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martes, 31 de diciembre de 2013

“Alertan por tormenta” dice el titular de La República, de Montevideo



No es la primera vez, ni será la última, que me ocupo de este matutino en papel y electrónicamente en la Internet (aunque, como es habitual, circunstancias imprevistas lo impidan).



Con las idas y vueltas que los pronosticadores en el pasado diciembre han tenido para no acertar vaticinios climáticos, no pegar ni una… como se dice, el 31 y con permanencia hasta este 1º de enero han ilustrado el “alerta” con un mapa parcial de Suramérica que por lo menos, si no llueve ni refresca, tiene que dar para pensar…








Obsérvese que tanto en los casos de Argentina, como Paraguay, Bolivia o Chile, e incluso Uruguay, no están dibujadas las divisiones políticas interiores, sean regiones, estados, provincias o departamentos.


El mapa de Brasil sí contiene los límites estaduales.


Uruguay, sin lugar a dudas, está figurado como la pertenencia más sureña de ese país, su provincia cisplatina. ¿Es que el diario La República y alguna empresa meteorológica están embarcados, uno secundando a la otra, en una subliminal campaña desestabilizadora y no solamente de confrontación profesional con los jerarcas gubernamentales y la Dirección Nacional de Meteorología uruguayos?

¡Ay!, las dudas y las sospechas: ¿Qué tienen que ver algunos preparados químicos para el “agronegocio” con los pronósticos del clima de una empresa con nombre similar?

domingo, 29 de diciembre de 2013

внимание! ¡Atención!... 2014



Attention! هتمام!
注意!Atenção! внимание!
Un año nuevo clasificado como 2014 se viene aproximando muy velozmente…
¡Atención! Kuñültuwun! uyay!

Falta menos para el centenario, poco más de mil cuatrocientos días… внимание! Προσοχή! Attenzione! Atenci! Aufmerksamkeit!

Deseamos para ustedes persistir en la felicidad y el optimismo por un mundo mejor…

Beti y Gervasio

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Uruguay, PLUNA: vaciamiento y destrucción. Genuflexión







En la foto, sonrientes,Víctor Rossi, entonces ministro de Transportes de Uruguay (Alianza Progresista), dándose la mano con Matías Campiani (“brillante joven” titular de Leadgate Investiment), y agachado para posibilitar la acción el también entonces ministro de Economía, Danilo Astori (Asamblea Uruguay), hoy vicepresidente. La imagen fue tomada a inicios de julio de 2007, durante la presidencia de Tabaré Vázquez, cuando Leadgate Investment, a través de Latin American Regional Aviation Holding Corporation, quedó como socio mayoritario de PLUNA y asumió su control.




Publicado el 7 de julio de 2012:



Genuflexión. ¿Qué es una genuflexión?



Como en la fotografía, una genuflexión es la acción y efecto –dice el diccionario de la Real Academia Española, no lo dicen Marx, Lenin, Trotsky o Fidel–, es la acción y efecto de doblar la rodilla, bajándola hacia el suelo, ordinariamente en señal de reverencia.



Puede que quienes así veneren al capital logren, en el muy corto plazo y en lo personal, beneficiarse de alguna manera. Si son gobernantes no benefician a los pueblos ni a sus países. Sobre el caso PLUNA no solamente se hincó quien en la foto aparece en esa posición, son más. Y son muchos más quienes no lo evitaron. En las administraciones de Batlle, Lacalle y Sanguinetti hubo más ejercicios de concupiscencia, pero no se hincaban, se guiñaban los ojos. ANCAP se salvó por un cachito…



Escribimos “administraciones” porque eso fueron. Los países se gobiernan, no se administran ni gestionan.



El viejo Líber Seregni, como suele decirse, debe estar retorciéndose en la tumba. Mejor disuelvan pronto lo que con su nombre llaman Frente dentro del Frente Amplio, primero para no ofender más la memoria de Seregni y, principalmente, para desarmar un engendro creado para destruir y sustituir al fundacional frente histórico.



En el Frente Amplio habrá que cerrar filas para que no resulte liquidado como PLUNA. En primer lugar, me permito sostener, hay que volver a ocupar espacios que se dejaron huecos: los compañeros del Movimiento 26 de Marzo y de Asamblea Popular tienen que en el propio Frente Amplio presentar batalla de recuperación. ¡Que se vayan los genuflexos!



El PCU tiene que abandonar algunos falsos buenos modales. Y los socialistas mirarse en Grecia, España y Chile. En el MPP, para no ser nabos, abandonen al peronismo como modelo de otra cosa que no sea “muñeca” política. 





Diferenciaciones



Para la justicia uruguaya (jueza actuante en primera instancia Adriana de los Santos) los hechos investigados serán de derecho o lo serán contra el derecho (es decir, a favor o en contra de “lo que está conforme a la regla, a la ley, a la norma”, concepto que expresa la voz latina directum, o “lo que no se desvía ni a un lado ni otro” según Miguel Villoro Toranzo en Introducción al estudio del derecho (2005), México, Editorial Porrúa.



Para la política, en cambio, de manera precisa aunque generalmente torcida por las formales definiciones socialdemócratas, los hechos son a favor o en contra de los intereses ciudadanos y populares en una geografía que, por lo general, excede a la exclusivamente nacional. El presidente uruguayo José Mujica suele decir que cuando Argentina se resfría a Uruguay le da pulmonía, y parafraseándolo podemos decir que cada vez que Uruguay se agacha, a Suramérica le duele.



Sobre la liquidación de PLUNA, una empresa aérea uruguaya (acrónimo de, desde 1947, las estatales Primeras Líneas Uruguayas de Navegación Aérea), y el consiguiente abandono de rutas aéreas y de trabajadores de calificada profesionalidad, más las deudas dinerarias que hubiera como por ejemplo con la estatal proveedora de combustibles, ANCAP, la Justicia de la República Oriental del Uruguay desplegará sus filosofías, doctrinas y capacidades: punirá o no a los responsables del Gobierno que con sus procederes facilitaron los hechos investigados, y lo mismo hará con las personas involucradas como los argentinos Matías Javier Campiani Moche, Hugo Sebastián Hirsch Baringoltz y Arturo Álvarez Demalde (que para gustar a los tecnócratas se adornaron con las lentejuelas de pomposos títulos y nombres empresarios en el idioma del poder imperial), y el escribano uruguayo Pablo Seitún Etchavarría, más los otros que pudieran sumarse.



No va más…



Las fichitas de ruleta deberán quedarse quietas y no joder más porque es hora de que el pueblo mande parar esa maquinaria. Al PIT-CNT y a los partidos fundadores del Frente Amplio, a sus bases, y a las demás agrupaciones políticas de izquierda real, no figurada ni disfrazada, les toca ahora emprender una acción de ratificación de los principios frentistas liminares (que para nada están caducos como arguyen maestritos grado cualunque).



No habrá que preocuparse tanto por el sostenimiento del Gobierno del Frente Amplio en vista a las elecciones del año que viene. Aceptar las extorsiones de quienes no son aliados sino quinta columnas con poder de decisión es autodestructivo. La derecha uruguaya podrá recuperar para sí el Gobierno de la república durante un quinquenio y sin lugar a dudas hará “los deberes” mejor que un complaciente “progresismo” venido a menos. Luego, como en Chile, la “ciudadanía” dará un volantazo de distinto giro: el asunto, para ese momento, es tener las cosas más claras, y más firmes. Entonces, los aliados de la clase obrera y el pueblo deberán ser sus dirigidos, no sus dirigentes.

martes, 24 de diciembre de 2013

Brasil: un increíble (y enorme) error geopolítico, artículo de Atilio Boron



Una de las derivaciones más inesperadas de la crisis en las relaciones entre Brasil y Estados Unidos, misma que diera origen al duro discurso de la presidenta Dilma Rousseff ante la Asamblea General de la ONU y la cancelación de la “visita de Estado” a Washington –programada para octubre pasado– repercutió directamente sobre un tema que rondaba en los despachos oficiales de Brasilia desde 2005 y que hasta hace pocos días permanecía irresuelto: la muy controvertida renovación de la flota de 36 aviones caza que Brasil necesita para controlar su espacio aéreo y, principalmente, el de la enorme cuenca amazónica y subamazónica.

En opinión de los expertos brasileños, la flota de la cual dispone actualmente
Brasil es obsoleta o, en el mejor de los casos, insuficiente, y la necesidad de su urgente renovación no podía ser demorada. Sin embargo, después de años de estudios, informes y pruebas no se llegaba a un acuerdo entre los actores involucrados en la decisión. Las propuestas consideradas por la licitación convocada en 2001 por el Gobierno brasileño eran tres: el Boeing F/A-18 E/F Super Hornet (originalmente fabricado por la firma norteamericana McDonnell Douglas, posteriormente adquirida por la Boeing), los Dassault Rafale de Francia y el SAAB Gripen-NG sueco. Una alternativa, descartada ab initio por razones nunca aclaradas pero indudablemente políticas, fue el Sukhoi Su-35, de fabricación rusa. Así las cosas, en un primer momento una parte mayoritaria del alto mando de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB) y diversos sectores de la burocracia política y diplomática de Brasilia se inclinaban por adquirir los nuevos equipos en Estados Unidos, mientras otros favorecían los Rafale franceses y un sector francamente minoritario a los suecos Gripen-NG. El disenso condujo a la parálisis y Lula, pese a su indiscutible autoridad, tuvo que resignarse a terminar su mandato sin poder resolver el impasse, aunque era por todos conocidos que se inclinaba a favor de los Rafale. La indecisión terminó hace un par de días con una decisión muy desafortunada, la menos mala pero muy lejos de ser la mejor, como se verá más adelante: adquirir los Gripen-NG suecos.

Grietas en una relación muy especial

La sorpresiva revelación del espionaje realizado por Washington sobre el Gobierno y la dirigencia de Brasil –es decir, sobre un país que supo ser uno de sus más incondicionales aliados en América– estaba llamada a inclinar el fiel de la balanza en contra de los F-18. Incondicionalidad en el vínculo de sucesivos gobiernos brasileños con Estados Unidos, decíamos, que era archisabida pero que saltó irrefutablemente a la luz pública con la desclasificación, en agosto de 2009, de un memorándum de la CIA en el cual se daba cuenta del “constructivo” intercambio de ideas sostenido en 1971 entre los presidentes Emilio Garrastazú Medici y Richard Nixon con el propósito de explorar modalidades idóneas para desestabilizar a los gobiernos de izquierda en Cuba y Chile.

Lo anterior es uno de los muchos ejemplos de “colaboración” entre Brasilia y Washington. Basta con recordar la participación de Brasil en la Segunda Guerra Mundial, batallando codo a codo con la U. S. Army, a lo que podríamos agregar uno más: en febrero de 1976 Henry Kissinger viajó a Brasil para formalizar lo que pretendía fuera una sólida y duradera alianza entre el gigante sudamericano y Estados Unidos. La humillante derrota sufrida en Vietnam exigía el pronto fortalecimiento de las relaciones con América Latina, que tal como Fidel y el Che repitieran hasta el cansancio, es la retaguardia estratégica del imperio. Nada mejor que comenzar por Brasil, en cuya
capital Kissinger fue recibido como una celebridad mundial y firmó un histórico acuerdo con el dictador brasileño Ernesto Geisel. Según el mismo, los dos mayores poderes del Hemisferio Occidental (para usar lenguaje de aquella época) se comprometían a mantener consultas regulares y al más alto nivel sobre asuntos de política exterior.

Subyacía a este acuerdo el conocido axioma de Kissinger que decía que “Hacia donde se incline Brasil se inclinará América Latina”. Acuerdo que murió al nacer porque, como lo recuerda permanentemente Noam Chomsky, Washington no admite restricción alguna a sus decisiones, tanto si brotan de un tratado bilateral como de cualquier otra fuente del derecho internacional. Si la Casa Blanca quiere consultar lo hace, pero no se siente obligada a ello y mucho menos a someterse a los términos de un tratado o una convención. En todo caso lo anterior revela la intención de ambas capitales de coordinar sus políticas. En ese contexto histórico la coordinación se produjo en el terreno de las actividades represivas a desarrollarse en el Cono Sur, como lo demuestra sobradamente el siniestro Plan Cóndor. En fechas más cercanas, en 2007, Lula y George W. Bush firmaron un acuerdo para compartir tecnología con el propósito de fomentar la producción de agrocombustibles –buen negocio para Estados Unidos, depredación
ecológica para Brasil– reforzando nuevamente los tradicionales “lazos de amistad y cooperación” entre Washington y Brasilia.

Ahora bien: la ilegal –además de ilegítima– interdicción de los cables, mensajes y telefonemas de la presidenta brasileña (así como de muchos gobernantes y funcionarios de otros países del área) tuvo, en el caso de Brasil, un agravante de mucho peso porque Washington también incurrió en otro grosero acto de delincuencia común: el espionaje industrial, practicado en contra de la empresa Petrobras. No era aventurado, por lo tanto, pronosticar que este cúmulo de circunstancias casi con seguridad precipitarían el desenlace de la prolongada indecisión en relación al re-equipamiento de la FAB. Luego de lo ocurrido sería una insensatez que Brasil decidiera renovar su material aéreo con aviones estadounidenses.

Pero entonces, ¿cuáles serían las alternativas? ¿Con qué reemplazar a lo que, a todas luces, era el avión predilecto de la FAB?

Alternativas de re-equipamiento

Un informe secreto de la propia FAB (pero que alguien se encargó de filtrarlo a la prensa), de enero de 2010, y que fuera enviado al Ministerio de Defensa evaluando a los tres candidatos principales para renovar la flota de aviones caza clasificaba al Gripen-NG claramente por detrás del francés Rafale y el F-18 Super Hornet. Según ese informe, sus capacidades técnicas y militares eran inferiores a las de sus homólogos francés y estadounidense. Es cierto que también era inferior su precio, estimado en unos setenta millones de dólares, mientras que la cotización del F-18 rondaba en torno a los cien millones de la misma moneda y el Rafale, mucho más caro, se empinaba casi hasta los ciento cuarenta millones. Una vez filtrado el informe el entonces ministro de Defensa Nelson Jobim se apresuró en aclarar dos cosas: primero, que la decisión final sobre la adquisición de los aviones sería tomada por el Gobierno nacional y no por la FAB y, segundo, descartó en línea con lo que declarara Lula que el precio de las aeronaves pudiese llegar a ser un factor determinante de la decisión. La posibilidad insinuada en su momento por Nicolás Sarkozy de que Brasil pudiese recibir la tecnología y fabricar los Rafale en sus propias instalaciones industriales y luego venderlos –si bien exclusivamente en América Latina– fue lo que inclinó el fiel de la balanza de Lula a favor del Rafale. Pero su decisión no convenció a la cúpula de la FAB y a otros sectores de su gobierno, férreamente favorables a cerrar el acuerdo con la Boeing. Claro que, a diferencia de los franceses, la constructora de los Super Hornet no parecía muy dispuesta a hablar de transferencias de tecnología, a lo que se agregó el hecho de que la historia reciente registraba un antecedente inquietante: el “régimen de Washington” acostumbraba prohibir la venta de partes y repuestos de aviones estadounidenses a países clasificados por el Departamento de Estado como “hostiles a los Estados Unidos” o como “no cooperativos” en la nebulosa y vaguísima guerra contra el narcotráfico y el terrorismo internacional. O sea, a países que tuviesen la osadía de adoptar una política no alineada con la de los Estados Unidos. Y esto era un riesgo que no podía ser subestimado por los compradores.

En otras palabras, aunque los Super Hornet parecían más atractivos, tanto en términos económicos como por lo avanzado de su tecnología y por la continuidad que ofrecían con parte de la dotación actual de la FAB, lo cierto es que el incidente diplomático del espionaje, unido al peligro de que, en caso de un conflicto entre Brasilia y Washington, éste hiciera con Brasil lo que, por ejemplo, hizo hace poco más de diez años con la Venezuela chapista, contribuyó a debilitar al frente “pro-estadounidense”. Como se recordará, en esa ocasión el presidente George W. Bush impuso un embargo a la venta de partes y repuestos y, lo que es más importante, al envío de los sistemas computarizados de navegación y combate que, como los software de las computadoras, se renuevan cada pocos meses y sin cuya última versión el “hardware”, en este caso los aviones, dejan de prestar los servicios que se espera de ellos. Bastaría con que en el caso de un diferendo la Casa Blanca decidiera embargar, aunque sea temporalmente, el suministro de las nuevas versiones de esos sistemas para que esos aviones quedaran prácticamente inutilizados y la Amazonía desprotegida. Si lo hizo con Chávez, ¿por qué no habría de reincidir en esa conducta en el caso de un conflicto de intereses con Brasil?

Lamentable ausencia de una reflexión geopolítica

La parálisis que bloqueó por tanto tiempo la renovación del material aéreo de la FAB se habría destrabado fácilmente si los involucrados en la toma de decisión se hubiesen formulado esta simple pregunta: ¿cuántas bases militares tienen en la región cada uno de los países que nos ofertan sus aviones para vigilar nuestro territorio? Si lo hubieran hecho la respuesta habría sido la siguiente: Suecia no tiene ninguna; Francia tiene una base aeroespacial en la Guayana francesa, administrada conjuntamente con la OTAN y con presencia de personal militar estadounidense; y Estados Unidos tiene, en cambio, 77 bases militares en la región (último recuento, a diciembre de 2013), un puñado de ellas alquiladas o co-administradas con terceros países como el Reino Unido, Francia y Holanda. Algún burócrata de Itamaraty o algún militar brasileño entrenado en West Point podrían aducir que esas se encuentran en países lejanos, que están en el Caribe y que tienen como misión vigilar a la Venezuela bolivariana. Pero se equivocan: la dura realidad es que mientras ésta es acechada por 13 bases estadounidenses instaladas en sus países limítrofes, Brasil se encuentra literalmente rodeado por 24, que se convierten en 26 si sumamos las dos bases británicas de ultramar con que cuenta Estados Unidos –vía la OTAN– en el Atlántico ecuatorial y meridional, en las Islas Ascensión y en Malvinas respectivamente, y en el medio de la línea imaginaria que las une se encuentra nada menos que el gran yacimiento petrolífero del Pre-Sal. Es obvio que comprar armamento a quien amenaza con tan formidable presencia militar no parecería ser un ejemplo de sensatez y astucia en el sofisticado arte de la guerra.

Por otra parte, al adoptar una decisión de esa envergadura debería haberse ponderado la probabilidad del estallido de algún tipo de conflicto abierto, inédito hasta ahora en la historia de las relaciones brasileño-estadounidenses, pero no por eso imposible. Probabilidad sumamente baja, por no decir inexistente, si de Rusia o China se trata, pero cada vez mayor en el caso de Estados Unidos o algunos de sus “proxis” –tal vez “secuaces” sería el término más apropiado– europeos embarcados en una cacería cada vez más violenta a inescrupulosa de recursos naturales. Por lo tanto, la chance de que, en el curso de los próximos diez o quince años, puede surgir un serio enfrentamiento entre Brasilia y Washington por la disputa de algunas de las enormes riquezas albergadas en la Amazonía –agua, minerales estratégicos, biodiversidad,
etc.–, o por la eventual negativa de Brasil a secundar a Estados Unidos en una aventura criminal como la que planea para Siria o Irán, o la que llevara a cabo en Libia e Irak, no es para nada marginal. Es más, diríamos que Estados Unidos, acosado por la desestabilización del orden neocolonial impuesto en Medio Oriente con la colaboración de aliados tan nefastos como Israel y Arabia Saudita, y sus crecientes dificultades en
Asia ponen en cuestión el suministro del petróleo y las materias primas y minerales estratégicos demandados por su insaciable voracidad de consumo. Esta combinación de factores torna altamente probable que más pronto que tarde se desencadene una clara confrontación entre Washington y Brasilia. Si tal eventualidad fuese un mero juego de la imaginación y de bajísima –por no decir nula– probabilidad de concreción, no se comprenderían entonces las razones por las cuales Estados Unidos desplegó tal cantidad de bases cercando férreamente al Brasil por tierra y por mar. Si Washington lo hizo no fue por descuido o casualidad, sino en anticipación de algún diferendo que sus estrategos estiman será de difícil, o imposible, resolución por la vía diplomática. Si instalaron las bases es porque, ¡sin la menor duda!, el Pentágono contempla en el horizonte una hipótesis de conflicto con Brasil. De otro modo tal costoso despliegue de esas unidades de combate sería ridículo y completamente incomprensible.

El chantaje estadounidense sobre los aviones europeos

Ante esta inocultable realidad una parte creciente de los actores de este proceso decisional comenzaron a inclinarse por los Rafale franceses hasta que… ¡el presidente François Hollande arrojó por la borda toda la tradición gaullista al declarar que su Gobierno estaba dispuesto a secundar nada menos que el plan criminal de Barack Obama de bombardear Siria! Este anuncio fue hecho después que el parlamento británico se rehusara a acompañar tan siniestra iniciativa, con lo cual surgió de inmediato la siguiente pregunta: ¿qué garantías podría tener Brasil de que, ante un diferendo con Estados Unidos, París no se inclinaría solícita ante un pedido de la Casa Blanca de bloquear el envío de partes y software para los Rafales adquiridos por Brasil? Si hace apenas unos pocos meses Hollande demostró su incondicional complicidad con un plan criminal como el bombardeo indiscriminado de Siria, ¿por qué pensar que actuaría de modo diferente en caso de un conflicto abierto entre Brasilia y Washington? En tal eventualidad la Casa Blanca recurriría al manual conteniendo sus “procedimientos estandardizados de operación” (SOP, por su sigla en inglés) y rápidamente denunciaría que Brasilia “no colabora” en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico con lo cual se convierte en una amenaza a la “seguridad nacional” de Estados Unidos y, escudándose en una ley del Congreso, embargaría el envío de partes y software al país sudamericano a la vez que solicitaría que hagan lo mismo sus aliados europeos. ¿Podría confiarse en que Francia, o llegado el caso Suecia, no se plegarían a la exigencia norteamericana? ¡De ninguna manera! Veamos el registro histórico: en la actualidad países como Corea del Norte, Cuba, Irán, Siria, Sudán y, para ciertos productos, la República Popular China, son víctimas de diversos tipos de embargos, y en todos los casos Washington cuenta con la solidaridad de sus compinches europeos. En el caso cubano, el más radical de todos, lo que hay más que un embargo para cierto tipo de productos es un bloqueo integral, ¡cuyo costo para los cubanos equivale a dos Planes Marshall en contra! En relación a los aviones franceses y suecos los decisores
brasileños tendrían que haber conocido qué proporción de partes y tecnología estadounidenses contenían los Rafale y los Gripen-NG. Porque si llegaban a tener más de un 10 % –no de todo el avión sino de cada una de sus principales partes: aviónica, fuselaje, sistemas electrónicos, informática, etc. – bastaría para que, en caso de conflicto con Brasil, Washington exigiera la aplicación de un embargo sin que los gobiernos actuales (y los previsibles) de Francia o Suecia pudiesen negarse a obedecerlo so pena de transgredir una legislación concebida nada menos que para garantizar la seguridad nacional de Estados Unidos. Tómese nota de lo siguiente: el motor que propulsa al
Gripen-NG es un desarrollo de una turbina fabricada por la empresa estadounidense General Electric. Sólo con eso es suficiente para que, ante una controversia entre Washington y Brasilia, Suecia pueda verse obligada a interrumpir el suministro de partes y software para los aviones vendidos al Brasil, a menos que esté dispuesta a enfrentar los costos de un serio conflicto con Estados Unidos.

El Sukhoi: la carta rusa

Así las cosas, lo único que podría haber garantizado la independencia militar del Brasil habría sido adquirir sus aviones en países que, por su poderío, por razones de su propia inserción en el sistema internacional y por su estrategia diplomática, estuvieran exentos del riesgo de convertirse en obedientes ejecutores de los mandatos de la Casa Blanca. Hay sólo dos países que detentan esas características y que, a la vez, cuentan con la capacidad tecnológica para construir aviones caza de última generación: Rusia y China, respectivamente fabricantes del Sukhoi y el Chengdu J-10.

En consecuencia, el debate sobre quién suministraría los nuevos aviones que Brasil –¡y los países con los que comparte la cuenca amazónica!– necesitan llegó abruptamente a un punto completamente inesperado: descartados los F-18 y los Rafale, la opción más razonable habría sido llamar a una nueva licitación y permitir la inscripción de los aviones rusos y chinos. Infelizmente no fue ese el camino elegido por Brasilia.
Alguien podría preguntarse qué tienen de malo los Gripen-NG suecos. No sólo lo que indica el informe secreto filtrado a la prensa y detallado más arriba sino que, además, desde el punto de vista político no hay garantía alguna de que Estocolmo –es decir la Suecia de hoy, no la que existía en los tiempos de Olof Palme, que por algo fue asesinado– vaya a comportarse de manera distinta ante una requisitoria de Washington de embargar el envío de partes y software a los Gripen-NG de la FAB. Por eso el 18 de diciembre de 2013 el ministro de Defensa de Brasil, Celso Amorím, anunció el resultado de la licitación con la adjudicación de los mismos a la empresa sueca SAAB, fabricante de Gripen-NG. “La elección se basó en los criterios de desempeño, transferencia de tecnología y costo”, dijo en la rueda de prensa convocada a tal efecto.
Desgraciadamente la elección no tuvo en cuenta el criterio más importante para la toma de decisiones en asuntos que hacen a la autodeterminación y la defensa nacional: la geopolítica. ¿Cómo se pudo ignorar que un informe oficial del Parlamento Europeo del 14 de febrero de 2007 estableció que con posterioridad a los atentados del 11-S –entre 2001 y 2005– la CIA operó 1245 vuelos ilegales en el espacio aéreo europeo, trasladando “detenidos fantasmas” (“ghost detainees”) hacia centros de detención y tortura en Europa (especialmente Rumania y Polonia) y Oriente Medio? Entre los gobiernos que se prestaron a tan siniestro tráfico se encuentra el país donde se fabricarán los aviones encargados de vigilar el espacio aéreo brasileño, Suecia, que si bien en el citado informe no es acusado de haber admitido “interrogatorios” en
su territorio pero sí de haber permitido que esos “vuelos de la muerte” estadounidenses se reabastecieran y encontraran apoyo logístico en sus aeropuertos. Siendo esto así, ¿cómo confiar que un país que se prestó a una maniobra tan atrozmente violatoria de los derechos humanos podría rehusarse a “colaborar” con Washington en caso de que éste le solicitara interrumpir el envío de suministros para los Gripen-NG de la FAB?

Conclusión

Por eso dijimos antes y ratificamos con más fuerza ahora: la única opción realmente autónoma que tenía la presidenta Dilma Rousseff era la de adquirir los Sukhoi rusos, aún al costo de tener que soportar virulentas críticas dentro y fuera de Brasil. Dentro, porque a nadie se le escapa que hay sectores internos que proponen olvidarse de
Latinoamérica y militan a favor de una incondicional alianza con los Estados Unidos y Europa, y en los cuales prevalece la mentalidad de la Guerra Fría que Estados Unidos se ha esmerado en mantener viva a lo largo de todos estos años, si bien con algunos maquillajes. Por ejemplo, no se habla ya del “peligro soviético” pero sí de la “amenaza
terrorista”; y Rusia, al dar asilo y protección al ex agente de la National Security Agency (NSA), Edward Snowden, confirma que no se encuentra del lado de la libertad y la democracia sino precisamente en la vereda de enfrente. Y críticas fuera del Brasil, porque Estados Unidos no sólo habría presionado para abortar una posible decisión a favor de los Sukhoi sino que, en caso de concretarse la adquisición, hostigaría a Brasilia con condenas y sanciones de todo tipo. La desorbitada ambición del imperialismo y sus sistemáticos atropellos a la legalidad internacional y a la soberanía nacional brasileña no le dejaban a la presidenta Rousseff ninguna otra alternativa. Su única escapatoria para garantizar el control de la cuenca amazónica, más por necesidad que por convicción, eran los Sukhoi. Cualquier otra opción ponía seriamente en riesgo la autodeterminación nacional.

Lamentablemente estas consideraciones geopolíticas no fueron tenidas en cuenta, y se tomó una mala decisión –la menos mala porque peor aún hubiera sido adquirir los F-18– pero mala al fin porque es antagónica al interés nacional brasileño y, por extensión, a las aspiraciones de autodeterminación de Sudamérica. Con esta decisión Brasil podrá vigilar y preservar la integridad de la amenazada Amazonía mientras no exista un diferendo con Estados Unidos o alguno de sus compinches; pero si un conflicto llegara a desatarse Brasil quedaría prácticamente desarmado, rehén de los chantajes y la prepotencia de Washington. El problema no era tan sólo con los aviones de la Boeing sino también con los de cualquier otro país que previsiblemente se inclinara solícito ante las requisitorias de Washington, como todos los europeos. Comprarle los aviones caza al aliado de quien espía a las autoridades y las empresas brasileñas y aliado también de quien acecha al país con veintiséis bases militares es un gesto de increíble insensatez política y que revela un imperdonable amateurismo en el arte de la guerra, errores estos que le van a costar muy caro a Brasil y, por extensión, a toda Sudamérica. Con la adquisición de los Gripen-NG se ha desperdiciado una magnífica oportunidad de avanzar hacia la autodeterminación militar, prerrequisito de la independencia económica y política. No sólo Brasil tomó una pésima decisión que perjudica su soberanía; también perdió la UNASUR porque con ella se obstaculiza la clara percepción de quién es el verdadero enemigo que nos amenaza con su infernal maquinaria militar. Por eso hoy es un día muy triste para Nuestra América. Como se dice en la jerga de los videojuegos de guerra, “game over”, ¡y desgraciadamente ganaron los villanos! Ojala que los movimientos sociales y las fuerzas políticas patrióticas y antiimperialistas de Brasil tengan la capacidad de revertir tan desafortunada decisión.

Otra opinión tiene el uruguayo Raúl Zibechi, quien sostiene que es “Una decisión que fortalece la independencia”, ver en http://www.alainet.org/active/70039

Uruguay, Brasil, Argentina y el sur americano. Solidaridad con los pueblos en este cambio de año…



El caso de la denuncia y procesamiento de altos jerarcas económicos del Gobierno uruguayo, del espionaje imperial estadounidense al brasileño, y los aprietes amistoso mafiosos al argentino, sumados, quizá, a los malos olores propios de la descomposición de tantos residuos por la ola de calor han atraído a nuestros lectores del hemisferio norte, especialmente a los rusos y norteamericanos.

Inesperadamente en esta semana muchos lectores pusieron en sus pantallas el artículo publicado ya a inicios de noviembre de 2013: “Nuevos galardones uruguayos: la torpe e irrespetuosa vocinglería de Jorge Batlle, el elogio que la prensa de la derecha política hace de mercenarios y sicarios, y otras tonterías que pueden confundir (y avergonzar) a un pueblo bien intencionado”. Pareciera que la búsqueda “uruguayos” condujo a estos lectores. Paralelamente, José Luis Perera, el compañero uruguayo editor de contratapapopular.blogspot nos obsequió motivando la lectura de su oportuno “Todos a una, como Fuenteovejuna”. Son sumamente interesantes las observaciones de Perera, que recomendamos ver: http://contratapapopular.blogspot.com.ar/

Sobre el caso de los jerarcas del equipo económico del vicepresidente uruguayo Danilo Astori, un amigo socialista al que respeto me decía días pasados que a él no le gustan Astori ni Tabaré Vázquez, pero que con los votos que estos cautivan ganaba su Frente Amplio. Algo así, sin duda, deben haber pensado otros dirigentes políticos y sindicales. El aparato judicial y otros factores de poder que impulsan los procesamientos deben hacerlo pensando que así, en cambio, pierde.

Nosotros, que no somos “de palo” ni “miramos desde afuera”, sino que nos involucramos como rioplatenses y suramericanos, ya nos ocupamos del desbarajuste PLUNA con la publicación hace un año y medio, el 7 de julio de 2012, de “Genuflexión. ¿Qué es una genuflexión?”, artículo en cuya ilustración, una fotografía absolutamente original, el flexible Danilo exhibe muy bien como es eso de agacharse. Ver en http://gervasioespinosanotas.blogspot.com.ar/2012/07/genuflexion-que-es-una-genuflexion.html

Días pasados, para aprovisionarnos de insumos alimenticios al día siguiente de nuestra llegada desde la costa oriental del gran estuario al provincial conurbano noroeste bonaerense, en el “híper” del enorme centro comercial implantado en la autopista que es corredor entre countries, nos apabullamos ante el enorme gentío popular que pululaba arrastrando niños y carritos. Vamos a este supermercado porque atravesando una zona fabril llegamos a él en poco más de un cuarto de hora. Los bacanes, cuasi bacanes y algunos mafiosos, o simultáneamente merecedores de cualesquiera de esas calificaciones que son sus perfumadas minorías visitantes, estaban ausentes, dado el aluvión de habitantes de multitudinarios barrios más o menos cercanos que procuraban hacer valer apenas un poquito más sus magros recursos salariales aprovechando las ofertas de fin de año.

Sin duda en Argentina la estrategia de “consumo popular” agilizó la economía y, también, ha generado tanto ingentes ganancias empresarias y embotellamientos de automotores como auge recaudatorio del Estado. El asunto es como sigue este juego, porque sigue dando vueltas el fantasma del autor de aquella famosa frase de interpretación ambigua: “El peronismo es el hecho maldito del país burgués”.

La agencia América Latina en Movimiento publicó hoy de Atilio Boron, director del Centro de Estudios y Formación Marxista (CEFMA) de Argentina: “Brasil: un increíble (y enorme) error geopolítico”, artículo que nosotros reeditamos en este mismo blog.

Su lectura meticulosa facilita la comprensión de cómo serias limitaciones políticas en nuestras izquierdas impiden enfrentar la acción de disolución que algunos presuntos aliados hacen sobre los frentes populares.

Queridos lectores, como es probable que si no estalla o implota el Sol la Tierra siga girando veranos e inviernos, los invitamos en este trance de cambio de año a no menguar ánimo ni empeño: a seguir luchando…  

lunes, 9 de diciembre de 2013

Clase media pretende desestabilizar Argentina y el Cono Sur americano

(Esta nota se publicó inicialmente con el título "Últimas noticias suramericanas", aquí y en ALAI América Latina. Hemos decidido cambiarlo porque el carácter "generalizado" del mismo no llamaba con precisión a la lectura. Entendemos que ahora lo hemos remediado. G. E.)



En las provincias argentinas de Córdoba, Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Neuquén, Catamarca, Río Negro y Tierra del Fuego, y probablemente en otras más de manera incipiente, se han producido ceses de prestación del servicio policial bajo el argumento de reclamos salariales y, de manera que parece asociada a ese cese del cumplimiento de funciones de prevención, una seguidilla de asaltos y saqueos de comercios no solamente de expendio de alimentos.



En tales circunstancias, en Concordia, ciudad del norte entrerriano, en la noche del pasado domingo 8 de diciembre, según la información dada por el gobernador Urribarri, un joven murió electrocutado al intentar desmontar un equipo eléctrico con el aparente objetivo de robarlo.



Otras informaciones expresan que en los saqueos, al menos en las ciudades de Córdoba, Santa Fe y Mar del Plata, se han visto participando a personas que llegaban en vehículos más o menos nuevos, y en los que cargaban objetos costosos.



Muy sumariamente destacaremos algunas circunstancias y valoraciones, y entre ellas las que en los últimos tiempos se han hecho sobre el llamado desarrollo humano: el Banco Mundial, la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), y la Secretaría General Iberoamericana han destacado como índice halagüeño el crecimiento de la llamada clase media latinoamericana y, consecuentemente, pareciera, la disminución de la pobreza.



Al Banco Mundial se lo conoce bien, tanto como al Fondo Monetario Internacional. La CEPAL es un organismo de la Organización de las Naciones Unidas creado por ésta en 1948, y la Secretaría Iberoamericana –cuyo titular es el contador español-uruguayo Enrique Iglesias–, responde a la orientación de la Conferencia Iberoamericana creada en 1991 por los Gobiernos de los Estados de América y Europa de lengua española y portuguesa (claro que impulsado por el entonces nuevo Reino de España). Ninguna de las organizaciones referidas ha cuestionado el modelo de la sociedad de mercado, es decir la economía que gira alrededor del consumo de mercancías y del poder financiero.



Cuando destacan como halagüeño el crecimiento de la clase media suramericana expresan un juicio de valor cuantitativo: aumentó el consumo de mercancías, la sociedad de mercado funciona, se venden más automóviles, motos, electrodomésticos y, entre otras cosas, discos compactos, prendas de vestir, etc. No refieren a que simultáneamente se resquebrajan solidaridades, se reactivan chovinismos y proliferan las matanzas mafiosas.



Cualitativamente la clase media tiene como objeto de existencia y fin práctico lo que indica su apelativo, media entre dos clases que no han dejado de ser antagónicas: la de los propietarios de los bienes de producción y la de los trabajadores. Pero no media para resolver contradicciones como suelen pensar quienes orgullosamente se inscriben como sus miembros, sino para fortalecer la NO resolución, para fortalecer el status quo.



Los policías y las Fuerzas Armadas son exponentes de las clases medias suramericanas y se forman así desde antes de las independencias políticas de los imperios coloniales europeos. Por eso siempre han actuado en defensa de la tan mentada como registrada “propiedad privada”. Nuestros pueblos originarios no practicaban ese tipo de propiedad, por eso fueron masacrados.



Las consecuentes dictaduras de tropa armada que asolaron nuestros países siempre llegaron para restaurar el orden de los propietarios, nunca para consolidar los reclamos de los desposeídos.



Que ahora reaparezcan los “auto-acuertelamientos” policiales, las solidaridades delincuenciales y la rapiña “clasemediera” no es un fenómeno que pudiera ser considerado como inesperado. Cuando el derrocamiento en Argentina de Juan Perón en 1955 la clase media tuvo su papel señero, y las Fuerzas Armadas evitaron que las masas giraran hacia la izquierda. En la década de 1970 se dedicaron a acabar con meticulosidad esa posibilidad.


Hoy, en crisis terminal los imperios estadounidense y europeos, en América Latina, Suramérica y Argentina desestabilizar los procesos populares es defender los intereses del gran capital. Lo saben muy bien los voceros de esa estrategia, como los mass media (entre ellos su conspicuo e “hipóxico” Jorge Lanata) y ciertos políticos de la “derecha que se dice popular”.