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domingo, 12 de febrero de 2012

Elección primaria (discernir para elegir)

Desde orillas del gran estuario Del Plata –confluencia y desagüe en el océano de los ríos Paraná y Uruguay–, procuraremos ahora llegar a Cristina Fernández y a Pepe Mujica, respectivamente presidentes de Argentina y de Uruguay. El objetivo es plantearles cuestiones que podrían parecer de importancia menor (y lo hacemos así, de manera abierta, para ponerlas en discusión general).

Una de esas cuestiones es la dificultad para, empleando los sistemas informáticos, establecer intercomunicación fehaciente con sus aparatos burocráticos de gobierno. Sus sitios de internet no son de intercomunicación sino de comunicación unidireccional: transmiten exclusivamente hacia nosotros. Es un modelo empresarial de gerencia, “gestional” dirán los enamorados de neologismos de ocasión. En esos sitios de internet “oficiales” se induce a recurrir a las con exceso llamadas “redes sociales”: conexión entre usinas generadoras de opinión con sus ingenuos afiliados y promotores.(1)

Otras cuestiones que podrían parecer menores refieren a las lámparas de gas xenón que proliferan instaladas en motocicletas y automóviles de argentinos “fan”, puestas donde no se deben poner, y a la publicación de la foto de un adolescente, presumiblemente montevideano, de frente, mirando a la cámara, que hizo el diario uruguayo El País el sábado 2 del corriente mes de julio, ilustrando una nota. Habrá un par más de cuestiones.

El País publicó la foto del adolescente (http://www.elpais.com.uy/110702/pciuda-577099/ciudades/comerciantes-con-temor/) para ilustrar sobre “los fundados temores que los comerciantes de Carrasco” tienen de ser rapiñados, asaltados y robados. Este cronista informó del abuso al Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU), por vía del sitio de éste en internet, pero el organismo oficial del Gobierno uruguayo no acusó recibo.

En Argentina existe un organismo oficial dependiente del Ministerio de Interior, la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), también con sitio en internet. A su través se procuró detalladamente alertar al organismo sobre el inadecuado y peligroso uso que se hace de las lámparas de gas xenón (que emiten una luz muy blanca, más potentes que las llamadas halógenas, y que solamente pueden ser instaladas en reflectores u “ópticas” con diseño y lentes específicos)(2). La ANSV del Gobierno argentino tampoco acusó recibo.

Así como el sábado 2 de julio el diario de Montevideo El País sin ningún escrúpulo atropelló los derechos de los adolescentes, ayer mismo (27 de julio), ya noche, en una avenida principal de la ciudad de San Miguel, Provincia de Buenos Aires, el conductor de un WV del año 2000 con cuatro faros “arreglados” para gas xenón y encendidos, más ruidos electrónicos a todo volumen y un gran GPS pegado al parabrisas avanzó sin ningún escrúpulo de contramano y en oposición al semáforo en rojo. Quizá para este adulto automovilista de los pagos de Aldo Rico (en 1988 mientras ejercía de coronel sublevado autor de la sentencia: “La duda es la jactancia de los intelectuales”), como lo es para la mayoría de los adolescentes montevideanos según dijeron jerarcas del Gobierno y publica hoy mismo El País, el más exitoso e imitable paradigma social sea el del narcotraficante.(3)

Si las cosas son así debe ser porque tanto en diarios y academias como en las agencias gubernamentales de un lado y otro del gran estuario anidan copias más o menos fieles del arquetípico conductor del WV 2000 del pago suburbano de Rico, exponentes de la peligrosa imbecilidad posmoderna que se multiplica en vectores políticos tanto conservadores como renovadores y autoproclamados progresistas.

Entre las invenciones existentes en la colorida y triste actualidad está la del “consumo cultural”. Es decir, según las acepciones del verbo “consumir”: la destrucción, extinción o gasto de lo que los diccionarios definen como “conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.”.

Ayer, en la Ciudad de Buenos Aires, confrontando con su gestor mayor Mauricio Macri, frente al Teatro San Martín un numeroso grupo de artistas reclamó en defensa de la cultura. El diario Página/12 en un párrafo de la crónica dice:

Alrededor del escenario se multiplicaron los abrazos. Horacio Fontova, Horacio González y Ricardo Forster fueron algunos de los referentes que, en respaldo de la fórmula Filmus-Tomada, se integraron a la multitud que “hacía el aguante” a la vera de la calle Corrientes, minutos antes de que llegara –en visita sorpresa– el propio ministro. El actor Patricio Contreras se encargó de leer el comunicado oficial de la reunión, donde se señala que «una política cultural no puede circunscribirse al suministro burocrático de espectáculos, festivales y megaeventos que aparecen y desaparecen» y que es imprescindible dar con «una propuesta integral que genere equidad en el consumo». La lista de adherentes incluyó a Peteco Carabajal, Ricardo Bartís, Andrea del Boca, Gustavo Garzón, Jorge Dubatti, Lidia Borda y Noe Jitrik, entre muchos otros.

¿Cómo es que intelectuales y artistas de tan buena y popular disposición pudieron escribir “una propuesta [cultural] integral que genere equidad en el consumo”? (El destaque es mío, porque, nuevamente yendo al diccionario, leo y transcribo respecto de la locución adjetiva “de consumo”: “Dicho de la sociedad o de la civilización: que está basada en un sistema tendente a estimular la producción y uso de bienes no estrictamente necesarios”. Es decir… el gran menjunje de palabrerío alrededor de ideas que se clasifican en los rubros de “producción” e “industria” cultural ya se está haciendo indeleble.)

Para la estadística puede resultar meritorio, y sumamente interesante para las industrias de la celulosa y el papel, la cantidad exorbitante de libros publicados en Argentina por sus pujantes empresas editoriales (beneficiadas con subsidios del Estado y de fundaciones que premian a las prolíficas autoras y autores), una rama de las industrias culturales que abastece el mercado de los lectores. Esa exorbitante cantidad de libros, sin embargo, poco se lee. Aun así el propio volumen reproduce ese sistema, como lo hacen los motores de búsqueda en internet.

Si al menos algunos más (¿y fantasear que también Cristina y Pepe?) prestáramos activa atención crítica al fenómeno de las lámparas de gas xenón, del individualismo creciente, de la crisis ética, los miedos patológicos y la inescrupulosa y mayúscula manipulación de la opinión pública que hace el capitalismo para disimular (y reproducir) su crisis final (que de esto se trata), otro sería el cantar.

Y porque así otro sería el cantar es que citamos al gran poeta cubano Nicolás Guillén:

y a todos el son preciso,
José Ramón Cantaliso
les canta liso, muy liso,
para que lo entiendan bien.


Gervasio Espinosa (29 de julio de 2011)

Notas:
(1) Sobre esta cuestión de la generación y manipulación de opinión y otras que se plantean en cuanto a la deshumanización de los procesos de pensamiento véase un trabajo interesante del periodista estadounidense Nicholas Carr: Superficiales. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?, Taurus, Buenos Aires, 2011
(2) Véase en internet http://www.taringa.net/posts/autos-motos/7456951/Tenes-o-queres-Xenon_-Entra-1_.html).
(3) El País, Montevideo, 28.7.2011. Guarteche: la mayoría de jóvenes quiere ser “narco”: “Encuestas de hogares y a estudiantes liceales revelaron que los jóvenes y niños quieren ser narcotraficantes cuando antes el modelo que seguían era a futbolistas, médicos, bomberos o policías, afirman jerarcas del Ministerio del Interior. «Hace poco se hizo una encuesta en la que se preguntaba a los menores qué querían ser cuando llegaran a adultos. La respuesta que más se repitió fue que querían ser narcotraficantes. Eso es muy preocupante, ya que es al narcotraficante a quien ven como modelo», dijo el lunes el director Nacional de Policía, Julio Guarteche en la Comisión de Constitución y Legislación del Senado. Durante la sesión, Guarteche fue interrumpido por el senador Ope Pasquet (Vamos Uruguay [Partido Nacional]), quién preguntó si los datos que manejaba el jerarca policial provenían de un sondeo efectuado por el Ministerio del Interior. La respuesta provino del subsecretario de dicha cartera y ex presidente de la Junta Nacional de Drogas, Jorge Vázquez. «En realidad se hicieron varias encuestas, algunas de hogares y otras de estudiantes de enseñanza media. De ahí surgió esa información», explicó”.