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domingo, 12 de febrero de 2012

La vía absurda. A propósito de Gualeguaychú-Fray Bentos en 2010, los monocultivos y ahora la mega-minería

Cuando alguien que aparece como investigadora o investigador en ciencias sociales porque hay mención de que en esa condición tiene filiaciones institucionales y recibe pagos de tales o cuales organismos académicos, y por caso en Argentina también del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), y haciendo una afirmación absurda escribe que una gran concentración de personas se realizó “en el Monumento a Los Españoles” de la Ciudad de Buenos Aires, a partir de esa manifestación todo lo demás que exprese por lo menos debe ser considerado sujeto a revisión, no hay vuelta, tanto por sus eventuales escuchas o lectores como por parte de quienes son responsables de solventar su desempeño. Porque no existe tal monumento en dicha ciudad, y habiendo uno con nombre parecido pero muy diferente significado sería mínima una concentración de personas que se encaramaran sobre esa construcción escultórica, quizá treinta, o cuarenta, más no. El ejemplo vale para muchos otros casos y circunstancias. (Otra cosa sería afirmar que al pie del Monumento de Los Españoles, en el barrio Palermo de la Ciudad de Buenos Aires, ocurrió una concentración de personas.)

El reclamado “monitoreo” de la emisión de líquidos y gases de la fábrica de pasta de celulosa emplazada frente a la ciudad entrerriana de Gualeguaychú es otro imposible. Aceptada tal necesidad y dispuesta tal ejecución no se haría nada, absolutamente nada, o cualquier cosa cuyo resultado sería incierto: no existe acción concreta alguna de un sujeto la cual sea llamada “monitorear”, no hay tal verbo. Existe, sí, el sustantivo “monitor”, que refiere a personas o cosas con determinadas capacidades o utilidades, y por asociación podemos suponer, sólo suponer, qué podría tentativa y provisoriamente entenderse por “monitorear”, y de paso, si se pudiera, qué entender por “rubiar” o “rubiado”: ¿acción de los rubios o blondos, en el primero, o efecto causado por una rubia en el segundo? (¿Qué rubia?…).

Según el diccionario monitores son las personas que guían los aprendizajes deportivos y culturales, también quienes amonestan o avisan y los ayudantes de los profesores de educación física en el Ejército. Explica el equipo de consultores del sitio de Internet El castellano.org , que el sustantivo “monitor” proviene del latín moneo, monere (advertir, avisar), y que se llamaba así a los ayudantes que acompañaban en el foro a los oradores romanos para recordarles y presentarles los documentos y objetos de los que debían servirse en sus exposiciones, y a los esclavos que acompañaban a sus amos por las calles para recordarles los nombres de las personas con las que se iban cruzando.

En el idioma inglés se tomó la palabra del latín porque es sabido que los romanos, promediando el primer siglo de la era cristiana, cruzaron el Canal de la Mancha y dominando a los britanos que poblaban la primera gran isla constituyeron una provincia más de su Imperio, la Britannia, y fundaron Londinium a la vera de un río, viéndose obligados a retirarse hacia el continente medio milenio después. De la lengua inglesa la palabra llegó a nuestra habla. Así es como se instalan otras tres acepciones de “monitor”, que no refieren a personas sino a cosas, a productos tecnológicos. La primera y la segunda aluden a aparatos sensibles que detectan y revelan la presencia de radiaciones, entre los que se encuentran las pantallas luminiscentes para televisión, computadoras u ordenadores, teléfonos y gran cantidad de otros dispositivos electrónicos.

Una tercera acepción pudo ser la razón de la intranquilidad habida hace dos o tres años en el marco del conflicto que genera estos comentarios. Monitor se llamó un antiguo barco de guerra fabricado en Nueva Orleans y destinado a la guerra civil norteamericana de mediados del siglo XIX, artillado, acorazado y con espolón de acero en la proa, que podía navegar casi sumergido para pasar inadvertido y ser menos vulnerable, y cuyo pequeño calado le permitía internarse en vías fluviales. Una recreación entrerriana podría haber sido referida metafóricamente como “la abuela bomba”, la que se inmolaría derrumbando a Botnia, hoy UPM…

Con “monitorear” –en lugar de vigilar de todas las maneras posibles el enclave industrial celulósico (y mejor todavía, verbo sí plenamente existente, vigilar a todos los enclaves industriales y agro intensivos) inclusive con monitores– pasa igual que con la denunciada “judicialización” de la protesta que se enrostra al Gobierno. Se emplean mal las palabras y se hace un menjunje de ideas que no resuelve ni tampoco cambia el aspecto del problema, no es mezcla médica ni cosmética. ¿No fue la Asamblea la primera en denunciar ante la Justicia a los responsables de Botnia? ¿No era que había que llevar el conflicto a la Corte Internacional de La Haya? ¿No fue todo eso la “judicialización”? Además, ¿alguien puede mostrar alguna intervención de los aparatos judiciales sean estatales o supranacionales que no sean acciones de efectos políticos que se despliegan ante conflictos sociales?

Quienes vienen ganando en el ínterin de la composición del menjunje, al que del lado oriental del Río de los Pájaros no se le hace asco y se le agregan ingredientes, son los negociantes del papel para los envoltorios y la publicidad del mercadeo (en lo menos que se lo emplea es en libros) y sus socios de la soja, que en tiempo y forma récord y en ambas bandas, “a lo bruto nomás”, ambos, consumen al acuífero Guaraní. No son ajenos a la generación de confusión los vanguardistas que creen o pretenden hacer creer que avanzan al frente aun sin nadie detrás, y que para auto complacerse en su soledad procuran mirarse reflejados en lo que imaginan y valoran como heroica resistencia. No se enojen conmigo porque lo digo, enójense consigo mismos porque lo hacen.

La Asamblea Ciudadana de Gualeguaychú cumplió un papel importante frente a la implantación grosera y soberbia de la contaminante industria de la celulosa en la ribera oriental del río Uruguay, también lo cumplieron los ambientalistas fraybentinos y de toda la cuenca. Pero en el proceso de confrontación hubo errores producto de limitaciones ideológicas y conceptuales, y por la implicación oportunista de la derecha política. Para resolver las carencias y dificultades hay que abandonar las vías absurdas y despejar las cabezas. Probablemente instancias superadoras de las ahora existentes sean las que puedan hacerse cargo de la continuación de esta lucha y el planteo de nuevas estrategias. Cuanto más demoremos en asumirlo, aunque ahora duela, más se demorará la sanación de las heridas propias y la aludida recomposición de fuerzas.

Gervasio Espinosa (13 de junio de 2010)