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viernes, 10 de febrero de 2012

Nov shmoz ka pop?

(Publicado por TINKU información alternativa, el 4 de enero de 2007.)

Los sesentones realmente de izquierda –además de estar transitando nuestro personalísimo último cuarto de hora biológico junto con algunos menos setentones y aún más escasos ochentones–, mientras nuestras memorias y capacidades reflexivas estén todavía en buen funcionamiento tenemos impostergables obligaciones. Principalmente participando en “la batalla de ideas” para, a quienes en actual operatividad política y que por acción u omisión la exponen como popular y progresista (sean de las siguientes o de la misma generación nuestra), advertir tozudamente con nuestro ejemplo que es peligrosamente de lesa humanidad insistir en las repeticiones de engaños y oportunismos. Obvio es que esta afirmación está muy lejos de las gracias de Lula cuando dice de sí que por su edad ahora es socialdemócrata; siempre lo fue, y afirmarlo no es peyorativo.

La memoria colectiva, la propia o la registrada por alguna escasa buena historiografía, junto a la reflexión aplicada y el buen humor (aprovechando todavía el apogeo, aunque de uso muy restringido, de cierta comunicación cibernética horizontal que en algún momento podrá colapsar) son los recursos para este ejercicio que proponemos, voluntarioso aunque no exceptuado de profundo pesimismo.

Hace algún tiempo, Invernizzi, frenteamplista presidente de una junta municipal del interior uruguayo, me decía, más o menos así, que “en la era de internet el asambleísmo de base es una rémora del pasado”. Como el jerarca estaba ocupadísimo organizando una maratón, que como se sabe es una saludable actividad que reúne a mucha gente corriendo pero que entre sí no necesariamente habla ni hace otra cosa que correr, tras lo dicho me despidió de manera amable y terminante (ya en la calle caí en la cuenta de que podría haberle retrucado exponiéndole que él mismo en la dicha época de la virtualidad consideraba necesario hacer correr reales y oxigenadas maratones).

Ahora, apenas una semana atrás y casi un año después de aquella conversación, el diario montevideano La República tituló “Silencio de catedral” una mínima nota aludiendo a la ausencia de comentarios del gobierno de Buenos Aires sobre el retiro de la custodia militar de la planta en construcción de Botnia, en Fray Bentos. Retiro de custodia que fuera, como su implantación, dispuesta por Tabaré Vázquez; medida, la última, formalmente solicitada por la dicha Botnia. En el momento de su implantación, recordaba La República, la custodia había sido calificada por Kirchner como “una afrenta”.

En ámbitos comunes, populares, tanto la implantación como la desactivación de la custodia generó opiniones, aunque una oportuna prudencia evitó que esa “vergüenza ajena” tuviera excesiva difusión (no en el caso de Lacalle, claro). Con todo fueron más explícitas respecto de la desactivación que, como se informó en Montevideo luego del anticipo hecho por el intendente de Fray Bentos, principalmente obedeció al deseo y voluntad de la empresa finlandesa de no ver desprestigiado su nombre.

La medida de implantar la custodia pareció justificada en una fabulación desatada en pueriles conciliábulos en territorio de EE.UU. sobre la peligrosísima octogenaria entrerriana que se habría ofrecido como abuela-bomba, cuya aparición (a la que se atribuyó paralelismo con el fenómeno Bin Laden, y así, al fin, a la abuela-bomba sin pretenderlo se la convertía en un engendro de la CIA) fue precedida por la muy publicitada noticia de una presunta intimidación nocturna hecha hace un mes a un policía que vigilaba el perímetro fabril por parte de tres sujetos, “dos con armas largas”, y que hablaban con “acento porteño”. Un discurso para la “gilada”, sin duda, de los que tanto se han usado y todavía se usan (y vaya que tenemos antecedentes de ello en la Banda Occidental de las Provincias del Río de la Plata).

El uruguayo Guillermo Waksman escribió en el semanario montevideano Brecha (“Guardia militar en Botnia. Jugar con fuego”) que la militarización de la custodia de la empresa recorrió un sinuoso y controvertido camino. La medida fue decidida el 23 de noviembre pasado y la dio a conocer el diario Últimas Noticias tres días después. Pero, dice Waksman que fue “un mes y medio antes, el 2 de octubre, que el Poder Ejecutivo habilitó por decreto la participación de las Fuerzas Armadas en la custodia del predio”, cuando la encomendó a la Prefectura Naval dependiente de la Armada.

Ese primer decreto del 2 de octubre, se lee en Brecha, “además de la firma del Presidente lleva las de la ministra Berrutti y el titular de Economía Danilo Astori”, ese afable académico –colaborador de Enrique Iglesias, ministro de Julio María Sanguineti y asesor de Luis Lacalle– que frente a las cámaras de TV intercambia sonrisas y espaldarazos con Tabaré (“¡con el que no se juega!”, según sostuvo un seguidor de no menor papel en el Partido Socialista). En ese entonces no participó el ministro de Interior, José Díaz, en uso de licencia por enfermedad, ni tampoco su subsecretario Juan Faroppa “que no fue convocado a la reunión pese a que se le quitaban cometidos a esa cartera”, de la cual depende la Policía Nacional.

“Vázquez habría dicho, en la última reunión del Consejo de Ministros –escribió Waksman–, que seguramente iba a ser criticado por adoptar una medida de esta naturaleza, pero que no se perdonaría si llegara a pasar algo sin haber tomado ninguna previsión para disuadir acciones directas contra la empresa o alguna operación tendiente a ridiculizar al gobierno.” Sin embargo, esta última eventualidad fue autoinfligida con las marchas forzadas (la disposición de militarizar la custodia de los intereses empresariales fue fundada en un decreto de 1974, de la Dictadura, y en oposición al Programa del Frente Amplio) y contramarchas del propio equipo presidencial. Entre aquel 2 de octubre y el 23 de noviembre mediaron discusiones y consultas con expertos constitucionalistas, como José Aníbal Cagnoni, para remediar los despropósitos formales. La nota en Brecha es precisa con los detalles.

En la prensa de Buenos Aires se dijo que el gobierno de Helsinski y la propia empresa Botnia se habían manifestado absolutamente ajenos a la actitud asumida por Vázquez en cuanto a la seguridad en Fray Bentos. Según Petra Teman, diplomática finlandesa para Montevideo y Buenos Aires, el gobierno de su país aboga por “una solución dialogada” entre los dos gobiernos sudamericanos, y afirmó que “no tuvo participación alguna” en la referida militarización. “Con ello –escribió Laura Vales en Página/12–, la diplomática tomó distancia de las versiones periodísticas que citaron un presunto informe de Finlandia al gobierno del Uruguay en el que se alude a un escenario de inseguridad en torno de la planta de Botnia. Theman explicó que algunas referencias a Osama bin Laden formaron parte de una cadena de correos electrónicos apócrifos que circularon semanas atrás desde una dirección que simulaba ser la de la Embajada de Finlandia.” Pero, Botnia, a sus empleados jerárquicos europeos les recomienda no viajar a Entre Ríos advirtiéndoles que podrían ser víctimas de hechos de violencia...

La hora de cruzar los puentes

Julio César Castro, “Juceca”, escritor y humorista uruguayo costumbrista, célebre creador de las historias en el boliche El Resorte donde se regodea la Eduviges, puso en la boca del occidental y chaqueño Luis Landricina aquello de la inteligentísima decisión de un ingeniero que construyó un puente y lo hizo perpendicular al río, porque de haberlo hecho paralelo de poco hubiera servido.

La octogenaria abuela-bomba, los presuntos “guerrilleros porteños”, la exposición de gigantescas hondas de utilería y avioncitos de papel sobrevolando el río Uruguay más las proposiciones de cruzarlo, produjeron lecturas y reacciones propias de la tan sensible como de mala fama inteligencia militar y policial (de un lado y probablemente también del otro). Coincidentemente, durante ese octubre pasado, este sexagenario que avisa y no traiciona el viernes 20 le escribió a la Asamblea Ciudadana de Gualeguaychú, como un año atrás le había escrito al presidente Vázquez (ver “Qué pena sería, Tabaré”):

“Estamos frente a una situación grave y sumamente compleja –manifestaba–, el norte nos subsume cada vez más desde la ‘apertura’ neoliberal a la que nosotros mismos no nos opusimos inteligentemente ni suficientemente. Los nuevos espejitos de colores volvieron a confundir, de un lado y del otro del río Uruguay... Ahora es un momento crucial, de estrategia muy sesuda y tácticas que acrecienten los consensos. Pienso que los cortes cumplieron un cometido y que ahora, de continuar, entrarían en una situación de rupturas muy negativas (ver en Le Monde Diplomatique el artículo de Ricardo Carrere, de Guayubira). Ahora hay que cruzar los puentes, vincular creativamente las voluntades populares de Gualeguaychú y de Fray Bentos, de Mercedes, etc. Poner el acento en que son el Banco Mundial, los organismos internacionales y los gobiernos, no los pueblos, los desencadenadores de desatinos que inevitablemente la historia, más temprano que tarde, retrotraerá, señalando responsabilidades políticas imposibles de disimular. Abrazos, a todas y a todos.”

¿Estos cruces de puentes, de confraternidad popular, de afirmación de raíces históricas comunes pone “en armas” a un gobierno que, en el siglo XXI, se autodefine “progresista”? ¿Los jerarcas de ese gobierno sufren los temores de algunos exponentes de la clase media montevideana que creen sin dudar que si llegan a Entre Ríos les van a pegar o romper el automóvil? (¿Y que los provincianos comunes oriundos de la banda occidental queremos romper todo en la oriental, cuando los que ensucian y rompen siempre han sido los inversores “off-shore”, ricachones a los que ahora el gobierno ofrece regalarles 30 litros de nafta para cada automóvil “extranjero” que vaya de Colonia hacia Punta del Este?) ¿Se creyeron la propia cantinela de que los asambleístas son “piqueteros” pagados por Kirchner? ¿No observaron, por ejemplo en el Foro virtual del diario La República/21, que así algunos locos y guarangos, inspirados en tales despropósitos, siguen cada vez más groseros?

Nov shmoz ka pop?

La frase, que se dice es intraducible, reapareció en mi memoria hace más o menos una década cuando descubrimos que en la comarca de los cerros y el mar, como la llama la radio RBC de Piriápolis, habían una proveeduría Jopito y otra Calvete. La primera, que pertenecía entonces a una pequeña cadena nacional, sucumbió ante “el hiper” de otra muchísimo mayor y multinacional que se inauguraba, generando, según palabras entonces de Nelson Guerra, durante aquellos años edil en Maldonado del Frente Amplio, que “la gente vuelca su esperanza en la inversión pero las instalaciones servirán tan sólo de depósito para la cadena y todo el mundo [trabajador] a la calle” (y así fue, el “hiper” chiquito funciona sólo en temporada). En cambio, la proveeduría de la familia Calvete sigue desde 1968 como emprendimiento familiar que se fue desarrollando según los hijos del matrimonio fundador fueron creciendo y casándose.

“Jopito” y “Calvete” me retrotrajeron entonces a una historieta de tres personajes, dos de los cuales así se llamaban, que por 1940 publicaba la revista Billiken, fundada en Buenos Aires veinte años más atrás por Constancio C. Vigil (quizá para contrarrestar el ideario rebelde inspirado en la clase obrera de la época por la revolución bolchevique). El tercer personaje era un viejo, con sobretodo y gran gorra que repentinamente, detrás de los protagonistas principales, obviamente uno calvo y el otro con jopo, aparecía con el pulgar de una mano en posición de “auto-stop” y un cartel en la otra con la intraducible leyenda. Algunos especialistas dicen que este personaje y su pregunta pertenecen al historietista estadounidense Gene Ahern (1895-1960), autor de The Squirrel Cage (La jaula de la ardilla), y que fueron creados únicamente como efecto surrealista.

Así, Nov shmoz ka pop?, aunque pudiera parecerlo, no es, respecto de la controversia por el depredador monocultivo de eucaliptos y la apestosa fabricación de pasta de celulosa, una inquisición en una jerga hermética de los nihilistas finlandeses. Quizá en los años treinta y cuarenta, y a pesar de Vigil mismo a quien se le pudo haber colado en Billiken, planteaba una subconsciente duda sobre hacia dónde iba el new deal de Roosevelt (algo parecido, salvando las distancias, a la no tan lejana perestroica de Gorbachov).

Cuando el descubrimiento de las proveedurías Jopito y Calvete, nuestro hijo menor (por entonces con sólo dieciocho años a cuestas) insistía en prevenirnos que más pronto que tarde el pragmatismo menemista saltaría desde Punta del Este al resto del país oriental.

Nov shmoz ka pop?

Gervasio Espinosa (23 de diciembre de 2006)