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sábado, 14 de julio de 2012

Ecológico


Zapatillas, championes o básquets, camperas, botas, pantalones, sacos y carteras de cuero ecológico. Parecería decirse que éste es un cuero o piel animal tratado con elementos no nocivos para el medio ambiente ni para los usuarios del calzado y las prendas y accesorios del vestido.

El vocabulario de índole comercial desarrollado por los publicistas de ese ramo, y también las jergas y jeringonzas más o menos secretas de presumidos científicos y politólogos impregnan, pegotean y confunden, es decir, hacen viscosos y lentos los recursos y productos del pensamiento.

En cierta oportunidad, hace casi medio siglo, un amigo circunstancial dejó en casa un frasquito con oro en polvo, según dijo que era. Muchos años después pensamos con nuestros hijos que ese frasco podía significar la solución de algunos aprietos económicos.

Grande fue nuestra decepción cuando sumergimos una pequeña cantidad del amarillísimo polvo en una también pequeña mezcla de una parte de ácido nítrico en tres partes de ácido clorhídrico, la consabida “agua regia”, y no hubo reacción alguna… Deducimos tras la experiencia que la sustancia del caso era solamente plástico molido, una suerte de purpurina, a la que dada la creída condición tenida de ella hasta ese momento preferimos, desde entonces, llamar “oro utópico”. Oro utópico que no sirve para atesorarlo sino para ser acicate de búsquedas y esperanzas, porque lo que importa no es que sea o no sea oro sino que se trate de una utopía que, como dice Eduardo Galeano, igual que todas las utopías radican en el horizonte sirviendo para caminar, persiguiéndolas…

No hay cuero ni oro ecológicos.
Como tampoco hay capitalismo de esa índole, ni serio, ni bueno, ni humanista.
Plástico, nada más que plástico tóxico.