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viernes, 1 de junio de 2018

Misericordia y pobreza cero…





















Madre, yo al oro me humillo,
Él es mi amante y mi amado,
Pues de puro enamorado
De contino anda amarillo.
Que pues doblón o sencillo
Hace todo cuanto quiero,
Poderoso Caballero
Es don Dinero.



Nace en las Indias honrado,
Donde el Mundo le acompaña;
Viene a morir en España,
Y es en Génova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
Es hermoso, aunque sea fiero,
Poderoso Caballero
Es don Dinero.



Macri, el virrey desnudo del Río de la Plata, tiene una única religión a la que venera: la del poderoso caballero al que con ironía ma non troppo aunque precisión cantó Francisco de Quevedo circa de 1600. Ahora, en 2018, dos de los gobernadores destacados del gerente imperial y miembros de su círculo íntimo son probados misericordiosos: una parloteó en el Hotel Sheraton frente a los que como ella, miembros del Rotary Club, comulgan en el  mismo pensamiento, dijo con claridad ella, afirmando con notable dulzura que los estudios de grado universitario no son para pobres; el otro, interesado ahora en que esos pobres no invadan su feudo con nombre posmoderno de pozo mal escrito (CABA), quiere quemar los cartones que proliferan desembarcados de los contenedores que llegan desde Asia para que no haya cartoneros sudorosos y arrastrando improvisadas carretas recogiéndolos para el reciclaje.



Macri lo viene repitiendo desde que su apuntador ecuatoriano lo susurra desde el borde del escenario: habrá pobreza cero, no habrá pobres… Desnudos, virrey, apuntador y la corte, caerán irremediablemente desprendidos de esas espaldas como garrapatas caen del pelamen del animal escuálido y ya abandonado de sangre. Me dijo a los quince años una muchachita de igual edad que así lo afirmaba el poeta y revolucionario ruso Máximo Gorki: Los ricos harían cualquier cosa por los pobres, menos bajarse de sus espaldas.



Están tan desnudos estos imbéciles herederos de aquel caballero que se apropió de oros y platas de nuestra Abya Yala que no entienden nada ni quieren, claro que no, entenderlo. Así, se caerán como garrapatas y serán pisados y quemados por el devenir de los pueblos.



El fracaso continuo del cristianismo



Jesús, dice la historia bíblica, era un judío que quería expulsar a los mercaderes del templo. Roma, por entonces imperio floreciente que necesitaba un mesías y una religión nuevos no dudó en promover con aquellos mismos mercaderes la captura y crucifixión del rebelde, dar inicio a una nueva cuenta del tiempo con treinta y tres años de antelación, y así estamos. 



Los mercaderes no han sido expulsados, sino que cada vez son más poderosos y anónimos mientras sus gestores pululan, como hoy día lo hacen estúpidos entrepreneurism acarreando escaleras en los techos de sus pequeños vehículos monovolumen más pinzas, tenazas y martillos en sus mochilas disputándose instalaciones y reparaciones de lo que fuere.



A inicios de la década final del siglo XX viajaba yo de San Miguel a Pilar en un ómnibus algo destartalado de la línea 57, yendo a poner en el aire un noticiero local en una radio de esa ciudad todavía rural y avícola y no country como ahora, cuando un pasajero probablemente supermenemista (el sultán riojano de las patillas era el gerente general, con Domingo Cavallo de ordenador, de las privatizaciones de entonces que devinieron en la crisis del 2001) trató con suma grosería al conductor del transporte aduciendo que no había atendido su pedido de descender. Un trabajador, el chófer, que cansado de tantos atropellos detuvo el vehículo para que el agresor desapareciera de su vista. Íbamos parados en un pasillo demasiado angosto dos religiosas con sus hábitos grises y yo, entre una veintena más de apretujados viajeros. ¿No les parece hermanas que en dos mil años todavía el cristianismo no pudo remediar estas cosas?, pregunté. Las mujeres siguieron impertérritas sin quitar sus miradas puestas lejos a través de las ventanas.



Si la licenciada en Ciencias Políticas con orientación en Relaciones Internacionales, de cuarenta y cuatro años, egresada de la Pontificia Universidad Católica Argentina Santa María de Buenos Aires, y con domicilio, ella con sus hijos, en una base aérea militar sita en el Partido de Morón, en el oeste del conurbano metropolitano argentino, desde donde todos los días viaja ida y vuelta unos setenta kilómetros en helicóptero costeado por recursos públicos hasta la capital de la Provincia de Buenos Aires para ejercer allí la representación virreinal delegada, que cursó las escuela primaria y secundaria en el barrio porteño de Flores en institutos tan privados y confesionales como el universitario referido, cree, como afirmó, de consuno con su audiencia rotariana en el Hotel Sheraton que no es ni debe ser propio de los pobres pretender estudios superiores en alguna de la larga decena de universidades nacionales públicas y gratuitas que fueron creadas en las últimas tres décadas… Entonces, sí, el cristianismo fracasó una vez más en la expulsión de los mercaderes del templo.



María Eugenia Vidal, hija de Norma Susana Cascallares y de José Luis Vidal (¡háganse cargo!), se preguntó frente a los empresarios reunidos por el Rotary Club de Buenos Aires si era justo, aludiendo al gobierno precedente del actual imperial, «haber llenado la provincia de universidades públicas cuando todos sabemos los que estamos acá que nadie que nace en la pobreza llega a la universidad». Una de estas universidades suburbanas es muy cercana a mí porque fui viviendo el proceso de su creación y mantuve muy cordiales relaciones con sus rectores y docentes organizadores, la de General Sarmiento (UNGS), con campus en Los Polvorines, en el mismo municipio en el que resido. Me consta que su población estudiantil y de graduados desde la década de 1990 es predominantemente originaria de modestos hogares de trabajadores, y primera generación universitaria de esas familias.



Sé que es doloroso para el imaginario de la religiosidad popular plantear el fracaso del cristianismo, pero no hay otro camino que exponerlo para resolver la iniquidad conceptual impuesta en las mayorías, para entender que se puede ser honestamente cristiano sólo si no se es mercader de nada, incluso de religiosidades brutales, y sólo, también, si se comprende que el capitalismo ha llegado a su irremediable descomposición y que vivimos, ahora, tal gusanos, en el interior del cadáver del mismo, como sostiene Franco Berardi, profesor de la Universidad de Bolonia, en Italia. 



Colofón necesario



El médico cardiólogo René Favaloro, quien el 29 de julio de 2000 se suicidó de un disparo en el corazón porque la administración de PAMI no pagaba a la fundación que lleva su nombre una deuda millonaria si de ella no se retenía un sustancial retorno para la conducción política de la obra social para jubilados y pensionados, había nacido en el hogar de una familia de trabajadores pobres. Su padre era carpintero y su madre modista.



Estudió en escuelas públicas y en la Universidad Nacional de La Plata, donde se recibió de médico. Sus aportes a la ciencia fueron de reconocimiento internacional. Tenía 77 años cuando agobiado decidió su muerte. Gobernaba el país Fernando De la Rúa, y al frente del Instituto Nacional de Seguridad Social para Jubilados y Pensionados (PAMI) estaban entonces Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal.



En: http://www.telam.com.ar/notas/201507/114430-favaloro-15-anos-de-su-suicidio.html