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domingo, 5 de abril de 2015

Glifosato non santo II (a propósito de Patrick Moore)



Hace pocos días adherí con mi firma y dirección electrónica al reclamo de la Red Nacional de Acción Ecologista (RENACE)* al Gobierno de Argentina para que se prohíba el uso del herbicida glifosato en las plantaciones masivas del negocio agroalimentario. Ayer me llegó un aviso del servidor de correos indicando que tal reclamo no se había podido entregar a sus destinatarios.

Lamentable situación. Pareciera que se filtra y deniega lo que no se debería y se facilita –aun sin quererlo, queremos pensar–, lo que nos hace daño como sociedad y país: la contaminación del ámbito humano o también la proliferación de servicios y aparatos privados de seguridad (que efectivamente nos privan de seguridad a las mayorías), o el descontrol de servicios policiales estatales que con sus vehículos atropellan gente porque marchan sin luces y de contramano, como en Villa Luzuriaga, intimidan a jóvenes estudiantes de una Escuela Industrial en San Miguel, y roban e intimidan (a mano armada) en José C. Paz, todo lo consignado en territorio de la Provincia de Buenos Aires…

El reclamo de la RENACE:

Estimados señores
 
Sra. Presidenta de la Nación,
Dra. Cristina Fernández de Kirchner
 
Sr. Ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca
Ing. Agr. Carlos Casamiquela
 
Sr. Ministro de Ciencia y Tecnología
Dr. José Lino Barañao
 
Sr. Ministro de Salud
Dr. Daniel Gustavo Gollán
 
La reciente publicación de la OMS del informe sobre el Glifosato que expone que “Hay pruebas convincentes de que el glifosato puede causar cáncer en animales de laboratorio y hay pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos (linfoma no Hodgkin)” y por otra parte el herbicida “también causó daño del ADN y los cromosomas en las células humanas” viene a confirmar lo que desde hace más de una década vienen denunciando comunidades, organizaciones sociales, médicos e investigadores de todo el país.
 
De esta manera este documento viene a terminar con el cerco de silencio con el que se ha pretendido acallar las voces de las víctimas de un modelo de agricultura criminal que se ha impuesto de manera masiva en la mayor parte de nuestra región agrícola.
 
La respuesta de los investigadores del IARC a los intentos de Monsanto de descalificar sus voces han sido contundentes: “la inclusión del glifosato se ha tomado luego de numerosos estudios y la evidencia apuntaba claramente en ese sentido”. Nos preguntamos '¿hay evidencia de que el glifosato causa cáncer?' y la respuesta es 'probablemente'", explicó el coordinador del grupo de científicos que compiló la lista, Aaron Blair.
 
A diferencia de los argumentos de Monsanto que no son científicos por estar basados en estudios realizados sin independencia de criterio de las mismas empresas y ser confidenciales, el último estudio de la IARC "sólo considera los informes que han sido publicados o aceptados para su publicación en la literatura científica disponible abiertamente", así como "datos de los informes gubernamentales que están a disposición del público".
 
Las investigaciones de Andrés Carrasco dadas a conocer en el año 2009 fueron claras anunciando lo que hoy reconoce el IARC y su compromiso desde ese momento para denunciar al glifosato y al modelo de agronegocio que lo imponen son un ejemplo que hoy debe ser revalorizado a la luz de esta nueva clasificación para el herbicida estrella de Monsanto.
 
Estas investigaciones vinieron a dar luz y voz a las Madres de Ituzaingó y a todos los pueblos fumigados que desde una década atrás vienen denunciando los impactos dramáticos en sus vidas con mapeos, estadísticas populares, casos concretos y una lucha que no cejó a pesar de la sordera intencional de los funcionarios de turno a nivel local, provincial y nacional.
 
El glifosato se comercializa desde hace más de 20 años por la multinacional Monsanto bajo la marca Roundup y su uso se incrementó significativamente a raíz de la imposición de cultivos transgénicos de soja, maíz y algodón, que en nuestro país abarcan más de 24 millones de hectáreas y cuya producción está indisolublemente ligada a su empleo. En el año 2014, según datos de la misma industria, en el territorio argentino se utilizaron más de 200 millones de litros de glifosato lo que ha tenido un impacto masivo sobre millones de personas.
 
Esta misma semana se ha dado a conocer un un estudio epidemiológico realizado por la Universidad de Córdoba en la localidad de Monte Maíz, donde había una alta concentración de acopios de cereales y pesticidas que determinó que la población tenía una incidencia cinco veces mayor de casos de cáncer que el común.
 
Nuestra posición es muy clara: no se trata de sustituir al glifosato por otros herbicidas (como de hecho ya se está planteando hacer Monsanto con los herbicidas dicamba o el 2,4 D). Lo que necesitamos es replantear radicalmente el modelo de agricultura basado en monocultivos, transgénicos y agrotóxicos para iniciar una transición hacia una producción agroecológica basada en las economías locales y orientada hacia la Soberanía Alimentaria de nuestro pueblo.
 
Por todos esos daños que produce el sistema agroalimentario actual, y todo lo bueno que nos traerá el sistema que proponemos, peticionamos:
 
- La inmediata prohibición del Glifosato para su uso agrícola y urbano en todo el territorio de la República Argentina en aplicación del Principio Precautorio.
 
- La ampliación y consolidación del debate e implementación de la transición hacia otra agricultura sobre la base de la producción agroecológica, la Soberanía Alimentaria y la inclusión social.
 
Esperamos su pronta respuesta y nos ponemos a disposición para aportar toda la bibliografía y registro de casos que sustentan esta solicitud.
 
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Gervasio Espinosa

 
Nota: