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miércoles, 10 de julio de 2013

La seguridad de la inseguridad (frío en la espalda)



De algo se puede estar seguro, el mundo “vigilado” y “castigado” se ha tornado sumamente inseguro. La información ventilada por Edward Snowden suma nada más que unos pocos puntos más al ranking asesino de los “drones” estadounidenses, las perversas estrategias del mismo origen que facilitaron famosos derrumbes en Nueva York como justificativos de las invasiones guerreras en medio oriente poco después, y a la actitud brillantemente canallesca de los gobernantes de España, Francia, Italia y Portugal en favor de quien los ha amancebado. Dijo en una nota de opinión Atilio Borón: «actúan como la puta de Babilonia, que según narra la Biblia en el Apocalipsis (2.17) “con ella fornicaron los reyes de la tierra –léase los “capos” de Washington– y los habitantes de la tierra se embriagaron con el vino de su prostitución”»1.

El caso de la reciente provocación a Evo Morales y a los pueblos de América Latina, y que no estuvo lejos de una premeditación homicida por parte de gobernantes y tecnócratas bajo sus férulas, fue una maniobra más de las operaciones terroristas dirigidas a derrumbar la construcción en ciernes de una novísima ideología poscapitalista, como también lo fue el secuestro en un puerto de Ghana, en África, de la fragata argentina Libertad, buque escuela en el que efectuaban una práctica de navegación más de dos centenas de jóvenes marinos latinoamericanos.

Mejor un corazón ardiente y la inteligencia al día que una espalda tiritando de frío

Los casos aludidos son acciones y expresiones contemporáneas que repiten viejos hechos de los imperios o de sus lacayos: el obligado viaje y la muerte en ultramar de Mariano Moreno en 1811 (cuando apenas contaba treinta y pico de años); el privilegio de los intereses comerciales porteños frente a la unión de los pueblos del ex virreinato platense; el asalto y la ocupación de la islas Malvinas en 1833; el genocidio de los pueblos originarios entre ese año y 1884, medio siglo desde Rosas hasta Roca pasando por Alberdi y Sarmiento; y en el ínterin la muerte de un entristecido José Artigas y la feroz guerra contra Paraguay, el país que lo había cobijado en el exilio. Ya en el siglo XX suceden los fusilamientos de obreros rurales en la Patagonia, la Semana Trágica en Buenos Aires, y la expoliación y muerte de los hacheros santafecinos por La Forestal y de los mensuales esclavizados en los montes chaqueños y misioneros. A cien años del asalto a Malvinas y del inicio del mayor genocidio de pueblos originarios de la América del Sur, en Nicaragua, entre los Somoza y el Gobierno estadounidense asesinaban a Augusto César Sandino, y veinte años después siendo entonces Dwigth Eisenhower y John Foster Dulles las cabezas mandantes en aquel Gobierno la Central Intelligence Agency (CIA) ordena deponer a Jacobo Árbenz en Guatemala, como luego a Salvador Allende en Chile.

Variaciones de la misma trama acabaron con los gobiernos, entre otros, de Juan Perón, de João Goulart o de Arturo Íllia, y con la dirección criminal de Richard Nixon, Gerald Ford y Henry Kissinger se puso en funcionamiento en las décadas de 1970 y 1980 el Plan Cóndor de coordinación de dictaduras en América del Sur (se investiga ahora en su país la sospecha de que el brasileño Goulart fue en Buenos Aires asesinado en ese marco). Claro que Francia, con su “experiencia” en Argelia, no fue esquiva en facilitar “tecnologías” de tortura.


Cuando hace unos días a Evo Morales lo mantuvieron cautivo en Austria no todos los líderes populares de nuestra América reaccionaron pronta y adecuadamente. Entre los que lo hicieron y los que no, ahora habrá también distintas reacciones ante el “castigo” presidencial boliviano a EE. UU.: invitar a Snowden a instalarse en este país del altiplano suramericano (si el habitante en tránsito de Sheremétievo, en Moscú, no recala antes en Managua o Caracas). Quienes se interesan por la política mundial contemporánea ya saben quienes son los que procuran evitar las “crisis” diplomáticas con los gobiernos imperiales y para imperiales.

Sin ninguna duda que las estrategias y medidas de seguridad estadounidenses y europeas tan bien expuestas últimamente acrecientan exponencialmente nuestras inseguridades.

Dónde enfocar las camaritas de video

En 1975 apareció en Europa, en Francia, el libro Vigilar y castigar, una investigación del historiador, psicólogo y filósofo Michel Foucault –quien entonces contaba cuarenta y nueve años de edad–, en la que expone una fuerte crítica al modelo de sociedad “utilitarista” que pregonó en el siglo XIX el inglés Jeremy Bentham. El británico, por encargo de su majestad Jorge III, diseñó una cárcel cuya arquitectura y recursos tecnológicos posibilitaba que un único observador que no era visto vigilara a todos los reclusos (el Panopticon). “Bastaría una mirada que vigile, y cada uno, sintiéndola pesar sobre sí, terminaría por interiorizarla hasta el punto de vigilarse a sí mismo”, dice Wikipedia cuando se refiere a Bentham. Tal diseño en su momento no se materializó porque suscitó discusiones, pero posteriormente y hasta ahora el concepto se fue aplicando también en establecimientos educativos, fábricas, aeropuertos, ciudades y no debe faltar mucho para que unidades microscópicas transmisoras de imágenes se ofrezcan instalar desde el nacimiento en las zonas genitales de los hijos de nuestros nietos (“será mejor prevenir que sufrir la imposibilidad moral de un aborto”, podrían afirmar algunos de quienes sumaron poco menos de nueve por ciento de participación en la reciente consulta uruguaya para habilitar un referendo que anulara la vigente despenalización).

Vigilar y castigar, de Foucault, fue leído y comentado millones de veces en las universidades de nuestros países latinoamericanos. Entre la aparición en 1976 de la primera edición en castellano (México, Siglo XXI) y la penúltima década, lapso de treinta y cuatro años, se formaron los intelectuales y políticos que ejercen en los Gobiernos progresistas de la región.

Por caso, Florencio Randazzo, actual ministro de Interior y Transporte, quien nació en 1964, durante ese periodo referido obtuvo un grado y dos posgrados universitarios. Sus auxiliares, algunos aún más jóvenes que él mismo, como Alejandro Ramos –titular de la Secretaría de Transporte–, nació precisamente en el mismo año en que Foucault daba a conocer el libro de marras y, también, claro está, cursó estudios universitarios. Ellos dos y muchos más habrán leído o comentado este trabajo del autor francés. Ahora pareciera que en pos de un reciclaje de la felicidad “utilitarista” de (Jeremy) Bentham & (John) Mill ellos mismos propenden a la multiplicación de la vigilancia. Es muy probable que tanto Randazzo como Ramos, ambos descendientes de padres y hasta abuelos genuinamente peronistas, lo hagan persuadidos por una sentencia de Juan Perón: “Los hombres son buenos, pero si se los vigila son mejores”.

Perón hizo aquella afirmación a mediados del siglo XX, en plena vigencia de su identidad militar, claro está que después de Bentham y de Mill y bastante antes del análisis que sobre las teorías derivadas de aquellos británicos hiciera el francés Foucault. El ministro y el secretario de Transporte, ahora, deberían estar más actualizados sobre esos postulados y las críticas que han suscitado.

La misma canción en algunos gubernamentales y en antigubernamentales

En su edición del pasado día 7 de julio, el diario Perfil, de Buenos Aires, que no es “oficialista”, aborda la cuestión de una huelga dispuesta por el histórico gremio de los conductores de convoyes ferroviarios, La Fraternidad: uno de los dos motivos argumentados por ese sindicato fue la instalación de cámaras de vídeo en las cabinas de conducción que registrarán y transmitirán ipso facto imágenes de estos trabajadores mientras desempeñan su cometido. Aclaremos que por la suspensión del servicio de trenes suburbanos o “de cercanía”, como se los llama en algunos países, hubo protestas de los frustrados viajeros y algunas manifestaciones de vandalismo. En Perfil se escribió:

La protesta que impulsó La Fraternidad, gremio que conduce Omar Maturano, tiene dos lecturas. La del “relato”, que excusó los disturbios en un atraso del pago del medio aguinaldo; y la real, vinculada a la pérdida de poder del gremio.
Con esta última se vincula la instalación de las cámaras de seguridad dentro de las cabinas, algo que irrita a la cúpula de La Fraternidad. El Gobierno las instaló en tiempo récord en once de 17 formaciones. Grabarán cada movimiento del maquinista y en los próximos días se terminarán las demás. Por ahora no transmiten, pero el objetivo final es que estén conectadas a un sistema de monitoreo en vivo: un “gran hermano” de maquinistas. Lógico para la tremenda responsabilidad de conducir –literalmente– la vida de casi mil personas que viajan en un tren del Sarmiento en hora pico.2

El redactor, probablemente con “licencia” de comunicador social, no solamente es tendencioso sino también superficial, es decir poco formado éticamente y en técnicas de observación, análisis y expresión. Destaca un “relato” que “excusó los disturbios” y que oculta la que para él es la lectura “real”: “la pérdida de poder del gremio”. Cómo más adelante lo señala en el artículo, supone como pérdida de poder cierta voluntad que habría en el Gobierno de relevar la tradición ciertamente hereditaria del oficio (más que centenaria esa tradición) por el concurso de universitarios capacitados ex profeso.

Pero el hecho concreto que mal redacta el empleado de Perfil (si se escriben cantidades, una e inmediatamente otra, las dos van en cifras, o, si se quiere, las dos en palabras, pero nunca una sí y la otra no) es que la voluntad del Ministerio de Interior y Transporte es instalar cámaras de vídeo en todas las formaciones ferroviarias existentes. ¿Y si ponemos cámaras que permitan la visualización permanente del ministro Randazzo a través de un canal de televisión abierta, para observarlo y escucharlo en su despacho, en las dependencias auxiliares de éste e incluso en todas las habitaciones de su domicilio particular incluyendo las sanitarias y mientras se desplaza en vehículos, de lunes a lunes, desde cada 1º de enero hasta cada 31 de diciembre?

Más que plantar camaritas espías, gps cibernéticos, botones (hombre vivo, un disparate…) de acción repetitiva y probable fatiga en la vigilia, lo que hay que hacer es actualizar eficazmente la formación profesional de todos los trabajadores ferroviarios, pagar sueldos dignos y suficientes para que mantengan sus hogares con sólo una jornada laboral sencilla, lograr el óptimo funcionamiento de los convoyes, vías y señales, y jerarquizar el valor de los propios trabajadores para hacer recomendaciones y asesoramientos técnicos.

En Uruguay, por estos días, la cuestión de poner al ferrocarril nuevamente en movimiento luego de los estropicios gubernamentales décadas pasadas de Sanguinetti, Lacalle y Batlle también genera roces entre la tradición obrera y sindical y los técnicos económicos gubernamentales e incluso con tecnócratas académicos o transnacionales. El Gobierno del Frente Amplio se dispone a fundar una sociedad anónima de propiedad estatal para la operación del transporte ferroviario, y a remodelar toda la plantilla laboral. Sería bueno que pare, mire y escuche y en permanente relación con los “viejos” ferroviarios no se despoje de los análisis científicos y políticos apropiados.

De un lado y del otro del gran estuario es ahora. Después será más costoso

En Argentina ya se ha desatado el festival electoral. La parafernalia publicitaria de la “oposición” es entre torpe y ladina, su discurso no es discurso sino slogan y las alianzas de ocasión lindan con la ridiculez. Lamentablemente en las franjas populares todavía hay más dependencia del clientelismo (no solamente del Gobierno) que reflexión y lucha por derechos. El individualismo campea. Habrá que “empoderar” nuevamente a quienes ahora ejercen el poder político central con la condición ineludible de facilitar la generación de “poder popular” (y escuchar, sin filtros ni toscanos en la oreja). Los tiempos en el mundo que se viene serán difíciles y para conducirnos en ellos habrá que sofrenar los escalofríos de espalda.




Notas: