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sábado, 26 de marzo de 2016

Leuco(sis). Prevención y profilaxis



Como en las leucocitosis –proliferación fuera de control en la sangre de los llamados glóbulos blancos que en situaciones normales mueven a través del organismo las defensas contra infecciones, pero que por un trastrocamiento patológico se convierten en enemigos de la propia vida–, son igualmente sumamente dañinas para la vida social las que para el caso llamamos “leuco(sis)”: es decir, una proliferación de ideas y pensamiento trastrocados generada por agitadores como Alfredo Leuco y otros, quien, el referido, ahora, rematando su propuesta con un “Felices pascuas”, declara en su columna del diario Clarín del 26 de marzo que «Se necesitan con urgencia líderes y referentes honrados y de prestigio social para conformar nuevas entidades de derechos humanos para los nuevos tiempos de la Argentina»1.



No es broma lo de Leuco ni lo nuestro. En el trance de reflexiones imprescindibles es esencial no perder el buen humor y la ironía, ejercicios preventivos para una sana y efectiva prevención y profilaxis. En el lugar de la madre Bonafini o encabezando a Línea Fundadora el cordobés Lewkowicz quiere, quizá, a Elisa Carrió; en el de la abuela Carlotto a Magdalena Ruiz Guiñazú (“no olviden las bufandas, chicos, que se vienen las mañanas fresquitas”); y en el de Verbitsky puede que quiera verse a sí mismo. La recordada Dña. Rosa de Neustad, que en muchos imaginarios subsiste, con seguridad que días pasados y con subido rubor se sintió alzando un muslo en tanguero roce con Mr. Barack.



Tales alucinaciones, síntoma generalizado en la leuco[sis], son resultado de profundas laceraciones en los transmisores neurológicos producidas por la exposición sin prevención ante la sistemática difusión de mentiras. Afectan, las alucinaciones, tanto a los “infectados” adrede como a quienes pergeñan y manipulan los “vectores” de la infección (al final ellos mismos creen creer en sus propios embustes y caen en suicidios por sí mismos o no –lo que no es igual pero sí parecido cuando ocurre por “mano amiga”–, como en los casos de Joseph Goebbels y tantos otros mitómanos, ocurridos y por ocurrir, no importa la confesión religiosa de pertenencia o si hasta ese momento crucial hayan sido bonvivant o no.



Este Goebbels, doctor en Filosofía por la Universidad de Heidelberg en 1921, denodado defensor de derechos de solamente una reducida parte de la humanidad y ministro para la Instrucción Pública y la Propaganda del nazismo entre 1933 y 1945, aplicó aquello de que “una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en verdad” (hasta que muy pronto se descubrió que no), definición que tanto se dice fue inicialmente de Maquiavello como de Voltaire, y que dada su precisión habrá sido antes que de cualquiera de ellos dos o cuatro –incluyendo al filósofo Goebbels y al dicharachero Lewkowicz–, formulada como denuncia contra sus victimarios por millones de víctimas comunes y sabias.



Ducho en los últimos tiempos y por esas cosas de la edad en un reducido pero expresivo vocabulario de las ciencias médicas, puedo decir ahora que una profilaxis segura para evitar la leuco(sis) es hacer lo que ya hace tiempo Joaquín Lavado puso en boca de su Mafalda, quien más o menos con estas palabras sigue repitiéndoselo a su amigo Felipe: “Hay que leer, leer mucho –bien y bueno, agregaríamos nosotros– para que no nos engañen”.



Multiplicar las movilizaciones



A ver, ayudémonos, cuántos marchamos el 24 de marzo reciente en Orán, Salta, cuántos en Oberá, Misiones, en Mercedes, San Luis. Cuántos en otra Mercedes, de Buenos Aires, en Mendoza, en Cipolletti, Río Negro, Tierra del Fuego o en Colón, Entre Ríos, en Chubut, Formosa y Chaco. Cuántos en Santa Cruz, en San Juan, Catamarca y Tucumán, cuántos en Santiago del Estero, en Córdoba, Corrientes y en La Pampa… Cuántos en Rosario, Santa Fe, Zárate, Bahía Blanca. Cuántos de cabo a rabo y de mano a mano abiertos los brazos del país, en cada capital y cada pueblo. ¿Cuántos marchamos en cada rincón y en total si sólo hacia Plaza de Mayo convergimos medio millón?



Fue un susto, sin duda. No susto para nosotros que marchamos con memoria, con enojo y con alegría. Marchamos desplegando el abanico de colores de la wipala, y dimos miedo. Por eso la estupidez del reclamo de cambiar el calendario, de ponerlo del revés, de diciembre hacia enero, volviendo atrás para reponer en el pedestal de honor a las de dudosa moral damas de la caridad.

  

Cristina, Máximo, Kicillof, Taiana, Rossi, González y tantos otros lo están viendo. Lo ve el Papa, es vox populi (vox Dei, piensa Bergoglio): fuimos todos, volvimos, nos sumamos, fuimos solos y fuimos juntos, de a dos o de a cuarenta mil, caminando, en ómnibus y trenes, “Unidos y organizados” juntos más un montón de unidos y organizados sueltos. No está solo el kirchnerismo, ni solo ni solamente, somos más. Eso da miedo. Seamos muchos más desde ahora, cada vez más. Incluso mas, muchos más desde el confín sureño hasta el mexicano río Bravo. Amén…





    Anexo I: Nazismo —

El nazismo es una deformación tortuosa de un nacionalismo no internacionalista, valga el juego de palabras que indica una cuestión intrínseca y dialéctica. En pocas palabras, aquél no es otra cosa en cada época que la deriva del capitalismo en crisis. En la actualidad es nazista la dictadura del capitalismo concentrado dirigido por sus “gestores”, sus administradores, sus CEO, y que coloniza al mundo contemporáneo instalando “súper jefes”, “virreyes”, amigos y enemigos.



    Anexo II: Artilugios —

Los artilugios nazis de Goebbels se han generalizado como método de instalación de consensos. Juan Manuel Grijalvo, español vecino de las islas Baleares, para más precisión en Ibiza, y de quien buceando media hora en las procelosas rías del ciberespacio no he encontrado referencias muy concretas más allá de que es un nadador empedernido en ellas, ha coleccionado frases de Goebbels2 que con habilidad para el embuste otro filósofo, Durán Barba, ha dictado eficazmente en el oído de su circunstancial amigo y virrey. Siendo de esta manera las cosas es necesario conocer esas frases, reunidas así:

Principio de la simplificación y del enemigo único:
Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.

Principio del método de contagio:
Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.

Principio de la transposición:
Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan.

Principio de la exageración y desfiguración:
Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.

Principio de la vulgarización:
Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.

Principio de la orquestación:
La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad”.

Principio de la renovación:
Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.

Principio de la verosimilitud:
Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sonda o de informaciones fragmentarias.

Principio del acallamiento:
Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen al adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.

Principio de la transfusión:
Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.

Principio de la unanimidad:
Llegar a convencer a mucha gente de que piensa “como todo el mundo”, creando una falsa impresión de unanimidad.



Notas: