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jueves, 3 de abril de 2014

El verdadero fin de la Guerra de Malvinas

Ilustración en Philip Kelly (1997), Checkerboards and Shatterbelts: 
The Geopolitics of South America, Austin, University of Texas Press.
 
Dijo la presidenta Cristina Fernández ayer, 2 de abril de 2014, en el acto oficial por el Día del Veterano de Guerra:



“La verdad sobre Malvinas es que constituye la base militar nuclear de la OTAN en el Atlántico Sur, ésta es la verdad que no pueden seguir ocultando. […] Por eso nuestro mensaje no solamente tiene que ver con la soberanía, con un reclamo de soberanía. Nuestro mensaje también tiene que ver con un mensaje de paz, en un mundo desquiciado por los enfrentamientos militares, étnicos y religiosos […].” Malvinas, enfatizó la presidenta argentina, es “la mayor base militar existente al sur del paralelo 50”, allí “se maneja todo el despliegue militar británico”, dijo, y afirmó que la misma es empleada también por otras potencias, principalmente por Estados Unidos, manteniéndose en el archipiélago en condiciones de operabilidad inmediata armamento nuclear y misiles que pueden atacar todo el Cono Sur, “hasta Ecuador”. Agregó Cristina Fernández que en Malvinas funcionan “sistemas de inteligencia electrónica” que probablemente están vinculados con el espionaje estadounidense del que se tuvo conocimiento en 2013.



Las expresiones de la Presidenta argentina sin duda que han sido formuladas con previo asesoramiento y conocimiento de hechos y riesgos para la paz que, aunque de manera reservada, deben probablemente ser de conocimiento en el ámbito de la UNASUR y de sus Estados asociados.



Los dichos me retrotraen a 1982.



Desde aquel año y luego del fin de la contienda militar tras la brevísima “recuperación” de soberanía comandada por el dictador Leopoldo Fortunato Galtieri, se vino afirmando que la operación político-militar, apoyándose en los sentimientos nacionalistas devenidos de la tradicional cultura escolar argentina, procuró construir una suerte de legitimación popular de la propia dictadura que, sin lograrlo, cayó, empujada, pudo parecer, por el desencantamiento ocurrido en perjuicio del mismo general que apenas unos meses antes había despertado la casi admiración de un importante sector popular.



Aquella suposición, nos parece, fue funcional a la instalación de un falso punto de inflexión entre el llamado por sus ideólogos y protagonistas (¡qué precisión estratégica!) “Proceso de Reorganización Nacional” (y otros “procesos” similares en América latina) y los nuevos tiempos por suceder a partir de sus “caídas”.  De manera contraria a ese intento la historia demostró la continuidad del “proceso” de reconversión al capitalismo neoliberal esencialmente financiero. Además, con aquella suposición elevada a la condición de irrefutable los vencedores de “la locura bélica dictatorial”, especialmente los súbditos de “la” majestad británica y sus socios de América del Norte, fueron reconfirmados como salvaguardas de la democracia y el auténtico progreso social universal: hasta llegar a Obama y Merkel y pasando por Tony Blair (y Gorbachof): “La Tercera Vía es un camino de renovación y éxito para la moderna democracia social. No se trata únicamente de un compromiso entre la izquierda y la derecha. Persigue adoptar los valores esenciales del centro y de centro-izquierda y aplicarlos a un mundo de cambios económicos y sociales, libre del peso de una ideología obsoleta” (Tony Blair, primer ministro británico, “La tercera vía”, en El Nacional, Caracas, 4.10.1998).



Nosotros, entonces, treinta y dos años atrás tan modestísimos militantes populares y de izquierda como ahora, atentos a las crónicas periodísticas internacionales de la época sobre disputas en sordina entre la Sudáfrica del apartheid e ideólogos de las élites de negocios y militares suramericanas que competían para ser anfitriones de la instalación de una Organización Tratado del Atlántico Sur (OTAS), reflejo simétrico de la ahora tan actual OTAN, hicimos otras lecturas de los acontecimientos. Fueron lecturas urgentes, esencialmente propagandísticas en las organizaciones populares en las que participábamos, y no sistemáticas ni documentadas. Acabábamos de quemar decenas de libros, revistas y otros papeles y no estábamos en condiciones de hacer consultas ni acopio de información.



Vimos que los posibles desenlaces en torno de las dictaduras del Cono Sur, dado el marco internacional existente, nos posibilitaban formular la hipótesis de que en esa disputa en sordina la élite de poder argentina se jugó el todo por el todo para convertirse en la socia pródiga del anticomunismo y el neoliberalismo del Norte. Con un golpe sorpresivo, que no sería desconocido para la cúpula político militar estadounidense, jugaron la chance de quedar mejor posicionados para ser sede y territorio de negocios de la OTAS. El “majestuoso general” Galtieri y sus socios erraron la oportunidad. En el test resultaron descalificados, Inglaterra se confirmó como la opción manteniendo el enclave isleño bajo su dominio y fueron surgiendo los consecuentes relevos “democráticos”.



Este enfoque ya lo hemos expuesto antes a través de ALAI y de nuestro blog. Ahora, disponibles más eficaces herramientas de búsqueda y registro, historiadores y politólogos jóvenes podrán en mejores condiciones revisar tesis probablemente oportunistas, consultar bibliografía dispersa y aportar a una comprensión más profunda de aquellos hechos.

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