural devastador. Y es también evidente que ese cambio procura adueñarse ahora de la Argentina, si es que ya no lo hizo.

La decisión macrista de invertir la carga de la prueba (todos son culpables hasta que demuestren lo contrario) reinstaló en estas últimas semanas las peores fantasías del universo de Kafka: ancianas y ancianos a quienes se les exigía revalidar la documentación con la que habían conseguido sus pensiones, debieron rebuscar entre olvidados papeles acaso lo que habían extraviado y después hacer colas de tres horas –de pie– en las antesalas de las oficinas públicas. Muchos debieron contratar gestores que interpretaran el galimatías de los formularios burocrático. Otro sacó un revólver y se pegó un tiro.

Es difícil no indignarse ante semejantes afrentas, es difícil reducir esas actitudes –aunque lo son– a puras estrategias políticas; uno percibe que la sociedad argentina ha sido atrapada por una suerte de epidemia de analfabetismo espiritual e insensibilidad social de la que no va a ser sencillo salir. Cuando al principio de esta nota mencioné a la culpa y la deuda tuve presente la palabra que en idioma alemán reúne a ambos conceptos: schuld. 

Creo que la observación ya fue hecha en este diario anteriormente, pero ese vocablo sucita una tentación reflexiva ineludible y entonces vuelvo a ella, porque esa coincidencia no es un capricho semántico o una casualidad lingüística sino una perfecta designación conceptual: la culpa me endeuda y la deuda me culpa. Tanto se carga con una deuda como se carga con una culpa. Es preciso tener en cuenta que la culpa elimina la libertad y se encamina hacia su fin anulando derechos.

El gobierno de Macri está endeudando a la Argentina creo que como nunca antes había ocurrido y quienes cargarán con esa deuda –o esa culpa– serán los de siempre, es decir los famosos ciudadanos de a pie, o sea la mayoría. De ese modo, todos somos culpable (y corruptos), salvo los grandes empresarios, los contratistas de Estado, los servicios de inteligencia y una buena parte del Poder Judicial, es decir todos aquellos que señalan, acusan y se benefician. 

Se busca doblegar de este modo a una sociedad, vaciarla de historia, inferiorizarla y volverla dependiente. En suma, se la violenta, lo cual es, desde todo punto de vista, extremadamente peligroso.

viernes, 2 de junio de 2017

“Deténgase, míreme de frente y escuche.” Es hora de mandar parar…

Patricia Bullrich, antes piba rica y peronista, ahora ministra de Seguridad del Virreinato




No es la primera que se hacen los gallitos y luego reculan cuando una persona o varias, trabajadoras y dignas, sea mujeres o varones, en el transporte público o en la calle, observan críticamente procederes policiales autoritarios, prejuiciosos, inadecuados y, por sobre todo, inspirados por una “cadena de mandos” que hace suya la proposición de la cúspide del aparato estatal de amedrentar porque, en definitiva es esa cúspide la que tiene miedo, mucho miedo.

Un compañero en tareas municipales de ya hace más de veinte años le había colgado como sambenito a nuestro jefe un cartel en la oficina que decía: “No me gusta que me interrumpan cuando estoy interrumpiendo”. Ése es el caso. A los represores no les gusta que los repriman cuando están reprimiendo. Pero las cosas ya van generando un riesgo de violencia desde arriba que requieren dejar de lado la simbología de pulgares hacia abajo o hacia arriba, de “me gusta” o “no me gusta”, para plantarse como es imprescindible hacerlo.

Y no se trata de Venezuela sino de Argentina, aunque el quehacer amedrentador tenga el mismo objetivo en el país norteño suramericano, en Brasil o en nuestro bien sureño: quebrar a los pueblos que se propusieron, no sin errores, construir una sociedad más humana y menos capitalista. Y advirtiendo que quizá la expresión “los pueblos” pueda parecer excesiva a algunos, afirmamos que nunca pueblo alguno por “unanimidad” resolvió pasos y saltos en la historia social: se trata, siempre, de una “mayoría suficiente” en la acción, y no exclusivamente electoral.

Quienes en Argentina se encaramaron en el poder político con argucias y mucha disponibilidad de recursos que puede sospecharse fueron muy mal habidos (Papel Prensa, monopolios mediáticos, Correo Argentino, privatizaciones menemistas, etc.), no solamente mintieron a la “opinión pública” sino que perversamente adjudicaron caracterizaciones y conductas al Gobierno derrotado que eran su especialísimo objetivo: los negocios “de clase” y la mentada “grieta” social.

Esa grieta, con precisión y brutalidad construida ahora (Milagro Sala secuestrada, desocupación, pobreza, individualismo y violencia, incluido el femicidio que simbólicamente abate la parición de lo nuevo) tiene un objetivo accesorio. Si fracasa en su cometido de dominación y desata caos anárquico puede abrir la puerta a la intervención imperial, como procura el fascismo contemporáneo al que en ciertas circunstancias son tan adeptas en todo el mundo las llamadas “clases medias”, ya en Venezuela como más temprano que tarde puede procurarse en toda Latinoamérica. Si hasta ya inventaron el peligro terrorista con sede en Brasil que amenazaría en Buenos Aires…

Ahora fue un periodista de Página|12, Fernando D’Addario1, quien siendo testigo de un “apriete” policial a un viandante senegalés luego fue él mismo amenazado por los mismos dos integrantes de la Policía de la principal ciudad argentina.

La política, el análisis político, la estrategia para la acumulación de fuerza y la táctica en cada momento son complejísimos, y montados en el berenjenal hay oportunistas que aparecen como inimputables. En Santa Fe2, y también en Buenos Aires, se procura la constitución de una alternativa electoral que exprese con autenticidad y rigor la coyuntura nacional, latinoamericana e internacional.3

Las elecciones argentinas en octubre próximo, de medio tiempo, de renovación de una de cada dos bancas parlamentarias en todo el país con especial influencia en la composición de mayorías y minorías en el parlamento nacional, serán un momento crucial. Habrá que proceder con precisión política, madurez y decisión, pero también desde ahora es necesario, complementariamente, sin dilaciones y con autoridad popular mandar parar el descalabro y la violencia gubernamental ejercida por policías y gendarmes. Hacerlo con actitud y voz firme, bien hablada, con certeza y claridad: “Deténgase, míreme de frente y escuche, cumpla con las leyes y la Constitución, actúe con corrección, no se rebaje a convertirse en brazo armado de la miseria que persigue un amo colonial”…


Notas:
1 Apriete policial a un periodista de Página|12 testigo de una requisa. “Ahora te revisamos a vos”: https://www.pagina12.com.ar/41563-ahora-te-revisamos-a-vos
3 Ver: https://www.pagina12.com.ar/41115-encuentro-en-el-patria y https://www.terra.com.ar/noticias/politica/el-fpv-porteno-tironeado-por-dos-estrategias-la-campora-pide-reafirmar-la-identidad-k-y-el-pj-una-alianza-mas-amplia,f83870dd558fe3674ff59f19f446f81c9id7aqc2.html