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lunes, 24 de agosto de 2015

En estos barrios desde entonces la vida fue mejor



La hojita The Sporting, que editaba una de las tres corrientes políticas que había en el barrio Oriente, afirmó en su artículo editorial que «el club tiene un nivel superior al de la Federación, y por eso corresponde que sus equipos deportivos militen en las ligas superiores a las que por derecho propio pertenecen, dejando de jugar en la llamada Unión Barrial».

Los clubes Pampa y Cielo, El Andino, Ombú y La Verdad, que hasta entonces junto con el Oriente venían componiendo la Federación de Clubes se sintieron no solamente desairados. Los cuatro afirmaron sus pertenencias y vocación localistas en resguardo del acervo histórico y cultural de socios y vecinos, como más adelante lo anunciarían.

The Sporting insistió con sus cantinelas de nariz respingada y también se metió a menoscabar a las comisiones directivas de los otros clubes declamando que «Por historia y tradición somos distintos de esos clubes de barrio. Nosotros heredamos otra pertenencia y debemos ser parte de la gran Liga del Norte».

Claro está que no todos los vecinos del Oriente compartían el ideario de “El esportín”, como la mitad de sus adherentes llamaba a la publicación. Esto lo sabían bien los socios más activos de las demás entidades que la noche del lunes anterior al domingo que fue definitorio, en la sede del Club La Verdad, se reunieron para diseñar vías de acción que resolvieran la enojosa situación.

El presidente dueño de casa hizo entonces una propuesta que en principio pareció un disparate: «Propongo –dijo– comprar cuatro chalupas de buen casco y velamen, hacerlas pintar con los colores del Oriente y en nombre de nuestra Federación y los socios de nuestros clubes regalarlas el próximo fin de semana a esa díscola institución que se cree tan fina para que, aprovechando su vecindad a la ribera, abandone las disciplinas deportivas meramente terrestres y se dedique a las de la navegación acuática».

Los congregados se miraron atónitos esperando explicaciones. El secretario federativo, representante de “Pampa y Cielo”, muy probablemente bien entendido en los intríngulis de lo que se pergeñaba, inmediatamente después de la propuesta hecha tomó la palabra llamando a un cuarto intermedio para analizar todo convenientemente, y solicitó se conformara «una subcomisión especial con los presidentes de los clubes reunidos que arbitrara las medidas que al respecto fueran consecuentes». La subcomisión se formalizó y declaró en sesión permanente. El resto de los presentes se agrupó en pequeños círculos enviándose emisarios entre sí y yendo y viniendo entre la cantina y el vestuario en el que estaban instalados los presidentes.

La actividad, variada y dispersa, fue febril durante todos los días siguientes. Se compraron las chalupas y en una canchita chica equipos de voluntarios ex profeso pintaron cascos y mástiles y lavaron velas. Simultáneamente hubo mil conversaciones para explicar los porqués sin por ello dejar de criticar la arrogancia de los mandamases del Oriente y sus escribas de The Sporting.

El domingo el día se presentó como había sido previsto por el meteorólogo cuñado del secretario de la federación, un viento cada vez más consistente y sostenido soplaba desde el Oeste empujando hacia la profundidad de la mar.

A las diez de la mañana la Comisión Directiva completa del Club Oriente, y con ella los dos redactores de The Sporting, empilchados que era un lujo, los zapatos bien blanqueados, sus orgullos insuflados por el “merecido homenaje y regalo” y que distraídos así no pudieron percatarse de la creciente masa de aire que soplaba, se embarcaron en las cuatro chalupas donadas por sus viejos confederados, que los aplaudían con gran ostentación.

Inexpertos aquellos en las artes marítimas y por ello asistidos en la ocasión por cuatro jóvenes vestidos apenas con ropa de baño, ni bien fueron izadas e infladas las velas zarparon veloces. Los asistentes en la partida se lanzaron prontamente al agua y en cuatro brazadas llegaron al muelle desde donde con algarabía se despedía a los que, por fin, unían su destino a la Liga del Norte.

En estos barrios desde entonces la vida fue mejor.