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lunes, 29 de febrero de 2016

Declaración política: Encuentro Continental de Comunicación de ALBA Movimientos



Recibimos y publicamos:

¡Hoy tenemos Patria! Y pase lo que pase en cualquier circunstancia seguiremos teniendo Patria. ¡Unidad! ¡Unidad y más Unidad! No faltarán los que traten de aprovechar coyunturas difíciles para mantener ese empeño de la restauración del capitalismo, del neoliberalismo para acabar con la Patria. Ante esta circunstancia de nuevas dificultades del tamaño que fueren, la respuesta de todas y todos los patriotas es Unidad, Lucha, Batalla y Victoria.

Hugo Chávez Frías

Cerca de cien comunicadoras y comunicadores populares de 24 países del continente nos encontramos del 24 al 28 de febrero en las instalaciones del Centro de Formación “Simón Rodríguez”, en Venezuela. Resulta un hecho trascendental y estratégico que podamos reunirnos más de ochenta organizaciones sociales y populares con el objetivo de reflexionar y proyectar las acciones comunicativas en la actual coyuntura continental. Esta iniciativa forma parte de la agenda política de la Articulación de ALBA Movimientos que es la expresión del compromiso de los pueblos de seguir empujando el legado del comandante Hugo Chávez Frías en la senda de una nueva geopolítica mundial que favorezca la construcción de un modelo de sociedad alternativo al orden hegemónico del capital.

Realizamos un análisis de coyuntura continental en el que reflexionamos con respecto a la ofensiva imperial que se inscribe en una crisis de civilización del capitalismo, asentada en una profundización de las políticas “extractivistas” y que favorecen lógicas depredadoras. Los poderosos han tomado una iniciativa concentrada para intentar que los pueblos paguemos la crisis. Frente a esa avanzada nos paramos firmes y decimos que vamos por más, que llegó la hora de reactivar la llama que se avivó en nuestras tierras en las últimas décadas y que se tradujo en cambios políticos que venimos analizando con rigor militante.

Entendemos que los proyectos neo-desarrollistas y reformistas han mostrado sus límites y han dejado al desnudo su inviabilidad. Por otro lado, creemos que las propuestas que vienen apostando por una transformación de fondo deben radicalizar su talante democrático, trascendiendo incluso el enorme avance de los procesos constituyentes y profundizando el protagonismo popular.

En esta coyuntura, desde el punto de vista comunicacional, las grandes trasnacionales de la información vienen imponiendo el terrorismo mediático, el discurso único y la construcción del miedo. Frente a esto, debemos integrarnos más, fomentar la unidad del campo popular, formarnos, multiplicar las capacidades, pensar y gestionar una comunicación articulada para disputar espacios, discursos, generar matrices de opinión que contrarresten los embates de la derecha.

Tenemos que fomentar la movilización popular para la lucha continental, fundamentada en el acumulado histórico desde nuestros pueblos originarios. Es preciso superar este escenario a partir de un proyecto basado en la participación popular, la unidad, la integración, la solidaridad, la esperanza y la construcción desde abajo y a la izquierda. Es hora de apostar por una alternativa que garantice la reproducción de la vida de las mayorías trabajadoras del continente, que camine hacia un horizonte socialista.

Reafirmamos nuestra apuesta por una comunicación contra-hegemónica, comprometida con las luchas populares y la integración de nuestros pueblos. Reflexionamos, además, sobre la necesidad de pensar estrategias comunicativas que logren un mayor impacto y eficacia ante el complejo escenario que atraviesa la región.

En el 2016 una de las máximas expresiones de esta lucha es la que libra el pueblo y gobierno venezolano, junto al camarada presidente Nicolás Maduro Moros, a quienes queremos expresar nuestra más clara y profunda solidaridad frente a esta fase de arrecie de los ataques de la derecha continental. Para los movimientos sociales y populares, la Revolución Bolivariana significa una gran referencia de democracia no solo electoral sino participativa y de garantía de derechos humanos e inclusión de las mayorías. Nos parece clave que se profundicen y visibilicen los procesos comunales y de autogobierno, que son la base fundamental de la construcción del socialismo bolivariano. El 13 de abril de este año, fecha de conmemoración de la victoria popular frente al golpe de derecha del 2002, lanzaremos una Campaña Continental de Solidaridad con la Revolución Bolivariana, con acciones simultáneas en todos nuestros países.

Expresamos nuestra solidaridad con las luchas del pueblo de Argentina ante la ofensiva neoliberal, así como sumamos nuestras voces a la exigencia de soberanía de las Islas Malvinas. Reconocemos el traspié electoral que sufrió el proceso de cambio en Bolivia pero estamos convencidas y convencidos de que no es una derrota definitiva sino parte de las complejidades en la construcción democrática de un proceso que escucha al pueblo. Reafirmamos, además, nuestro apoyo al reclamo de la salida soberana al mar del pueblo boliviano. En tanto, demandamos en el marco de la revolución ciudadana en Ecuador, que se amplíe el diálogo con las organizaciones sociales y suscribimos la demanda hacia la trasnacional Chevron frente a su contaminación en la Amazonía.

Exigimos la salida de las tropas de la ONU de Haití y que se respete la autodeterminación de su pueblo.

Denunciamos la criminalización de la protesta y la persecución a las comunicadoras y comunicadores en América Latina y exigimos la democratización de la comunicación como un derecho humano.

Nos comprometemos a seguir haciendo visibles, siendo parte de ellas, las luchas anti-patriarcales por la igualdad de género, el respeto a la diversidad sexual y contra toda forma de violencia y dominación hacia las mujeres.

Rechazamos el avance del agro-negocio en nuestros territorios –a través de sus modos de producción explotadores y los desalojos a familias campesinas– y ratificamos nuestra apuesta a seguir desarrollando la soberanía alimentaria y la agroecología como alternativa viable para la alimentación de nuestros pueblos y el respeto a la Madre Tierra.

Decimos que no puede existir paz en Colombia sin justicia social y sin la participación de los movimientos sociales y populares.

Consideramos que es un contrasentido la visita de Barack Obama a Cuba sin que se hayan eliminado el bloqueo económico y la base naval de Guantánamo y se mantenga el objetivo de aniquilar a la revolución cubana, que sigue siendo para nosotras y nosotros un referente del socialismo en el continente. De igual manera consideramos como una provocación su presencia en Argentina apoyando al gobierno de Mauricio Macri justo en la fecha en que se conmemoran cuarenta años del inicio de la última dictadura cívico-militar. Por ello el 24 de marzo todos los pueblos estaremos acompañando al pueblo argentino que marchará unido en repudio al imperialismo.

No olvidamos los golpes en Honduras y Paraguay, que ensayaron formas antidemocráticas de restauración conservadora que podrían replicarse en otros países latinoamericanos.

Proponemos a los presidentes del ALBA-TCP potenciar el diálogo, la integración y la solidaridad con los movimientos sociales y populares de ALBA Movimientos, que pudiera materializarse en un encuentro que nos articule para enfrentar de conjunto esta compleja coyuntura. Instamos a que en la agenda política de estos gobiernos se incorpore el tema de la comunicación para avanzar en los procesos de integración y construcción popular.

Desde ALBA Movimientos seguiremos en lucha por una comunicación popular, participativa, democrática y emancipadora.

Unidad, lucha, batalla y victoria

¡Chávez vive! ¡La lucha sigue!

Venezuela, 28 de febrero de 2016



*El presente texto fue distribuido por Minga Informativa de Movimientos Sociales
http://movimientos.org/
El mismo tuvo una mínima intervención de adaptación al estilo editorial del blog sin alteración de los conceptos vertidos.

viernes, 19 de febrero de 2016

Respuesta a Patricia Bullrich del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS)

http://www.cels.org.ar/comunicacion/?info=detalleDoc&ids=4&lang=es&ss=46&idc=2034
 

Respuesta del CELS a la ministra de Seguridad


19 de febrero de 2016


En declaraciones periodísticas la ministra de Seguridad Patricia Bullrich se refirió a nuestras críticas al protocolo con el que las fuerzas de seguridad responderán a las manifestaciones. Dijo: "El CELS no sabe leer. Lee lo que le conviene y tiene una actitud beligerante y de obstrucción. (…) Desde que nosotros somos gobierno, ellos y los que pertenecen al gobierno anterior lo único que hacen es hacer cada día más cortes de rutas, más piquetes.” Además, Bullrich volvió a enviar un mensaje de tolerancia hacia la represión a la murga en el Bajo Flores.
 
En la puesta en vigencia del “Protocolo de actuación de las fuerzas de seguridad del Estado en manifestaciones públicas” están en juego aspectos esenciales de la democracia y su aplicación afecta los derechos a la vida, a la integridad, de reunión, de petición a las autoridades y la libertad de expresión. Por lo tanto, nos proponemos darle continuidad a este debate iniciado, precisamente, porque hemos leído el Protocolo y porque, a partir del trabajo que llevamos adelante, podemos dar cuenta de las consecuencias que tendrá.

El gobierno nacional considera que las protestas sociales deben ser abordadas como un problema de seguridad y, por lo tanto, la primera respuesta del Estado a los reclamos en la calle la darán las fuerzas de seguridad. En nuestro país, el corte de calles y la ocupación de espacios públicos tienen una larga tradición como método de lucha social. Lamentablemente, también tenemos una larga historia de represiones a protestas sociales en las que las fuerzas de seguridad asesinaron a muchos manifestantes o los hirieron gravemente. Esa historia explica que distintas medidas tomadas entre 2002 y 2011 prohibieran que los efectivos portaran armas de fuego y establecieran que las balas de goma no pueden ser disparadas al cuerpo de las personas para que desalojen un espacio.

El nuevo protocolo no prohíbe la portación de armas de fuego de los policías que pudieran entrar en contacto con manifestantes. Bullrich pretendió aclarar esta omisión diciendo que los efectivos de seguridad que se encuentren en la primera línea de la represión utilizarán “armas no letales”. Sin embargo, no hay ni en el texto de la resolución ni en las declaraciones de la ministra ninguna referencia a con qué criterios se utilizarán estas armas ni qué controles habrá. Se trata de un cambio de política alarmante ya que las llamadas “armas no letales”, entre ellas las balas de goma, producen heridas graves y pueden matar, como ocurrió en el caso del maestro Carlos Fuentealba en 2007.

Hemos visto las consecuencias de que las fuerzas de seguridad prioricen el desalojo del espacio público por encima de la vida y la integridad física: en diciembre de 2001, más de 35 personas fueron asesinadas en todo el país, en 2010 dos personas fueron asesinadas en el Parque Indoamericano, en 2013 decenas de personas fueron heridas en el desalojo del Borda y de la sala Alberdi. En todas estas ocasiones el registro fotográfico y audiovisual fue fundamental para denunciar e investigar los hechos y las responsabilidades de los funcionarios. El nuevo protocolo también restringe esta posibilidad al limitar la tarea de los trabajadores de prensa en la cobertura de las protestas.

Como señala Bullrich, hemos participado en la elaboración de los criterios de actuación en manifestaciones públicas volcados en la resolución 210/2011. Ese protocolo es muy distinto a éste, ya que prohíbe el uso de armas de fuego y de municiones letales y restringe el uso de balas de goma. En los últimos años, estos criterios no siempre se aplicaron y en todos estos casos hemos criticado los operativos violentos. Lo mismo hemos hecho con los proyectos de ley de distintas fuerzas políticas que se proponían establecer restricciones al ejercicio del derecho a la protesta y que no establecían controles adecuados.

El Protocolo refleja un cambio de enfoque que prioriza la represión de las protestas sociales sin tomar ningún resguardo respecto a la integridad física de las personas, criticando incluso que el gobierno anterior sancionara a los efectivos que cometían abusos durante los operativos.

Este cambio de enfoque también puede verse en las declaraciones de la ministra sobre la represión por parte de la Gendarmería a la murga en el Bajo Flores: un mes después de que efectivos de esa fuerza dispararon y lastimaron a niños que participaban de una murga, la ministra responsable de la conducción de esa fuerza todavía no condenó a ese accionar. No solo eso, a la pregunta del periodista “¿Las fuerzas de seguridad están entrenadas para resolver marchas sin exceso de violencia, como pasó en la Villa 1-11-14?”, la ministra respondió “Vamos a ver”.

Como bien ha dicho la ministra, estamos frente a un cambio de paradigma. La protesta social y las manifestaciones públicas son parte de la vida democrática, son el megáfono de las demandas sociales. En nuestro país han sido inseparables de transformaciones sociales que ampliaron derechos. Frente a estas demandas, los gobiernos pueden priorizar la resolución política de los conflictos a través de mecanismos no represivos o pueden hacer prevalecer el orden público y la represión. Pueden dar el mensaje de que van a controlar la actuación policial o el de que van a dejar que actúen con sus propios criterios. Este es un debate político de fondo en el que están en juego derechos fundamentales. No se trata de obstrucciones caprichosas, ni de cuestiones retóricas. Se trata del compromiso con la defensa de los derechos humanos y la vigencia de los principios democráticos.

domingo, 14 de febrero de 2016

Eugenio Raúl Zaffaroni











Nute Gunray - Ministro de la Federación de Comercio - Guerra de las Galaxias, ilustración de nuestro “Restauración de los virreinatos subamericanos”, en este blog.




El miembro de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y jurista argentino Eugenio Raúl Zaffaroni –por lo menos en dos oportunidades, una entrevista publicada el día 10 de enero pasado en el diario Página/12 y una charla en la Plaza de Mayo de Buenos Aires el reciente 7 de febrero frente a manifestantes reclamando la libertad de la dirigente popular jujeña y diputada del Parlasur, Milagro Sala– caracterizó al ejercicio del poder gubernamental actual en Argentina como “virreinato”.



Ya dijimos en notas anteriores1 que es importantísimo el aporte hecho por Zaffaroni al análisis histórico y sociopolítico contemporáneo cuando caracteriza la etapa mundial como la del fin del neocolonialismo e ingreso al dominio directo e irrestricto de las corporaciones del capitalismo concentrado, y de virreinato las formas que adquieren las gestiones periféricas de ese dominio: por caso en Argentina.



También nosotros con tanta sencillez y modestia personal como la de Zaffaroni coincidimos con esa caracterización, claro que sin los conocimientos jurídicos que a él lo caracterizan aunque, dadas nuestras casi iguales edades, probablemente con parecida antigüedad en la observación, el análisis y la práctica política. Lo hicimos en este blog, parcialmente y con anticipación, el 13 de diciembre de 2015.2



Dada la coincidencia, habiéndonos visto y saludado con Zaffaroni una única vez y hace más o menos un cuarto de centuria, por la década de los años 1990 en el viejo y ya inexistente Partido de General Sarmiento en el noreste del conurbano bonaerense, procuré por medios indirectos (periodistas) lograr un contacto epistolar con Zaffaroni para intercambiar opiniones. Estos intentos resultaron infructuosos al extremo de que las dos personas a las que me dirigí solicitando colaboración ni siquiera acusaron recibo de mi pedido, cosa que rogué. Ya está. Es sabido que ciertos prejuicios conceptuales y celos profesionales traban el desarrollo del conocimiento colectivo.



Hoy, también, publicamos un artículo del científico social José Luis Coraggio, profesor emérito y ex rector de la Universidad Nacional de General Sarmiento, de Argentina, con quien sí hemos conversado en varias oportunidades. Esta universidad fue creada por ley nacional en el año 1994 y localizada en el partido de la Provincia de Buenos Aires que llevaba ese nombre, y cuyo emplazamiento y campus se corresponden ahora con el Partido de Malvinas Argentinas, donde resido desde hace sesenta años.



En “A la búsqueda de posibles criterios para la reflexión política actual en Argentina”, el artículo de Coraggio, su autor expone una filosa interpretación del momento sociopolítico argentino en el que irrumpe el llamado “macrismo”, abordando las carencias conceptuales del proceso popular previo y que lo llevaron a tan particular derrota. Coraggio hace así un aporte también muy importante al análisis crítico de los procesos contemporáneos suramericanos, y lúcidas propuestas de construcción de poder social popular.



Con el autor de “A la búsqueda…” está el contacto siempre disponible. Si algún lector puede avisar a Zaffaroni que en la urgencia deseamos establecer vínculos comunes de análisis, rogamos lo haga. Las comunicaciones con nosotros son fáciles por la vía del correo electrónico: gervasioespinosa@gmail.com



La urgencia que planteamos no es mera cuestión vinculada a las edades de Zaffaroni, Coraggio o nuestra, sino de imprescindible andamiaje social. Es hora…



Notas:






“A la búsqueda de posibles criterios para la reflexión política actual en Argentina”, por José Luis Coraggio*











Nute Gunray - Ministro de la Federación de Comercio - Guerra de las Galaxias, ilustración de nuestro “Restauración de los virreinatos subamericanos”, en este blog.


Artículo de José Luis Coraggio, distribuido por ALAI

Agencia Informativa de América Latina  (10.2.2016)



Este es un momento crítico para el campo popular, no sólo porque se confirman las decisiones que cabía esperar de un gobierno de derecha sino por el desprecio por las instituciones que previamente había manifestado pretendía defender, así como por la saña, el odio y el cálculo mezquino con que se está procediendo desde el Estado. Un Estado que ha sido tomado en elecciones limpias de acuerdo a los cánones de la democracia liberal, y en base al usual recurso del engaño que, por evidente que haya sido para muchos, surtió efecto para una parte significativa de los votantes.

Las consecuencias no recaerán sólo sobre los argentinos sino que el reposicionamiento del país con respecto al sistema internacional y el capital financiero debilita aún más al bloque regional progresista y, en su momento, obligará a reiniciar un costoso proceso de desconexión como el que se dio en la primera década de este siglo.

Nadie duda de que se deben sacar a la luz y denunciar las aberraciones que comete este gobierno y manifestarlo públicamente en las calles, en lo que resta de posiciones parlamentarias y de gobierno, y en los medios y redes de comunicación, contrarrestando cuanto sea posible las fuerzas regresivas, a partir de cada hecho, en cada campo de la vida, en cada lugar concreto, sin buscar la recomposición de un comando ni una dimensión central. Pero la problemática que enfrentamos supera con creces ese escenario.

En nuestro país la derecha ha pasado de la hegemonía al dominio. ¿Cómo, no es que había hegemonía de un proyecto nacional y popular? Que esté pasando lo que pasa y como está pasando muestra que no. No sólo porque el control de la comunicación nunca fue doblegado sino porque el orden hegemónico nunca dejó de estar marcado por la combinación de dominio y consenso del proyecto neoconservador de orden global. Un verdadero pos-neoliberalismo nunca se dio. Cuando decimos que hay vida después del neoliberalismo es para cuando ese “después” ocurra.

Sin embargo, esta parte de América Latina llegó a tener una proyección global como esperanza en un concierto internacional en el que los países centrales el progresismo retrocedía ante las nuevas derechas. Se rechazó al ALCA, se crearon la UNASUR, la CELAC y el ALBA, acciones en las que el kirchnerismo jugó papeles protagónicos.

En lo que va del siglo, América Latina vivió un renacer de la política, de los proyectos nacionales de base popular: en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Uruguay y Venezuela los pueblos se alzaron contra los gobiernos que seguían imponiendo el programa económico neoliberal y violando abiertamente los derechos humanos, y surgieron fuerzas políticas que asumieron nuevos mandatos por lo que pudieron ser llamadas “nuevas izquierdas”. Pero aquel programa económico era solo una parte de la fuerza del neoconservadurismo, cuyo proyecto –en el sentido usual del término– es más que económico, se trata de un proyecto civilizatorio, de mercantilizar la vida en todos sus aspectos, que todo pueda ser controlado por los grandes negocios, por las corporaciones que se reúnen en Davos: los alimentos, el agua, las artes, los valores morales, la información, los deseos, la política misma. Y los Estados son vistos como instrumentos de ese proyecto, controlados por la manipulación del sentido común y de las elecciones y, cuando es necesario, por el bloqueo o las guerras de ocupación. La confrontación en lo económico no puede entenderse sin su correlato de lucha simbólica y militar.

La consolidación de estos nuevos gobiernos de carácter popular fue favorecida, sin duda, por la masa de renta primaria proveniente del precio de las materias primas, precios que no sólo no dejaron de ser la base material de nuestros sistemas dependientes sino que llevaron a la profundización de esa raíz en los modelos de gestión de la economía. Sin esa renta primaria no hubiera sido posible la inédita redistribución del ingreso y los bienes públicos atendiendo a las necesidades de las mayorías sin un agudizamiento del enfrentamiento con las burguesías locales. Tampoco hubiera sido posible desembarazarse del control directo de los organismos internacionales desendeudando a nuestros países. Sin embargo, no fue por ese accidente de la historia económica que se lograron mecánicamente esos y muchos otros cambios que mostraron que era posible el renacer de la política. Un gobierno como el de Macri se las hubiera ingeniado para acelerar aún más la ganancia del capital financiero y la concentración de la riqueza y dejarnos, pese a los altos precios, con mucha más pobreza y endeudados hasta la coronilla. Ni que decir lo que hará sin esos ingresos.


Cierto es que hubo enormes avances en cuestiones no económicas, como en el campo de los derechos humanos, la defensa de la soberanía nacional, la justicia social y la afirmación de las reglas de la misma democracia liberal. Sin embargo, aun habiendo frenado lo más duro de las políticas neoliberales y habiendo ganado una y otra vez elecciones libres, apenas se contrarrestó la hegemonía neoconservadora de orden global que seguía atravesando nuestras sociedades. De hecho, para dar un ejemplo, muchas políticas, incluso las llamadas “sociales focalizadas” mantuvieron mecanismos heredados del accionar neoliberal, el clientelismo político no cejó, el utilitarismo y el consumismo siguieron conformando la matriz de los valores.

Ahora, en nuestro país, el poder real muestra la cara, las corporaciones y sus CEO gobiernan directamente, vuelven el FMI, el BM y el Departamento de Estado norteamericano. El gobierno se atendrá a las reglas del capital y su institucionalidad global, se volverá a pretender ser el mejor alumno del imperio, y no sólo se van a dedicar a administrar regresivamente lo público, van a avanzar en el proyecto cultural de la mercantilización sin límites, en afirmar que no hay derechos adquiridos por las luchas colectivas sino que cada persona será lo que logre ser compitiendo en el mercado liberado.

No es, entonces, que había hegemonía del proyecto nacional y popular y ahora se suspende temporalmente. En la política nacional y en la de otros países de la región se estaba participando con evidente audacia en el intento de modificar algunos aspectos del orden hegemónico, algo que requería la continua búsqueda de proyectos solidarios que hicieran posible un proyecto bolivariano que actuara para desarticular el orden hegemónico global. Este orden hegemónico nunca estuvo ausente ni perdió eficacia, y ahora se internaliza claramente por la facilidad que se dio a la derecha de tomar y reorientar un Estado centralizador, alienado de la sociedad civil, que era el lugar desde el cual se pretendía construir otra hegemonía local.

Por otro lado, no es que se haya cerrado un ciclo, y que esté por ocurrir lo mismo en Venezuela, Brasil o Ecuador, como algunos auguran, sino que la lucha desde un proyecto nacional (regional) popular necesariamente continúa y continuará. Porque la sociedad no va a suicidarse, va a defenderse de la instauración local del brutal y antidemocrático proyecto neoconservador de orden global que el nuevo gobierno representa a nivel local. La necesidad de dar respuesta contundente e inmediata a los avances de la derecha no implica olvidar que esto ocurre dentro de un proceso más amplio en el tiempo y el espacio, a cuya continuidad y superación es preciso abocarse. Y, aquí viene nuestro planteo principal, se trata de algo que no haremos bien si no revisamos y aprendemos de los procesos progresistas del inicio de siglo y sus contradicciones y tendencias, en Argentina y en el resto de la región.

Al hacerlo, no debería ya tener cabida aquella consigna nefasta, repetida en uno y otro lado, de que el “apoyo crítico” era dar armas al enemigo, que la lealtad a los líderes políticos infalibles era el valor político principal, algo que sería ahora también clave para la resistencia. El presente es, necesariamente, un momento para retomar el pensamiento crítico sistemático y no perder de vista la enorme responsabilidad que tenemos en la lucha política, que no cabe encapsularnos en una confrontación local cuando el enemigo es el proyecto de acumulación ilimitada del capitalismo global. No es fácil, pero hay que superar la autocensura y la estrechez de miras. La apertura que esto significa no puede limitarse a cenáculos, debe sin duda pasar por la investigación tan objetiva como sea posible, pero a la vez expresarse en espacios de debate público plural, tan solidarios y respetuosos del otro como se pueda, por lo que tenemos en común.

Motivado por el artículo de Mempo Giardinelli en Página/12 del 11 de enero, propongo unos pocos criterios puntuales para esa necesaria reflexión política crítica:

1. Debemos evitar caer en defensas cerradas y mucho menos en panegíricos del proceso kirchnerista, pero tampoco en autoflagelaciones y búsquedas de chivos expiatorios que, además, pueden ser posicionamientos oportunistas. Todos somos corresponsables en una u otra medida, por haber actuado, por no haberlo hecho, por haber dicho o por haber callado. En todo caso, en política nadie puede ser infalible. No hay que caer en el facilismo de la evaluación ex post incriminatoria.

2. Es preciso sortear la tendencia de comparar este gobierno macrista únicamente con las extraordinarias realizaciones de los gobiernos anteriores, sino hacerlo con un eventual gobierno sciolista que, a más de ambiguo en su orientación, hubiera tenido que atender a las contradicciones económicas, sociales y políticas, internas y externas, abiertas o latentes, que el proceso del kirchnerismo venía generando. De hecho se viene dando que algunos hechos negativos que en el apuro se asignan al nuevo gobierno son resultado de decisiones ya tomadas por el anterior.

3. Es esencial advertir que, desde una perspectiva histórica de largo plazo y desde el conjunto de América Latina, este proceso no es meramente kirchnerista, si bien el liderazgo de esa corriente en nuestro país es indiscutible y debe ser altamente valorado por cientos de razones. Se trata de un proceso social y político más abarcador en el tiempo y en el espectro político, que no acaba con esta (evitable) derrota electoral en Argentina, un proceso que no se interrumpe sino que continúa y continuará con altos y bajos, con los mismos o con otros actores, como debería haberse previsto estratégicamente, sin triunfalismos.

4. Por lo pronto, el concepto de lo “nacional” en un mundo globalizado por el capitalismo no puede ser el mismo de los años 1950, y la dimensión regional de la lucha no puede ser un mero aspecto “internacional”. Cuesta admitir que nuestro país haya sido el primero de Suramérica en sufrir las consecuencias de, entre otras cosas, haber apostado de manera excepcional a una democracia meramente formal. Pero no podemos ensimismarnos, esta derrota electoral tiene consecuencias graves sobre los otros procesos de la región también caracterizados como nacionales y populares. Y nuestros análisis deben hacerse en ese contexto de confrontación con un proyecto y fuerzas globales, de las que el macrismo es un peón local pero va a posicionarse en el tablero regional. Es preciso fortalecer las relaciones con otras fuerzas progresistas aunque ya no sea desde el Estado. No podemos avanzar en la comprensión del momento actual si no examinamos sin oportunismos lo común y lo específico de los otros procesos latinoamericanos, europeos y de otras regiones del mundo (no cabe, por ejemplo, lavarse las manos con respecto a Venezuela).

5. Por otro lado, los tiempos de las transformaciones sociales son de décadas y no de cuatrienios, claramente no coinciden con los tiempos electorales. La sociedad va a reaccionar al brutal paquetazo neoliberal no necesariamente con las mismas formas del 2001, y es deseable que nuevos sujetos y corrientes participen activa, democrática y organizadamente de ese desenlace que nos espera.

6. Esta fase no puede ser de mera oposición sino de construcción, renovada y con nueva fuerza de un proyecto popular que incorpore los aprendizajes que debemos sistematizar, en un debate abierto de las distintas interpretaciones, evitando las actitudes que indicamos al inicio.

7. Un aspecto fundamental de esa construcción es, esta vez sí, desarrollar prácticas que permitan la deliberación en múltiples espacios de reflexión y elaboración de propuestas, pero también en la esfera pública, con multiplicidad de voces y perspectivas, y celebrar el surgimiento de sujetos sociales y políticos con capacidad de actuar y pensar autónomamente, sin lealtades acríticas sentidas u oportunistas. Surgirá, necesariamente, un liderazgo intelectual y moral, pero no debería ser unipersonal ni pretendidamente dueño de la verdad absoluta.

8. Otro rasgo fundamental es evitar el encerramiento (aunque admitiendo el pluralismo) dentro del campo popular. No se trata sólo de descalificar en bloque sino de crear condiciones para debatir públicamente con los que han optado por la propuesta macrista, diferenciando entre “confundidos”, adversarios y quienes realmente son representantes del imperio. Un proyecto popular debe desarrollar un pueblo plural activo y no una masa homogénea y pasiva. Y, lógicamente, cabe considerar que puedan surgir “confundidos” que votaron por la continuidad del proyecto liderado por el kirchnerismo y que pueden todavía pasarse del otro lado.

9. Hay ya muchos descubrimientos ex post de errores cometidos. Sin embargo, el concepto de “error” debe ser clarificado. Según la lógica instrumental, se trata de una acción que pretende lograr metas concretas dentro de objetivos amplios y que se comprueba a posteriori que no condujo a tal objetivo, sino que tuvo un “efecto no deseado”. De estos hay muchos, algunos eran previsibles y muchas veces estas apreciaciones diferentes no fueron consideradas, y hoy se puede aprender de ello. Pero también es importante examinar el modo de fijar objetivos y metas, o como puede haber fallado no sólo la acción sino el procedimiento, que acalló otras voces asumiendo la posesión de la verdad. Peor aún, descalificando el “apoyo crítico” como un cruce a la línea enemiga. La gestación de la ley de medios es un ejemplo del deber ser democrático y de que era factible otro estilo de construcción política. En todo caso, la conformación de un liderazgo unipersonal con todas sus consecuencias no puede atribuirse solamente al líder, hay corresponsabilidad de su entorno y de los que se ubicaron como dirigentes en general.

10. Sobre lo mismo: si asumimos que el objetivo supuesto era “X” y la acción fue “Z” y no condujo a su logro, podemos equivocarnos porque en realidad el objetivo no declarado era “Y”.  Esto nos parece tan importante como para terminar dando algunos ejemplos: ¿podemos calificar como un mero “error” que la acción para capturar y redistribuir la renta internacional se haya concentrado indiscriminadamente en el conjunto de los productores agrarios, dejando prácticamente intocado al oligopolio comercializador? ¿O que se haya descansado en el imprescindible principio de redistribución de la renta internacional sin avanzar en el de transformación de la matriz socio productiva, lo que implicaba otro empeño en la integración regional, propiciar el desarrollo de otros sujetos, incluso no empresariales, para construir una economía social que no es la versión lavada de promoción del autoempleo de los pobres? ¿O que no se haya atendido a las consecuencias que provocaría la “sojización” del país o el avance buscado de la minería a cielo abierto sobre las poblaciones locales y los desequilibrios irreversibles del ecosistema? ¿O que se haya apostado al consumismo como fuente de legitimación y de dinamización de la economía pero también como afirmación de una cultura utilitarista? ¿O que se haya demorado en atender al reclamo sobre el impuesto a las ganancias y no se haya propiciado una reforma fiscal? ¿O que se haya hecho renacer un Estado factótum, no democratizado en su relación con la sociedad civil, un Estado fácilmente “tomable por asalto” por la derecha como instrumento para otros objetivos, tal como estamos presenciando? ¿O que se haya despreciado la necesidad de un sistema de información veraz sobre la evolución de las variables socioeconómicas, tanto para el uso del gobierno como de la ciudadanía? ¿O que se haya apostado a un liderazgo unipersonal en lugar de desarrollar la pluralidad y autonomía de la sociedad organizada? ¿O por qué no se apostó con fuerza a la conformación de estructuras regionales como el Banco del Sur? ¿O que se haya respondido al monolítico discurso opositor con otro igualmente monolítico de signo contrario? ¿O que se haya olvidado aquel lema del movimiento obrero (hoy deberíamos decir de los trabajadores bajo todas sus formas) como columna vertebral de un proyecto nacional popular, favoreciendo su división? ¿O que se hayan mantenido sistemas de punteros clientelares que es sabido pueden venderse al mejor postor?

Muchas veces la diferencia está en los objetivos reales y no en los medios, o en cómo se determinan los medios mismos (con o sin participación, con o sin construcción colectiva, con o sin radicalización de la democracia). Y ese debate no puede obviarse en nombre de una unidad monolítica.

Ya sean estos u otros, deberíamos arriesgar una explicitación de los criterios de análisis que informarán la reflexión, comenzando por debatirlos. Nadie tiene la respuesta precisa. Sean éstas u otras las preguntas más eficaces, algo puede hacer la diferencia: no dejar esto exclusivamente en manos de analistas expertos. Propiciar la reflexión en todo lugar, en toda institución, con todo tipo de actores, dejando que las preguntas y respuestas sean reformuladas desde cada perspectiva, desde cada vivencia de este proceso. Y propiciar los encuentros horizontales de esas perspectivas. Eso exige asumir una pedagogía que en sí misma sea liberadora.


(15 de enero de 2016)


Nota:

* El presente artículo fue distribuido por ALAI, Agencia Latinoamericana de Información, con sede en Quito, Ecuador:  http://www.alainet.org/es/articulo/175291
Correo electrónico: info@alainet.org

Su autor, José Luis Coraggioi, es profesor emérito y ex rector de la Universidad Nacional de General Sarmiento (www.ungs.edu.ar), de Argentina. El texto distribuido por ALAI fue editado para la presente publicación en aspectos puramente de estilo. G. E.