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sábado, 16 de abril de 2016

“Los BRICS, un proyecto anti-hegemónico pero no anti-capitalista”, por François Houtart*



El crecimiento interno de los países BRICS1  ha sido caracterizado por la concepción clásica de la modernidad absorbida por la lógica del mercado, sin mucha preocupación por las externalidades ambientales y sociales. La asociación BRICS busca reformar el sistema financiero del FMI

En China, según fuentes oficiales, 70 % de los lagos y ríos está contaminado. El Ministerio del Medio Ambiente de este país ha publicado los resultados de un estudio sobre la contaminación urbana en 74 ciudades: el promedio de las mediciones da una tasa de concentración de partículas contaminantes siete veces más elevada que el grado recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En enero de 2013 fue decretado el estado de alerta en Pekín por exceso de contaminación y miles de niños fueron hospitalizados. El Ministerio del Interior de China ha señalado un aumento de 80 % en treinta años de los “pueblos del cáncer” en las periferias de las ciudades industriales, cuyo número en 2012 era ya de 459. Según la Lancet Medical Review,  de 3,2 millones de muertes prematuras debidas a la contaminación del agua en el año 2010, 1,2 millones de fallecidos fueron chinos. Según la misma fuente, en India, el número de víctimas por la misma causa fue de 620 mil.

En nación país, Brasil es el principal depredador de la selva amazónica, conjuntamente con los otros países que poseen una parte de su superficie. El nuevo código forestal promulgado por Dilma Rousseff favorece los intereses de “la agricultura moderna”, es decir, principalmente los monocultivos. Al noroeste la explotación petrolera en Colombia, Ecuador y Perú continúa provocando los desastres naturales que ya se conocen. El proyecto ecuatoriano de no explotar las reservas petroleras del Parque Nacional Yasuní ha sido abandonado.

La explotación minera penetra en el sudoeste del territorio brasileño gracias a las centenas de miles de hectáreas concesionadas. Al sur, la extensión del monocultivo de la soya traza, a través del Matto Grosso del Sur, enormes zonas de deforestación. Al centro, la explotación de maderas preciosas deja arrasadas regiones enteras y la construcción de represas hidroeléctricas inunda centenas de miles de hectáreas en territorios de ancestrales poblaciones indígenas. Las rutas destinadas al transporte de productos atraviesan el bosque y se multiplican, como la del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Secure (TIPNIS) en Bolivia. En resumen, cada país tiene “buenas razones” para explotar una parte del bosque en favor de su desarrollo. El resultado de ello, anunciado por la FAO en marzo de 2013, es que transcurridos cuarenta años más ya no existirá la selva amazónica, y en su lugar habrá solamente una dilatada llanura salpicada de algunos bosques.

En resumen, como escribe Vandana Shiva2, «la obsesión por el crecimiento ha eclipsado la preocupación por la sustentabilidad, la justicia y la dignidad humana». Hay que constatar que el carácter “sacrificial” del desarrollo económico típico de la lógica de acumulación del capital preside siempre el fulgor de los BRICS y de los países del Sur.

También es importante estudiar el tipo de relaciones centro-periferia. Sin duda que serias diferencias existen en las relaciones entre los Estados del norte y del sur, pero cuando se trata de lo privado –las multinacionales originarias del sur, como Arcelor-Mittal y Tata, ambas de India; Vale, Imbef y Odebrecht, de Brasil; Angloamerican, de África del Sur; Claro, de México, etc. – nos encontramos con la misma lógica. Ciertas empresas estatales (Petrobras) actúan de manera similar: maximizar las ganancias aprovechando las ventajas comparativas. Aún ciertos Estados que forman parte del conglomerado BRICS reproducen pura y simplemente el modelo de las relaciones norte-sur.

Así, la concentración de tierra en África responde a las necesidades de países que no tienen tierra suficiente para desarrollar sus actividades productivas agrarias. Es el caso de los países del Golfo. Pero debemos también incluir a China e India. Este último país se ha asegurado el control en Etiopía –en una geografía en la que se enclava la más antigua reserva arqueológica para el estudio del desarrollo del homo sapiens–, de seiscientas mil hectáreas para proyectos agroindustriales, y ha invertido 640 millones de dólares para el monocultivo de la caña de azúcar. El conjunto de estas políticas exige en Etiopía la relocalización de un millón y medio millones de campesinos, y podríamos citar otros numerosos ejemplos en Tanzania, Benín o Camerún.

Brasil concluyó en 2010 un acuerdo con Mozambique y la Unión Europea para el desarrollo de casi cinco millones de hectáreas de caña de azúcar destinadas a la producción de etanol para alimentar Europa. En efecto, este continente no dispone de tierras suficientes para satisfacer su plan de llegar a emplear 20 % de energía “verde” en el año 2020. Los capitales son proporcionados por Europa y la tecnología por Brasil, mientras que los costos ecológicos y sociales están a cargo de Mozambique. Miles de campesinos deberán abandonar sus tierras para incorporarse a ciudades que ya están superpobladas.

En el centro del continente africano, en la República Democrática del Congo, el contrato de explotación minera firmado con China, prevé que el gobierno de Kinshasa garantice la ausencia de huelgas, lo que contradice un derecho de los trabajadores.

En conclusión, aún si las consideraciones sociales y de solidaridad son introducidas en el desarrollo de los países del sur y en las relaciones Sur-Sur, la lógica del crecimiento continúa siendo la misma. Jayati Gosh3 no duda en concluir: «Muchos acuerdos comerciales y de inversión Sur-Sur (y sus consecuencias) se parecen, desgraciadamente, a aquellos del Norte-Sur, no solamente para la protección de la inversión, sino también para la garantía de los derechos de propiedad intelectual».

Todo esto contribuye a reforzar el carácter destructor del modelo dominante en un momento en que numerosas instancias, notablemente internacionales, alertan a los gobiernos y a la opinión pública sobre la exigencia de un cambio radical de perspectiva, so pena de constatar que los ecosistemas se deterioren sin remedio y al precio de un considerablemente enorme costo humano. Entonces es necesario proponer la pregunta acerca de un necesario cambio de matriz de desarrollo humano y la definición, al respecto, de un nuevo paradigma.

Notas:
* François Houtart (1925), sacerdote católico y sociólogo marxista belga fundador del Centro Tricontinental que funciona en la Universidad Católica de Lovaina, y de la revista Alternatives Sud. Es una figura reconocida del movimiento llamado altermundista, que brega por otro “mundo posible”.  Este artículo fue originalmente publicado por teleSUR bajo la siguiente dirección:  http://www.telesurtv.net/bloggers/Los-BRICS-un-proyecto-anti-hegemonico-pero-no-anti-capitalista--20160416-0001.html. Para su presente reproducción se adecuó la sintaxis al estilo editorial del blog y se agregaron notas al pie. G.E.
1La sigla o acrónimo BRICS alude a la asociación económico-comercial de los países con las llamadas cinco economías nacionales emergentes más importantes del mundo: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.
2 Vandana Shiva (1952), filósofa y escritora india activista en favor de la biodiversidad y la bioética, de la relación entre derechos sociales y la naturaleza, y el eco-feminismo. Recibió el Premio Nobel Alternativo en 1993.
3 Jayati Ghosh (1955), economista de izquierda india, profesora en el Centro de Estudios Económicos y Planificación de la Facultad de Ciencias Sociales (Universidad Jawaharlal Nehru, Nueva Delhi), especializada en globalización, finanzas internacionales, pautas de empleo en los países en vías de desarrollo, política macroeconómica y cuestiones relacionadas con el género y el desarrollo.