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lunes, 13 de octubre de 2014

Palio, botón de balizas roto… ¿Pánico?..., no





Desde febrero de 2012, “Palio, botón de balizas roto…”, publicada el 13 de octubre de 2014, apenas hace dos años y medio, es la nota más leída del blog: 2215 lecturas registradas del total de las más de cincuenta y cinco mil contabilizadas hasta este enero de 2017. ¡Ansina…! es éste un blog modesto, de noticias y comentarios históricos y políticos contemporáneos que se edita desde las costas, una o la otra, del gran estuario suramericano llamado Río de la Plata.



“Palio, botón de balizas…” decuplica, multiplica por diez, a cada uno de los artículos más leídos del total de casi seiscientos, entre propios y replicaciones de los de otros autores.

Es evidente que son muchos quienes como nosotros hemos sufrido la rotura del retén plástico de un botón de débil calidad y que no tiene repuesto accesible, ya que reemplazarlo implica reemplazar todo el complejo conjunto de comandos de luces y sistemas bajo el volante para la conducción del vehículo. Un conjunto de precio alto.

Nuestros lectores acertaron al encontrar a un “usuario” que, como muchos otros lo hacen en la red internet con palabras o imágenes, mostró lo más amenamente posible una solución al problema. Cada uno de los lectores que aprovecharon la publicación, y que en muchísimas oportunidades que agradezco dieron fe de ello dejando comentarios, hizo una práctica y concretó una destacada experiencia de praxis colectiva: es decir, una relación productiva de práctica y teoría entre dos o más personas.

La estadística de Blogger no permite saber que otros artículos son los que han leído los dos millares de lectores del presente, pero no pocos habrán sido. No es condición ser de izquierdas para tener o conducir un Fiat Palio, así que es difícil poder suponer una relación basada en este presupuesto.

Lo que sí queremos destacar ahora, agradeciendo a los lectores pasados, presentes y porvenir, es que toda cuestión que nos incumbe a los humanos, todo conflicto, todo accidente, todo hecho histórico circunstancial o no que ocurra en cualquier parte del globo terráqueo a donde han llegado estas páginas digitales (dando varias vueltas al mismo), es factible de ser resuelto en la praxis, en la creativa conjunción colaborativa de teorías y prácticas que conllevan distintas técnicas, ideas e incluso prospecciones científicas y filosóficas.

A propósito, lo hemos referido más de una vez, con razón Karl Marx afirmó en 1845 que «Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo». Con don Karl seguimos en eso, invitando a ustedes a hacerlo también. ¡Gracias!

Gervasio Espinosa
 

 
Ahora sí, como dijo López...

Hoy, queridos lectores, no va la receta de sopa paraguaya de una amiga sino mi pericia artesanal electrotécnica. Así es, para ser un buen escritor hay que ser mecánico, saber componer y revincular piezas. ¡Ser mecánico y sin pánico! Y a propósito de estos que están de moda en este largo fin de época recomiendo leer una entrada anterior: “Pánico. Botón de pánico”.

A la rural Palio se le rompió la traba del botón o pulsador de las balizas de emergencia, y como éstas funcionan aún sin el contacto puesto la camioneta era un arbolito de navidad que al poco tiempo se quedaría sin batería si no se quitaba el correspondiente fusible. Pero, lo peor, es que en pleno siglo XXI había que andar sacando el brazo para hacer señas que ya nadie entiende: horizontal a la izquierda, o vertical hacia arriba con la mano señalando a la derecha…

Llegar a los comandos de luces era cosa sencilla, así que se acometió la tarea de primero desencajar el centro de volante que acciona la bocina o “claxon”, como se decía en las historietas gráficas cuando yo era chiquilín, por ejemplo en “Superhombre”. Luego de retirar el conector de la bocina y todo ese conjunto aflojar y retirar la tuerca que sujeta al volante, y también retirarlo.

Hecho esto hay que quitar cinco tornillos autorroscantes para plástico que quedan más o menos a la vista, dos que sujetan la parte superior del cobertor de los mandos sujetos a la columna que contiene la barra de dirección, y tres que sujetan a la parte inferior (provisto de una pequeña linterna, habiendo retirado el asiento del conductor al máximo hacia atrás y mediante una compleja contorsión de torso y cuello podrá verlos).

Listo. Ha sido fácil. Acto seguido se ingresa en algún sitio web de venta de repuestos de automotor, se indica la famosa marca y el modelo y se entera que no se vende el botón solo, aislado, sino con todo lo que lo rodea: llave de luces y comando de señales de giro, de limpiaparabrisas delantero, de luneta, y de selección de las funciones de la computadora de viaje. Calma…, hay en stock, su precio: rondando los doscientos papeles verdes (conviértanlos ustedes a pesos uruguayos, chilenos, bolivianos –bien Evo– rublos, euros, reales brasileños, bolívares o pesos argentinos, etc.).

No tuve un acceso de pánico porque tengo un gran control de personalidad, solamente dije palabrotas (algo más que “pistola de satanás”, como contenido gritaba mi viejo cuando se martillaba un dedo).

Una solución sencilla

El problema es que cuando el botón de las balizas queda alto, es decir que no se traba abajo, no solamente mantiene encendidas las luces de emergencia sino que además bloquea la selección de las de giro, o “señaleros”, como las llaman los paisanos uruguayos. Así que el asunto era restaurar ese botón para que quedara fijado en su posición baja y que cuando fuera necesario se lo destrabara para accionar las dichas luces de emergencia (de paso: éstas deben usarse solamente con el vehículo detenido en emergencia, y no para indicar que pareciera que quizá pudiera estar sucediendo algo irregular delante nuestro en la autovía; no, para eso disminuya velocidad y mantenga distancia de frenado).

Con un taladro manual (berbiquí preferentemente de relojero…), hacer un pequeño agujero de tres milímetros en el botón pulsador de encendido de las balizas a la altura, ras, de la cobertura superior de la columna de dirección, de frente a la posición del conductor y mientras se lo mantiene oprimido en su total posición baja.

Luego tomar un trozo de acrílico de tres milímetros de espesor y de dos y medio por cuatro centímetros, preferentemente negro o gris oscuro. Redondear algo sus esquinas, trazar con un lápiz de cera afilado (crayón) una línea central en su sentido más ancho, y hacer las marcas para dos perforaciones de un milímetro y medio a un centímetro de los extremos cada una. Luego, con una sierra para metal, sin arco, con cuidado, hacer una canaladura del lado contrario al del perforado de los agujeros, en el propio centro de la pieza rectangular y de un lado mayor al otro lado mayor. Por esa canaladura deberá poder desplazarse con libertad pero no “suelto” un pernito de alambre acerado de un milímetro y medio de diámetro y cuatro centímetros de largo, uno de ellos, en el extremo del lado del volante, doblado en escuadra.

Volvemos al botón que tiene hecho ya el agujero. Cortamos una “lengüeta” de lata de envase de alimentos de dos milímetros y medio por cinco, la lijamos en una de sus caras y la doblamos con una pinza pequeña con las caras lijadas enfrentadas. Preparamos un pegamento epoxi de dos componentes y “reforzamos” el agujero montando con el pegamento la lengüeta doblada con sus extremos hacia abajo, uno por dentro y el otro por fuera: es para que no se “agrande” el agujero en contacto con el pasador.

En el cobertor superior de la columna montamos con dos pequeños tornillos autorroscantes el “dispositivo de cerrojo” que trabará al botón en su posición NO baliza. Cuando es necesario accionar las luces de emergencia se retira el perno hasta liberar el botón, y good bay verdes, a joder a otra parte. 



Hablando, solamente hablando, con palabras y sin números, nos hemos entendido. Así con la mecánica como con la política o la filosofía. Good bay verdes y good bay pánico. A propósito…: http://gervasioespinosanotas.blogspot.com.ar/2014/09/panico-el-boton-de-panico.html