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martes, 16 de junio de 2015

Caos climático. “Emisiones netas cero: ni netas ni cero”, por Silvia Ribeiro*‏





Alai-AmLatina 16.6.2015



Mientras avanza el caos climático en el planeta y las previsiones de los científicos son cada vez más oscuras, desde los centros de poder de la “civilización petrolera” se teje una trampa que necesitamos conocer, entender y desarmar. Se llama “emisiones netas cero” y su exponente más reciente es un documento del Banco Mundial, que básicamente nos receta que las empresas pueden aumentar sus emisiones de gases de efecto invernadero si al mismo tiempo les pagamos para que las “secuestren”, con mecanismos de mercado y riesgosas tecnologías.
 

Es una trampa para confundirnos: no se trata de bajar emisiones, mucho menos de “cero emisiones”, al contrario, al agregarle la palabra “netas”, quieren ocultar que pese a la gravísima situación de calentamiento global, las empresas seguirán aumentando la emisión de gases con sus actividades contaminantes, pero presentarán una contabilidad –no una realidad– que muestre que esas emisiones serán supuestamente absorbidas en otra parte y el resultado dará cero, por lo que no hay de qué preocuparse.


Por el contrario, todo es para preocuparse. Porque además de que aumentarán las emisiones y por tanto el caos climático, las propuestas en sí mismas son un desastre social y ambiental, que además pretenden desviar aún más recursos públicos para las empresas.


Las causas del cambio climático están claramente identificadas (y confirmadas con los datos más recientes del IPCC). Se conoce cuál es el problema y lo que hay que cambiar: la expansión del modelo industrial de producción y consumo basado en combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón), mayoritariamente para producción de energía, sistema alimentario agro-industrial y urbanización-transporte.


Esto en el contexto de que 80 % de la población mundial apenas tiene cinco por ciento de la riqueza global, mientras que solamente uno por ciento más rico de esa población detenta 50 % de aquella, lo cual es un fuerte indicador de que ese “progreso” industrial basado en altas emisiones –en la devastación y el uso y abuso de recursos planetarios– en realidad sólo beneficia a una pequeña minoría, a la que se opone ferozmente a cualquier reducción real de emisiones.


Y no sólo no quieren reducir, además quieren aumentar las emisiones y aumentar sus lucros con el desastre. Para esto diseñaron el concepto de “emisiones netas cero” y desde las más poderosas industrias y centros de poder anexos se han lanzado a defenderlo en los medios, entre el público, en las negociaciones internacionales, en las políticas y programas nacionales.


Un documento que acaba de publicar el Banco Mundial ­–“Tres pasos para lograr cero emisiones netas”– resume el concepto y ordena el abanico de medidas que los Gobiernos deberían tomar. Muchas ya existían, otras son nuevas. Lo realmente nuevo es englobarlas a todas en el concepto de “emisiones netas cero”, que incluso traducen intencionalmente mal del inglés, para crear más confusión y dar la impresión que se trata de “cero emisiones”.


El paquete menciona vagamente elementos que pueden ser útiles –como “un mejor diseño de transporte público”–, pero incluye en forma abrumadora el apoyo a falsas soluciones que empeoran la crisis climática: tecnologías nocivas como la captura y almacenamiento de carbono, la “agricultura climáticamente inteligente”, más mercados de carbono y de “bonos verdes”, pagos por servicios ambientales y programas como REDD, conectados a esos mercados. Obviamente, apoya la demanda de las petroleras para establecer “precios al carbono”, pieza clave ahora que esas empresas ven un excelente negocio en la venta de “secuestro de carbono”.


En un artículo anterior (“Cambio climático: armando la trampa”), expliqué que la tecnología CCS –captura y almacenamiento de carbono–, es altamente riesgosa e ineficaz para asegurar que el carbono permanezca enterrado, pero muy útil a las petroleras para extraer sus reservas hasta ahora inaccesibles, con subvenciones públicas para las costosas instalaciones y ganancias con los bonos por el supuesto “secuestro” de carbono enterrado, mientras paradójicamente explotan más petróleo y emiten más gases… que luego pueden volver a cobrar por remover de la atmósfera.


La lógica de la llamada “agricultura climáticamente inteligente” se parece en su circularidad viciosa: pese a ser un factor principal de cambio climático se propone intensificar la agricultura con transgénicos “resistentes al clima”, con alto uso de fertilizantes sintéticos –destructores del suelo y emisores de gases como metano y óxido nitroso, respectivamente 25 y 100 veces más nocivos que el CO2 para el cambio climático–, todo lo cual aumentará los mercados y ganancias de las transnacionales del agro-negocio. Bajo el mismo paraguas incluyen vender la capacidad de secuestro de carbono de los suelos como técnica separada de la vida campesina, lo cual, como ya ha pasado con los programas REDD, será una forma de quitarle a los campesinos y comunidades el manejo de su territorio.


Paradójicamente existen soluciones reales y posibles que beneficiarían a las mayorías del planeta, la más potente es la de los sistemas agro-alimentarios descentralizados, campesinos y urbanos, agroecológicos y con mercados locales, y muchas otras soluciones reales, igualitarias y desde abajo, incluyendo también tecnológicas. Pero lo que se propaga desde el engañoso concepto de “emisiones netas cero” es todo lo contrario: legalizar el aumento de la contaminación y el caos climático por parte de las grandes industrias y que, además, las víctimas paguemos para que sigan con ello.



Notas:

* Silvia Ribeiro, uruguaya radicada en México, es investigadora ambiental en el Grupo ETC, columnista el diario La Jornada y miembro del consejo de edición de Biodiversidad, Sustento y Culturas, revista de un espacio integrado por organizaciones diversas como REDES Amigos de La Tierra Uruguay, GRAIN Grupo Semillas de Colombia, Sobrevivencia Amigos de La Tierra Paraguay, Acción por la Biodiversidad Argentina, Acción Ecológica Ecuador, Centro Ecológico Brasil, Movimiento de Pequeños Agricultores Brasil, Campaña Semillas de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo CLOC-Vía Campesina, y Red de Coordinación en Biodiversidad Costa Rica.
Este artículo ha sido distribuido por la agencia de información periodística ALAI-América Latina: http://alainet.org. URL: http://www.alainet.org/es/articulo/170440