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jueves, 16 de abril de 2015

Colombia: contra los diálogos de paz



En el contexto actual, luego de la cumbre de presidentes en Panamá, mientras se anuncia para mañana, 17 de abril, en Quito, Ecuador –donde funcionará– la inauguración de la Escuela Suramericana de Defensa (Esude) dependiente del Consejo Suramericano de Defensa de la UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas), el tropiezo en los diálogos en Cuba entre el Gobierno colombiano y las FARC como consecuencia de un ataque en el Departamento del Cauca, Colombia, en el que murieron miembros del Ejército, no puede menos que resultar sospechoso.

Se percibe, en otros órdenes, una clara coordinación de hechos que incluyen tendenciosos comentarios editoriales, como el que se expone en nuestra nota precedente,1 intentos de destitución en Brasil y en Argentina (campañas contra Dilma Rousseff desde antes de las recientes elecciones, y que continúan, o la montada en Argentina sobre la presumida honestidad ciudadana lindante con el heroísmo de un fiscal de negocios muy poco claros), la militarización del Atlántico Sur por parte de un aliado de EE. UU. y la soberbia imperial de la que hacen alarde voceros del poder real norteamericano.

¿Es pertinente sospechar de posibles provocaciones y lazos ocultos en la políticamente entramada selva y realidad social colombiana? Sí, es pertinente, y más todavía cuando el propio presidente Juan Manuel Santos, a la vez que ordena “continuar con los bombardeos”, reclama profundizar los diálogos que se llevan adelante en Cuba con la presencia de los moderadores de este país y de Noruega.

El investigador y analista Agustín Lewit2, en un artículo publicado hoy por el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), dice que «la región del Cauca –una de las zonas más calientes del territorio colombiano–  [es] donde numerosas columnas de las Farc y del Ejército de Liberación Nacional (ELN) conviven junto con importantes y combativas organizaciones indígenas y campesinas, además de varias células militares norteamericanas».

Podría ser el papel de esas “células norteamericanas” –bien vale ahora preguntarse y preguntarnos– además del espionaje y relevamiento de información, diseñar, proponer y ejecutar acciones de provocación para perturbar las relaciones políticas, el progreso social autónomo y la defensa de la paz en el Caribe y Suramérica. Tentativas o seguras respuestas pueden rondar o estar presentes en las esferas gubernamentales de nuestros países, pero mucho más importante es que esto se discuta entre nosotros, los pueblos.    


Notas:
1 Ver “The Country, ¿un diario suramericano?”
2 Véase http://www.celag.org/colombia-los-turbulentos-caminos-hacia-la-paz-por-agustin-lewit/