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miércoles, 9 de enero de 2013

LA REPÚBLICA y la cosa o res púbica



El teléfono suena a llamada:
— Hola…
— ¿Beto?
— No… ¿Con qué número…?
— ¡CLAC!

El tipo maneja su vehículo y aparece a nuestra izquierda por la calle que cruza. No se percibe que vaya a disminuir la velocidad para, como corresponde, darnos paso según las normas de prioridades en encrucijadas. De repente gira hacia su derecha e ingresa a la misma vía en la que esperábamos su audaz paso transversal… Pensamos que, obviamente, la o el fulana o fulano (no puede distinguirse dados los vidrios oscurecidos) no anunció previamente la maniobra porque no le resultaba necesaria: si sabía que iba a doblar.

Las conductas en la vida social reflejan cabalmente los grados de adscripción a ésta de cada una y cada uno. “¡Ah! Disculpa, quizá me equivoqué al marcar. Disculpa, ¡gracias!”, es, sin duda, más afable y respetuoso que el CLAC intempestivo.

Ya llegados a la vuelta de casa, en la localidad de Pablo Nogués, Provincia de Buenos Aires, regresamos de un paseo nocturno con Lola. Llevo en la mano la correa más como símbolo urbano de vínculo entre los dos que como elemento de sujeción porque, salvo contadísimas oportunidades que no revisten peligro para nadie, nuestro diálogo con Lola es certero y apacible.

Frente a una casa y sobre la vereda angosta conversan dos varones treintañeros. Mirándose entre sí lo hacen en voz alta, y es así como me entero del objeto de charla: el vehículo nuevo, mediano, de marca popular, que se halla estacionado contra el cordón de la acera.

— Lola, acá, cuidado… —y Lola se detiene para avanzar detrás de mí—. Disculpen, gracias —digo a los muchachos mientras avanzo entre ellos—.

Ni mu. Nada. Hemos pasado entre ellos como una leve brisa apenas, invisibles, inodoros, intangibles. Ni un “por nada” o “chau”.

De estos pequeños y tan trascendentes dramas de la vida contemporánea ya he dado constancia en otras oportunidades. Por la parte morfológica y funcional donde más molestan puede decirse que son dramas púbicos… pendejadas. Pero pendejadas de gente que, en muchos casos, inclusive llegar a tener cierto mando sobre grupos humanos o el conjunto la sociedad.

Entre la semana pasada y la que ahora cursa en toda la cuadra de nuestra calle nos quedamos sin señal de vídeo por cable durante cinco días corridos. Los vecinos no sabíamos si eran registrados o no nuestros reiterados reclamos telefónicos al conmutador computadorizado de la distribuidora local de una de las empresas oligopólicas del ramo: Multicanal (diario Clarín). Hartos, decidimos presentar denuncia ante la Administración Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca) http://www.afsca.gob.ar/.

Ya hemos dicho en “Confusiones persistentes” los errores de concordancia gramatical que muestran tanto la redacción de este sitio en Internet como los que se exponen en algunos artículos periodísticos: por caso “el Afsca”.

Pero, cuando exigidos por el formulario y las opciones para asentar el reclamo ante el organismo estatal debíamos elegir radicación geográfica y jurisdiccional, nos encontramos con que la nomenclatura obligatoria había caducado en 1995, hace casi trece años…

“Estimado Gervasio, el sistema indica que es así”, me respondió cordial y tajantemente por correo electrónico un “oficial” de contacto de una importante empresa aseguradora privada argentina que en su momento adquirió cuando la intermediación de los entonces célebres José Roberto Dromi y María Julia Alsogaray el otrora fondo público del famoso logo del niño y la alcancía. La afirmación se refería a mi reclamo de que no correspondía catalogar como “Libreta de Enrolamiento” al Documento Nacional de Identidad argentino cuando su numeración fuera menor de diez millones, como lo exige un formulario de la empresa a la que él pertenece quizá todavía hoy. No solamente es un despropósito webmático este asunto sino que transita la frontera entre un tipo de locura y su correlativo tipo de subversión (no confundir esta subversión con revolución).

Show politics (es lo que hay)

En los últimos días las empresas telefónicas y de servicios de Internet en las ciudades de la cuenca rioplatense han aumentado su facturación de bites con la polémica Ricardo Darín (La Nación) frente a la presidenta Cristina Fernández (Twiter). Coincido con el también actor Alfredo Luppi cuando dice que “más que ingenuo Darín es un pelotudo”. La calificación refiere a un tipo que ante la requisitoria de una revista del grupo del diario La Nación desliza dichos que conforman a la derecha más recalcitrante y sus clientes plebeyos de barrios y andurriales.

“Los Kirchner” son propietarios de inmuebles e inversiones por varios cientos de millones de pesos simplemente porque son capitalistas exitosos. Y no son los únicos capitalistas exitosos. Quizá Darín, puesto en un lugar como el de su colega Gérard Depardieu, también revolearía el viejo pasaporte para refugiarse en la Moscú de hoy.

A ver si alguien se acuerda. En 2001, cuando el “corralito bancario”, señoras y señores que ahora sin duda suscribirían la pregunta que deslizó el actor de Un cuento chino, enfervorizadamente golpeaban con martillitos y cucharones las persianas de las empresas financieras instaladas en la conocida como city porteña. Una cámara de informativo de TV registraba la protesta cuando frente al objetivo pasó un viandante muy tranquilo y sonriente. El periodista le preguntó por qué no demostraba enojo o aflicción, y aquél respondió: “Ah… porque soy pobre… yo no tengo ahorros”.

La República

Muchachos santiagueños propietarios de diario montevideano así llamado: no sean amarretes y contraten un equipo de correctores orto-tipográficos y de estilo. La lectura de vuestras notas suele ser penosa aunque no tanto como la los textos de lectores y opinólogos on line. Las barrabasadas idiomáticas también coadyuvan a todo lo que comentamos antes.

Deseo

Que continúe y triunfe la revolución bolivariana venezolana. Salud por siempre, compañero Chávez.