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lunes, 25 de julio de 2016

“Desde el ‘ser negra’. Una reflexión holística de la mujer afrocolombiana”, por Claudia Quintero*



Día Internacional de la Mujer Afrolatinoamericana y Afrocaribeña

comcosur mujer n° 483 – 25.7.16 Participación Comunicativa desde el Cono Sur / Montevideo

http://nuevo.comcosur.org/










Colombia es un país con una diversidad étnica enorme. La guerra también ha hecho que en las regiones, se conjuguen los desplazados de distintas tonalidades y culturas en una sociedad cada vez más diversa (en apariencia).


Estoy por estos días bombardeada de noticias tristes de mi gente negra en el mundo. Ver en internet cómo, a mansalva, los policías matan negros en Estados Unidos, no deja de doler. Creo que sus realidades allá en el norte no son muy diferentes a las que vivimos acá en el sur: exclusión, criminalización y pobreza… ¡ah! y finalmente violencia.



En Colombia no es fácil ver personas negras en puestos de decisión, mucho menos mujeres negras. Particularmente somos vistas como deportistas y actrices, admiradas por esos “cuerpos perfectos” y se basa en ello nuestro talento para crecer.



Los negros tenemos dos espacios en el Congreso de Colombia, ¡si los negros!, pero los ocupan dos personas de tez blanca y cultura mestiza: Moisés Orozco y María del Socorro Bustamante que fueron “avalados” por comunidades negras y pobres, éstas comunidades al parecer les vieron como sus “salvadores” y únicos capaces de representarnos en tan “digno” espacio democrático. Su elección se dio en medio de trampas legales, que no pudimos refutar: “ellos quieren a los negros” eso bastó para ser elegidos y no nosotros personas de la comunidad afrocolombiana.



María del Socorro Bustamante dio una pelea por el cargo “ganado” pero falleció después de un tratamiento de obesidad en marzo del 2015, y el 15 de julio de 2016, el Consejo de Estado, una de las altas cortes en Colombia, anuló la elección de Orozco,  que también recaía sobre la fallecida Bustamante. Los negros hemos tenido más de dos años de ausencia representativa en el Congreso.



Muchas negras como yo no tenemos talentos extraordinarios en los deportes o el baile, muchas no tenemos esas nalgas grandes que siempre se comenta de las negras, “Las negras y su gran culo”, tampoco tuvimos acceso a la educación superior, y los territorios dónde nacimos son los más pobres y abandonados del país.



Los afros en Colombia fuimos de las “minorías” más afectadas por el conflicto y el desplazamiento forzado, tuvimos que migrar para vivir, para salvar la vida. Pensar en llegar a entrar a ese círculo cerrado, donde se toman decisiones desde lo local, es una utopía para caminar. En el ámbito educativo por ejemplo tuve acceso a educación terciaria gratuita con una alta exigencia, ahora quiero ingresar a una carrera profesional y debo costearla, los cupos son limitados para las personas negras en las universidades públicas.



Como defensora de derechos humanos he tratado de hacer incidencia en muchos espacios de decisión el país, y reconozco que a pesar del racismo, la lucha ha dado frutos y uno de ellos es el respeto. Es muy duro ganarlo siendo mujer, negra y de izquierda y para completar con una “cuerpa gorda”, tengo que demostrar al doble mis capacidades y conquistarme cada día para no perder el auto reconocimiento adquirido y mi esencia.



La construcción social y política desde el “ser negra” se da en el justo momento que logramos la conquista de nuestras corporalidades y nuestras realidades étnicas, históricas y culturales.



Ideológicamente he basado mi formación autodidacta en el recorrido y lucha de la activista afroamericana Ángela Davis y en muchos feminismos negros, no basta con hablar de racismo, hay racismo y violencia de género en contra de las mujeres negras. Las mujeres negras estamos a partir de nuestras propias realidades construyendo-históricamente espacios de poder. Pero cuando un patriarcado blanco, y después un feminismo (también blanco) y eurocéntrico, dictan la teoría, no se avanza.



El problema es estructural y no las justas quejas que como afros tenemos a cada situación de exclusión. El problema es la poca o nula participación de nuestra comunidad y la poca legitimidad que tiene el proceso de participación afro. El problema es la elite blanca y la elite negra que tiene al pueblo sumido en pobreza y ayudas humanitarias que salvan el día o la compra del voto que te permite ponerles zapatos a los niños, cada vez que hay elecciones.



Sigo caminando las calles, bombardeada de noticias, pero cargada de conceptos y firmeza al caminar, cada paso es un logro, hoy conquisto mi cuerpo mañana podré conquistar los estrados legislativos en los que el país decide el futuro de sus habitantes (incluidos los negros y negras). Esa es la utopía.



Nota:

* Claudia Yurley Quintero es colombiana residente en Argentina, defensora de derechos humanos, reportera ciudadana y bloguera empedernida, siempre denunciante y poniendo en debate los derechos de las mujeres, niños, los grupos étnicos y los desplazados (https://elpayanes.wordpress.com/2012/02/26/es-un-gusto-estar-en-vox-populi-un-medio-ciudadano-alternativo-quienessomos/)