Páginas vistas en total

viernes, 8 de mayo de 2015

Con Scioli tampoco… Peligros del “progressismo”*



Es muy grave lo ocurrido en la localidad de Abasto, cercana a la Ciudad de La Plata, capital de la Provincia de Buenos Aires, donde habitualmente no viven ni el gobernador Scioli ni su ministro de Seguridad, Alejandro Granados. La policía provincial desalojó por disposición de un juez y contra la orden de no innovar de otro, en medio de la oscuridad de la noche, atropellando con gases lacrimógenos y balas de goma, a más de setecientas familias “sin techo” y con niños que se habían asentado en un predio baldío de cuarenta hectáreas requiriendo del Gobierno provincial se los socorriera para construir sus viviendas.



Vale la pregunta… ¿Granados le habrá aconsejado a su “jefe político” ejecutar la operación como un mensaje de campaña electoral dirigido a las señoras y señores bien hasta no hace casi nada “todos somos Nisman”, y los “cuasibien” que trepados a banquitos enclenques se creen tan “altos” como los primeros?



Qué pasó



La orden del desalojo fue dada por el juez de garantías Pablo Raele por pedido de un martillero, Alberto Mattioli, que al parecer habría sostenido estar en posesión de los títulos de propiedad de las cuarenta hectáreas en Abasto. Otro juez, éste titular del Juzgado en lo Contencioso Administrativo Nº 1 de La Plata, Luis Federico Árias, el  martes 5 de mayo, preocupado por la situación, dictó una medida pre cautelar para evitar el desalojo solicitando actuaciones del Gobierno bonaerense ante «organismos provinciales y municipales para poder dar cuenta del estado dominial y judicial de las tierras».



Granados, que no puso un oído en las leyes y el otro en el pueblo –paráfrasis que alude a la consigna1 de un obispo asesinado en 1976 por una dictadura de dictadores tan duros como estas duras demostraciones, Angelelli– indicó a su policía que escuchara una única campana, pero ¿qué campana?



Otro crítico del violento accionar contra las familias para desalojarlas, Emilio López Muntaner, senador provincial por el Frente para la Victoria, que antes de los desmanes había presentado un proyecto en la Legislatura bonaerense para expropiar las tierras y construir un complejo de viviendas, expresó a medios de prensa que Alberto Mattioli, el autor del reclamo ante el juez Pablo Raele argumentando una usurpación, no es propietario titular de las tierras.



López Muntaner afirmó que «las tierras son de un dueño que falleció hace veinte años, sus hijos se encuentran en Europa y tiene[n] una deuda hacia el fisco muy grande». Así, Mattioli –dijo el legislador–, «planteaba la “usurpación” del predio pero en este caso la inmobiliaria se encuentra en la misma situación que los ocupantes ya que no tiene ningún papel que certifique la propiedad del mismo», y explicó que lo que se perseguiría sería «un negocio inmobiliario muy grande ya que es un predio de cuarenta hectáreas [que] tienen un valor de venta de veinte mil dólares» cada una: en total casi un millón de unidades de la divisa estadounidense (más de ocho millones de pesos argentinos).



Altri tempi, el Barrio San Ambrosio



Cuando la gobernación bonaerense de Antonio Cafiero, en 1988, siendo Luis Brunatti su ministro de Gobierno, un hecho similar en tierras del deslinde entre los partidos de Moreno con el ahora San Miguel, en el noroeste del conurbano bonaerense, que en algún momento al parecer habían sido donadas a la iglesia católica y estaban abandonadas, trescientas familias sin techo allí se afincaron. Las hubo, en aquel inicio, de distintas confesiones y militancias: católicas, protestantes, peronistas, comunistas… Recuerdo especialmente reuniones para organizar el auxilio mutuo cuando la hambruna tras el golpe de mercado al presidente Raúl Alfonsín (1989), en las que participaban codo a codo y cabeza a cabeza jóvenes madres y padres de nuestro partido junto con quienes compartían el pan, compañeros peronistas y una misionera luterana y su marido pastor, todos participantes del “asentamiento”. A Brunatti ni a Cafiero se les pasó por la cabeza que la policía pudiera ir allí a repartir balines de goma y gases asfixiantes.



No es el Granados amigo del Che, no…  



Alejandro Granados, quien en la foto de hace veinticinco años posa como fiel miembro del  team de 1990 con sus inspiradores Carlos Menem y Eduardo Duhalde, quizá en su casa de Ezeiza, “nunca se metió en política”, habría hoy jaraneado el periodista y novelista Osvaldo Soriano2.



Granados, como ministro de Seguridad del gobernador Scioli no podía ser ajeno a la confrontación de criterios entre los jueces Raele y Árias y sus respectivos colaboradores sobre como abordar la compleja situación en la que un millar y medio de argentinos sin techo, humildes y trabajadores, junto con sus proles, habían acampado en un predio abandonado y levantado precarios cobertizos y carpas reclamando se les permitiera allí construir un barrio como aquel de San Ambrosio surgido hace casi treinta años atrás, una generación, hoy populoso, con escuelas y centro de salud, iluminado e integrado a la vida urbana.



El ministro optó por la “seguridad”, objeto principal de los exacerbados discursos y demostraciones patoteras no exclusivas de jerarcas políticos sino también en uso de imbéciles individualistas de medio pelo, que enarbolan consignas dominadas por el antónimo, por el nombre real, concreto. Qué cosa sino la inseguridad de los comunes, de los pobres, de los solos –de nosotros– se instaura con las cámaras de video que hasta proliferan en frentes de casas particulares de barriadas populares, de la tenencia indiscriminada y hasta suicida de armas de fuego que difunden estampidos nocturnos, del uso de vidrios oscurecidos en los autitos de simulado lujo para evitar que si atropellan las víctimas puedan reconocer a sus atropelladores, los que con “simpática devoción” cuelgan cintitas de colores que revolotean sobre las chapas patentes para que sus números y letras resulten irreconocibles (¡qué transfugas!).



El vicegobernador Gabriel Mariotto, puesto en su momento de acompañante de Scioli quizá por si hacía falta un rápido reemplazo, ahora ha dicho que como titular del Senado provincial iniciará juicio político al personal de la justicia que presuntamente habría socorrido negocios inmobiliarios y autorizado el atropello policial que incluyó maquinaria pesada de demolición: topadoras. ¿Y Granados, y Scioli?



En medio de una campaña electoral que es crucial para detener que la derecha oportunista y adicta a la rapiña cumpla con los deseos del establishment capitalista concentrado, lo de Abasto es particularmente ejemplar desde cualquier punto de vista. Del lado popular hay que tenerlo bien en cuenta, estudiarlo y actuar en consecuencia.    



Notas:

* Posizione ideologica che propone il cambiamento della società attraverso una politica di riforme (Dizionario Italiano, Corriere Della Sera).

1 «Con un oído en el pueblo y el otro en el Evangelio.»

2 Autor de las novelas, las iniciales, Triste, solitario y final (1973), No habrá más penas ni olvido (1978), Cuarteles de invierno (1980) y A sus plantas rendido un león (1986), y de guiones cinematográficos, entre otros el de la película No habrá más penas ni olvido (1983, sobre su novela homónima), en el que un personaje dice: «Si yo nunca me metí en política, siempre fui peronista». Si se quiere leer la novela en línea búsquese https://docs.google.com/file/d/0B8mME6iAg0lvZjEzN2ZiNjAtMGYzYy00MTY4LWIwMzYtMGM2MWQ4NmQ3ZGZi/edit?pli=1