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lunes, 9 de febrero de 2015

Celestes y blanquicelestes haciendo goles en contra. Es un demonio el HSBC…



Monjas y un viejo cura de una escuela para niñas cercana al barrio de Chacarita (De las chacritas) en la Buenos Aires de la primera década del siglo XX, a la que mi madre concurrió un breve tiempo, sostenían que “los escaparates son tentaciones del demonio, y por eso no hay que mirarlos”.

Las hermanas del clérigo y él mismo, tan puristas al parecer que una valla infranqueable con mucha probabilidad impidiera entre ellos prácticas a espaldas de su dios, si alguna de las niñas sonreía “maliciosa” ante tales advertencias la enviaban a enjugar sus lágrimas en soledad en un lúgubre y apestoso sótano sin más luz que la que se filtraba por las rejillas metálicas de ventilación.

Que los entonces finiseculares escaparates de tiendas y bazares luego devenidos por los años 1950 en “galerías comerciales” y ahora en shoppings –tal cual “desde siempre” las empresas financieras y los bancos–, fueran tentáculos ideológicos que aprisionan a sus creyentes sean sólo seglares u ordenados del clero ya lo había enunciado algunas décadas antes un ateo confeso: Carlitos Marx.

Es sabido que por el año 2010 el franco italiano Hervé Falciani –ingeniero informático al que luego emuló Edward Snowden en el noble oficio de hacer denuncia pública de chanchullos mayúsculos–, descubrió y dio aviso de que más de cien mil clientes del banco británico HSBC evadían obligaciones tributarias en sus respectivos países de residencia, siendo facilitado ese gravísimo delito social por la empresa bancaria de marras.

El Gobierno de Argentina ya en el año 2014, recibida oficialmente la información que le enviara su homólogo de Francia, y a través de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) denunció judicialmente a unos cuatro mil evasores-titulares de cuentas en el HSBC, y al banco mismo. Se estima que la defraudación al fisco argentino es del orden, por lo bajo, de tres mil millones de dólares (3.000.000.000), y, de los evasores, solamente 10 % no pudo todavía ser identificado.1

“¡Qué mal está Argentina!”, dijo una uruguaya de Montevideo vecina de Carrasco sur

Hoy, 9 de febrero de 2015, la publicación montevideana La Diaria2 da a conocer que en Uruguay 770 clientes del HSBC, y con la misma metodología de “asesoramiento, ocultación y fuga” facilitados por el banco, habrían evadido las contribuciones al fisco uruguayo que corresponden a dos mil setecientos millones de la “divisa” estadounidense (2.700.000.000). Entre los evasores está un estandarte viviente del patriotismo oriental: Diego Forlán, cliente del HSBC desde 2006. Refiere La Diaria que «El Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación indica en un aparte dedicado a Forlán que el jugador fue consultado en “repetidas ocasiones” sobre este tema y no quiso hacer declaraciones». La organización periodística aludida, el ICIJ, por sus siglas en inglés, con sede en Washington, ordenó por países toda la información obtenida por Hervé Falciani, quien tras difundir los datos del HSBC sufrió persecuciones como las de Snowden y Julian Assange.

Mientras que no hace dos meses atrás la pretendida “prensa seria” promovía entre los uruguayos la ilusión de no tener pertenencia ni identidad “latinoamericana”, y análisis maliciosamente tergiversados de los problemas argentinos, ardides a los que nos referimos en anteriores entradas de este blog (“Nunca fuimos latinoamericanos…” y “Prensa clasista y depredadora”)3, ahora La Diaria afirma que «el país es el duodécimo sexto [26º] de todo el mundo que más dinero destinó a estos servicios del HBSC». Por cantidad de habitantes el lugar de Uruguay en el ranking mundial es el centésimo trigésimo sexto (136º). Ambos datos coincidirían con el imaginario generado por aquella otra prensa: el país rioplatense oriental es, a diferencia de sus vecinos del subcontinente, un país rico y evolucionado tal cual los del llamado primer mundo. Una mentira y a la vez una verdad fragantes, triste en el último caso, porque en realidad se trata de una nación cabalmente latinoamericana, en la que sus mayorías populares viven las angustias, vicisitudes, contradicciones y alegrías de la época histórica en una geografía común.

Objetivamente Argentina no está peor que Uruguay. Si el país del lado occidental del gran estuario, con una población que decuplica la del país del lado oriental, ocupa el puesto duodécimo primero de todo el mundo (21º) en el ranking de la evasión de tributos fiscales por vía del HSBC (tres mil quinientos millones de dólares fugados, a razón de 81,40 por cada habitante), mientras que la proporción en Uruguay indica que por cada poblador (por cada uno de los 3.300.000) los evasores fugaron 900 dólares (2.700.000.000 de dólares divididos por 3.300.000 habitantes) significa que proporcionalmente los pobres de Uruguay han sido monumentalmente más esquilmados. Y si fuera que ese dinero fugado no hubiera sido robado solamente a uruguayos sino también a pobladores de países vecinos, triste sería ese delito atribuírselo por igual a tantísimos paisanos honorables.

Más todavía, si setecientos setenta clientes uruguayos del HSBC de entre tres millones de habitantes fugaron al exterior dinero para evadir el pago de tributos –y en Argentina de entre cuarenta y tres millones lo hicieron cuatro mil–, significa que de cada millón de habitantes en Argentina hay 94 evasores y en Uruguay 233, o si se quiere por cada vecindario de apenas diez mil pobladores en Argentina no se llega a un evasor y en Uruguay hay más de dos. Duele, pero es así.

Uno de los países donde ha causado graves daños la operatoria del HSBC es Venezuela, exponiendo ello el papel desestabilizador del “mundo de los negocios” en los procesos populares. El The Hong-kong and Shanghai Banking Corporation (HSBC) fue creado en 1865 para administrar las enormes ganancias del tráfico con opio entre Asia y Europa noroccidental.


Notas:
1 Según publica la agencia Télam el 27.11.2014 (http://www.telam.com.ar/notas/201411/86869-echegaray-hsbc-evasion-fiscal-asociacion-ilicita-cuentas-bancarias-suiza.html): « Según trascendidos, las empresas con cuentas en Suiza serían Cablevisión, HSBC, Multicanal, Deustche Bank, Edesur, Loma Negra, Mastellone, Central Puerto, Exolgan, Alhec Tours, Biomas, Bridas, Campo Alegre, Compañía de Servicios Farmacéuticos, Cooperativa de Electricidad y Obras de Santa Rosa, Indunor, Pampa Holding, Petroquímica Comodoro Rivadavia, Reinforced Plastic, Valenciana Argentina y Zafra, entre otras firmas. En tanto, entre las personas y entidades se encontrarían Amalia Amoedo, Saturnino Herrera Mitjans, Pablo César Casey, Carlos Alberto Moltini, Adolfo Buratovich, Natalio Garber, Alfredo Román, Ricardo Chiantore, Alfredo Romemmers, Roberto Busnelli, Christian Bassedas, la Cámara Arbitral de la Bolsa de Cereales, Adolfo Grobocopatel, Martín Silva Garretón, Raúl Moneta, Juan Bielic, Sebastián Eskenazi y Víctor Savanti, entre otros».