Páginas vistas en total

jueves, 16 de agosto de 2012

Malvinas, Pepe, Islas Malvinas… ¡Ah! Y Argelia, que en realidad se llama República Argelina Democrática y Popular, se independizó de Francia en 1962


Para quienes quieran ver la noticia en su fuente recurran al diario de Montevideo El Observador http://www.elobservador.com.uy/noticia/230437/cancilleria-borro-falklands-del-decreto-que-publico--/

Es grave, muy grave. ¿Confusión? ¿Histeria? ¿Estupidez? ¿Mala leche? ¿Jugaditas internas con tocaditas de culo? ¿Y para quiénes juega Almagro, the Chancellor, the Minister for Foreign Affairs?

Recuerdo que hace siete o seis años atrás tuvimos que necesariamente advertir a algunos medios de prensa uruguayos caracterizados como “progresistas” que no era juego limpio escribir el apellido del canciller de entonces como Gargajo en lugar de Gargano.

Tanto Plan Ceibal de acá como Plan Ceibal de allá no puede creerse que los escribientes orientales ignoraran e ignoren revisar el “diccionario” de sus procesadores de texto e incorporar las palabras de uso cotidiano.

El pobre de Reinaldo Gargano, ahora tan disminuido luego de su accidente cerebro vascular, debe haber sufrido aquella “bromita tipo Tinelli”. Gargajo, según los diccionarios de la lengua que hablamos, se entiende como “flema casi coagulada que se expele de la garganta”, una porquería, sin duda.

“En la tarde de este miércoles –por ayer, dice el diario de Montevideo–, El Observador había informado que el Ministerio de Relaciones Exteriores realizó esa denominación de «Falklands» en un documento oficial del 25 de junio de 2012, en el que modificó las jurisdicciones de las oficinas consulares del país para adecuarlas a las necesidades de los nacionales residentes en el exterior.” En la noche del mismo día Presidencia de la Nación hizo retirar el documento de marras de su sitio oficial en Internet (puede verse el facsímil en la edición digital referida).

El Gobierno informó a la prensa que sólo se había tratado de un “error de nomenclatura”. Así como cuando se deformaba el apellido del entonces ministro Gargano nos dio fastidio e incluso pena, ahora nos sucede lo mismo en relación con Pepe Mujica: no pocos de los que lo rodean se abusan de su bonhomía, y él parece no darse por enterado… ¿Si al Pepe a los setenta y tantos le da un soponcio, quién lo releva?