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miércoles, 26 de junio de 2013

FIAT lux sobre la concatenación de adulaciones, servilismo e ignorancia en los llamados “comunicadores”



Es sumamente lamentable. Para ingresar a un medio periodístico una condición inevitable a esta altura del “progreso” es haber terminado o estar cursando de manera avanzada estudios superiores en la especialidad. A nosotros nos ha tocado en oportunidades más o menos recientes cuidar el estilo editorial y la revisión erudita de textos académicos de la especialidad. Sabemos sobre qué opinamos.

Vamos a solamente dos ejemplos, casos originales que se multiplicaron dado que Télam es la agencia oficial de noticias de Argentina. 

Funcionarios destacaron la importancia de los 400 años de la Universidad Nacional de Córdoba. Funcionarios nacionales destacaron hoy el valor que para el sistema educativo argentino tiene que la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) cumpla 400 años.


Cristina: “Ser legislador no es integrar un rejunte para ganar una elección”. Así se manifestó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner al participar del acto central por el bicentenario de la fundación de la capital de Entre Ríos, y agregó que los comicios “son un día, pero hay que gestionar los 365 días del año”.


Si algún lector pretende argüir que mis observaciones demuestran el servilismo en los ámbitos del Estado argentino, se queda corto: el servilismo, la adulación y la ignorancia se dan más, mucho más, en los ámbitos de las derechas económico-financieras e ideológicas opuestas a los gobiernos que aplican, o al menos perfilan, políticas populares. Pero hay un problema más: estas derechas colonizan el conocimiento general, y sus discursos (¿pseudo?) académicos imprimen los errores de esos gobiernos. Por caso, Presidenta: “gestionar” no es equivalente a “gobernar”.

Si cada vez más la cartelería urbana, suburbana y rural emplea y difunde barbaridades como solicitar que se “preanuncien” las maniobras de los automovilistas en las autopistas y carreteras (siendo más breve y conciso pedir que esas maniobras se “anuncien”, ya que “prenunciar” –sin la “a” intermedia, como correctamente se escribe– suena más a la inexistente en el diccionario voz “prenupcial” cuyo uso en ciertos estudios médicos se vincula con la sí registrada “prepucial”), y  los spots publicitarios en TV, mensajes de texto y otros medios mezclan primeras, segundas y terceras personas cosa de ponernos en la situación de que sí y de que no nos conocemos, dormimos juntos o eres mi abuela o mi nieto… mal estamos.

Para mí la argucia fue desarrollada (lo que no quiere decir “establecida” o “fundada”) por los escribas del poder capitalista en bancarrota. Días pasados en FIAT Argentina (Balcarce 548, Ciudad de Buenos Aires) me hicieron firmar un “formulario” –como condición sine qua non para “autorizar” me devuelvan un documento que deberían haber puesto a nuestra disposición hace casi un año y de esa manera liberarnos de nuestra cautividad en tanto “clientes” (ya han pasado ocho meses desde que concluyéramos en absolutamente correctos tiempo y forma el pago de nuestra deuda)–, repito, me hicieron firmar un “formulario”, una nota impresa por la propia empresa FIAT, redactada no en modo condicional sino en otro que no sería difícil calificar. Dice en el encabezamiento:

Nº de Grupo y Orden: […]
Señores1
Fiat Plan de Ahorro para fines determinados
Departamento de Servicios al Cliente
De mi consideración:
Por medio de la presente autorizo a FIAT PLAN DE AHORRO […] a hacerme entrega de la prenda inscripta correspondiente al Grupo y Orden de referencia […].

(Véase que “autorizo” a que me la entreguen, no exijo ni por lo menos requiero que cumplan una obligación legal…)

Más adelante dice y debí firmar:

Así mismo tenga a bien saber que el plazo para la liberación de dicha prenda es de aproximadamente de 40 a 45 días. De todas formas se puede solicitar el levantamiento de dicha prenda en el Registro del automotor donde se encuentra inscripta la unidad por Art. 25.

Parece risueño, pero no lo es. Se repite innecesariamente el adjetivo “dicha” quizá porque, repetido, para redactores y sus jefes suena como el sustantivo que tiene de sinónimo a “felicidad”.  En fin… Véanse las bastardillas negritas con que he destacado algunas palabras y frases. El redactor “Dígame Doctor” –por darle un nombre– me hizo firmar como propio un turbio error de concordancia (se le dice que “tenga a bien”, en singular, a una persona plural: Señores Fiat Plan de Ahorro…), y a la vez que los “autorizo” a cumplir con sus obligaciones para conmigo mismo pongo en el “saber” de ellos que pueden tomarse un considerable tiempo más para seguir explotándome en tanto potencial cliente cautivo… Luego el “Dígame Doctor” incurre en más barbaridades: dice que el vehículo se encuentra registrado “por Art. 25”, y ese artículo corresponde no a norma alguna de registro de automotores sino de registro de prendas.

Fundaciones inexistentes e infundios

La Universidad Nacional de Córdoba nunca fue fundada sino instituida, y ello ocurrió recién en 1856. Como origen de esta Universidad está el Colegio Máximo que en Córdoba efectivamente estableció la orden religiosa católica Compañía de Jesús, hace, sí, cuatrocientos años. Investíguese si se quiere lo dicho y lo que se dice en el párrafo que sigue.

La Ciudad de Paraná, donde nacieron mi compañera de la vida y una hija nuestra, tiene una cuadrícula central que bien observada en los mapas muestra como ésta interrumpió la traza original de un camino real que, partiendo de Bajada Grande, se internaba hacia las cuchillas del oeste. Ese camino real fue relevado por las hoy avenidas José Manuel Estrada, Alameda de la Federación, Pedro Echagüe y Almafuerte. Siendo aún muy jóvenes nosotros, sin hijos, concurríamos a bañarnos en el río en playas de Bajada. Con algunos amigos solíamos hacer chanzas con que a la ciudad cercana le habían dado su nombre los colonos andaluces que traían desde Santa Fe sus vacas a pastar: “para ná”.

Lo que es bien cierto es que Paraná nunca fue fundada. Surgió por necesidad, se afincaron gentes en el lugar más alto de la hermosa barranca, y hace doscientos años se le asignó la jerarquía de “villa”. En la reciente fiesta conmemorativa de aquel galardón sin duda justificado (pero no una “fundación”, sumado tanto despropósito alrededor la presidenta Fernández de Kirchner cometió otro error de interpretación histórica que el conservador diario de Montevideo El País y otra prensa no dejó de percibir con intención aviesa, destacando sólo un presunto “exabrupto” (salida de tono, como dicho o ademán inconveniente e inesperado, manifestado con viveza) que no existió en boca de la Presidenta.

“Carajo” alude al puesto de vigía en los viejos barcos de vela, como las actuales fragatas-escuela, ubicado en lo alto de alguno de los palos que sostienen el velamen. Imagínese con mar agitada de qué manera violenta se manifestarían y hasta todavía se manifiestan los vaivenes en los veleros de ahora, en ese alto lugar. Enviar a alguien al carajo, o expresar la palabra en tanto interjección, no es un exabrupto. Lamentablemente la Real Academia Española y la tan moralistamente bancaria Fundéu, la Fundación del Español Urgente, se han olvidado de esta expresión tradicionalmente popular.

El diario La Capital, de Rosario, publicó la noticia2 así:

La presidenta de la Nación, Cristina Kirchner protagonizó un exabrupto en Entre Ríos al enfatizar que el prócer uruguayo José Gervasio Artigas “quería ser argentino” y los gobernantes de esa época no lo permitieron. Inmediatamente se disculpó y continuó para cerrar el concepto.

“Uno recuerda la historia de esta Argentina, esta franja roja que cruza la bandera de la provincia de Entre Ríos, ese símbolo vivo en la tierra entrerriana. Ese Artigas que quería ser argentino y no lo dejamos. ¡Carajo!, ¿cómo habrá sido posible?”, señaló Cristina, fervorosa, en el marco del 200º aniversario de Paraná.

“Ay, se me fue”, repuso, raudamente. Y explicó: “Disculpen, pero me da bronca porque cuando uno lee la historia y ve que desde Buenos Aires rechazaron los delegados a la Banda Oriental. Por eso hoy no somos una sola Nación, como tantas otras cosas que nos pasaron”.

Un lector del diario rosarino, quien se identificó como Gaucho Ware (¿inmaterial, quizá?), se puede consultar en el sitio en Internet de la publicación, hace algunas aclaraciones pertinentes sobre el momento histórico al que quiso aludir Cristina Fernández de Kirchner. Confirmando lo que manifiesta el lector, en otras fuentes se alude a que en su testamento ológrafo fechado en Asunción, Paraguay, donde murió exiliado y negándose a cruzar de retorno el río de los pájaros, el propio José G. Artigas se manifestó “argentino oriental”.

Argentino, antes de la emancipación suramericana de España y hasta bastante tiempo después, fue el gentilicio común de los rioplatenses, obviamente por alusión al argento metal que se traficaba hacia Europa surcando el ancho estuario Del Plata.

La Presidenta se equivocó, es cierto. Artigas no quería ser argentino, lo era de pleno derecho: argentino oriental. El avieso centralismo porteño de entonces radicado en Buenos Aires (y también en Montevideo), en parte fundamento de las respectivas y también bicentenarias oligarquías actuales, puso enconos, intrigas y hasta la sangrienta marcha de la muerte para impedir el desarrollo de las ideas libertarias, democráticas y justicieras de Artigas.

Así es…


Notas:

1 El presidente de FIAT Argentina es Cristiano Ratazzi. Su sonrisa ilustra la presente entrada en el blog. (Reproducimos la fotografía puesta en Internet por el diario Clarín sin ningún otro fin que el informativo.)

2 http://www.lacapital.com.ar/politica/Cristina-Artigas-queria-ser-argentino-y-no-lo-dejamos-carajo-20130625-0072.html