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lunes, 28 de diciembre de 2015

Plan Cóndor siglo XXI



Nombrar jueces por decreto, arrasar con instituciones creadas por ley, disminuir contribuciones sociales a los especuladores financieros y rebajar devaluación mediante salarios a los trabajadores son modus operandi del inaugurado en Argentina Plan Cóndor siglo XXI, el cual se despliega a partir de una cabecera de playa encargada a “formadores de opinión” (medios de comunicación y autores “periodísticos”, de “crónicas” y “biografías” groseramente escandalizadoras, como entre tantos otros Nelson Castro, Jorge Lanata, Luis Majul1 o Agustín Laje, autor del grosero mamarracho que al final transcribimos y lleva el título de “La explotación del hombre por el Estado”2. La razón de esta replicación es, si se quiere, casi fortuita. Encontramos el artículo a partir de una fotografía que elegimos, dando indicación de su origen, para ilustrar la nota que precede: “Solidaridad rioplatense: Coalición por una Comunicación Democrática”

Laje, de quien pueden verse imágenes en Internet y también en Twitter –donde tiene casi diez mil “seguidores”–, es un joven “brillante” desde antes de los veinte años de edad y ahora suma seis más (26), colabora con varios medios que comparten su ideología y se desempeña regularmente en el portal de noticias Infobae, de Daniel Hadad. En su perfil de Twitter se presenta a sí mismo como director del Centro de Estudios Libertad y Responsabilidad (LibRe), autor del libro Los mitos setentistas (escribe los títulos de obras publicadas con comillas de apertura y cierre, no conoce las reglas de estilo editorial, y quizá tampoco las de ética) y coautor con Nicolás Márquez (38) de Cuando el relato es una farsa (2013), libro prologado por Carlos Alberto Montaner3.

En la oportunidad de presentar Cuando el relato es una farsa en Bahía Blanca,4 Agustín Laje manifestó:

Nosotros partimos de una posición que ni el llamado “periodismo opositor” se ha animado a tomar: la política de Derechos Humanos del kirchnerismo, tal como le mostramos al lector, ha sido una farsa en toda su dimensión, y de ninguna manera es un “punto rescatable” de este gobierno, como frecuentemente se alega. Y no sólo porque el kirchnerismo ha hecho del banderín de los DDHH un negocio millonario (con Hebe de Bonafini y Sergio Schoklender a la cabeza), sino porque han hecho de los DDHH un fetiche político e ideológico monopolizado por extremistas de izquierda como instrumento de venganza, persecución política y oportunismo económico.

Por su parte Nicolás Márquez, afirmó:

Este es un libro biográfico por un lado y un ensayo político por el otro, pero el elemento distintivo es nuestro enfoque ideológico, que está en las antípodas del gobierno. Mientras el grueso de los libros críticos del kirchnerismo parten desde una perspectiva progresista, nosotros partimos desde una perspectiva ideológica ubicada a la “derecha” si cabe la etiqueta.

Es decir, es un libro de neto corte reaccionario (y lo decimos con orgullo), porque defendemos posturas y valores que nos colocan en la vereda opuesta del gobierno en todas sus dimensiones. El grueso de los libros contra el kirchnerismo que hay publicados (con todo el respeto que nos merecen) no dejan de compartir con el oficialismo la misma ideología, aunque luego estos escritores se peleen con el gobierno por asuntos colaterales o secundarios.

En cambio, nosotros vamos hacia una crítica de raíz, sin concesiones ideológicas ni eufemismos narrativos.

Notas:
1 Luis Majul recibió de “la gestión” Macri-Vidal 14 millones de pesos de los recursos públicos de la para el caso bien llamada “CABA” (Ciudad Autónoma de Buenos Aires), véanse varias fuentes que citan el caso que fue inicialmente denunciado por la periodista Cinthia García, hasta el 31 de diciembre conductora de “A cara lavada” en las mañanas de Radio Nacional AM 870, entre otras http://www.diarioregistrado.com/politica/137059-macri-beneficio-a-majul-con-contratos-por-14-millones-de-pesos.html
3 Carlos Alberto Montaner, nació en La Habana en el año 1943. Tiene por elección las nacionalidades española y estadounidense, vive en Madrid, y es columnista de diarios y revistas y autor, se dice, de una veintena de libros. Montaner fue vinculado a varios actos de carácter terrorista contra el Gobierno de Cuba por lo que se infiere su vinculación con servicios de inteligencia de EE. UU. de Norteamérica. Pueden verse más referencias, entre otras, en https://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Alberto_Montaner y http://www.cubadebate.cu/etiqueta/carlos-alberto-montaner/


“La explotación del hombre por el Estado”,
por Agustín Laje

En Diario Veloz, 25.02.2012*

La plusvalía, una de las teorías más conocidas de Karl Marx, refiere al trabajo no remunerado del asalariado.

La plusvalía, una de las teorías más conocidas de Karl Marx –sobre la que se asientan en gran medida los presupuestos de explotación adjudicados al sistema capitalista–, en términos simples refiere al trabajo no remunerado del asalariado.
El filósofo alemán se preguntaba de dónde provenían los beneficios del empresario y concluía que había una porción de lo trabajado por sus hombres (“plusvalor”) del que aquel [sic] se apropiaba de manera injusta, lo cual generaba una situación de explotación.
La teoría es disparatada por lo simplista, de principio a fin. En efecto, toda producción se origina conjugando los llamados “factores de la producción” (recursos de la naturaleza, capital y trabajo). Sobre el empresario recae la responsabilidad de reunirlos, combinarlos, administrarlos, innovar y arriesgar.

La idea de plusvalía pretende, al contrario, que la cantidad de trabajo es la única causa del valor de cambio de las cosas. Si esto fuese así, una empanada de barro debería costar en el mercado lo mismo que una de carne, por ejemplo. Pero todos sabemos que eso no es cierto y se debe a que no sólo las horas de trabajo determinan el precio de un producto.
No obstante, cabe reconocer que el concepto de plusvalía –en tanto apropiación de porciones del trabajo ajeno– es interesante para el análisis de la Argentina actual.
Si algo ha caracterizado a la gestión kirchnerista desde mayo de 2003 a la fecha, ha sido el paulatino y desmesurado crecimiento del Estado en desmedro de los derechos individuales de sus ciudadanos.
La multiplicación de parasitarios planes sociales, las viandas y servicios de divertimento y ocio “para todos” (financiados con el dinero de quienes no los consumen) y los improductivos emprendimientos que el Estado encara cuando quiere jugar a ser empresario (cuyo déficit, como el de Aerolíneas Argentinas, que pierde dos millones de dólares diarios, lo pagamos entre todos) constituyen algunos ejemplos ilustrativos.
Así como Marx se preguntó de dónde provenían los ingresos del capitalista, resulta ahora interesante preguntarse de dónde provienen los ingresos del “Estado de Bienestar”.

En efecto, dado que en esta vida nada es gratis, la obesidad estatal debe financiar de alguna manera tanto su ineficiencia connatural como sus políticas de corte clientelista.
O bien lo hace a través de un sistema tributario que conciba al ciudadano casi como un esclavo y lo despoje en altas proporciones del fruto de su trabajo, o bien emitiendo dinero espurio sin sustento en bienes y servicios, lo que provoca inflación y disminuye el valor real del dinero de las personas, expropiándolas así en forma indirecta.
Lo cierto es que, de una u otra forma, el Estado obeso se financia metiendo la mano en el bolsillo de la gente. Así de simple.
En la Argentina kirchnerista, ambos mecanismos están puestos en marcha: según diferentes investigaciones privadas, la carga impositiva entre impuestos directos e indirectos (sin contar la inflación) va desde el 40 por ciento hasta el 60 por ciento de los ingresos anuales de los ciudadanos.
¿Qué quiere decir esto? Que de 365 días que tiene un año, los argentinos trabajamos entre 146 y 219 días –según el caso– no para nuestro propio provecho, sino por servidumbre.
A ello deberíamos sumar los efectos nocivos de una inflación que va, dependiendo la fuente, desde el 9,5 por ciento en hipótesis de mínima hasta más del 20 por ciento en hipótesis de máxima.
Téngase en cuenta, por si hiciera falta aclararlo, que a quienes afecta en mayor medida la inflación no es a las clases pudientes sino a los sectores de menores ingresos.
A la luz de estos datos de la realidad, es difícil no recordar la plusvalía de Marx y preguntarse en esos mismos términos, aunque invirtiendo su idea: ¿estaremos asistiendo no a la cacareada “explotación del hombre por el hombre” sino a la explotación del hombre por el Estado?

*http://www.diarioveloz.com/notas/52165-la-explotacion-del-hombre-el-estado