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lunes, 9 de diciembre de 2013

Clase media pretende desestabilizar Argentina y el Cono Sur americano

(Esta nota se publicó inicialmente con el título "Últimas noticias suramericanas", aquí y en ALAI América Latina. Hemos decidido cambiarlo porque el carácter "generalizado" del mismo no llamaba con precisión a la lectura. Entendemos que ahora lo hemos remediado. G. E.)



En las provincias argentinas de Córdoba, Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Neuquén, Catamarca, Río Negro y Tierra del Fuego, y probablemente en otras más de manera incipiente, se han producido ceses de prestación del servicio policial bajo el argumento de reclamos salariales y, de manera que parece asociada a ese cese del cumplimiento de funciones de prevención, una seguidilla de asaltos y saqueos de comercios no solamente de expendio de alimentos.



En tales circunstancias, en Concordia, ciudad del norte entrerriano, en la noche del pasado domingo 8 de diciembre, según la información dada por el gobernador Urribarri, un joven murió electrocutado al intentar desmontar un equipo eléctrico con el aparente objetivo de robarlo.



Otras informaciones expresan que en los saqueos, al menos en las ciudades de Córdoba, Santa Fe y Mar del Plata, se han visto participando a personas que llegaban en vehículos más o menos nuevos, y en los que cargaban objetos costosos.



Muy sumariamente destacaremos algunas circunstancias y valoraciones, y entre ellas las que en los últimos tiempos se han hecho sobre el llamado desarrollo humano: el Banco Mundial, la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), y la Secretaría General Iberoamericana han destacado como índice halagüeño el crecimiento de la llamada clase media latinoamericana y, consecuentemente, pareciera, la disminución de la pobreza.



Al Banco Mundial se lo conoce bien, tanto como al Fondo Monetario Internacional. La CEPAL es un organismo de la Organización de las Naciones Unidas creado por ésta en 1948, y la Secretaría Iberoamericana –cuyo titular es el contador español-uruguayo Enrique Iglesias–, responde a la orientación de la Conferencia Iberoamericana creada en 1991 por los Gobiernos de los Estados de América y Europa de lengua española y portuguesa (claro que impulsado por el entonces nuevo Reino de España). Ninguna de las organizaciones referidas ha cuestionado el modelo de la sociedad de mercado, es decir la economía que gira alrededor del consumo de mercancías y del poder financiero.



Cuando destacan como halagüeño el crecimiento de la clase media suramericana expresan un juicio de valor cuantitativo: aumentó el consumo de mercancías, la sociedad de mercado funciona, se venden más automóviles, motos, electrodomésticos y, entre otras cosas, discos compactos, prendas de vestir, etc. No refieren a que simultáneamente se resquebrajan solidaridades, se reactivan chovinismos y proliferan las matanzas mafiosas.



Cualitativamente la clase media tiene como objeto de existencia y fin práctico lo que indica su apelativo, media entre dos clases que no han dejado de ser antagónicas: la de los propietarios de los bienes de producción y la de los trabajadores. Pero no media para resolver contradicciones como suelen pensar quienes orgullosamente se inscriben como sus miembros, sino para fortalecer la NO resolución, para fortalecer el status quo.



Los policías y las Fuerzas Armadas son exponentes de las clases medias suramericanas y se forman así desde antes de las independencias políticas de los imperios coloniales europeos. Por eso siempre han actuado en defensa de la tan mentada como registrada “propiedad privada”. Nuestros pueblos originarios no practicaban ese tipo de propiedad, por eso fueron masacrados.



Las consecuentes dictaduras de tropa armada que asolaron nuestros países siempre llegaron para restaurar el orden de los propietarios, nunca para consolidar los reclamos de los desposeídos.



Que ahora reaparezcan los “auto-acuertelamientos” policiales, las solidaridades delincuenciales y la rapiña “clasemediera” no es un fenómeno que pudiera ser considerado como inesperado. Cuando el derrocamiento en Argentina de Juan Perón en 1955 la clase media tuvo su papel señero, y las Fuerzas Armadas evitaron que las masas giraran hacia la izquierda. En la década de 1970 se dedicaron a acabar con meticulosidad esa posibilidad.


Hoy, en crisis terminal los imperios estadounidense y europeos, en América Latina, Suramérica y Argentina desestabilizar los procesos populares es defender los intereses del gran capital. Lo saben muy bien los voceros de esa estrategia, como los mass media (entre ellos su conspicuo e “hipóxico” Jorge Lanata) y ciertos políticos de la “derecha que se dice popular”.