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miércoles, 18 de julio de 2012

Beneficiar a las derechas a costa de “los más infelices”…


(La presente nota es también publicada simultáneamente por la agencia ALAI, América Latina en Movimiento.)

Danilo Astori, actual vicepresidente de Uruguay y ministro de Economía (2005-2008) con Tabaré Vázquez, y el propio Vázquez, dicen ahora que se equivocaron al apoyar la asociación de PLUNA con Leadgate (en 2007), y dice Astori, según el diario El País, de Montevideo, que le “«cuesta y mucho» asumir su culpa[1] y agregó que «si alguien afirma que asumir sus errores no le cuesta ningún esfuerzo, o miente o no tiene amor propio»2.

Caramba. Le cuesta asumir su responsabilidad. Pero, este “contador y economista”, ¿dónde estaba y qué observó cuando a finales de la presidencia de Luis Alberto Lacalle (Partido Nacional) e inicio de la de Julio María Sanguinetti (Partido Colorado), se asoció PLUNA a Varig (1995-2005, coincidentemente con la presidencia en Brasil de Henrique Cardoso, otrora el famoso sociólogo “padre” de la Teoría de la Dependencia muerta por filicidio) y la sociedad se fue a pique a costo de “los más infelices” de los pueblos brasileño y uruguayo? ¿Y Vázquez? ¿Y dónde estaban ambos y qué observaban cuando entre 1998 y 1999, fin del gobierno de Sanguinetti y comienzos del de Jorge Batlle en Uruguay (ambos colorados), y en Argentina fin del de Carlos Menem (¡Justicialista!) y principios del de De la Rúa (Unión Cívica Radical-FREPASO…), la “sociedad” Phoebus-Energy, basada en las Islas Vírgenes Británicas (!) enroscó la víbora (es un viejo decir que alude a los embaucadores de esquina que distraen con un ofidio inofensivo, generalmente una lampalagua) a ANCAP, la Administración Nacional de Cemento, Alcoholes y Petróleo, vendiéndole una “participación en negocios” en la fantasmal distribuidora de combustibles SOL Petróleo en la banda occidental del estuario (ocasionándole a la uruguaya una pérdida de trescientos millones de imperiales verdes).

Caramba Astori. Caramba Vázquez. Tanto grado catedrático chiquicientos y no se avivaron, mientras otra mucha gente e inclusive este sencillo técnico mecánico y corrector de libros (académicos, eso sí) siempre vio venir las estafas y en consecuencia se desgañitó todo lo que pudo para advertir a sus paisanos “más infelices” del engrupe3 y del afano4, para hablar en canyengue5 nomás. Así fue, por ejemplo, cuando la repartija de las empresas públicas argentinas a los capitalistas del mundo unidos: Aerolíneas, Obras Sanitarias, Yacimientos Petrolíferos Fiscales, Flota Mercante, Ferrocarriles, energía eléctrica, teléfonos, etc. etc.

Caramba. Tantos académicos entusiasmados con la entonces de moda nueva ciudadanía global, que de un lado y del otro del estuario nos pedían silencio porque eran ellos los que sabían de que manera las cosas nuestras irían mejor… (“que” sin tilde, no se lo preguntaban sino que lo afirmaban). Fue cuando se establecieron los fundamentos que ahora se dice han sido heridos del MERCOSUR (Astori dixit), Mercado Común del Sur inventado en su momento para que las multinacionales paseen y vendan sus mercancías por un lado y por el otro, no para que “los más infelices” se dieran la mano.

Quien escribe está enojado

Se equivoca Astori y se equivocan unos cuantos más. Hay personas cabales y responsables que no mienten, y que asumen sus errores sin ningún esfuerzo. Es más, quien escribe, solamente dos años menor que Astori y en perfecto estado de raciocinio (cursando el año 71 de su vida, mientras Astori el 73 y Vázquez también), se cuida de equivocarse porque tiene tanto amor propio como exactamente tiene amor a los prójimos (aun sin ser de confesión cristiana u otra, y que no le paguen por consulta), y también amor a lejanas mujeres y varones sencillos y trabajadores del mundo. Y si se equivoca, que le sucede, lo reconoce, pide disculpas y se esfuerza en procurar reparar el error y sus consecuencias. Por eso, este viejo, les dice a los viejos Astori y Vázquez que se retiren nomás a cualquier paraíso fiscal o ficticio pero bien lejano, que tenga algo más de futuro que el del actual país oriental (si no se da vuelta todo), y no vuelvan (a nuestra edad ya diez años por ahí nos sobran).

Del lado occidental del gran estuario Río de la Plata (sin menoscabo del lado oriental) una especialidad burocrática de siempre, no es que sea de ahora, es agregar modificaciones a las modificaciones que previamente modificaron modificaciones de normas (por ejemplo de manejo de cambio de moneda). Especialistas en ello son los tecnólogos de diferentes especialidades y grados que pueblan la administración del capitalismo. Se dice así para que quede claro: las empresas “privadas” y los Estados de los países capitalistas conjuntamente administran el capitalismo, modo de producción y atesoramiento de plusvalía. Y esos especialistas no pertenecen (obviamente) a la clase obrera ni (tampoco) a las burguesías sean éstas dominantes o subsidiarias6, pertenecen a las capas o clase media que a cambio de ciertas prebendas facilitan la explotación, nuevamente corresponde repetir, de “los más infelices”. Se dan vuelta los especialistas como panqueques cúbicos, que tienen seis y no sólo dos caras, aplauden y no dejan de aplaudir: con el sultán riojano Carlitos aplaudieron, aplaudieron a De la Rúa, a Duhalde, a Macri y ahora siguen aplaudiendo.

Vale aclarar que no toda la llamada clase media es especialista, autora o cómplice en intríngulis burocráticos. Pero casi toda esta clase está compuesta por personas que practican ese “inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás”, por lo que les cuesta asumir sus responsabilidades en los errores que cometen, como le pasa a Astori según reconoce él mismo, y probablemente también como le pueda suceder a la presidenta argentina, Cristina Fernández. Ella, Fernández, podría parecer que en parte asume sus errores y los rectifica: de tener atesorados tres millones de imperiales verdes váyase a saber dónde, ahora, al calor de la lucha contra la elusión cambiaria, los convirtió en pesos (13.539.000) puestos a reproducirse “especularmente”, eso sí, ahora en un banco oficial.

Estas personas (tan cómo decirte, viste, nada,) se reconocen en mil y una situaciones, al toque (touch), y para dar ejemplo veamos solamente uno: si se le pregunta a una fulana o mengano que conduce (de) su (propiedad) reluciente cero kilómetro pomposo pipí cucú para qué sirven las luces que lleva adelante con fulgurantes lámparas y reflectores, responde así: “para iluminarme”. Punto. Nunca responderá que sirven para hacer visible el camino, para expresarse con un lenguaje de señas ópticas con otras personas que van a pie o conducen otros vehículos, para que sea visto el que conduce y que como suelen encandilar a los que vienen de frente a ellos hay que ser responsables en su uso, disminuir su reflejo y también apagarlas cuando se está detenido porque para alertar de ello están las luces llamadas balizas, etc. etc. etc.

Las fulanas y menganos de clase media saben obedecer e hincarse ante los que los mandan y especialmente menospreciar a “los más infelices” (¡Qué infeliz el pobre Artigas!) todo eso, claro que sí, con calzones (aparentemente) limpios y vocabulario cortés (aunque no valiente), no les gusta pagar impuestos pero sí “ahorrar” en imperiales verdes, hacer triquiñuelas, alcahuetar siempre y otras gracias también.

Como “el ladrón cree que todos son de su condición” estos burócratas administradores del capitalismo creen que todos adoramos a la divisa imperial verde pero que no debemos tocarla (nene) porque está sucia y ellos saben muy bien a cuantas cosas huele, y así, andan instalando cámaras de vídeo y carteles de “no toquen las divisas” por todas partes mientras sus hijos en edad universitaria se embelezan con el Michel Foucault de Vigilar y castigar aunque luego practicarán la santa hipocresía de clase.

Quien escribe está muy enojado, sí

Y nosotros, los que en el extremo sur habitamos entre océanos, cordilleras y bravos ríos para darnos un abrazo o simplemente pasear un poco entre modestos vecinos (de Chile, Bolivia, Paraguay, Brasil, Uruguay o Argentina) tenemos que rendirnos ante los malabarismos de cambistas de esquina (que enroscan víboras “a precios de mercado” a favor de sus mandantes) porque a los burócratas administradores locales del capitalismo les parece que los pesos chilenos, bolivianos, guaraníes, reales, uruguayos o argentinos son exactamente iguales de apestosos que las “divisas imperiales verdes” que nosotros detestamos.

Y lo que más bronca da… es que “seis, siete y ocho [veces], probando” (como simpáticamente dijo días pasados un locutor municipal de José C. Paz, Provincia de Buenos Aires para distraer a cien pobres y sus parientes que esperaban les entregaran modestos títulos de propiedad de sus casitas), los prepotentes errores de gentes “tan gentes” que dan de comer pasto a las bestias (impecable producción de “opositores”)  impidan cosas mejores. Por ejemplo: 1) que PLUNA estatal se hubiera asociado con la venezolana estatal Conviasa, como en su momento propuso el Partido Comunista de Uruguay y no le llevaron el apunte porque Astori y Vázquez “sabían más”: y 2) que en vez de estar sumando modificaciones a modificaciones de normas que no entienden en la propia Administración Fiscal de Ingresos Públicos (AFIP) ni en el Banco Central (BC) de Argentina, acaben con la divisa imperial verde en toda transacción NO ESTATAL y habiliten de consuno un modo de CONVERSIÓN DE MONEDAS DE LA UNASUR que no servirá para atesorar porque no se lo puede hacer con “acción[es] y efecto[s] de convertir o convertirse”.

¡Cómo joden la vida (incluso a este sencillo mecánico septuagenario al que obligan a escribir y escribir…)!


Notas:
1 Diccionario RAE: 4. f. Psicol. Acción u omisión que provoca un sentimiento de responsabilidad por un daño causado.
3 Diccionario RAE: Engrupir, tr. coloq. Arg., Chile y Ur. Hacer creer una mentira.
4 Diccionario RAE: 1. tr. jerg. Hurtar, estafar, robar.
5 Vocabulario de arrabal popular.
6 En su acepción jurídica. Diccionario RAE: 2. adj. Der. Dicho de una acción o de una responsabilidad: Que suple a otra principal.