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jueves, 15 de diciembre de 2016

Agrede gravemente el Gobierno de Macri a los pueblos de Venezuela y Bolivia









Sin internet banda ancha por línea telefónica durante varias horas ayer porque la “empresa” fundada como cooperativa hace más de cincuenta años por vecinos pioneros de una localidad del entonces municipio de General Sarmiento, el que dio nombre fundacional a la Universidad homónima situada en Los Polvorines, ahora es administrada por un grupo que sostiene “Defender lo nuestro”. Es decir, lo de ellos, el changüí de ellos mismos. Sin internet ni teléfono, obviamente.

Mientras son otros también los que defienden lo suyo, su entente de latrocinio y estafa a la democracia y la conciencia popular suramericana, entente de negocios financieros y trampas en Argentina, Brasil y Paraguay principalmente, con influencia en un sector “no-ni-ni” del FA y gobierno uruguayo “en disputa” (sector que no respeta la historia popular oriental ni sus símbolos, ni es digno de su mismo nombre), Venezuela fue virtualmente expulsada del Mercosur mientras ejercía la Presidencia Pro Témpore de esta alianza que había sido desarrollada no solamente como económica y comercial sino también como comunidad política, parlamentaria, sindical y social. De la acción PRO-imperial que ya se conoce fueron motores los gobiernos fraudulentos e ilegítimos de Temer en Brasil y de Macri en Argentina, con el apoyo del aparato oligárquico paraguayo que derrocó al presidente Lugo.

Para ayer, cuando no tuvimos internet, miércoles 14 de diciembre, asumido el Virreinato Rioplatense Porteño Occidental como “presidente pro témpore” tras la “suspensión” de Venezuela, se procedía a una reunión formal de cancilleres en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina cuando se le impidió el ingreso a la canciller venezolana Delcy Rodríguez, que expresamente había viajado desde su país. Se lo impidió mediante forcejeos y golpes una organización policial convertida en mercenaria y cómplice de la brutalidad gubernamental. “Nosotros somos el brazo armado del poder político”, me dijo un comisario mayor en la época en que ejercía el tío ideológico del actual virrey, Carlos Saúl Menem.

La canciller Delcy Rodríguez, representante en el plano internacional de un Estado soberano, estaba en ese momento acompañada por el embajador de su país en Argentina, por el canciller del Estado Plurinacional de Bolivia y por políticos argentinos dignos de esa condición. Fue insuficiente. Hubo desborde policial y no fue algún miembro del virreinato local el que paró el desatino cuando ya fue necesario que un médico asistiera a la canciller venezolana, sino que lo hizo con decisión y valor el representante de la hermana Bolivia, debiendo a los gritos imponer algo de orden.

Es una vergüenza internacional más, un bochorno más, un atropello más que veinte millones de argentinos no toleramos aunque otros veinte millones no entiendan y miren hacia cualquier otro lado menos hacia el de su propia conciencia tan desvalida, tan inútil, tan insolidaria, tan enferma.

Escribí estas líneas para cuando retornada la señal de banda ancha pudiera ponerlas en la red de redes. Pertenecemos a esos veinte millones que no nos avergonzamos, que nos sentimos tanto profundamente solidarios con nuestros hermanos latinoamericanos represaliados por el aparato policial virreinal, como también satisfechos: véanlo los pueblos del mundo y también quienes los han promovido, este es el gobierno de un empresario tramposo, de gerentes mediocres, de una “ministra” Malcorra que es evidente que sólo corre, y mal, a favor de su otra ciudadanía, la estadounidense. Que según sus procederes a todos ellos los pueblos del mundo los conozcan bien, y que a los suramericanos tibios les caiga el enfado de nuestras miradas.

Y quede claro –bien liso para que se entienda bien, como cantaba José Ramón Cantaliso en el verso del gran poeta Nicolás Guillen–, que no queremos ni promovemos derramamientos de sangre ni destrozos materiales. Solamente reclamamos que quienes usurpan la administración nacional se retiren, que se vayan  ya y todos juntos a las Bahamas… a sus of shore, a pagar las deudas que han contraído. Y si entre ellos se destrozan… que se jodan, como históricamente ellos nos han jodido a nosotros.