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jueves, 12 de enero de 2017

La tristísima fiesta del virrey y su corte desnuda, malolientes, feos



El receso que anuncié duró sólo un día, ya el 9 de enero me desperté muy temprano, a la misma hora en que setenta y cinco años atrás me parió mi madre: las cuatro y media de la madrugada. Inquieto, sintiendo que todavía hay por delante mucho que hacer y pelear, y que no me alcanzará el tiempo. Cierta desazón me rodea, sólo tibia…



Antes del receso había pendiente un título a desarrollar: “Pobres chicos pobres los de hoy en Argentina a quienes castigan los ya ricos chicos de apenas ayer, hijos, estos, del latrocinio (organizado y legalizado)”. Y estaban reservados como epígrafes estos “tuits” de @carlosfjdiaz y @DmngzGraciela: «Los pibes sólo responden a su entorno, si es hostil y el modelo es chorear es [eso] lo que harán como forma de sobrevivir», y «No hay menores de 16 [años] con cuentas off shore (los mayores chorros). No hay menores de 16 implicados en Iron Mountain [empresarios especializados en quemar documentos comprometedores sin importar los muertos que provoquen]».



Esa nota esperará… Se ha escrito mucho y bien sobre la barbaridad de bajar la edad de imputabilidad. Es preciso que sinteticemos, que no repitamos y que concentremos esfuerzos.



Ayer leí dos artículos que se destacan en el contexto y que especialmente recomiendo: uno en la publicación electrónica L@ Tecla Ñ, “Neoliberalismo y Macrismo. El nombre falso del capitalismo”, del periodista y docente Conrado Yasenza, y el otro en la contratapa de Página|12 (11.1. 2017), “Donde chocan la ciencia y el sinsentido”, de Alberto Kornblihtt, director del Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias de la Universidad de Buenos Aires. El artículo de Kornblihtt fue publicado originalmente en idioma inglés en la revista científica Nature, de reconocido prestigio mundial.



Lecturas para deshacer la fantasía electoral de que los ricos no roban y acabar con la fantasía de que los ricos en el poder gubernamental ‘podrían’ disponer una política impositiva progresiva para que aporten más los que más tienen: no, es imposible, son profundamente egoístas, y explotadores.



Acabemos con las moratorias de honestidad y voluntad política de ciertas capas medias que profesan la subsistencia medrosa. O comprometerse activamente y asumirse trabajadores o irse lejos, para no molestar.



Antes de ustedes sentir y reflexionar con los autores y sus artículos recomendados veamos con claridad que la corte virreinal instalada en Nuestro País no es otra cosa que un brutal conjunto variopinto de mediocres y torpes lugartenientes de la ceocracia internacional, sus mandantes. Por cierto que mediocres y torpes peligrosísimos pero a la vez sumamente cobardes tal lo exhiben sus desnudeces. Habrá que cerrarles las puertas, la calle… se trata de un compromiso de simple humanismo.