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sábado, 15 de junio de 2013

Choque tren Castelar Randazzo Florencio DNI xenón CD Cristina






El título parece un intríngulis pero solamente es una secuencia de palabras clave. Quizá tengamos suerte y además de encontrar esta nota lectores de (en riguroso orden alfabético) Alemania, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, EE. UU., España, Estonia, Federación Rusa, Gran Bretaña, Hungría, Indonesia, México, Perú y Venezuela, en Argentina también contactemos con búsquedas en los ámbitos de la Presidencia y del Ministerio del Interior del Gobierno. Si se lograse solicitamos darnos aviso (gervasioespinosa@hotmail.com).



Brevemente, para los no al día con las noticias, circunstancias y sucesos suramericanos, afirmamos: 1- no somos opositores al Gobierno que encabeza Cristina Fernández; 2- Florencio Randazzo es su ministro de Interior y Transportes; 3- DNI son las iniciales del Documento Nacional de Identidad argentino, en cuyo frente aparece la firma digitalizada del referido Randazzo;  4- CD, para el caso, son las iniciales de “carta documento”, una comunicación postal que con carácter de formal notificación se emplea en Argentina como requisito de algunas acciones judiciales; 5- gas xenón contienen las ampolletas de unas lámparas de gran luminosidad que suelen emplearse mal en los automóviles, motocicletas y otros vehículos y producen grave encandilamiento nocturno en otros conductores; y 6- el nuevo choque en Castelar, días pasados, con centenares de damnificados directos e indirectos, ha sido noticia en distintos periódicos del mundo.



Randazzo y la CD (la carta documento que yo le envié…)



Ya hace quizá dos años, luego de infructuosos intentos de contactarlo a través del sitio en Internet del Ministerio del Interior del cual es titular, le envié una carta documento que nunca fue respondida. Recibir se recibió, porque el Correo Argentino me remitió constancia de ello. En la órbita ministerial se había creado hacía ya un tiempo la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), y procuraba yo interesar a sus funcionarios en el problema del mal uso de las lámparas de gas xenón en vehículos con faros y reflectores de características no adecuadas.



La cuestión central que se planteaba no era tecnológica sino cultural. Los conductores de vehículos en calles, avenidas, autopistas o simples carreteras rurales, en los tiempos que corren, corren ellos acuciados por la impronta individualista y el enajenamiento tecnológico: si el GPS funciona y hay señal para el teléfono inteligente nada interesa más que continuar así, “xenones” al frente y “sin registrar” seres vivientes con los que interactuar.



Nuestra preocupación, habrán considerado, no era relevante. Los autos que manejan los jerarcas ministeriales son de los llamados de “alta gama”, novísimos, con dispositivos computarizados y airbags. Además, también habrán considerado, ya está funcionando un sistema nacional de licencias para conducir… (lo que no saben los jerarcas aludidos es que quienes otorgan esas licencias en los municipios son a veces tan autómatas que, por ejemplo a mí, septuagenario y desde hace más de dos décadas astigmático, que vengo renovando el “carné de conducir” desde medio siglo atrás, hace apenas quince días y sin cirugía ni otra terapia me exoneraron por un año del uso permanente de lentes correctores.



¡Che, flaco, pará que nos rompes!



Florencio Randazzo y Alejandro Ramos, ministro y secretario de Transportes, respectivamente, son delgados. Pero el subtítulo alude a otra cosa, alude a la necesidad de poner atención en la intercomunicación de los agentes personales, humanos, de las personas que interactúan en sus quehaceres sociales. La despersonalización y “tecnologización” de las acciones de los operadores de sistemas complejos, como en el caso un servicio de transporte ferroviario, produce huecos, agujeros negros y situaciones caóticas.



El ministro dijo que el GPS registró que el convoy siguió andando pese a las señales de alerta de tres semáforos al costado de los rieles. Otro jerarca, que tales semáforos son viejos y no accionan cortes de energía eléctrica para detener al tren si éste sigue marchando. Y alguien más dijo que cada seis segundos el conductor tiene que oprimir un botón para “probar” que no está dormido: una acción monótona y reiterativa que con probabilidad tiene efectos hipnóticos…



“Los frenos son nuevos, de tecnología alemana, fabricados en Brasil”, se dijo también. Una maravilla como el plástico y la confección digital de mi “carné” de conducir… “¿Sabés por qué pasó lo que pasó, abuelo?”, me gritó tan liberado de frenos como ese azul convoy un veinteañero agitado por la música tecno que vibraba en su motito de 110 centímetros cúbicos, “¡porque el de atrás no tenía reflectores xenón!, ¡el de adelante no lo vio venir y no se pudo correr…!”.