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miércoles, 18 de febrero de 2015

The Capital Entente Press



Una vez más el gran acuerdo de los escribas orgánicos de la derecha se descarga con estupideces aspaventosas presumidas de inteligentes. Ahora, nosotros jugaremos a las adivinanzas y sugeriremos a nuestros lectores encuentren el hilo que los lleve a los protagonistas de la nueva gansada.

Estos, aun radicados en países distintos aunque vecinos de consuno se establecen en uno que no es tal cual de paisanos sino, solamente, entente de escribas (y también, digámoslo, de crédulos y también cínicos lectores).

El eje del presumidamente académico y confesional discurso ha sido, como el de ayer ver al presidente Pepe más cerca de Mussolini que de Montesquieu, hoy filosofar alrededor del vocinglero silencio que marcharía con marcado éxito entre las clases medias por Buenos Aires in memoriam del fallecido abogado que pareciera en vida poco abogó por justas causas.

Es lamentable lo burdo del licenciado (o licencioso) y doctorado aquelarre de impresentables de la iniquidad y la complicidad con los peores momentos de nuestras historias contemporáneas. Pero…

El filosofador de hoy probablemente sea, todavía con pelo, a la vez, calvo y pelado. Pelado ex profeso y por propia voluntad para disimular interiores calvicies irreversibles. Una vez encontrado su nombre y buscando más se hallará no solamente su autobombo sino también otros datos y relatos sobre sus aventuras en otros tiempos en la aldea propia, sobre sus servicios a políticos de triste memoria, y su adscripción a ello de la mano de un fallecido ex cura que lo guió por senderos no celestiales.

Les daremos, ahora, solamente tres nombres sin duda de hombres probos, para que los ayuden en el derrotero de la pesquisa: José María Pasquini Durán, periodista lamentablemente también fallecido, otro muerto, asesinado, Regino Maders, y Alberto “Tito” Cossa, excelente dramaturgo que, junto con otras personas de la cultura, inició días pasados el manifiesto crítico con la vocinglera marcha del silencio, motivo –el manifiesto– del brulote de nuestro “autor”…

¡A jugar!