De algo se puede
estar seguro, el mundo “vigilado” y “castigado” se ha tornado sumamente
inseguro. La información ventilada por Edward Snowden suma nada más que unos
pocos puntos más al ranking asesino
de los “drones” estadounidenses, las perversas estrategias del mismo origen que
facilitaron famosos derrumbes en Nueva York como justificativos de las
invasiones guerreras en medio oriente poco después, y a la actitud
brillantemente canallesca de los gobernantes de España, Francia, Italia y
Portugal en favor de quien los ha amancebado. Dijo en una nota de opinión
Atilio Borón: «actúan como la puta de Babilonia, que según narra la Biblia en
el Apocalipsis (2.17) “con ella fornicaron los reyes de la tierra –léase los
“capos” de Washington– y los habitantes de la tierra se embriagaron con el vino
de su prostitución”»1.
El caso de la
reciente provocación a Evo Morales y a los pueblos de América Latina, y que no
estuvo lejos de una premeditación homicida por parte de gobernantes y
tecnócratas bajo sus férulas, fue una maniobra más de las operaciones
terroristas dirigidas a derrumbar la construcción en ciernes de una novísima
ideología poscapitalista, como también lo fue el secuestro en un puerto de
Ghana, en África, de la fragata argentina Libertad, buque escuela en el que
efectuaban una práctica de navegación más de dos centenas de jóvenes marinos
latinoamericanos.
Mejor un corazón ardiente y la inteligencia al
día que una espalda tiritando de frío
Los casos aludidos
son acciones y expresiones contemporáneas que repiten viejos hechos de los
imperios o de sus lacayos: el obligado viaje y la muerte en ultramar de Mariano
Moreno en 1811 (cuando apenas contaba treinta y pico de años); el privilegio de
los intereses comerciales porteños frente a la unión de los pueblos del ex
virreinato platense; el asalto y la ocupación de la islas Malvinas en
1833; el genocidio de los pueblos originarios entre ese año y 1884, medio siglo
desde Rosas hasta Roca pasando por Alberdi y Sarmiento; y en el ínterin la muerte
de un entristecido José Artigas y la feroz guerra contra Paraguay, el país que
lo había cobijado en el exilio. Ya en el siglo XX suceden los fusilamientos de
obreros rurales en la Patagonia, la Semana Trágica en Buenos Aires, y la expoliación
y muerte de los hacheros santafecinos por La Forestal y de los mensuales esclavizados
en los montes chaqueños y misioneros. A cien años del asalto a Malvinas y del
inicio del mayor genocidio de pueblos originarios de la América del Sur, en
Nicaragua, entre los Somoza y el Gobierno estadounidense asesinaban a Augusto
César Sandino, y veinte años después siendo entonces Dwigth Eisenhower y John
Foster Dulles las cabezas mandantes en aquel Gobierno la Central Intelligence
Agency (CIA) ordena deponer a Jacobo Árbenz en Guatemala,
como luego a Salvador Allende en Chile.
Variaciones de la
misma trama acabaron con los gobiernos, entre otros, de Juan Perón, de João
Goulart o de Arturo Íllia, y con la dirección criminal de Richard Nixon, Gerald
Ford y Henry Kissinger se puso en
funcionamiento en las décadas de 1970 y 1980 el Plan Cóndor de coordinación de dictaduras en América del Sur
(se investiga ahora en su país la sospecha de que el brasileño Goulart fue en
Buenos Aires asesinado en ese marco). Claro que Francia, con su “experiencia”
en Argelia, no fue esquiva en facilitar “tecnologías” de tortura.
Cuando hace unos
días a Evo Morales lo mantuvieron cautivo en Austria no todos los líderes
populares de nuestra América reaccionaron pronta y adecuadamente. Entre los que
lo hicieron y los que no, ahora habrá también distintas reacciones ante el
“castigo” presidencial boliviano a EE. UU.: invitar a Snowden a instalarse en
este país del altiplano suramericano (si el habitante en tránsito de
Sheremétievo, en Moscú, no recala antes en Managua o Caracas). Quienes se
interesan por la política mundial contemporánea ya saben quienes son los que
procuran evitar las “crisis” diplomáticas con los gobiernos imperiales y para
imperiales.
Sin ninguna duda que
las estrategias y medidas de seguridad estadounidenses y europeas tan bien
expuestas últimamente acrecientan exponencialmente nuestras inseguridades.
Dónde enfocar las camaritas de video
En 1975 apareció en
Europa, en Francia, el libro Vigilar y
castigar, una investigación del historiador, psicólogo y filósofo Michel
Foucault –quien entonces contaba cuarenta y nueve años de edad–, en la que
expone una fuerte crítica al modelo de sociedad “utilitarista” que pregonó en
el siglo XIX el inglés Jeremy Bentham. El británico, por encargo de su majestad Jorge III, diseñó una cárcel
cuya arquitectura y recursos tecnológicos posibilitaba que un único observador
que no era visto vigilara a todos los reclusos (el Panopticon). “Bastaría una
mirada que vigile, y cada uno, sintiéndola pesar sobre sí, terminaría por
interiorizarla hasta el punto de vigilarse a sí mismo”, dice Wikipedia cuando
se refiere a Bentham. Tal diseño en su momento no se materializó porque suscitó
discusiones, pero posteriormente y hasta ahora el concepto se fue aplicando
también en establecimientos educativos, fábricas, aeropuertos, ciudades y no
debe faltar mucho para que unidades microscópicas transmisoras de imágenes se
ofrezcan instalar desde el nacimiento en las zonas genitales de los hijos de
nuestros nietos (“será mejor prevenir que sufrir la imposibilidad moral de un
aborto”, podrían afirmar algunos de quienes sumaron poco menos de nueve por
ciento de participación en la reciente consulta uruguaya para habilitar un
referendo que anulara la vigente despenalización).
Vigilar y castigar, de Foucault, fue leído y comentado millones
de veces en las universidades de nuestros países latinoamericanos. Entre la
aparición en 1976 de la primera edición en castellano (México, Siglo XXI) y la
penúltima década, lapso de treinta y cuatro años, se formaron los intelectuales
y políticos que ejercen en los Gobiernos progresistas de la región.
Por caso, Florencio
Randazzo, actual ministro de Interior y Transporte, quien nació en 1964,
durante ese periodo referido obtuvo un grado y dos posgrados universitarios.
Sus auxiliares, algunos aún más jóvenes que él mismo, como Alejandro Ramos –titular
de la Secretaría de Transporte–, nació precisamente en el mismo año en que
Foucault daba a conocer el libro de marras y, también, claro está, cursó
estudios universitarios. Ellos dos y muchos más habrán leído o comentado este
trabajo del autor francés. Ahora pareciera que en pos de un reciclaje de la
felicidad “utilitarista” de (Jeremy) Bentham & (John) Mill ellos mismos
propenden a la multiplicación de la vigilancia. Es muy probable que tanto Randazzo
como Ramos, ambos descendientes de padres y hasta abuelos genuinamente
peronistas, lo hagan persuadidos por una sentencia de Juan Perón: “Los hombres
son buenos, pero si se los vigila son mejores”.
Perón hizo aquella
afirmación a mediados del siglo XX, en plena vigencia de su identidad militar,
claro está que después de Bentham y de Mill y bastante antes del análisis que
sobre las teorías derivadas de aquellos británicos hiciera el francés Foucault.
El ministro y el secretario de Transporte, ahora, deberían estar más
actualizados sobre esos postulados y las críticas que han suscitado.
La misma canción en algunos gubernamentales y
en antigubernamentales
En su edición del
pasado día 7 de julio, el diario Perfil,
de Buenos Aires, que no es “oficialista”, aborda la cuestión de una huelga
dispuesta por el histórico gremio de los conductores de convoyes ferroviarios,
La Fraternidad: uno de los dos motivos argumentados por ese sindicato fue la
instalación de cámaras de vídeo en las cabinas de conducción que registrarán y
transmitirán ipso facto imágenes de
estos trabajadores mientras desempeñan su cometido. Aclaremos que por la
suspensión del servicio de trenes suburbanos o “de cercanía”, como se los llama
en algunos países, hubo protestas de los frustrados viajeros y algunas
manifestaciones de vandalismo. En Perfil
se escribió:
La
protesta que impulsó La Fraternidad, gremio que conduce Omar Maturano, tiene
dos lecturas. La del “relato”, que excusó los disturbios en un atraso del pago
del medio aguinaldo; y la real, vinculada a la pérdida de poder del gremio.
Con
esta última se vincula la instalación de las cámaras de seguridad dentro de las
cabinas, algo que irrita a la cúpula de La Fraternidad. El Gobierno
las instaló en tiempo récord en once de 17 formaciones. Grabarán cada
movimiento del maquinista y en los próximos días se terminarán las demás. Por
ahora no transmiten, pero el objetivo final es que estén conectadas a un
sistema de monitoreo en vivo: un “gran hermano” de maquinistas. Lógico para la
tremenda responsabilidad de conducir –literalmente– la vida de casi mil
personas que viajan en un tren del Sarmiento en hora pico.2
El redactor,
probablemente con “licencia” de comunicador social, no solamente es tendencioso
sino también superficial, es decir poco formado éticamente y en técnicas de
observación, análisis y expresión. Destaca un “relato” que “excusó los
disturbios” y que oculta la que para él es la lectura “real”: “la pérdida de
poder del gremio”. Cómo más adelante lo señala en el artículo, supone como
pérdida de poder cierta voluntad que habría en el Gobierno de relevar la
tradición ciertamente hereditaria del oficio (más que centenaria esa tradición)
por el concurso de universitarios capacitados ex profeso.
Pero el hecho
concreto que mal redacta el empleado de Perfil (si se escriben cantidades, una
e inmediatamente otra, las dos van en cifras, o, si se quiere, las dos en
palabras, pero nunca una sí y la otra no) es que la voluntad del Ministerio de
Interior y Transporte es instalar cámaras de vídeo en todas las formaciones
ferroviarias existentes. ¿Y si ponemos cámaras que permitan la visualización
permanente del ministro Randazzo a través de un canal de televisión abierta,
para observarlo y escucharlo en su despacho, en las dependencias auxiliares de
éste e incluso en todas las habitaciones de su domicilio particular incluyendo
las sanitarias y mientras se desplaza en vehículos, de lunes a lunes, desde
cada 1º de enero hasta cada 31 de diciembre?
Más que plantar
camaritas espías, gps cibernéticos,
botones (hombre vivo, un disparate…) de acción repetitiva y probable fatiga en
la vigilia, lo que hay que hacer es actualizar eficazmente la formación
profesional de todos los trabajadores ferroviarios, pagar sueldos dignos y
suficientes para que mantengan sus hogares con sólo una jornada laboral
sencilla, lograr el óptimo funcionamiento de los convoyes, vías y señales, y
jerarquizar el valor de los propios trabajadores para hacer recomendaciones y
asesoramientos técnicos.
En Uruguay, por
estos días, la cuestión de poner al ferrocarril nuevamente en movimiento luego
de los estropicios gubernamentales décadas pasadas de Sanguinetti, Lacalle y
Batlle también genera roces entre la tradición obrera y sindical y los técnicos
económicos gubernamentales e incluso con tecnócratas académicos o
transnacionales. El Gobierno del Frente Amplio se dispone a fundar una sociedad
anónima de propiedad estatal para la operación del transporte ferroviario, y a
remodelar toda la plantilla laboral. Sería bueno que pare, mire y escuche y en
permanente relación con los “viejos” ferroviarios no se despoje de los análisis
científicos y políticos apropiados.
De un lado y del otro del gran estuario es
ahora. Después será más costoso
En Argentina ya se
ha desatado el festival electoral. La parafernalia publicitaria de la
“oposición” es entre torpe y ladina, su discurso no es discurso sino slogan y las alianzas de ocasión lindan
con la
ridiculez. Lamentablemente en las franjas populares todavía hay
más dependencia del clientelismo (no solamente del Gobierno) que reflexión y
lucha por derechos. El individualismo campea. Habrá que “empoderar” nuevamente
a quienes ahora ejercen el poder político central con la condición ineludible
de facilitar la generación de “poder popular” (y escuchar, sin filtros ni
toscanos en la oreja). Los tiempos en el mundo que se viene serán difíciles y
para conducirnos en ellos habrá que sofrenar los escalofríos de espalda.
Notas:
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