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lunes, 27 de junio de 2016

“López y Planes”, por Julio Rudman



El amigo Julio Rudman, mendocino, periodista y poeta, ha publicado en su http://www.julio-rudman.blogspot.com este texto que, además, nos lo ha enviado para que hiciéramos lo mismo aquí. Es decir, publicación en tándem… En el final escribe Julio que, mientras López revolea bolsos infectados, malolientes, Blas dice que «así no hay himno que aguante».

Para el lector de allende distancias terrestres, marítimas o aéreas digamos, en su auxilio, que Julio juega con un apellido común entre paisanos del sur latinoamericano que es también el de un tan extraño como esperable protagonista de noticias recientes, y juega con los nombres y apellidos de los autores de la letra y la música del Himno Argentino compuesto entre los años 1812 y 1813, que se llamaban, respectivamente, Vicente López y Planes, y Blas Parera.

Dato sobre este himno y relacionado con los sucesivos encuadramientos políticos del país en el mundo es que durante el mismo siglo XIX y luego en las primeras décadas del XX la canción patriótica, inicialmente de corte guerrero significativamente independentista, fue sufriendo modificaciones enunciativas y finalmente reducida a solamente una décima parte de su texto y extensión musical original.

Sobre el López que recientemente revoleó bolsos malolientes en una madrugada rural quizá ya estando coordinada la presencia de un testigo, no fuera cosa que nadie se enterara, es recomendable escuchar con atención el registro sonoro de una conversación que con Jesús (el testigo y denunciante inicial) tuviera una muy seria periodista de Buenos Aires, María O’Donnell (Radio Continental, el pasado 17 de junio): http://radiocut.fm/audiocut/relato-dela-testigo-que-llama-al-911/ Si se quiere indagar más sobre los malos olores véase, y no se ha leído la nota, véase en este mismo blog “Ahora López en el monasterio de madrugada. Dangerous Show: Orlando, Paris, Caracas, Brasilia and Buenos Aires”.

Con ustedes, Julio Rudman.
G.E.






Horrible. La situación es horrible. La venganza es feroz. Viene cabalgando en el tríptico que montaron hace tiempo.

Los planes y sus planos, desde el amanecer turbio de cada jornada, pasando por cada timbrazo en el hogar que presagia un nuevo pibe que pide comida o la madre con su bebé en brazos arropado contra el invierno impiadoso. O las facturas de los servicios públicos que parecen confeccionadas por los servicios de inteligencia. O las convocatorias a reuniones en el trabajo para soportar directivas de tiranuelas y tiranuelos ineficaces, semibrutos y soberbios. Las citas de Borges que no son de Borges como una exhibición obscena de presumidos culturales.

Los planes para pagar las pasantías de gestores privados en la gestión estatal mientras dicen asistir a un curso acelerado de despilfarro público y engorde de sus tripas bancarias.

Los planes para callarnos, pero con la consigna cínica de que abren el juego. Y juegan a ser Blancanieves y esclavizan a sus trabajadores enanizándolos.

Los planes para hacer empanadas todos juntos y que se las coman ellos, los farsantes del repulgue.

Los planes de las fechas patrias sin el pueblo de la patria para que no moleste al príncipe de las tinieblas del ombligo de la patria.

Cada plan para dinamitarnos el orgullo "de haber sido" y el dolor de ya no ser.

El plan de pedir perdón a quienes rapiñaron el suelo, el subsuelo y el aire.

Esos planes con que sueñan despiertos, esos que ponen a cuidar las joyas de la abuela a los ladrones de joyas.

Así me hablaba Blas sentado a la pianola mientras el pentagrama le devolvía las estrofas que invitaban a los mortales a oír el grito sagrado.

Dos kilómetros más allá López revoleaba bolsos infectados, malolientes.

Así no hay himno que aguante, me dijo Blas.