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sábado, 30 de diciembre de 2017

Declaración a la que adherimos: “Después del triunfo de Cambiemos”




El triunfo en las elecciones de medio término y el inminente cumplimiento de los primeros dos años de gobierno de Cambiemos constituyen una ocasión propicia para avanzar en la caracterización del gobierno, en el análisis de los modos y herramientas para oponerse a sus políticas, y en los caminos aptos para proyectar esa oposición hacia una perspectiva emancipadora, de transformación radical de nuestra sociedad.

Diciembre de 2015 marcó el inicio del primer gobierno constitucional  liderado por un partido de derecha, con fuertes puntos de identificación con las fuerzas sociales, políticas y culturales que hasta el pasado reciente tuvieron a los golpes de Estado como única vía de ascenso al poder. Eso se trasluce en una reducción de las mediaciones entre poder económico y poder político. No se trata de que en otros gobiernos no hubiera períodos de estrecha identificación entre gobierno y gran capital, sino de que ahora se trata de un vínculo orgánico. Se da una suerte transpolar hacia el campo estatal del personal de dirección y los métodos de organización y funcionamiento de las grandes empresas. Ser un alto ejecutivo de una gran empresa local o transnacional, o un directivo de una ONG de orientación empresarial, son las mejores credenciales para acceder a altos cargos de gobierno.

Esa nueva “elite” tiene una coincidencia de intereses e ideológica fundamental: Incrementar sus niveles  de ganancia y aumentar  el poder del gran capital, a costa de los salarios y las condiciones de vida y trabajo y la capacidad organizativa y de lucha de las clases explotadas.  También reformular la acción del aparato estatal, reduciendo impuestos y restricciones para las grandes empresas; incrementando tarifas, suprimiendo empleos.

Las políticas económicas y sociales del gobierno de Cambiemos llevan de modo ineludible a la persistencia y/o al aumento de la pobreza y la indigencia y, al mismo tiempo, conduce a una agudización de las diferentes desigualdades: política, económica, social, cultural, educativa. En este marco, cabe preguntarnos sobre las estrategias que utilizará el gobierno para “gobernar” y “controlar” al volumen significativo de personas y grupos que se hallan sin el acceso a los bienes básicos para poder sobrevivir. La reciente expansión del crédito en variadas formas, las obras públicas “de cercanía”, incluso el incremento de planes y asignaciones ya están en su repertorio de acciones, como se vio en vísperas de las elecciones de este año.

En el plano internacional, el gobierno Macri estuvo desde el primer día orientado a lo que sus miembros sintetizan como “volver al mundo”, lo que se entiende como integrarse a los grandes centros del poder económico mundial; las grandes corporaciones, los organismos financieros internacionales, los gobiernos del “primer mundo” identificados con las grandes empresas capitalistas. Los resultados son  conocidos: Un ritmo desenfrenado de endeudamiento externo, no acompañado por inversiones productivas, y todo tipo de facilidades para las inversiones extranjeras, dispuestas hasta ahora más a la especulación que a  arriesgar capitales.

En el área latinoamericana “volver al mundo” significó en primer lugar derribar los puentes establecidos con los gobiernos del arco “bolivariano”, abandonar o minimizar la participación e instancias de integración como UNASUR o CELAC, expulsar a Venezuela del Mercosur. Al mismo tiempo  se proyecta estrechar lazos con el reaccionario gobierno de Brasil, acatar de nuevo el liderazgo norteamericano sobre la región, con sus prioridades económicas y de “seguridad” y acercarse o incluso integrarse a la Alianza del Pacífico, formada por los países que son contracara de la experiencia bolivariana.

Este gobierno tan identificado con el gran capital ganó sin embargo las elecciones de octubre en comicios en los que jugó el rol de única fuerza con representación en todo el territorio nacional.

Lo hizo arrostrando condiciones en principio difíciles para afrontar una consulta electoral: Niveles muy bajos de crecimiento económico después de una prolongada recesión, que afectó sobre todo a las ramas vinculadas al consumo popular, inflación que se mantuvo en cotas elevadas, incrementos muy acentuados de las tarifas de luz, gas y otros servicios públicos, endeudamiento acelerado, tipo de cambio sobrevaluado que facilitó el ingreso de bienes y servicios importados y dificultó las exportaciones, por ende fuerte déficit de la balanza comercial. 

En parte superó todo eso con técnicas de manejo de las expectativas, buscando que se confíe en un futuro de crecimiento y mejoras, para lo cual hay que soportar un presente de sacrificios, que se vuelven imperiosos por culpa de lo que se presenta como un funesto pasado encarnado en el gobierno anterior. En ello jugó un gran papel la elaboración discursiva del gobierno, acompañada casi sin fisuras por los grandes medios de comunicación.

La alianza Cambiemos salió muy fortalecida de las elecciones. Ya no es la coalición que debió esperar a la segunda vuelta para superar por escaso margen al candidato del FPV en 2015, sino una fuerza política que logró ganar su segunda elección consecutiva.
Con esa legitimación renovada, ha decidido avanzar rápido y sobre varios frentes. A pocos días de las elecciones, inició el impulso de una serie de cambios, en general por vía legislativa, acordes con el programa de máxima del gran capital. Inauguró esta nueva etapa anunciando que el momento marcaba un “ahora o nunca” y que debía avanzarse en un “reformismo permanente”. A partir de allí los funcionarios de las áreas respectivas anunciaron las grandes reformas para el futuro inmediato: Reforma tributaria, nuevo pacto fiscal, reforma previsional y reforma laboral, esta última la más importante en orden a la satisfacción directa de los intereses del gran capital.
En materia laboral presentó un proyecto que incluyó fuertes cambios en la ley de contratos de trabajo, casi todos en sentido de debilitar la protección del trabajador y aumentar el grado de libertad de las empresas para establecer las reglas sobre el desempeño de sus trabajadores. A ese proyecto lo acompaña un propósito particular de disminuir el salario, forzar la firma de convenios a la baja, suprimir o reducir derechos sectoriales estigmatizados como “injustos privilegios”.

El anuncio de avances por la vía legislativa fue luego matizado para buscar un acuerdo con la dirigencia de la CGT. De todos modos, subsisten el “blanqueo laboral” muy ventajoso para los empresarios, las restricciones a las indemnizaciones por despido; la “renunciabilidad” de ciertos derechos, así como la disposición a imponer por convenio cláusulas perjudiciales para los trabajadores.

El proyecto de reforma previsional presentado por el gobierno está inspirado  en un ataque brutal para los jubilados. Con un incremento de haberes con la inflación como base casi exclusiva, la mayoría que cobra la mínima, hoy ya muy baja, queda condenada a vivir al borde de la indigencia. Por añadidura, vía disminución o supresión de aportes patronales, puede abrirse un camino de pérdida de recursos de la ANSES que termine en una nueva ronda de privatización total o parcial del sistema jubilatorio.

También se habla de reforma del Estado, basada en buena parte en el supuesto  “exceso de personal”. A partir de esa toma de posición, herramientas conocidas: retiros voluntarios, jubilaciones anticipadas y lo más grave, despidos. El gobierno hizo un prolongado estudio de “dotaciones óptimas”, para dar un aspecto de solvencia técnica a su plan de reducción de personal.

Con contornos por ahora menos definidos, o bien a cargo de los gobiernos locales, se anuncian reformas en el terreno educativo y de la salud, orientadas a disminuir la presencia pública en ambos ámbitos, con el consiguiente favorecimiento de las empresas capitalistas que actúan en esos sectores.

Un tinte autoritario  aparece en la aspiración de “limpiar las calles” de piquetes y otras acciones de protesta. Prodigar prisiones preventivas tiene un aire de castigo arbitrario, más allá de los actos reales de corrupción del gobierno anterior. Dar “luz verde” a las fuerzas “de seguridad” para utilizar la fuerza, con balas de plomo incluidas, va en el mismo sentido. Las muertes de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel son el claro testimonio de ese accionar represivo, inspirado en las directrices norteamericanas sobre las “nuevas amenazas”.

Estas reformas van más allá de sus propios enunciados. Se dirigen a instaurar el muy mentado “cambio cultural”, de un sentido individualista, por el que los trabajadores confíen sólo en su propio esfuerzo, abandonen hasta el menor atisbo de cuestionamiento al orden capitalista y de auto-organización, y dejen de centrar esperanzas en la mejora colectiva. El gobierno actual, y el gran capital en su conjunto, quieren entenderse con individuos más que con colectivos.

Resistencia en las calles y la necesidad de una alternativa popular y de izquierda

Pocos días después de cumplir dos años de gobierno, se comprobó que el principal obstáculo que se opone el avance del macrismo es la conciencia popular organizada y la capacidad de auto-convocarse por parte de nuestro pueblo. Una gigantesca movilización en Plaza Congreso fue dispersada con una feroz represión, pero el gobierno no pudo evitar que la resistencia se prolongara en cacerolazos en distintas calles de Buenos Aires y concentraciones y protestas en las principales ciudades del país. El macrismo aprobando a sangre y fuego la Reforma Previsional ha dilapidado una parte de su consenso político y queda enfrentado a un escenario complicado para afrontar las próximas reformas propuestas. Al desnudarse su carácter antipopular, todo su andamiaje represivo y comunicacional parece insuficiente. El forjamiento de nuevos espacios de unidad en la acción, con un fuerte peso de los trabajadores, que se expresaron en que la consigna más coreada fue “Unidad de los Trabajadores, y al que no le guste, se jode, se jode”, quita al gobierno espacios para el chantaje y la negociación.

Como quedó demostrado en la batalla contra la reforma previsional, en la lucha contra las reformas pro-empresariales y de ajuste sobre los trabajadores y el conjunto de la población, se necesita la más amplia unidad de acción de los trabajadores y todos “los de abajo”, más allá de diferencias o incluso antagonismos en los planteos más generales. Enfrente se tendrá al gobierno nacional, y a buena parte de los que apuestan a un peronismo “renovado”, además de los gremialistas de eterno oficialismo, siempre dispuestos al trueque de derechos de los trabajadores por prebendas para sus organizaciones, salvo que sus bases le impongan otra cosa.

En algún momento puede sobrevenir una ofensiva general sobre las organizaciones sindicales. Aún con sus enormes rasgos negativos, el movimiento obrero argentino, con niveles de afiliación relativamente elevados, sindicatos poderosos, y vida gremial intensa en el nivel de las bases, constituye un límite a la hora de implantar un control empresario más amplio en la vida de los lugares de trabajo, en imponer la productividad y la “competitividad” en el hilo conductor de todo el proceso laboral.

Las dos CTA, las comisiones internas y delegados opuestos a las conducciones burocráticas, sectores combativos de la CGT, la CTEP, los movimientos de base territorial que nuclean a pobres y desocupados, el movimiento estudiantil y toda la variadísima gama de organizaciones populares que por fortuna existen en nuestro país, deben ser el eje fundamental de la resistencia frente al “reformismo permanente” del gobierno.

Esa amplia unidad de acción con todos los sectores dispuestos a combatir las políticas antipopulares y su ataque a una vasta gama de derechos, es indispensable, pero no suficiente. Nuestra sociedad tiene un déficit respecto a la conformación de una alternativa política popular, anticapitalista, orientada a la democracia directa, de vocación latinoamericana. Y una manifiesta necesidad de construir modos de organización y acción más plurales y horizontales, que aúnen el plano social y el político, ligados al día a día del movimiento social real, que construyan modos de convivencia que prefiguren una sociedad igualitaria y justa.

Partimos de considerar que la articulación que estamos construyendo, puede y debe nuclear a compañeros de diferentes militancias y tradiciones; el kirchnerismo, el peronismo en general, las diversas izquierdas. Necesitamos desarrollar modos de trabajo con los distintos sectores y con los grupos hasta ahora independientes que están en la búsqueda de una expresión política semejante a la que procuramos construir.
Sin duda los sujetos políticos han cambiado mucho en las últimas décadas. Un imaginario basado en la clase obrera industrial como sujeto prioritario de cualquier lucha emancipadora necesita ser, al menos, matizado. Los debates en torno a la preeminencia de los movimientos sociales por sobre la clase trabajadora organizada, o las propuestas que, por el contrario, privilegian el rol protagónico que asumirán las organizaciones sindicales, deberán ser parte de nuestro trabajo político e intelectual como organizaciones del campo popular.

En el plano latinoamericano Cuba, Venezuela y Bolivia, cada cual a su modo, constituyen referencias a la hora de pensar un proyecto de sociedad distinta a las basadas en la explotación y la alienación, de vocación cuestionadora frente al capitalismo y el imperialismo. Las nuevas síntesis a construir en nuestro país requieren promover una identidad de alcance latinoamericano, que incorpore una lectura histórica de los procesos de lucha y rebelión que llevan siglos, junto con una mirada de futuro de construcción continental.

Esa alternativa no puede constituirse en base a la fantasía del retorno al “pasado venturoso” de los doce años de gobierno de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. Esa experiencia no sólo nunca apuntó a superar el capitalismo ni los estrechos límites de la “democracia representativa”, sino que está ahora privada de las condiciones que permitieron sus políticas redistributivas, como lo fueron los altos precios de alimentos y materias primas exportables. La “demonización” de los gobiernos anteriores encuentra eco social, no solamente por la labor propagandística del gobierno, sino por la huella impresa por sus muchas falencias, corrupción incluida. Decididamente no hay “edad dorada” a la cual regresar, existe un futuro  diferente a construir.

El FIT, más allá de sus propósitos revolucionarios y la indudable importancia de su presencia electoral  y en las luchas cotidianas, tampoco constituye una alternativa. Su proclamado rol de vanguardia y  su ​política ajena a la unidad de acción del conjunto de las fuerzas populares así lo muestran. Van en la misma dirección sus posicionamientos contrarios a los procesos latinoamericanos que pelean por la emancipación de sus pueblos. Son todos factores que lo alejan de la construcción de una verdadera fuerza alternativa y le establecen por tanto un techo relacionado con posiciones electoralistas.

Nuestra sociedad necesita una propuesta política nueva, dispuesta a desenvolverse en todos los terrenos de lucha, sin desdeñar el electoral; que despliegue un modo de organización y debate horizontal y plural, y una práctica cotidiana que prefigure la vocación de igualdad y libertad que es inseparable del ideal socialista. Que incorpore diversas tradiciones políticas; diferentes culturas militantes, múltiples y distintas prácticas cotidianas. Y adopte una perspectiva de mediano y largo plazo que apunte contra todos los modos de explotación y alienación, y las relaciones jerárquicas en cualquiera de sus formas y en todos los campos. Se necesita partir de las identidades anteriores hacia una nueva síntesis, que abarque tanto el ámbito social como el político. No puede separarse la construcción social de la que se da en el campo institucional, incluido el político-electoral. Es imprescindible tomar nota de los vastos cambios que ha experimentado el sujeto social en las últimas décadas; modificar a fondo la estructura de los sindicatos y las  demás  organizaciones populares, de modo de ponerlas en línea con propósitos de transformación social de largo alcance. El cuestionamiento de la propiedad privada de los medios de producción, de las relaciones laborales alienantes, del régimen del patriarcado en la relación entre los géneros, son marcas de identidad, distintivos de una verdadera perspectiva de izquierda anticapitalista, antiimperialista y anti-patriarcal.

Sólo un proyecto de tales características puede apuntar a una transformación económica, social, política y cultural de nuestra sociedad, que se vuelva totalmente incompatible con la explotación y la alienación, que recupere las mejores tradiciones de acción colectiva y rebelión popular de nuestro país. Únicamente desde esa base se podrá aspirar con posibilidades de éxito a producir una derrota estratégica del gran capital, cuya realización y consolidación requerirá rebasar los límites de nuestro país, para situarse de modo perenne en una perspectiva latinoamericana.

La acción cotidiana y los grandes objetivos necesitan iluminarse mutuamente, en una articulación que ponga en consonancia el desenvolvimiento diario y la perspectiva estratégica.

Primeras firmas (organizaciones y personas en respectivos órdenes alfabéticos)
Coordinadora Resistir y Luchar
Corriente Política de Izquierda
Corriente Surcos
El Transformador
Emancipación Sur (C.A.B.A.)
Izquierda Latinoamericana Socialista
FPDS
FPDS-CN
MULCS
MOI
RED Riosal
Varones Inconvenientes de Oeste

Norberto Bacher
Mauro Berengam
Daniel Campione
Aldo Casas
Nora Ciapponi
Julio Gambina
Miguel Mazzeo
Sergio Nicanoff
Beatriz Rajland

Nota:
En la presente declaración, sin alterar siquiera en rasgos mínimos su contenido, se hicieron algunas muy pocas correcciones según reglas de estilo editorial. G.E.

PRÓXIMA PUBLICACIÓN EN ESTE MISMO BLOG: “Pertenencias e impertinencias, texto y contexto: dos temas para 2018
Michelangelo Caravaggio, La captura de Cristo, 1602
 


domingo, 24 de diciembre de 2017

Reflexiones oeste-rioplatenses para 2018















Esta fotografía nos sugiere la rediviva de una dupla catastrófica:  
Grigori Yefímovich Rasputín, conocido como El Monje Loco, fue un místico ruso con una gran influencia en los últimos días de la dinastía Romanov. 


Luego de un receso no programado sino producto espontaneo de cierto hartazgo producido por la triste realidad política y social actual sureña, durante el cual únicamente me expresé a través del canal de @1942Ansinaes en Twitter, vuelvo al blog del que no me fui, porque parafraseando al Polaco Goyeneche cuando canta a Aníbal Troilo también puedo decir: si nunca me fui, si siempre estoy llegando…

Días pasados, en la referida red cibernética una mujer publicó que “no podía respirar” tras, junto con su propia madre, leer la carta que un niño hijo de ella había escrito para “Papá Noel”. Decía, el niño, más o menos así: que si ahora tampoco podía traerle la bicicleta que ya le había pedido en oportunidad anterior deseaba que los renos de su trineo se durmieran –me parece que así decía–, para que él, Noel, se cayera y no llegara…

Le manifesté por la misma vía a esa madre: «Caramba… Así estamos... no podés respirar porque continúas creyendo en falsas e imaginarias promesas. A un niño que escribe tan bien ya se le pueden explicar las cosas más auténticamente, y comprenderlas uno mismo... ¡Cariños para vos, tus hijos y tu familia!»

Mempo Giardinelli, un escritor chaqueño que respeto, viene desde hace tiempo promoviendo el Manifiesto Argentino: una suma de personas que debaten la salida de la encrucijada. Es columnista, Mempo, del diario Página|12, ha ganado muchos adherentes y coprotagonistas para el Manifiesto, entre ellos a un buen amigo nuestro, el poeta y periodista mendocino Julio Rudman. El Manifiesto propugna la convocatoria de una convención que dicte una nueva Constitución con clarísimos conceptos de democracia popular y defensa del patrimonio nacional: comparto esas propuestas pero me pregunto cuál sería la manera de materializar esa convocatoria estando vigente el virreinato.1

Entre las cosas que me hartan están las propias de la mentada en tanto “clase media”. Y digo “mentada”, porque la tal no es otra cosa que un invento-de-sí-misma que no tiene asidero en ninguna teoría ni práctica científica, histórica, sociológica o económica y fue promovida desde principios del siglo XX cuando lo que para las luchas populares y reivindicativas de derechos humanos implicó el triunfo entonces de la Revolución Rusa. Sobre la cuestión de que se trata solamente de un sentimiento o ilusión ha sido explícito el académico Ezequiel Adamovsky, quien ha escrito varios libros respecto del tema y sobre los que no abundaremos. Es bueno leerlos.2

Se me dirá que los estadígrafos emplean tal “categoría” para clasificar la población por su condición cultural y capacidad de consumo. Pero ello no es más que un ardid de autodefensa de grupo… ¿Se podrá hablar de capas medias según sus ingresos? Sí, eso sí. Pero se es trabajador asalariado o no asalariado en la especialidad que fuere, o se es dueño de medios de producción, es decir, capitalista. En una categoría tan confusa como en intrínseca crisis ubicada como capa media, podría definirse a quienes son trabajadores y dueños de sus medios de producción: profesionales varios no asalariados en disciplinas que van desde las científicas a las técnicas y pasan por las de intermediación, como el comercio. Pero… ¿clase media? Mejor sería grupo medio estúpido, medio egoísta, medio engreído y medio soberbio.

Yo soy un trabajador, eso soy, que en el presente y dada mi edad estoy jubilado. De vez en cuando vuelvo a la actividad y me persigue la llamada ARBA, la Agencia de Recaudación Tributaria de la Provincia de Buenos Aires, aunque por ley de la misma provincia no estamos obligados a tributar los editores y correctores de textos que se publiquen como libros. Dicen que estoy exento de tributar pero que debo presentar declaraciones juradas todos los meses sobre mis magros ingresos por esa actividad. Nunca tuve que hacerlo incluso contratado eventualmente por organismos internacionales como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (ONU), hasta febrero de 2016, ya jubilado. Desde entonces si no presento Declaraciones Juradas por mí mismo ni encargo a título oneroso de ello a un contador público me multa y me confisca el importe de esas multas ni bien me encuentra en posesión de fondos que no fueran probadamente haberes jubilatorios.3

El capitalismo ya no puede argumentar que hace a la felicidad de la colectividad humana (nunca lo hizo, claro está). Tampoco la llamada ley fundamental del país realmente existente, Constitución entre socialmente liberal y económicamente neoliberal. La “democracia” fue, quizá meramente por uso indebido, convertida en una periódica encuesta performada por los aparatos publicitarios de producción de consensos. Mempo propone un modelo de “reconstrucción” del país. Es decir, interpreto, que una mitad de ciudadanos lográramos que la otra mitad coincidiera voluntariamente y de buena fe con nosotros en echar al virrey y su corte, los que, ciertamente, se han fortalecido enrostrándonos no presuntos desaciertos nuestros sino gases lacrimógenos y pimienta más perdigonadas y garrotazos. Mempo y el Manifiesto, como tampoco nosotros ahora, proponen una revolución o guerra civil para materializar esa reconstrucción, sino que contrariamente la pretensión común es evitar caer y ser víctimas de la provocación guerrera que nos hacen.

Mientras tanto es una pena que tantos gendarmes y policías nacidos de nosotros mismos hayan perdido respeto humano de sí aceptando ser convertidos en esbirros. Pero es así.

No se me ocurre otra solución que, lo he manifestado de otras maneras en tanto resistir para poder vivir, divorciarnos requiriendo veedores internacionales tanto populares como institucionales para proceder a ello. Este matrimonio social no va más. No podemos en un mismo y único país convivir y desarrollarnos humanamente en permanente conflicto violento entre una parte creativa y consciente de sus obligaciones y derechos y otra parte robotizada, egoísta, súbdita de un poder económico o pretendiéndose asociada a éste, ya mafioso, que no hace otra cosa que expoliar, engatusar, maltratar gravemente como lo ha destacado la Comisión  Interamericana de Derechos Humanos (una decena, por lo menos, de personas con pérdida de visión por el ataque días pasados con balas de goma disparadas al tuntún por policías montados en motos represaliando protestas ciudadanas ante el parlamento, en Buenos Aires), encarcelar sin causa y si le cuadra también asesinar, como con Santiago Maldonado o Rafael Nahuel.

Creemos que es necesaria la construcción de un nuevo contrato social que reemplace el surgido promediando el siglo XIX. Un país de las argentinas y argentinos solidarios, honestos, democráticos e inteligentes necesita separarse del país de las argentinas y argentinos que se identifican con las dictaduras criminales y el virreinato4 instaurado a fines de 2015. Es irremediable, no puede haber conciliación. Dividamos bienes geográficos, culturales y económicos acordando una reconfiguración y pertenencia de ellos. Ya la historia nos dirá en cada momento de qué manera evoluciona la experiencia. Ahora divorcio, y con una condición sin la cual no hay posibilidad de construcción y desarrollo social: las personas responsables según las normas jurídicas y legales en vigencia no podrán cambiar la opción elegida salvo que la solicitaran al nuevo país al que desearan integrarse aludiendo razones sumamente justificadas. Solamente quienes en el momento de las reconfiguraciones nacionales no hubieran tenido edad de responsabilidad política ciudadana –dieciséis años–, habiéndola con posterioridad adquirido podrán optar libremente aceptando las nuevas condiciones constitucionales de cada parte incorporarse a la otra nacionalidad resuelta. Puede estimarse que cada nuevo país resultante podría tener una población aproximada de veinte millones de personas y los recursos geográficos y económicos estar repartidos equitativamente según los valores y proporciones existentes en el mes de octubre de 2015.

No es fácil y no es una aproximación a los acuerdos de Yalta tras la Segunda Gran Guerra del siglo XX, porque ahora se propone una decisión democrática y soberana popular. No se trata de una revolución social pero sí de evitar una confrontación violenta con alto costo en vidas y nos dará respiro, a nosotros, trabajadores, honestos y democráticos, para conviviendo en paz construir nuevas maneras de sociabilidad. En este proceso habrá que deshacer y recomponer alianzas con otros pueblos, naciones y países: nosotros con los pueblos libres, independientes y descolonizados, pensando primeramente en el Estado Plurinacional de Bolivia.

Ojalá podamos ir pensando y actuando en esta línea de proposición desde el comienzo mismo de 2018, por ello invitamos a brindar.


Notas:


2 Acceso a una versión digital del texto completo de, Ezequiel Adamovsky, Historia de la clase media argentina. Apogeo y decadencia de una ilusión, 1919-2003. Buenos Aires: Editorial Planeta, 2009. 538 páginas. Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, Bogotá: https://revistas.unal.edu.co/index.php/achsc/article/view/18359/19271


4 Ya desde diciembre de 2015 hemos venido caracterizando el momento histórico: http://gervasioespinosanotas.blogspot.com.ar/2015/12/restablecimiento-de-los-virreinatos.html