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lunes, 21 de julio de 2014

En Gaza noche y niebla, en blanco, en negro y en sangre



Parte de nuestra generación suramericana, la de los que ahora tenemos ya más de setenta años sobre el mundo y sus calles, muy jóvenes despertamos, a la vez, al amor y a la conciencia humanista y política con Hiroshima mon amour, El verdadero fin de la guerra, El 41, Pasaron las grullas y, muy especialmente, con Nuit et brouillard, de Alain Resnais: Noche y niebla.


Despertamos a una conciencia político-humanista, socialista, nacional, popular, revolucionaria y solidaria. Lloramos con aquellas imágenes del dolor, de la brutalidad, de la ignominia y tuvimos conmiseración con los asesinados y torturados y por sus hermanos, sobrinos y primos lejanos que estaban entre nosotros o en otros lados. Lo hicimos juntos, agnósticos y religiosos, originarios y criollos de aquí y descendientes de quienes fueran que a esta Suramérica hubieran llegado.


Fuimos parte de una generación, parte numerosa, pero no lo suficiente como para haber podido evitar que a nuestros hermanos e hijos y a nosotros mismos, aquí mismo, en Suramérica, nos diezmaran.


Hoy, brutales exponentes de la repetición genocida, hermanos, sobrinos y primos de quienes fueron objetos de aquella nuestra conmiseración, fríamente como sus mentores los ideólogos de los asesinos y torturadores que otrora aquí y otrora allá nos diezmaron (asesinando y torturando pueblos originarios, trabajadores y estudiantes en los siglos XIX y XX), nuevamente matan y hieren a sangre y fuego en Gaza, en Ucrania, en Nicaragua…


No tienen lágrimas en sus ojos. No tienen amores en sus entrañas. No tienen pensamiento en sus cerebros. Ven todo en brillantes colores, incluso la ajena, roja y excitante sangre. No ven en ellos mismos la noche y la niebla.