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viernes, 2 de octubre de 2015

Sabés qué… No, no. No - fue - magia



Radio Nacional de Argentina (LRA), repite, entre otras, dos consignas de preciso y sintético mensaje. Una en flashes de investigación periodística: “Sabés qué…”, la otra, para la reseña de hitos en su propio quehacer radiofónico, dice: “No, no. No - fue - magia”. Ésta fue editada sonora y digitalmente partiendo del registro de una frase expresada por la propia presidenta Cristina Fernández de Kirchner en una alocución pública: «no, no fue magia» dijo Cristina Fernández.1 Con el supuesto tácito permiso que entendemos no nos negaría nuestra radio pública, vamos a usarlas.

Sabés qué…

Como en casi todos los países del mundo, en los más afines en cuanto a lenguas e historias y cercanos al gran estuario rioplatense sus sociedades viven conflictos las más de las veces irreconciliables entre minorías: entre las ociosamente enriquecidas a costa del empobrecimiento de las laboriosas y, precisamente, éstas, las laboriosas. Así, una mayoría a la que llamaremos “popular”, y que objetivamente contiene a la minoría laboriosa, se enfrenta de manera profunda pero no irreconciliable con otra mayoría, la “que matiza”: es decir, que “gradúa con delicadeza expresiones conceptuales”2 propias de la relación entre lo popular laborioso y lo ocioso rico. Esa otra mayoría, la “que matiza”, y que en rigor es producto de la llamada movilidad social, sufre un profundo deseo vergonzoso de trocar en definidamente parasitaria, es decir, de ser ociosamente rica.

Un problema contemporáneo de la política en las sociedades con estos conflictos es pretender resolverlos, disolverlos o licuarlos sin mediar en la confrontación más allá de declaraciones discursivas suficientemente claras. Es decir, pretender resolver el conflicto por la vía del éxito de lo que algunos (no pocos, probablemente demasiados) llaman “gestión” y no “gobierno”, y que se manifiesta en medidas de satisfacción de necesidades por la vía del acceso al consumo de bienes, sean materiales e imprescindibles o de carácter cultural: consumos inducidos por el índice o estándar estadístico. El problema al que aludimos se da porque se generalizan conductas que no son propias de las prácticas sociales laboriosas. La fusión cultural de consumos entre las mayorías que hemos llamado populares y las que caracterizamos por su predisposición a matizar genera la profundización de la crisis estructural que solamente puede resolverse con la transformación radical del paradigma social.

Es complejo el proceso que no pocos dirigentes y tecnólogos políticos populares comprendidos en modelos progresistas procuran llevar adelante. Conducir esos procesos, sin duda alguna en la afirmación que se hace, requiere de lucidez, predisposición y coraje. Tal conducción y consecuentes gobierno y, accesoriamente, “gestión” de políticas que tienen como meta la constitución de un nuevo paradigma social se hace sobre un campo minado por las minorías ociosas y ricas que no quieren dejar de enriquecerse mediante el empobrecimiento de la contraparte laboriosa, minorías ricas y ociosas que cuentan para imponer consenso en las “intermediarias” capas medias y en la sociedad toda con un gigantesco aparato ideológico y publicitario.

Desde el jardín

Gardiner, muchos recordarán, es el personaje central de un filme encarnado por el actor Peter Seller, cuyo guión estuvo basado en la novela Desde el jardín del polaco-estadounidense Jerzy Kosinski (Josef Lewinkopf).3 El escritor y periodista argentino Teodoro Boot afirmó hace unos años, en relación a la aparición y oportunista difusión mediática del padre de un joven víctima de secuestro extorsivo en Buenos Aires en 2004 –Axel (23), asesinado en el conurbano norte de Buenos Aires–, un empresario que se hizo pasar por ingeniero y promovió acciones públicas mediante concentraciones tan populosas como efímeras en torno a su drama familiar:

Como Mr. Gardiner, Juan Carlos Blumberg es una persona común llevada a la notoriedad pública por una circunstancia fortuita. Todo cuanto era razonable esperar de Mr. Gardiner eran sus conocimientos de jardinería. No era su culpa que sus circunstanciales oyentes interpretaran su receta para trasplantar una rosa como una explicación de la política internacional o pretendieran aplicar a la economía su fórmula para preparar los almácigos.4

Casos y cosas…

Hoy, 2 de octubre, hube de viajar desde nuestro ámbito suburbano para realizar trámites en el Hospital de Clínicas (hospital escuela) de la Universidad Nacional de Buenos Aires, un gran edificio cito en el cruce de la avenida Córdoba con la calle Azcuénaga, barrio de Buenos Aires donde se encuentran entre otras las facultades de Medicina y de Farmacia y Bioquímica. Caminando por un pasillo veo un torrente de agua que se desplaza por el piso y que una mujer cuarentona y bien vestida enfoca el techo de un acceso a escaleras y ascensores con el objetivo fotográfico de su teléfono smart (¿hábil?). Me acerco, detengo y veo que el agua en volumen considerable cae del cielorraso.

Le digo a la mujer: «Esto es una consecuencia más del estallido de una autoclave de esterilización de instrumental quirúrgico que ocurrió hace dos semanas en el piso doce». Ella agrega: «Se tiene que saber, ¿qué hace el gobierno para que estas cosas no sucedan? ¿Cómo se ocupa de la salud pública?».

Le aclaro que la situación no tiene nada que ver con el Gobierno Nacional ni con su presidenta. Este espacio institucional, el del Hospital de Clínicas, es parte de la Universidad de Buenos Aires, un ente nacional autárquico conducido, precisamente, por políticos opuestos al gobierno de Fernández, entre ellos muchos pertenecientes a la Unión Cívica Radical, y que recientemente –antes del estallido de la autoclave– trabajadores del hospital habían denunciado el abandono del mantenimiento técnico y edilicio, y simultáneamente se descubrió la malversación de dineros en la compra de medicamentos y otros insumos por parte de jerarcas de la facultades de Medicina y de Ciencias Económicas,5 estos últimos vinculados como “asesores” a Martín Lousteau. La señora joven y elegante guardó el telefonito y se marchó sin escuchar más…

Martín Lausteau fue candidato a Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en las elecciones del 7 de julio de 2015 por Energía Ciudadana Organizada (ECO) –una asociación de la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista de Hermes Binner y la Coalición Cívica de Elisa Carrió–, y obtuvo 45,5 % de los votos detrás del candidato de Mauricio Macri (Unión PRO) Horacio Rodríguez Larreta, quien ganó con 48,5 %. Entre ambos “proyectos políticos” sumaron las voluntades de 84 %6 de los porteños: como sobre la calle Paraguay, a mi salida del Hospital, me manifestara un “cámara” de noticiero de TV: «un montón de estúpidos bien vestidos».

No, no fue magia

Unas y otras cosas, éxitos, desastres, conflictos y estupideces no son producto de actos de magia. No…


Notas:
3  «Existe un cuento venezolano, El diente roto, escrito en 1890 por Pedro Emilio Coll, el cual tiene una similitud muy grande con esta novela. Kosinski, fue criticado por plagio en cierta ocasión y no es de extrañar que Desde el jardín fuera un plagio más. Fue convertida en película [con el título] Bienvenido Mr. Chance en España, [y] Desde el jardín, en América Latina en 1979, dirigida por Hal Ashby y protagonizada por Peter Sellers. Kosinski participó en la elaboración del guión [y por ello recibió un premio de la Academia Británica de las Artes Cinematográficas y de la Televisión].» De Kosinki (1933, Lódz - 1991, Manhattan) también se supuso que pudo haber sido miembro de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos de América del Norte. Véase en https://es.wikipedia.org/wiki/Jerzy_Kosinski
4 Ver “Mr Gardiner (o la dictadura de la estupidez). Reflexiones en torno al caso Blumberg”, en http://www.avizora.com/atajo/colaboradores/boot_gardiner_dictadura_estupidez_0001.htm