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jueves, 25 de junio de 2015

César Milani, cuestionado por los organismos de DD.HH. y su renuncia como Jefe del Ejército Argentino. Libro de la antropóloga Sabina Frederic y reportaje de la agencia Télam (noviembre 2014)



Sabina Frederic, profesora asociada en la Universidad Nacional de Quilmes en la que dirige el Doctorado en Ciencias Sociales, a principios del presente siglo fue doctorada por la Universidad de Utrecht, Holanda. Su tesis, publicada en 2004 por Prometeo Libros, de Buenos Aires –Buenos vecinos, malos políticos–, me posibilitó conocerla personalmente habiendo sido convocado en mi condición de corrector de estilo para cuidar esa edición. Cuando Nilda Garré fue titular del Ministerio de Defensa de Argentina (2005-2010) Sabina Frederic ocupó la Subsecretaría de Formación, y en la fotografía se la ve en esa función anunciando cambios en la currícula de los Liceos Militares, cuando se eliminó la materia religión, las prácticas de tiro con armas de fuego y el régimen de internado como única opción. En el presente me encuentro nuevamente encomendado a trabajar sobre textos vinculados a temas militares. G. E.
  

Las Fuerzas Armadas en perspectiva (Télam, 18.11.2014)



Esta es la conversación que sostuvo Sabina Frederic con la agencia periodística Télam.

T: ¿A qué trampas del pasado te refieres cuando hablas de las Fuerzas Armadas de la democracia recuperada en 1983?


F: El libro muestra los efectos de nuestra memoria del pasado sobre las posibilidades de ver y comprender el presente de la vida y la profesión militar en la Argentina. Estos treinta años de democracia han estado gobernados por una traumática dificultad para pensar el escenario contemporáneo de las fuerzas armadas como un tiempo o escenario distinto de ese pasado trágico. Es decir, ha habido y hay cierta negación por percibir el derrotero de los militares argentinos. Así, durante este período la respuesta a la pregunta de qué hacer con los militares en un régimen democrático estuvo surcada por esa anulación del tiempo; del hecho a todas luces obvio, que el presente ya no es el pasado.
 

La mirada antropológica sobre el proceso socio político del período nos deja ver este, así como otros esquemas de interpretación de la realidad militar que sí alcanzan a notar e interesarse por dicho derrotero. Uno de los argumentos del libro es que la sustanciación de los juicios contra los responsables penales del terrorismo de Estado durante los años setenta marcó una inflexión al llamar la atención de algunos actores sobre las transformaciones sustantivas de la profesión militar en la Argentina contemporánea.  De esto se ocupa el libro, de mostrar esas tendencias en el terreno del reclutamiento y la retención del personal militar, la educación militar y la integración de las mujeres militares. Pero además lo hace desde dos vertientes, la perspectiva que aporto como investigadora en antropología y como ex subsecretaria de formación del Ministerio de Defensa.

T: Acaso habría que preguntar cuándo esas estrategias no fueron trampas y a qué dispositivo de poder respondieron. ¿Qué podrías decir al respecto?


F: Ese derrotero militar estuvo signado por un lado por la pacificación, es decir la no intervención de las fuerzas armadas en conflictos internos y externos, ni golpes de Estados, ni guerras. Una situación absolutamente inédita en la historia de la Argentina. Por el otro, quedaron sumergidas en la contracción presupuestaria y operativa. Entonces, las estrategias que anularon, diría incluso involuntariamente esas trampas, llegaron de la mano de la primera y hasta ahora única ministro de Defensa mujer, en una circunstancia histórica: el enjuiciamiento de los militares involucrados en crímenes de lesa humanidad de toda la cadena de mando. Pero esa anulación no fue completa, ni uniforme, sino finalmente aleatoria y fragmentaria, eso puede verse en la realidad posterior y actual de la gestión de la cartera de Defensa.

T: En cualquier caso, ¿cómo es posible que las Fuerzas Armadas pudieran ser desactivadas como factor de poder interno, por el imperio de la ley, y eso mismo no haya sido posible con los diversos aparatos policiales?


F: El análisis de estos treinta años muestra que ha habido justamente por efecto de los dispositivos mencionados un consenso altísimo entre las fuerzas políticas sobre la contracción y restricción operativa de las Fuerzas Armadas.  No sólo a través de las leyes de Defensa (1987), Seguridad Interior (1992) e Inteligencia (2001), sino de las sucesivas gestiones políticas.
 

Se ha tratado de una política de Estado donde primaron las convergencias. En cambio las policías son en su inmensa mayoría provinciales y no nacionales como las fuerzas armadas, son un instrumento estatal con una altísima demanda política y social, y han crecido geométricamente en gran parte porque se han convertido en uno de los lados, a veces oscuros, del ejercicio de la política real.  Es decir, creo que las policías fueron activadas y conducidas efectivamente por el poder político, de acuerdo con los signos político-ideológicos cambiantes y una visión, de ciertos sectores, extremadamente coyuntural y electoralista. 

T: Aunque excede a tu objeto de estudio, ¿piensas que la aventura de Malvinas resultó un manotazo de ahogado de los militares, dado el fracaso de la economía y las filtraciones sobre las atrocidades cometidas bajo el paraguas del terrorismo de estado?


F: Sí, realmente no es algo que haya estudiado, como lo ha hecho Rosana Guber por ejemplo, entre otros. Puedo decir que si bien en un plano, la decisión puede verse así, la Guerra de Malvinas es una fenómeno de una complejidad increíble, no sólo como hecho histórico sino por las consecuencias que éste ha tenido tanto en el plano militar, como en la política internacional y nacional, en los sobrevivientes, combatientes, veteranos, en nuestro nacionalismo, en fin, solo por nombrar algunos.

T: Finalmente, ¿cómo está hoy la institución, democratizada, purgada, infiltrada, preparada para una eventual defensa exterior, o más inclinada hacia la inteligencia interior, como sostienen algunos de sus críticos?


F: Uno  de los objetivos principales del libro es justamente dar cuenta de este estado de cosas.  De qué hablamos cuando nos referimos a la democratización de las fuerzas armadas, qué cambios ocurrieron, qué tensiones nuevas se han generado, cómo impactó la expulsión y enjuiciamiento de los involucrados en crímenes de lesa humanidad en las generaciones de militares más jóvenes educados en democracia; cómo se transformó la educación militar y qué desafíos existen, cómo la incorporación de las mujeres a las Fuerzas Armadas desafió la profesionalización militar. 
 

No estoy en condiciones de afirmar que porque el jefe del Ejército Argentino sea un oficial especializado en inteligencia militar1, todas las fuerzas armadas están inclinadas en esa dirección, pero es un riesgo sobre todo en un escenario de decisiones cambiantes sobre las funciones principales y subsidiarias de las Fuerzas Armadas. Baste recordar que a la ministra Garré la nombraron para que despliegue la perspectiva de los Derechos Humanos en el ámbito castrense, al ministro Puricelli en nombre de la Industria de la Defensa y al ministro Rossi, para propiciar la función militar en casos de emergencias y desastres naturales.





Nota:

1 Frederic, en el reportaje de Télan en noviembre de 2014 se está refiriendo a César Milani, ya seriamente cuestionado por actuales testigos en causas judiciales por desaparición de personas durante la dictadura cívico militar de 1976 a 1983, y por organismos de derechos humanos.