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jueves, 29 de septiembre de 2016

“En la hora de los CEO leamos a Lenin”, por Rogelio Roldán*



Virreinato: ¡Ansina es!… 1

Queridos compañeros de la Dirección de Nuestra Propuesta, queridos compañeros del Partido Comunista y su dirección nacional, con mención de Salvador Caputo y Víctor Kot:

Hoy he leído la última NP ("nuestra palabra"), y con sincero beneplácito me he encontrado que –aunque sin citarme, como en rigor hubiera correspondido (no es ésta más que una humorada)– en la contratapa "En la hora de los CEO, leamos a Lenin" se expresan similares sino iguales caracterizaciones que ya en diciembre de 2015 planteamos en el blog ¡Ansina es!...: en nuestra América del Sur se reinstauran virreinatos, ha caído la institucionalidad democrática burguesa.

Pasó casi un año, lo que para la historia es nada pero es mucho para la estrategia y la táctica políticas. Pero es así,  son dilaciones concretas, materiales, objetivas y subjetivas, hay que entenderlo y aceptarlo. Un ruso profesor de Filosofía en Moscú por 1989, Kusnetzof creo era su apellido, hablaba de la importancia de la intuición, ese conocimiento inmediato imprescindible como base del análisis y la reflexión... A propósito debo decir, y es importante, que sin la colectivización de los análisis y las construcciones políticas estratégicas éstas no existen, son meras hipótesis. Lo que he pretendido en cada conversación, en cada gesto siquiera y en los últimos años a través del blog, ha sido eso, imbricar ideas en la reflexión colectiva.

Parafraseando a "Polaco" Goyeneche cuando citaba a Troilo debo una vez más decir que nunca dejé de considerar al Partido Comunista como mi "partido": "nunca me fui, siempre estoy volviendo", y tras tantos avatares que nos han interceptado esta coincidencia de ahora con el texto de NP, apuntada al principio, me hace sentir muy bien. Seguimos juntos.

Abrazos a todas y todos, ¡vivan los pueblos!
G.E.

(El presente texto que anteponemos al artículo de Rogelio Roldán que reproducimos de manera íntegra fue enviado hoy mismo como correo electrónico a la Dirección del periódico Nuestra Propuesta. La ilustración que sigue es la portada del último número del periódico.)
 





En 1916, en su libro El imperialismo, fase superior y última del capitalismo, Lenin analizó el surgimiento del capital financiero como nueva forma de dominación. Dice:

Si fuera necesario dar la más breve definición posible del imperialismo, deberíamos decir que el imperialismo es la etapa monopolista del capitalismo. Esa definición incluiría lo más importante, pues, por una parte, el capital financiero es el capital bancario de unos pocos grandes bancos monopolistas fusionado con el capital de las asociaciones monopolistas de industriales y, por otra parte, el reparto del mundo es la transición de una política colonial, que se extendió sin obstáculos a los territorios de los que no se había apoderado ninguna potencia capitalista, a una política colonial de dominación monopolista del mundo, ya enteramente repartido.2

Es decir, quedó en desuso la invasión militar como forma principal de repartirse el mundo, reemplazada por la radicación de capital financiero y el dominio total de las economías nacionales en los países independientes desde el punto de vista político formal, pero con subordinación económica estructural a las metrópolis. Puso como ejemplo de esto a la Argentina. Tan es así que en mayo de 1933, en la dictadura de Agustín P. Justo su vicepresidente, Julio Roca, hijo del genocida a quien admira el ministro de privatización educativa Esteban Bullrich, firma el pacto Roca-Runciman, una muestra obscena de la entrega, y declaró que “Argentina es la joya más preciada de la corona británica”. Dicho tratado fue denunciado en su momento por nuestro camarada Rodolfo Ghioldi.

Con esta nueva forma de dominio coexistía el antiguo sistema colonial de gobierno directo de las metrópolis sobre las colonias de Asia y África. Luego de la derrota del nazi-fascismo en la Segunda Guerra Mundial, nuestro país continúa su condición dependiente, pero ahora bajo la égida del capital trasnacional, predominantemente de Wall Street. A la par se desencadena la lucha de las antiguas colonias por su independencia formal, la que en su mayoría se logra con el derrumbe del sistema colonial. No obstante ello, las metrópolis conservan un alto nivel de imposición, incluso de decisiones políticas, a los gobiernos “libres”, como es la Commonwealth británica. En esa realidad se acuñó el concepto “neocolonialismo”, que es el sistema político basado en el dominio indirecto por parte de las grandes potencias sobre las naciones subdesarrolladas, ejercido desde la geopolítica, la economía y la supremacía militar.

Argentina, en el período dictatorial inaugurado en 1930 por la “década infame” de Justo hasta el terrorismo de Estado de la dictadura cívico-militar de Videla & Co., y durante los gobiernos burgueses débiles como los de Frondizi e Illia, y los de cipayos como Menem y De la Rúa mantuvieron dicha situación subordinada. Los gobiernos de modelo nacional y popular, si bien tuvieron una política exterior independiente y un esfuerzo por incluir a los sectores populares desde el punto de vista del consumo, pero sin intentar superar al llamado “capitalismo sano, serio, o nacional”, no cambiaron la dependencia estructural al capital financiero trasnacional, el cual se encuentra en fase de crisis civilizatoria, en fase de decadencia.

Un país ocupado

Por décadas las caracterizaciones de clase de la izquierda y el análisis económico-político de otros sectores del campo popular, consideramos a Argentina como país dependiente de las trasnacionales, lo que era cierto. Pero, al presente, ante la ofensiva destructora de la banda de CEO de la alianza Cambiemos, hace falta precisar nuestra realidad. Sus políticas de ajuste en todos los renglones iniciaron la degradación de la democracia, que ya era tutelada. Por otra parte, se empeñan en un fuerte intento de instalar un sentido común individualista, meritocrático y con un grado de violencia horizontal racista y excluyente, aún larvada pero de extrema gravedad.

Por ello verificamos que el país se encuentra, de hecho, ocupado económica, cultural y militarmente. Las concesiones de todo tipo a los monopolios trasnacionales y sus socios nativos, como es el caso de la banca usuraria y el de los enclaves extractivos, de economía de factoría para exportar materia prima sin valor agregado, que impera en las provincias mineras y en las del negociado agro-tóxico sojero; la manipulación mediática y de las redes sociales, más el objetivo de privatizar la educación pública; la frondosa política represiva –articulada con agencias y servicios de los países belicistas– junto a los acuerdos secretos para emplazar bases militares imperiales en lugares estratégicos del país y con proyección al dominio continental –Tierra del Fuego, Triple Frontera y Plan Belgrano–, más los acuerdos propios de dictadura bananera para la entrega de soberanía en Malvinas y el Atlántico Sur que firma la señora de doble nacionalidad, residencia en el exterior y matrimonio con un agente del servicio secreto británico, la canciller Malchorra (sic), son pruebas palmarias de que dejamos de ser país formalmente independiente para caer a la categoría de neocolonial.

Los papelones internacionales del delegado de Wall Street que ocupa La Rosada, junto a mostrar su pobreza cultural, intelectual y moral, además de su irresponsabilidad política, confirman que el país fue degradado a condiciones peores que las “relaciones carnales”, ya al formato del antiguo virreinato. Por si faltaran elementos de prueba, baste con observar la profusa actividad pública del presidente real de nuestra dañada nación, el embajador Noah Mamet, quien concentra en su embajada una gran actividad política, no de consulta, sino de directivas a sus asiduos concurrentes, desde las grandes patronales, los buchones del partido judicial, los políticos y legisladores al mejor postor hasta los agentes patronales de la burocracia sindical.

De ahí concluyo que el arco de perjudicados se amplía, a la vez que la decisión política y el proyecto liberador deben ser más profundos y definidos que siempre. Retomando la visión de poder popular de Lenin, creo muy actual su propuesta de “Todo el poder al pueblo”, único camino para la revolución socialista de liberación nacional.


Notas:
* Rogelio Roldán es vicedirector de Nuestra Propuesta, semanario del Partido Comunista de la Argentina, el artículo fue publicado originalmente en ese medio: http://nuestrapropuesta.com.ar/ y precisamente en su versión PDF: http://nuestrapropuesta.com.ar/pdfs/ultimo.pdf
2 Vladimir I. Lenin, El imperialismo, fase superior del capitalismo, Prólogo.