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miércoles, 8 de agosto de 2018

Solución, colusión y oclusión. ¿Qué usted haría…?

https://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_Gila


El principal diccionario de la lengua castellana da las siguientes acepciones para las voces “solución” y “colusión”. Para “solución”, afirma que es acción y efecto de disolver | acción y efecto de resolver una duda, dificultad o problema | satisfacción que se da a una duda, o razón con que se disuelve o desata la dificultad de un argumento | en el drama y poema épico, desenlace de la trama o asunto | paga, satisfacción | desenlace o término de un proceso, de un negocio, etc. | en las matemáticas, cada una de las funciones o cantidades que satisfacen las condiciones de un problema o de una ecuación.



Pero en el caso de “colusión” solamente da una, y es del vocabulario jurídico: pacto ilícito en daño de tercero.



Es decir, una “colusión” puede ser, sin ninguna duda, la solución y desenlace para un proceso o negocio que así se paga… Pero esa “solución” está basada en un pacto ilícito en daño de tercero, o terceros…



Llegados hasta aquí, estimados lectores, veamos que “estimar” no siempre es laudatorio o amable –como ahora–, sino que también permite cuantificar ruindades1: «Calcular el valor de algo» y «Creer o considerar algo a partir de los datos que se tienen»)2. Estemos de acuerdo en que en la época presente y contrariamente al empeño de diarios, portales, de virreyes y sus cortes, enriquecer el vocabulario es imprescindible. Nos mienten a lo bruto, no lo seamos…



Pero esto de no ser brutos, es como el caso de los guisos de lentejas o incluso del puchero que, aunque lo parezca, no es fácil cocerlos. (En esta conclusión se afirmaba un tío abuelo solterón que había sido cocinero de estancia y que en su vejez sin jubilación alternaba domicilio con mis viejos y nosotros y, también, en casa de un tío de mi niñez, Manolo, en Villaguay, Entre Ríos.



¿Qué hacer?



Tentado estoy para el caso recomendar la lectura de ese tratado de política escrito por Vladímir Ilich Uliánov, Lenin, entre los años 1901 y 1902, cuando el debate entre los socialdemócratas rusos sobre el tipo de partido y organización para la toma del poder político y desplazar de la historia a la monarquía zarista y corrupta. Podría recomendarse, también de Vladimir Illich, El Estado y la revolución, de 1917, ya en los prolegómenos de la revolución de octubre.



En Suramérica, los pueblos al occidente y el oriente frente al gran estuario, o en la franja trasandina, no hemos logrado todavía y menos por algo así como una iluminación celestial la madurez para resolver nuestro propio futuro. No, seguimos en idas y vueltas, ignorancias, pleitos banales y a merced de los fabricantes de pensamiento acrítico (escribimos bien: a-crítico, no-crítico), escuderos de sus propios negocios suficientemente diversificados y constructores de discursos e imágenes de ocasión y de cierre de la historia…



Oclusión



Para remate, y con las mismas siete letras (ce-i-ele-o-ese-u y ene) con las que según su orden en la palabra puede escribirse tanto “solución” como “colusión”, también se lo puede hacer para expresar una acción que según quiénes y cómo la materialicen puede ser lamentable o no, necesaria, de cierre de una época. Oclusión refiere, en las prácticas médicas, a la acción y el efecto de cerrar, de impedir el paso, de no dejar pasar…



Así estamos en una extendida geografía suramericana. La cerrazón y oscuridad intelectuales de un mero pensamiento más menos inteligente que inteligentemente útil, tanto de un lado como del otro de “la grieta” que tanto alinea en un flanco escuálidos macristas como del otro no menos escuálidos antimacristas (en cada país serán según el apelativo del encargado de la “gestión político mafiosa de negocios de la elite”).



Lo expresado hasta ahora no es manifestación de otra cosa que no sea ese optimismo de la voluntad en lucha con el pesimismo de la razón que a inicios del siglo pasado el italiano Antonio Gramsci reflejó en sus escritos y, por caso, especialmente en una carta a una amiga, Julia.



El filósofo catalán Francisco Fernández Buey (1943-2012), refirió así a esa carta en el sitio web de la Associació Catalana d’Investigacions Marxistes3:


Gramsci cuenta a Julia que ha recibido desde Italia una misiva de una compañera rusa que estuvo con Rosa Luxemburg en Alemania y que también ella, que no es precisamente "de temperamento italiano", le escribe descorazonada y desilusionada. En ese contexto confiesa que "le están pidiendo demasiado" y que eso le "impresiona de una forma siniestra". De manera que el hombre que por entonces está escribiendo en la prensa del partido "contra el pesimismo" de los otros se siente solo, no acaba de superar la enfermedad, siente que algo se ha roto en su interior y necesita unas fuerzas que sólo le pueda dar, espiritualmente, la mujer, una mujer de la que, por otra parte, él mismo sospecha que está algo más que fatigada. 


Si no se quiere trivializar la conocida frase pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad –tantas veces repetida a cuenta de Gramsci y fuera de contexto– conviene atender a este trasfondo psicológico y sentimental que es propiamente lo que da vida a la misma. Su artículo "contra el pesimismo", publicado en el número dos de L´Ordine Nuovo quincenal (15 de marzo de 1923) es realmente un artículo contra el pesimismo de la voluntad, contra el escepticismo existente en las propias filas sobre el futuro político y sobre el papel del partido comunista en formación; es un artículo contra el fatalismo y el determinismo, contra la vuelta a un estado de necesidad del que el propio Gramsci participó unos años antes.


La diferencia entre lo que se dice en él y lo que Gramsci está diciendo por esos mismos días a Julia está en el hecho de que en el plano público, político, la reafirmación de la voluntad, del optimismo de la voluntad, tiene que quedar deslindada del equilibrio sentimental de los sujetos que han de actuar. Y, sin embargo, al acentuar la crítica política al pesimismo de la voluntad es evidente que quien lo hace, el propio Gramsci, no sólo asume sino que reafirma una responsabilidad para la que, privadamente, reconoce no tener fuerzas suficientes. De donde resulta, paradójicamente, que estas fuerzas, la reafirmación de la voluntad necesaria para combatir el pesimismo político, tienen que venir de la debilidad del otro, de la otra, que es la que da el equilibrio de la relación sentimental.


Sigamos…


—¿Qué va usted a hacer con esta realidad que ahora estamos viviendo, “matal-le”? –me pregunto y pregunto al lector, como puesto al teléfono preguntaba el españolísimo Miguel Gila, y tras poco “pensal-lo”, me digo:


—Y… ¡Sí! ¡Quitárnosla de encima!... ¿Pero… ¿Qué usted haría?





Notas:

1 Y ya que estamos exigiendo respuestas al mataburro sobre la calidad de “ruin” propia de la ruindad, el libro de marras principalmente dice: vil, bajo y despreciable | de malas costumbres y procedimientos |dicho de una costumbre o de una cosa: mala | mezquino y avariento | en lenguaje coloquial se emplea «el ruin, delante […], para poner en evidencia a quien se nombra antes de otra persona o toma el primer lugar» …

2 Sobre estimar dice el diccionario castellano: calcular o determinar el valor de algo. Estimaron los daños en mucho dinero | atribuir un valor a algo. Si en algo estimas mi amistad, no hagas eso | sentir afecto o aprecio hacia alguien. Siempre te hemos estimado | creer o considerar algo a partir de los datos que se tienen. Estimaron que no era oportuno asistir | creer o considerar que algo es de una determinada manera. Estimó adecuado el tratamiento | en el lenguaje del Derecho: Aceptar una petición, demanda o recurso.