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jueves, 31 de diciembre de 2015

Atilio Boron y Frank Underwood, un rey de virreyes…



En un último artículo de su blog, “Argentina, de la república al régimen”1, Atilio Boron caracteriza la etapa que vertiginosamente atraviesan nuestro país suramericano y sus paisanos continentales, universales. Pone dos fotos, la del “virrey”, según nuestra definición ya desde el 10 de diciembre pasado, y la del actor Kevin Spacey protagonizando a Frank Underwood en la serie “online” House of Cards, emitida por Netflix2.



Hemos replicado íntegro el artículo de Borón porque nos parece necesario para debatir sobre el momento histórico en toda América, en la sureña, la central, la caribeña y, también, la norteña. Luego, hemos también replicado una nota de la sección “Enfoques” del diario La Nación, de Buenos Aires, del 22 de febrero de este año que concluye, firmada por la columnista de ese medio Hinde Pomeraniek: “Frank Underwood, un villano fascinante y obsesionado por el juego del poder”3, referida a la serie House of Cards (Castillo de naipes, en nuestro idioma), porque el diario ha demostrado históricamente su preciso “timbre” consonante con los discursos elitistas de la derecha: el virrey no habrá podido evitar verse en sus patrones. 



Nosotros hemos sostenido y sostenemos que desde el día 10 de diciembre de 2015 el país argentino, una vez más, la primera en el siglo XXI, perdió la regularidad institucional democrático-burguesa que funcionaba con sus peculiaridades y crisis desde 1983, siendo los últimos doce años de indiscutible perfil popular.



Sostenemos que es así, primero, porque tres personas graduadas como abogados, en franca minoría y consecuente ilegalidad porque cinco es el número de miembros mínimo que fija la ley vigente, continuaron apoltronados sobre sus estipendios dinerarios y fungiendo como actores y referencia suprema de la Justicia en el país. Tres personas que acordaron o accedieron, además, a la designación autoritaria e ilegal de otras dos como pares y simulación de jueces supremos.



Segundo, porque incluso antes, caprichosamente y teniendo como antecedentes los golpes de Estado bochornosos y delictivos sufridos reiteradas veces en el siglo XX (personalmente recuerdo la indignación que me suscitó la “expulsión” de la Casa Rosada del presidente Arturo Umberto Illia, en 1966), una jueza con la venia de quienes “hacen de” actores y referencia suprema “sentenció” que el mandato de la presidenta Cristina Fernández vigente hasta el 10 de diciembre de 2015 caducaba a la cero hora de esa fecha. Pregunto: a qué hora caduca el derecho a pagar en tiempo una deuda que vence, por caso, un 10 de diciembre: ¿en la última hora del día anterior? Si esto arguyen los “jueces” que se preparen para cuando se los intime, llegará el día, a pagar los impuestos que han eludido porque será conveniente y justo –eso: justo–, para eximirlos de las penas más severas, que los paguen en forma contante y sonante “con antelación” a la ineludible y severísima sentencia popular.



Tercero, porque en las condiciones dadas perdió legitimidad y legalidad una Asamblea Legislativa que no reacciona ante la ausencia de dos poderes constitutivos de la institucionalidad estatal: el Judicial, ausente, y el Ejecutivo, despedido por quienes sin control alguno ejercen el rol judicial, a menos que se tome como seria la “presidencia” de don Pinedo, brillantemente aludida en solfa el mismo día del virrey por el periodista Mario Wainfeld en su audición “Gente de a pie”, por Radio Nacional.



Los hechos posteriores decretando el cese de leyes e instituciones legales, el aquelarre de fugas de asesinos que en su momento prestaron favores de campaña electoral, etc., son consecuentes con un modelo, este sí, absolutamente “de gestión gerencial”.



Quiero destacar, a propósito, que disiento con una equivocada expresión de Boron que empleó en su texto aludido y, antes, en un informe de situación que hizo para el Partido Comunista de Argentina: no se debe recurrir para el caso a un lugar común en discursos de ocasión tal como el de «plutocracia que instaura un país “atendido por sus dueños”». El país es nuestro, y la tan minoritaria como acaudalada plutocracia local, socia menor

 y servil del gran capital concentrado, solamente es dueña real de sus miserias.



Estas son las cuestiones



El virrey y su corte torpe y atropellada no componen más que una fuerza de choque rápido a la orden de sus mandantes. Ni las históricas dictaduras cívico-militares padecidas en nuestra América tuvieron tan torpe y voluptuoso como efímero poder de fuego inicial, y luego, pronto, en un quinquenio o poco más fueron abandonadas por sus lejanos jerarcas. Los mismos medios generadores de “opinión pública” que le hicieron alharacas de alegría con su unción virreinal, por nueva orden precisamente de aquellas reales majestades (bien reales), los abandonarán a la intemperie de pobladas “apolíticas” también por ellos instigadas.



El cuadro previsible es peligroso porque probablemente el Rey del virrey pretenda repetir modelos de acción directa ya puestos suficientemente en práctica en el mundo entero. Sería ése el retroceso más generalizado, enorme y triste de la historia contemporánea.



Para contrarrestar ese plan se hace imprescindible una politización popular certera e intensa, de debates duros pero fraternos, creativos y constructivos, y la “marcación” rigurosa de traidores y quintacolumnistas que actúen en perjuicio de los intereses mayoritarios de la sociedad.



Entiéndase bien



Lo afirmado es en pos de la tranquilidad, la felicidad, la paz y el progreso de nosotros, los pueblos americanos y del mundo, atropellados por los violentos abusos y la insidia del capital concentrado y sus secuaces a través de sus técnicas y aparatos de publicidad y dominación –incluidos los del consumismo–, que son reproductores de su perversa ideología.



A todas y todos, hermanos y compañeros, deseamos con Ansina es… un 2016 de alerta y alegre construcción de poder popular.





Notas:


2 Dice Wikipedia: Netflix, Inc. es una empresa comercial estadounidense de entretenimiento que proporciona mediante tarifa plana mensual streaming multimedia bajo demanda por Internet y de DVD-por-correo, donde los DVD se envían mediante Permit Reply Mail: https://www.netflix.com/ar/