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lunes, 18 de julio de 2016

La enorme inseguridad de una presumida seguridad

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Algunos vecinos, temerosos hasta de sí mismos váyase a saber por qué, han instalado en el frente de sus casas cámaras de vídeo registrando escenas de la vía pública. Es decir, captan y guardan imágenes de las personas que marchan a pie o en vehículos. El paso de los miembros de mi familia ha sido registrado cientos o miles de veces por lo menos dos cámaras: una a media cuadra y la otra en una de las esquinas. Quienes en las grandes ciudades iniciaron esa “pesquisa” fueron “los gestores” (gerentes, CEO, mandamases, etc.) de empresas más o menos importantes arguyendo cuestiones de “seguridad”. Luego le siguieron bolicheros de mayor a menor cuantía que colocaron el consabido cartelito de “Sonría, por su seguridad lo estamos grabando”.



Lo gestores y mandamases de ciudades, pueblos y barriadas se sintieron motivados también a preservar la seguridad de sonrientes y no sonrientes vecinos con la misma argucia de registrar sus movimiento, rostros, caminatas, etc.



De las cámaras de vídeo se saltó a las “policías” privadas dependientes del capital privado que privan a las mujeres y varones de su seguridad ciudadana, paisana, vital, personal, familiar y social. Y nuevamente los mandamases menores de marras se sintieron motivados a implantar en esquinas, calles, callejuelas y plazoletas menores o mayores a sus “policías comunales” provistos de armas letales y desprovistos de un grado imprescindible de necesaria racionalidad para portarlas.



Recientemente se descubrió que uno de esos policías, para el caso de “la metropolitana” de la Ciudad de Buenos Aires, fue cómplice de un robo en el domicilio de la segunda en jerarquía del virreinato rioplatense. El fulano se habrá disculpado con que no tiroteó a nadie, como no hace mucho y “confundido” hizo un colega (de él).



El botón de pánico se ha instalado en la mesa de luz, el bolsillo de la dama, la mochila de los escolares y el llavero de los caballeros tanto como los smartphone en mano que, principalísimamente, permite tanto fotografiar todo lo que ya está mejor fotografiado por fotógrafos como, ante la profunda duda matemática, multiplicar tres por cuatro.



Todo esto nos ha llevado a una situación de tremenda inseguridad porque los responsables de esta seguridad fraccionada son tan torpes como seguros de su no torpeza. Así, desde el propio virrey y pasando por su vice robada de váyase a saber que dineros robados hasta el último de los mandamasitos más pequeños, como los infelices “policías” comunales de San Isidro (ver “Convocatoria a un gran pique-tetazo”: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-304506-2016-07-18.html) que prohibieron a una mamá dar la teta a su bebé en una plaza porque eso en sus horas de trabajo, quizá, las y los retrotrajeron a la visión de imágenes on line de tetas, culos y penes que pueden sin vergüenza ser toqueteadas en las pantallitas táctiles …



Disculpen, pero el virrey, sus adelantados, gobernadores y encomenderos me tienen harto. Tan harto como también me tienen los vecinos que se dicen expuestos a la inseguridad y nos la transfieren con camaritas y otros artilugios que solamente dejan seguros y felices a sus vendedores…