Páginas vistas en total

sábado, 30 de mayo de 2015

Étienne Balibar: “La socialdemocracia se alineó con la economía neoliberal”



Patricio Porta, periodista de Página/12*, es el autor del presente reportaje al filósofo francés –«un europeo federalista»– que recientemente visitó la capital argentina. Nos interesó reproducir la publicación que el diario hiciera el pasado 25 de mayo porque en 2014 nos resultó muy interesante y grato trabajar en el cuidado del texto castellano de la edición argentina del segundo volumen de Ciudadano sujeto: ensayos de antropología filosófica (traducción del francés de César Marchesino, Prometeo Libros, Buenos Aires), una colección de escritos, clases y conferencias de Balibar que, como sostiene Marchesino en su “Nota preliminar”:

reúne la segunda y tercera parte de la obra original, es claramente un lúcido intento de poner en tensión las tesis vertidas en los textos modernos y contemporáneos escogidos por el autor con aquellos nudos y dilemas que nuestra civilización contemporánea ha heredado de la tradición filosófica de la modernidad, y que de manera acuciante nos exigen tomar postura, dado que se trata de cuestiones insoslayables para nuestra civilización como los Derechos Humanos, la identidad de género, la diversidad cultural y la crisis ambiental, entre otras tantas.

Con ustedes, Étienne Balibar:






Balibar asegura que la socialdemocracia no ha logrado inventar un modelo social que pueda competir con el curso actual de la globalización y sustituir y renovar el viejo orden del Estado de Bienestar. “Ahora tenemos el resultado a la vista”, subraya.

Por Patricio Porta


Decenas de personas hacen fila para verlo. Algunos quedarán afuera. Las entradas para escucharlo se agotaron en tiempo record. No se trata de una estrella de rock, pero casi. Es que la visita a Buenos Aires de Étienne Balibar, que coincide con el 50º aniversario de la publicación de Para leer El Capital, el célebre libro que coescribió junto a su maestro Louis Althusser, despierta mucho interés entre quienes buscan respuestas a la crisis de representación y al auge del racismo en Europa. Y no son pocos.

En la conferencia que dio en la sala Solidaridad del Centro Cultural de la Cooperación, con su capacidad colmada, el filósofo francés se sinceró: “Soy un federalista europeo. Y la razón de mi pesimismo es que este federalismo está fracasando y tiene menos justificaciones y posibilidades de realización. Hay fuerzas de diversos tipos, invenciones a la hora de hacer política en parte de la población europea. Existen buenas razones para pensar eso en las iniciativas del tipo de Podemos, en España, aunque están muy localizadas en estos momentos. O en la victoria de Syriza”, se ilusiona. Balibar alertó sobre los estragos que está causando la desigualdad en Europa, que amenaza con dividir virtualmente al continente. El filósofo francés habló con Página/12 sobre el crecimiento de la ultraderecha en Francia, el terrorismo islamista, la islamofobia, la crisis de la socialdemocracia europea y los desafíos del gobierno de Alexis Tsipras en Grecia.

–¿Cómo explica el ataque a la redacción de Charlie Hebdo? ¿Es producto de las tensiones étnicas al interior de Francia o más bien una consecuencia del terrorismo internacional?

–No se puede separar ambas cuestiones. Este tipo de acontecimiento tiene generalmente un conjunto muy complejo, para no decir confuso, de orígenes, muy viejos algunos y muy recientes otros, algunos internos y otros externos. Lo importante y preocupante, en cierto sentido, es que el gobierno y la población tienen dificultad en aceptar que la frontera entre el interior y el exterior ya no marca una diferencia absoluta. Hay jóvenes ingleses y franceses de origen no musulmán que han ingresado en la red del Estado Islámico (EI). Pero en Francia específicamente se reclutan, en su mayoría, jóvenes de origen árabe o de África del norte que no soportan la condición de marginación y de discriminación social y étnica en la que viven. El crecimiento de la desigualdad en término de recursos, de posibilidades de empleo y de acceso a los bienes culturales más esenciales ha alcanzado niveles sin precedentes. Y eso trae consecuencias catastróficas para todos. Es una explicación, no una justificación. Por otro lado, está claro que la guerra que existe hace decenas de años en Medio Oriente está tomando progresivamente una dimensión global. Algunos hablan de guerra civil mundial, es decir, no es ya una guerra entre un campo y otro, Occidente y Oriente, sino un conflicto multilateral entre fuerzas religiosas, fuerzas militares, regímenes dictatoriales con intervenciones exteriores que, como vemos, es una de las mayores catástrofes históricas. En esta situación han aparecido elementos fundamentalistas que adquieren una capacidad de organización y de atracción importante. Para comprender lo que pasó hay que tener en cuenta estos dos elementos: la situación interna en Europa y África del Norte y la conversión gradual de la guerra en Medio Oriente en un fenómeno de terrorismo global.

–¿Cree que el Frente Nacional de la familia Le Pen es una amenaza real para la democracia francesa?

–Sí, es una amenaza real y muy preocupante. Para gente como yo, que entramos en la política de manera activa y con fuerte compromiso en la época de la guerra de Argelia, cuando el pueblo argelino luchaba por la liberación del colonialismo francés, el hecho de que un grupo político cuyos líderes y cuya inspiración están directamente vinculados con una especie de revancha poscolonialista, contra la independencia de Argelia, es una cosa terrible. Ahora se presenta como una fuerza cada vez más influyente. No es interesante hacer predicciones. Está claro que el Frente Nacional se ha ido implantando progresivamente en la población francesa en los últimos años como consecuencia de la crisis, de la desestabilización y de la falta de perspectiva para gran parte de la sociedad, incluso para parte de la clase obrera. La deslegitimación creciente de la clase política francesa y del sistema europeo contribuye a esta situación. La ley electoral que tenemos en Francia es muy poco democrática, es una ley de mayorías, y eso va a producir obviamente un efecto de golpe en la cara. El Frente había logrado crecer sin haber construido alianzas con otros partidos. Fue más o menos excluido del juego político y si bien contaba con los votos, no tenía ningún representante en el Parlamento. Ahora la situación va a cambiar en una dirección totalmente opuesta, porque con los progresos que han hecho van a ganar más representantes.

–El presidente François Hollande no puede revertir los bajos índices de popularidad de su gestión. Nicolas Sarkozy, en tanto, manifestó su intención de volver a la presidencia, pero está salpicado por distintos escándalos de corrupción. ¿Piensa entonces que Marine Le Pen y su partido tienen posibilidades de ganar las elecciones generales en 2017?

–Saber si van a llegar al poder es otra cuestión. Mi respuesta personal es probablemente que no por una serie de razones. Pero aunque no accedan al poder se convertirán en una fuerza con capacidad de presión notable, con mayor influencia en los programas de los otros partidos. No sólo en el partido de Nicolas Sarkozy, la Unión por un Movimiento Popular, sino también en el Partido Socialista con el primer ministro Manuel Valls. El modo en que nuestro propio gobierno está aplicando ya medidas de discriminación que son parte del programa del Frente Nacional, con la idea de que si lo hacen los socialistas a su modo, de una forma menos sucia, podrán contener la influencia de Le Pen, es un completo absurdo y una muestra del poder del Frente Nacional.

–En los últimos años han aumentado considerablemente los actos de antisemitismo e islamofobia en Francia. El primer ministro Valls presentó esta semana un plan para combatir el racismo y las expresiones antisemitas. Según declaró, va a involucrar a maestros, profesores, asistentes sociales, asociaciones civiles e instituciones judiciales en colegios, barrios vulnerables y hasta en Internet. Esto demuestra la gravedad del problema. ¿Por qué cree que se ha llegado a esta situación en un país con una tradición republicana, pluralista y multiconfesional?

–Republicana, sí. Multiconfesional, no. La tradición republicana no tiene las capacidades internas de resistencia a ciertos prejuicios racistas. De por sí no es suficiente. Pero quiero decir que es muy importante mencionar al antisemitismo y a la islamofobia, porque incluso los discursos oficiales en este momento no lo hacen. El gobierno francés acaba de proponer una serie de medidas sobre educación y represión de actos de violencia relacionados con el racismo y el antisemitismo. Naturalmente, hay que mencionar el antisemitismo. No soy de los que no toman en serio el crecimiento del antisemitismo en Francia. Pero racismo y antisemitismo no son una fórmula honesta. Se usa una terminología que evita nombrar la islamofobia. Hay toda una polémica en los círculos políticos e intelectuales, una presión muy fuerte de republicanos que argumentan que el término islamofobia no es aceptable. Según dicen estos señores y estas señoras, la expresión confunde las cosas. Por un lado, los ataques contra árabes y musulmanes, y por otro lado, la cuestión de saber si uno puede criticar al Islam como religión. Y como sería muy importante mantener la posibilidad de esa crítica, la noción de islamofobia no debe ser aceptada.

–¿Ese argumento ganó más adeptos tras el atentado a Charlie Hebdo?

–Sí, pero es una vergüenza. Es una tontería impedir que se mencionen juntos al antisemitismo y a la islamofobia. Porque introduce una discriminación al interior de la lucha contra las discriminaciones. No mencionar a la islamofobia, que es el fenómeno más preocupante en este momento, es una vergüenza. La llamada concepción republicana francesa de la laicidad siempre tuvo divergencias y diversas orientaciones internas. Algunos me reprocharon como marxista defender una concepción liberal, pero en este caso estoy a favor de esa concepción, para la cual la noción de laicidad significa que todas las religiones tienen el mismo derecho de existir, manifestarse y desarrollarse no sólo en la esfera privada sino también abiertamente en la sociedad y que el Estado no tendría que intervenir. Esa concepción está en los orígenes de las famosas leyes laicas de finales del siglo XIX, y está siendo cada vez más suprimida a causa de una concepción intolerante y represiva que sostiene que el papel del Estado es eliminar las manifestaciones de pertenencia a comunidades religiosas. El velo completo es una cosa discutible en la esfera pública por una cantidad de razones. Pero el velo normal, quiero decir, en la cabeza de las mujeres musulmanas, como decisión personal de señalar su pertenencia al Islam es una cosa que, según mi pensamiento, una laicidad liberal no puede suprimir. El gobierno francés y parte de la sociedad han ingresado a un camino de represión continua que hace que el multiconfesionalismo no exista realmente.

–La crisis económica que atraviesa Europa ha golpeado a la socialdemocracia, que a lo largo de todo el continente encuentra dificultades para legitimarse en el poder, como el caso del Partido Socialista francés. ¿Considera que la socialdemocracia podrá encontrar una alternativa a las políticas de austeridad que predominan en Europa?

–Sería un milagro. Hay aspectos coyunturales. Uno puede especular por qué Hollande después de su elección no esperó dos o tres años, como el gobierno de François Mitterrand, para convertir su programa inicial en otro de compromiso con las fuerzas dominantes del neoliberalismo. Porque lo hizo inmediatamente el día después de su elección. Después de una visita a la canciller alemana Angela Merkel, había hecho creer al pueblo francés que quería impulsar un cambio de orientación en las políticas europeas y volvió en realidad alineado completamente con las posiciones alemanas. Está bien, los dirigentes alemanes defienden e imponen su orientación política. Habría que conocer entonces algunos elementos secretos. Pienso que la presión por parte de los inversores fue enorme desde el primer momento. Amenazaron con cortar el flujo de inversiones extranjeras en la industria francesa. Hubo una correlación de fuerzas. Pero eso no basta como explicación. El fondo es que la socialdemocracia, como sabemos todos, se ha alineado con la concepción neoliberal de la economía actual. Hace tres semanas, Martin Schulz, líder de la socialdemocracia en el Parlamento europeo, explicaba que Europa tenía la posibilidad de convertirse en una gran potencia en el mercado mundial. Y es claro que desde este punto de vista los problemas sociales no son menores. Es decir, la socialdemocracia no ha logrado inventar un modelo social que pueda competir con el curso actual de la globalización y sustituir y renovar el viejo orden del Estado de Bienestar. Ahora tenemos el resultado a la vista. Uno de los aspectos culturales de la crisis en Europa es la falta de perspectiva sobre la globalización. Europa es incapaz de actuar como una fuerza alternativa mundial en el proceso de globalización.

–El triunfo de Tsipras en Grecia parece delinear un nuevo rumbo en Europa, o al menos el esbozo de una alternativa a las políticas de endeudamiento y a los partidos tradicionales. Podemos, una fuerza surgida tras la crisis, podría dar una sorpresa en las próximas elecciones generales en España. ¿Cómo evalúa estas experiencias?

–Tsipras es un tipo bravo. Pero son procesos diferentes. El problema para Podemos es llegar al poder ya sea solo o más probablemente con otros partidos. Si ocurriera, sería para mí una señal interesante e importante de que verdaderamente hay un conflicto político en Europa y hay fuerzas renovadoras. Pero no es algo que se da por hecho. Está claro que una de las metas de las estructuras de poder actuales en Europa, que el filósofo alemán Jürgen Habermas llama de modo extraordinario “federalismo ejecutivo posdemocrático”, que es la troika, es aplastar a la experiencia griega antes de que las elecciones tengan lugar en España.

–Para aleccionar a los españoles.

–Para no correr el riesgo. El caso de Syriza es distinto, porque está en el poder nacional y se encuentra en este momento en una pulseada con la estructura de poder europea. Más allá de su electorado inicial, tiene un gran apoyo del pueblo griego. Deben llegar a compromisos, que son criticados por la extrema izquierda, una cosa que me parece absurda y muy negativa. Porque ya son tratados de traidores por esos compromisos, algo que es fundamental. Hay una tendencia en la extrema izquierda que quiere aprovechar el caso griego para lograr una disolución del sistema europeo posnacional, que sería una catástrofe para los mismos griegos. No digo que haya que apoyar al gobierno de Tsipras sin ningún espíritu crítico, pero hay que considerar las dificultades de crear una alternativa en Europa.

–Si nos ponemos reduccionistas, las alternativas a conservadores y socialdemócratas son Syriza o el Frente Nacional de Le Pen.

–Es un poco simplificador, pero es cierto si se considera a Europa como un todo. Si la alternativa no surge en la izquierda, entonces lo va a hacer en la derecha.


Nota:
* En Página/12, de Buenos Aires, 25 de mayo de 2015
 

viernes, 29 de mayo de 2015

El Cordobazo, en Argentina, cuarenta y seis años atrás un 29 de mayo…



Agustín Tosco




Queridos lectores, mañana sábado 30 actualizaré el blog, el trabajo de edición de un libro voluminoso me tiene muy atareado. Disculpen.

Algunos temas:

A Mujica y Huidobro, en Montevideo, les habría dado ahora por atrasar nada menos que sesenta años desplazados hacia el sudoeste, hasta 1955.

Ni una más...

Por eso, uruguayos y argentinos nos necesitamos más que nunca…

Crear el Departamento uruguayo Veintiuno: Punta del Este Autónomo y hermanado con los barrios Carrasco, de Montevideo, y Norte, de Buenos Aires.

¡Que el próximo 18 se animen y no oculten ser Nisman!

Reproducción pendiente: reportaje a Étienne Balibar, por Patricio Porta.

lunes, 18 de mayo de 2015

“Crisis y colapso: desafío inédito”*, por Raúl Zibechi






El pasado 9 de mayo concluyó en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México, convocado por el EZLN, el seminario “El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista”. Entre los más de mil quinientos participantes estuvo Raúl Zibechi, nuestro autor, y el investigador social y novelista marxista John Berger (88 años, autor, entre otros títulos, de Lila y Flag, El cuaderno de Bento, Una vez en Europa, Con la esperanza entre los dientes o De A para X. Una historia de cartas). Estuvieron en Chiapas: Sergio Rodríguez Lazcano, Luis Lozano Arredondo, Rosa Albina Garavito, María O’Higgins, Oscar Chávez, Guillermo Velázquez, Antonio Gritón, Efraín Herrera, Vilma Almendra, Alicia Castellanos, Greg Ruggiero, Jerónimo Díaz, Rubén Trejo, Cati Marielle, Álvaro Salgado, Elena Álvarez-Buylla, Pablo Reyna, Malú Huacuja del Toro, Javier Hernández Alpízar, Tamerantong, Gilberto López y Rivas, Immanuel Wallerstein, Michael Lowy, Salvador Castañeda O´Connor, Pablo González Casanova, Karla Quiñonez, Mariana Favela, Silvia Federici, Márgara Millán, Sylvia Marcos, Havin Güneser, delegados del Kurdish Freedom Movement, Juan Wahren, Arturo Anguiano, Paulina Fernández, Marcos Roitman, Daniel Inclán, Manuel Rozental, Abdullah Öcalan del Kurdish Freedom Movement, John Holloway, Gustavo Esteva, Sergio Tischler, Philippe Corcuff, Donovan Hernández, Jorge Alonso, Carlos Aguirre Rojas, Carlos González, Hugo Blanco, Xuno López, Juan Carlos Mijangos, Óscar Olivera, Jean Robert, Jérôme Baschet y Fernanda Navarro. G.E.





Una de las dificultades que afrontan los movimientos antisistémicos y quienes seguimos empeñados en construir un mundo nuevo consiste en que no logramos acertar en la definición de lo que está sucediendo ante nuestros ojos. A grandes rasgos, coexisten dos miradas no necesariamente contrapuestas, pero bien diferentes: quienes sostienen que estamos ante una crisis, mayor aún que las crisis cíclicas de la economía capitalistas, y los que tendemos a considerar que la humanidad está siendo llevada a una situación de colapso por el sistema.



Entiendo que se trata de un debate teórico con fuertes implicaciones prácticas, ya que estaríamos ante dos situaciones bien diferentes. Vale recordar que en otros periodos de la historia reciente, el ascenso del nazismo por ejemplo, provocó hondas divergencias entre las izquierdas de la época. No pocos desconsideraban la importancia del nazismo como una verdadera mutación sistémica, y pensaban que se trataba de un régimen autoritario similar a otros que habíamos conocido. Sin embargo, con el paso del tiempo podemos coincidir con Giorgio Agamben en que el campo de concentración modificó de raíz la política, junto a lo que definió como estado de excepción permanente.



El seminario-semillero



El pensamiento crítico ante la hidra capitalista, organizado por el EZLN del 3 al 9 de mayo en Oventic y San Cristóbal de Las Casas, fue escenario de las diversas miradas que nos atraviesan. De ahí, en gran medida, su extraordinaria riqueza y fecundidad. En el campo anticapitalista coexisten muy diversos análisis sobre el mundo actual, algunos bien fundamentados, otros más románticos, algunos focalizados en la economía y otros en la ética, y muchos otros son combinaciones de estas y otras formas de mirar y comprender. Creo que todas ellas tienen su importancia, pero conducen por senderos parcialmente distintos. O, mejor, pueden contribuir a dilapidar fuerzas.



Lo más complejo es que nadie puede proclamar tener la verdad en sus manos. Este punto me parece extraordinariamente complejo, porque no permite descartar ninguna propuesta, pero tampoco nos puede llevar a dar por válido cualquier argumento.



Me parece necesario distinguir entre crisis y colapso, no porque sean excluyentes, sino porque encarnan dos análisis distintos. El concepto de crisis está asociado, en el campo antisistémico, a las crisis periódicas que atraviesa la economía capitalista. En este punto, la obra de Karl Marx es referencia obligada para los anticapitalistas de todos los colores. Su análisis de la crisis de sobreacumulación se ha convertido, con entera justicia, en el nudo para comprender cómo funciona el sistema. De ahí deriva un conjunto de consideraciones de estricta actualidad.



Aunque algunas corrientes economicistas han acuñado la idea del “derrumbamiento” del capitalismo por sus propias contradicciones internas, desconsiderando la importancia de los sujetos colectivos en su caída, es evidente que Marx no es responsable de esta deriva que supo tener firmes adeptos en la primera parte del siglo XX.



En la misma dirección que Marx, Immanuel Wallerstein menciona la existencia de una crisis sistémica en curso, que, luego de varias décadas de desarrollo, dará lugar a un mundo diferente al actual (ya que en cierto momento se producirá una bifurcación), que puede conducirnos a una sociedad mejor o peor que la actual. Estaríamos ante una ventana de oportunidades temporal, durante la cual la actividad humana puede tener gran confluencia en el resultado final. En este análisis la crisis se convertirá en caos, del que saldrá un nuevo orden.



La idea de crisis está asociada a periodos de cambios, desorden, inestabilidades y turbulencias que interrumpen el desarrollo normal de las cosas, para luego de cierto tiempo volverse a una nueva normalidad, pero modificada. En las crisis pueden emerger factores de orden que darán a lo nuevo una diferente fisonomía. Desde el punto de vista de los movimientos, es importante destacar dos cosas: que el concepto de crisis está demasiado asociado a la economía y que aparece ligado a transformación y cambios.



Si entendí bien, siguiendo las palabras del subcomandante insurgente Moisés, quien dijo en el cierre del seminario-semillero que “no sabemos si nos va a dar tiempo de multiplicar esto”, lo que se avizora no es una crisis, sino algo más serio. Insistió: “el tiempo nos está ganando”, y dijo que ya no alcanza con caminar, sino que es hora de trotar, de ir más de prisa. La noche anterior el subcomandante insurgente Galeano dijo que hasta 40 por ciento de la humanidad será migrante y que habrá despoblamiento y destrucción de zonas para ser reestructuradas y reconstruidas por el capital. Creo que no pensaba en una crisis, sino en algo que podríamos llamar colapso, aunque no usó el término.



El colapso es una catástrofe a gran escala que implica el quiebre de instituciones, en forma de ruptura o de declinación definitiva. En la historia hubo muchas crisis pero pocas catástrofes/colapsos. Por ejemplo se me ocurre lo sucedido con el Tawantinsuyu, el imperio incaico, a raíz de la llegada de los conquistadores. Algo similar puede haberle sucedido al imperio romano, aunque no tengo los conocimientos suficientes para asegurarlo. En todo caso, el colapso es el fin de algo, pero no el fin de la vida, porque, como sucedió con los pueblos indios, luego de la catástrofe se reconstruyeron, pero como sujetos diferentes.



Si en verdad estamos ante la perspectiva de un colapso, sería la suma de guerras, crisis económicas, ambientales, sanitarias y naturales. Apenas un dato: la Organización Mundial de la Salud advirtió que los antibióticos serán incapaces en el futuro inmediato de combatir las superbacterias causantes de tuberculosis y neumonía, entre otras. En suma, el mundo tal como lo conocemos puede desaparecer. Si ésta es la perspectiva inmediata, y los de arriba lo saben y se preparan, las prisas de Moisés están plenamente justificadas. Es hora de acelerar el paso.





Notas:

* Este artículo fue originalmente publicado el pasado 15 de mayo por el diario La Jornada, de México, del cual el uruguayo Raúl Zibechi es colaborador. Nosotros lo hemos tomado de su distribución hoy lunes 18 por Andrés Capelán y Carlos Casares a través de COMCOSUR, Comunicación Participativa desde el Cono Sur.




domingo, 17 de mayo de 2015

NOTICIAS BREVES: El final de un mito. Apostillas, pastillas y apostillarse. Por la seguridad…



A las noticias breves que como acotación comentan, interpretan o completan información más amplia y extensa, se las ha llamado y todavía llama “apostillas”.

Las postillas –sin duda palabra muy relacionada con la antes dicha– son acotaciones o glosas de un texto: señales o comentarios que se agregan en los márgenes. También dicen los diccionarios, en una segunda acepción, son postillas esas molestas pústulas y costras que emergen de la piel como expresión de heridas, infección o intoxicación…

En las jergas “cuasi” secretistas –como las de ciertos bandidos intelectuales por juego adolescente o paquetería madura–, en academias, escuelas y redacciones periodísticas a las apostillas se las suele llamar “pastillas” (un mínimo chiste)…

Pero acechan riesgos, peligros. Riesgo de que nos apostillen, nos llenen de “pastillas” y apesten con pústulas y costras, y en extremo peligro de hasta perder todo dominio de la razón…  

El final de un mito

Así el título de la columna editorial del “súper” diario de un país de geografía pequeña, economía y población proporcional a la de su geografía y a la que ese mismo editorialista, u otro –clon uno del otro o viceversa–, no hace mucho la sustrajo (a la población) de su pertenencia sureña y latinoamericana para encomiarla septentrionalmente proba, sapiente, descendiente (blanca) de los barcos y nunca –por favor–, de los trenes, ómnibus, camiones o barcazas que traquetean rutas interiores del subcontinente americano.

El país auténtico, el de los paisanos, el perteneciente, el surcado aun por partículas indígenas, el país transpirado y no el cajetilla, no es el que pinta elpaís sea en la versión de papel o cibernética. Para los pueblos no se trata de mitos sino de vías, complejas y contradictorias, para sobrevivir y reacumular fuerzas.

Reproducimos solamente tres párrafos de una nota editorial del pasado 14 de mayo que se puede leer íntegra en http://www.elpais.com.uy/opinion/editorial/final-mito-editorial.html

Cualquiera con un poco de conocimiento de historia y de la naturaleza humana, podía darse cuenta de lo absurdo de tal postura. Pero los hechos ocurridos y conocidos en los últimos tiempos, dejan en claro que la afirmación de que los políticos “de izquierda” tienen una inclinación genética por la honestidad, es nada más que un mito.

De más está mencionar los hechos que han ocurrido en países como Argentina, Venezuela, o Ecuador, donde la hegemonía del Estado en la economía de esos países ha habilitado fabulosos esquemas de corrupción, clientelismo, y prebendas. En esos países ya nadie discute si ahora hay corrupción, sino hasta qué punto, lo actual, empata lo vivido en los gobiernos precedentes.

Pero dos casos paradigmáticos todavía sostenían el mito; Chile y Brasil. Dos países con gobiernos de “izquierda” moderada, moderna, que no han buscado reflotar las recetas económicas de los años sesenta y setenta, sino que aspiraban a aprovechar las bondades del mercado, para facilitar políticas sociales generosas. Un discurso simpático y entrador, pero que en los últimos meses se ha desbarrancado de manera terminal.

Terminar con el pestilente y asesino negocio

Pablo Piovano es un fotógrafo y cronista gráfico argentino que en 2014 recorrió más de diez mil kilómetros de rutas en viajes por las provincias de Entre Ríos, Chaco y Misiones. De él probablemente sea la foto que publicamos en la nota “Agrotóxicos. Fabián Tomasi: testimonio viviente del daño provocado”.1

Piovano trabaja en Página/12, y durante esos viajes que realizó por cuenta propia, como militante del sufrimiento, tomó fotografías y compuso la muestra “El costo humano de los agrotóxicos”. Por la colección fotográfica que fue presentada entre las de más de mil trescientos participantes recibió la semana pasada dos importantes premios internacionales.

«Este trabajo tiene la intención de ser un trabajo documental de largo aliento –plantea Piovano–. Es distinto a mi tarea de todos los días, al retrato de alguien del mundo de la cultura, quizás; aquí enfrente hay víctimas, están el dolor y la enfermedad.» El fotógrafo se siente también obligado hacia las setenta familias que le abrieron las puertas de sus casas para que los retratara. «Esto es una tragedia que lleva veinte años, cuando ya en 1996, siendo (Carlos Saúl) Menem presidente, Felipe Solá como ministro de Agricultura firmó un acuerdo con Monsanto, con folios en inglés y sin constatar con científicos nacionales e independientes. Este es el costo humano de este nuevo sistema agropecuario, que produce una rentabilidad enorme, pero también un daño irreparable.»

Los datos que aporta [Pablo Piovano a la serie fotográfica] apabullan: un tercio de la población Argentina está afectada directa o indirectamente por el glifosato. Son 13.400.000 personas que viven en los alrededores de la zona tratada con estos agroquímicos. En 2012 se utilizaron 370 millones de litros de agroquímicos sobre 21 millones de hectáreas sembradas con semillas transgénicas, es decir, sobre 60 por ciento de la superficie cultivada del país. En la última década se triplicaron los casos de cáncer infantil y las malformaciones congénitas se cuadruplicaron. Aunque cuesta zanjar la cuestión entre informes científicos de uno u otro bando, para el fotoperiodista la causalidad es clara. Por eso, advierte que el glifosato y otros agroquímicos están prohibidos en 74 países.2

La fotografía la tomó Piovano, el niño se llama Lucas y vive en Colonia Aurora, Misiones, Argentina, en el límite con Brasil. Tiene tres años y nació con ictiosis, enfermedad de origen genético que produce en la piel escamas como de pez. Su madre, Rosana Gaspar, de treinta y dos, durante el embarazo y sin protección alguna manipuló glifosato:





Una amenaza a la educación de calidad

Antoni Verger es sociólogo e investigador científico en la Universidad Autónoma de Barcelona, en España, y La diaria, matutino montevideano, publicó con este título su opinión sobre los tratados de libre comercio en servicios, como el TISA, al que en Uruguay se oponen partidos de izquierda, la central de los trabajadores PIT-CNT, organizaciones campesinas y ambientalistas y sectores académicos.

Estos tratados, afirma Verger, «como el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS) o, más recientemente, el Acuerdo sobre Comercio de Servicios (TISA, por sus siglas en inglés), plantean importantes retos de cara a la construcción y a la consolidación de sistemas educativos públicos, especialmente en los países del sur».

Explica que «una vez firmados, obligan a los gobiernos a garantizar a los proveedores de servicios transnacionales el acceso a sus mercados nacionales por tiempo indefinido, limitando la capacidad de regulación estatal. En el caso de la educación, dichos riesgos se multiplican por el papel estratégico que ésta desempeña en la promoción de la equidad social y la distribución de oportunidades, así como por su condición de derecho humano fundamental».

El sociólogo catalán destaca que «oponerse al TISA (como al AGCS en su momento) no debe confundirse con oponerse a la internacionalización de la educación. Más bien al contrario. Los intercambios con fines no comerciales entre profesores y estudiantes de diferentes países, así como los consorcios internacionales para la creación de programas de estudio o de proyectos de investigación, no hacen más que reforzar el intercambio de ideas y la calidad de los sistemas educativos. Por lo tanto, la cooperación internacional es otro de los instrumentos de los que dispone la comunidad educativa para oponerse a las dinámicas de transnacionalización del sector que se plantean desde una lógica meramente comercial o lucrativa».


Mito y Tomi

Mito y Tomi son lo mismo pero en espejo. Uno es al otro lo que el otro a uno. Para un caso son Mito y para otro Tomi, el espejo al revés, “se igual”. El mito fue, ya cayó, dijo Tomi: la izquierda es corrupta y este país con “su gente” es septentrional, blanco, como la gente que bajó de los barcos.

Y sin tropezar anunció que “La justicia uruguaya investiga la mayor estafa de la historia”. Puede pensar el lector que la vasta corruptela que perfora la propia sustentabilidad de la Suramérica corrompida por la izquierda había hecho pie en el impoluto territorio natural, fresco y bien oliente.3

Ahora se descubre que lo que fue una festiva generosidad adinerada de verano de quien no interesado en ser más rico arrojaba verdes billetes desde una terraza, no fue otra cosa que un desvarío de borrachera de quien habría sido no solamente ideólogo sino principal beneficiario junto con “empresarios turísticos” de la mentada estafa: un distinguido veraneante francés, que hoy, en su France, convencido debe estar que lo mejor para la tranquilidad ciudadana ante tanta inseguridad es espiar y vigilar a todo el mundo, como aprobó el parlamento galo la propuesta de su presidente, europeo, septentrional (¡cuidado Fidel!).


Nada suelto, todo sujeto

Para “comentar” en los diarios y publicaciones cibernéticas hay que estar registrado en Facebook, se leen los encabezados y quizá algo más, se eructa un pensamiento y se lo inyecta te guste o no te guste. Ahora, además, esta “red social” que todo lo sujeta para que nada caiga estableció acuerdos con una decena de medios de formación de opinión “septentrionales”.


Estúpida y cómplice

Casi frente a casa unos vecinos promovieron la adquisición de “botones de pánico” para disparar una alarmita instalada en lo alto de un poste. Hasta ahora nunca la oí sonar, nadie ha apretado el botón. Pero el pánico allí está agazapado, dispuesto, temeroso y egoísta. Ya conté esto hace un tiempo.

Guardan en su casa dos vehículos, uno el sedan familiar y el otro una camioneta que emplean en su trabajo. Cuando los guardan de noche ponen en marcha sus vehículos y encienden las luces altas, potentes, iluminando el escenario de la operación. Maniobran, se mueven, primero uno, que lentamente entran, atentos al entorno, y luego con el otro también maniobran, se demoran, hasta que de repente y prontamente sucede el encierro, y nuevamente la tranquila oscuridad.

Una cámara de seguridad en el frente de esa casa registra todo y hasta quizá los parpadeos y ademanes de encandilamiento de los viandantes que transitan las veredas, gente de a pié, inconsciente de los temores de los que tienen cosas para perder. Pregunté el porqué del botón y de la alarmita: Por la inseguridad —respondió—. Es decir que por la “seguridad de ellos” aumentan la inseguridad de muchos: enceguecen con sus reflectores y espían con sus camaritas. Estúpida y cómplice la clase media.  

Otros, también vecinos, más vale pobretones pero que han accedido a sus reflectores de cinco marchas para adelante y una para atrás, también los dejan encendidos estando estacionados sea flirteando, comprando cigarros o tan sólo esperando váyase a saber qué. Si así lo hacen los de enfrente, así ha de ser…


Notas:
1 La nota fue tomada de la agencia Télam, que no dio referencias del autor de las fotografías. http://www.telam.com.ar/notas/201505/103615-agrotoxicos-vida-salud-fabian-tomasi.html
3 Años atrás, una década y media, no más, surcando carreteras entre cuchillas y estribaciones, del litoral hacia el sur, en los atardeceres, olíamos el frescor apenas hiriente del penetrante olor de los zorrinos mientras enormes bandadas de pájaros se precipitaban sobre arboledas y matorrales a descansar. Ahora no hay pájaros, mulitas, liebres ni siquiera torpes coleópteros o tenues aromas de orines: todo es maloliente química, sangre muerta…
 

sábado, 9 de mayo de 2015

70º aniversario de una rendición del nazismo. La victoria en Berlín del Ejército Rojo

Reedición conmemorativa





La historia del siglo XX –al que algunos pocos han llamado siglo corto en contraste con un largo XIX nacido con la Revolución Francesa, y dando por su inicio el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914, y su final en 1989 con el salto hacia el vacío o un lejano porvenir de la entonces llamada Perestroika– fue signada también por la Segunda Guerra y su final.



Hay una lapso no breve entre el asalto a Berlín por el Ejército Rojo, culminado el 30 de abril de 1945, el suicidio un día después de Hitler, Goebbels y otros jerarcas nazis y la rendición del 2 de mayo, y el 15 de agosto, más de tres meses, cuando tras los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki se da por concluida esa guerra.



Las dos populosas ciudades japonesas sufrieron las consecuencias de una doble lección: la de la crueldad final de un antiguo imperio declinante, el japonés, y la de un imperio floreciente, el del capitalismo estadounidense, intrigante y tramposo.



Las ciencias duras, generalmente “apolíticas”, llegaron tarde. Casi en soledad Albert Einstein, siete años antes de los bombardeos atómicos quizá procuró evitarlos, advirtiendo por carta al presidente estadounidense Roosvelt que una detonación de ese tipo tendría efectos devastadores. La misma expresión, devastación, empleo luego el sucesor de Roosvelt, Harry Truman, anunciándosela al Gobierno japonés, y con la complicidad británica y canadiense ordenó bombardear.



Se dice que hasta en el Kremlin hubo asombro. La Unión Soviética probablemente hubiera querido terminar la guerra de manera convencional, procurando disminuir el número de víctimas y sus sufrimientos. Las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki fueron producto de una desproporcionada soberbia.



Nosotros creemos que el hecho esencial de la rendición del nazismo que ahora se conmemora fue la victoria en Berlín. En Estados Unidos y sus aliados aquel resurge, y sobran las muestras en el mundo entero. Por eso es que también creemos que el siglo XX se ha entrañado en el XXI, es decir, no acabó en 1989…

viernes, 8 de mayo de 2015

Con Scioli tampoco… Peligros del “progressismo”*



Es muy grave lo ocurrido en la localidad de Abasto, cercana a la Ciudad de La Plata, capital de la Provincia de Buenos Aires, donde habitualmente no viven ni el gobernador Scioli ni su ministro de Seguridad, Alejandro Granados. La policía provincial desalojó por disposición de un juez y contra la orden de no innovar de otro, en medio de la oscuridad de la noche, atropellando con gases lacrimógenos y balas de goma, a más de setecientas familias “sin techo” y con niños que se habían asentado en un predio baldío de cuarenta hectáreas requiriendo del Gobierno provincial se los socorriera para construir sus viviendas.



Vale la pregunta… ¿Granados le habrá aconsejado a su “jefe político” ejecutar la operación como un mensaje de campaña electoral dirigido a las señoras y señores bien hasta no hace casi nada “todos somos Nisman”, y los “cuasibien” que trepados a banquitos enclenques se creen tan “altos” como los primeros?



Qué pasó



La orden del desalojo fue dada por el juez de garantías Pablo Raele por pedido de un martillero, Alberto Mattioli, que al parecer habría sostenido estar en posesión de los títulos de propiedad de las cuarenta hectáreas en Abasto. Otro juez, éste titular del Juzgado en lo Contencioso Administrativo Nº 1 de La Plata, Luis Federico Árias, el  martes 5 de mayo, preocupado por la situación, dictó una medida pre cautelar para evitar el desalojo solicitando actuaciones del Gobierno bonaerense ante «organismos provinciales y municipales para poder dar cuenta del estado dominial y judicial de las tierras».



Granados, que no puso un oído en las leyes y el otro en el pueblo –paráfrasis que alude a la consigna1 de un obispo asesinado en 1976 por una dictadura de dictadores tan duros como estas duras demostraciones, Angelelli– indicó a su policía que escuchara una única campana, pero ¿qué campana?



Otro crítico del violento accionar contra las familias para desalojarlas, Emilio López Muntaner, senador provincial por el Frente para la Victoria, que antes de los desmanes había presentado un proyecto en la Legislatura bonaerense para expropiar las tierras y construir un complejo de viviendas, expresó a medios de prensa que Alberto Mattioli, el autor del reclamo ante el juez Pablo Raele argumentando una usurpación, no es propietario titular de las tierras.



López Muntaner afirmó que «las tierras son de un dueño que falleció hace veinte años, sus hijos se encuentran en Europa y tiene[n] una deuda hacia el fisco muy grande». Así, Mattioli –dijo el legislador–, «planteaba la “usurpación” del predio pero en este caso la inmobiliaria se encuentra en la misma situación que los ocupantes ya que no tiene ningún papel que certifique la propiedad del mismo», y explicó que lo que se perseguiría sería «un negocio inmobiliario muy grande ya que es un predio de cuarenta hectáreas [que] tienen un valor de venta de veinte mil dólares» cada una: en total casi un millón de unidades de la divisa estadounidense (más de ocho millones de pesos argentinos).



Altri tempi, el Barrio San Ambrosio



Cuando la gobernación bonaerense de Antonio Cafiero, en 1988, siendo Luis Brunatti su ministro de Gobierno, un hecho similar en tierras del deslinde entre los partidos de Moreno con el ahora San Miguel, en el noroeste del conurbano bonaerense, que en algún momento al parecer habían sido donadas a la iglesia católica y estaban abandonadas, trescientas familias sin techo allí se afincaron. Las hubo, en aquel inicio, de distintas confesiones y militancias: católicas, protestantes, peronistas, comunistas… Recuerdo especialmente reuniones para organizar el auxilio mutuo cuando la hambruna tras el golpe de mercado al presidente Raúl Alfonsín (1989), en las que participaban codo a codo y cabeza a cabeza jóvenes madres y padres de nuestro partido junto con quienes compartían el pan, compañeros peronistas y una misionera luterana y su marido pastor, todos participantes del “asentamiento”. A Brunatti ni a Cafiero se les pasó por la cabeza que la policía pudiera ir allí a repartir balines de goma y gases asfixiantes.



No es el Granados amigo del Che, no…  



Alejandro Granados, quien en la foto de hace veinticinco años posa como fiel miembro del  team de 1990 con sus inspiradores Carlos Menem y Eduardo Duhalde, quizá en su casa de Ezeiza, “nunca se metió en política”, habría hoy jaraneado el periodista y novelista Osvaldo Soriano2.



Granados, como ministro de Seguridad del gobernador Scioli no podía ser ajeno a la confrontación de criterios entre los jueces Raele y Árias y sus respectivos colaboradores sobre como abordar la compleja situación en la que un millar y medio de argentinos sin techo, humildes y trabajadores, junto con sus proles, habían acampado en un predio abandonado y levantado precarios cobertizos y carpas reclamando se les permitiera allí construir un barrio como aquel de San Ambrosio surgido hace casi treinta años atrás, una generación, hoy populoso, con escuelas y centro de salud, iluminado e integrado a la vida urbana.



El ministro optó por la “seguridad”, objeto principal de los exacerbados discursos y demostraciones patoteras no exclusivas de jerarcas políticos sino también en uso de imbéciles individualistas de medio pelo, que enarbolan consignas dominadas por el antónimo, por el nombre real, concreto. Qué cosa sino la inseguridad de los comunes, de los pobres, de los solos –de nosotros– se instaura con las cámaras de video que hasta proliferan en frentes de casas particulares de barriadas populares, de la tenencia indiscriminada y hasta suicida de armas de fuego que difunden estampidos nocturnos, del uso de vidrios oscurecidos en los autitos de simulado lujo para evitar que si atropellan las víctimas puedan reconocer a sus atropelladores, los que con “simpática devoción” cuelgan cintitas de colores que revolotean sobre las chapas patentes para que sus números y letras resulten irreconocibles (¡qué transfugas!).



El vicegobernador Gabriel Mariotto, puesto en su momento de acompañante de Scioli quizá por si hacía falta un rápido reemplazo, ahora ha dicho que como titular del Senado provincial iniciará juicio político al personal de la justicia que presuntamente habría socorrido negocios inmobiliarios y autorizado el atropello policial que incluyó maquinaria pesada de demolición: topadoras. ¿Y Granados, y Scioli?



En medio de una campaña electoral que es crucial para detener que la derecha oportunista y adicta a la rapiña cumpla con los deseos del establishment capitalista concentrado, lo de Abasto es particularmente ejemplar desde cualquier punto de vista. Del lado popular hay que tenerlo bien en cuenta, estudiarlo y actuar en consecuencia.    



Notas:

* Posizione ideologica che propone il cambiamento della società attraverso una politica di riforme (Dizionario Italiano, Corriere Della Sera).

1 «Con un oído en el pueblo y el otro en el Evangelio.»

2 Autor de las novelas, las iniciales, Triste, solitario y final (1973), No habrá más penas ni olvido (1978), Cuarteles de invierno (1980) y A sus plantas rendido un león (1986), y de guiones cinematográficos, entre otros el de la película No habrá más penas ni olvido (1983, sobre su novela homónima), en el que un personaje dice: «Si yo nunca me metí en política, siempre fui peronista». Si se quiere leer la novela en línea búsquese https://docs.google.com/file/d/0B8mME6iAg0lvZjEzN2ZiNjAtMGYzYy00MTY4LWIwMzYtMGM2MWQ4NmQ3ZGZi/edit?pli=1

sábado, 2 de mayo de 2015

Agrotóxicos. Fabián Tomasi: testimonio viviente del daño provocado*


Télam, 1.5.2015


Autodefinido como “la sombra del éxito”, el ex trabajador rural es un testimonio viviente y permanente de lo que pueden hacer los agroquímicos mal usados con un organismo: a sus 49 años sufre “polineuropatía tóxica severa”.



La enfermedad –que fue adquirida a poco de comenzar a trabajar en la carga de aviones fumigadores sin la protección adecuada–  lo mantienen hoy casi piel y huesos, sin poder comer sólidos, caminar con soltura, utilizar normalmente sus manos o hacer planes a futuro.
 

Y él se ha tomado tan a pecho esto que no duda en afirmar que lo que lo mantiene vivo varios años después de que le diagnosticaran “6 meses de vida”, es la “obsesión” en la que se ha convertido su pelea contra los agrotóxicos y “en defensa de la vida”.
 

Tomasi recibió a Télam en su pequeña casita prefabricada de Basavilbaso, la ciudad entrerriana ubicada entre el centro y el este de la Provincia de Entre Ríos, a doscientos kilómetros de la capital Paraná y trescientos de la Ciudad de Buenos Aires.
 

En esa colorida vivienda rodeada de plantas y macetas vive con su hija de veinte años –que «se vino a vivir conmigo a los seis, cuando me separé»– y su madre de ochenta.
 

Entre las dos le dispensan mucho amor y se organizan para ayudarlo a realizar hasta las tareas más elementales. Lo que lo mantiene en este estado, «y cada vez peor» según cuenta, es una «polineuropatía tóxica metabólica severa», según puede leerse en el certificado que le expidió la Anses cuando lo jubiló por discapacidad.
 

«Ellos mismos reconocen que mi cuerpo está intoxicado por los [agro]químicos», dice Tomasi, a quien la enfermedad le pegó duro por una diabetes preexistente.
 

El papel consigna también que tiene «funciones severamente disminuidas en ambas manos, piel a tensión sin huellas digitales, disfagia a sólidos (dificultad para deglutir), múltiples nódulos» de calcio (reacción del cuerpo para encapsular y eliminar el veneno), además de «disminución de fuerza muscular generalizada, alteraciones sensitivas, adelgazamiento y dermatomiositis».



Todo comenzó en 2005, cuando Tomasi, después de haber trabajado como peón de campo, carpintero y obrero de la construcción, decidió probar suerte como apoyo terrestre en la fumigación área haciéndole caso a su vocación por la aeronáutica.
 

«Nunca pensé que iban a descuidar tanto. Yo tenía que abrir los envases (de agrotóxicos) que dejaban al costado del avión, volcarlos en un tarro de doscientos litros para mezclarlo con agua, y enviarlo al avión a través de una manguera.»
 

Empleado ilegalmente, los patrones ni siquiera le dieron una vestimenta adecuada para protegerse de los vapores tóxicos o salpicaduras de productos como el glifosato (recientemente categorizado como “posiblemente cancerígeno” por la OMS), pero también el endosulfan, la cipermetrina y el gramaxone.
 

«Era verano, trabajábamos en pata y sin remera y comíamos sándwiches a la sombra del avión, que era la única sombra que había en las pistas improvisadas en el medio del campo. La única instrucción que yo recibí fue hacerlo siempre no poniéndome contra del viento, así los gases no me afectaban.»
 

«El agricultor te decía “échale todo, ¿para qué vas a dejar?, ¡con lo que me salió!» Pero no es así, eso lo tenía que ordenar un ingeniero agrónomo. Y entonces, en vez de echar seiscientos mililitros, echábamos un litro, o litro y medio por hectárea, y nosotros tragándonos todo esto,  también contó Tomasi.
 

Pero pronto las cosas no empezaron a estar bien: después de dar vueltas por distintos consultorios, terminaron diagnosticándole polineuropatía tóxica –una enfermedad neurológica que incluye un conjunto de enfermedades inflamatorias y degenerativas que afectan al sistema nervioso periférico–, y lo que le viene salvando la vida, asegura, es la medicina alternativa: «porque con la medicina tradicional yo ya no caminaba y me hacía encima».
 

A partir de una nota en el programa televisivo “La Liga”, de sus entrevistas para medios internacionales, de su participación en distintos eventos, de su activismo cibernético y de haber sido foto de tapa del libro Envenenados, de Patricio Eleisegui, el entrerriano se ha convertido en uno de las referentes de la lucha contra los agrotóxicos aunque, afirma, «hasta ahora no he conseguido nada, simplemente que me escuchen y, por ahí, que dos o tres reaccionen».
 

A pesar de que está imposibilitado de trabajar y cobra una mínima asignación mensual provista por el Estado, Tomasi se negó a hacerle juicio a la empresa para la que trabajaba. Dice que «siempre hace falta la plata, pero yo no voy detrás de ella. Yo me podría haber quedado con toda la empresa, pero no es mi fin: toda la vida fui pobre, pero honrado y quiero seguir estando orgulloso de gratuitamente defender la vida».
 

Igual de tajante es al hacer su diagnóstico de lo que está pasando con los agrotóxicos en Entre Ríos: «acá se están derrumbando de cáncer. Yo he visto a mi propio hermano, a niños morirse de esto, a mí no me la contaron».
 

«Siempre digo que soy la sombra del éxito, un éxito inexistente porque es un castillo de arena. Esto está dando plata ahora, pero somos doce millones los afectados. Yo no sé qué hay que hacer, sólo marco lo que se está haciendo mal y que no hay manera de tirar este producto que no afecte, hay que sacárselo de la cabeza.»
 

En Basavilbaso, Tomasi se ha transformado en una especie de paria por sus denuncias: muchas personas dejaron de visitarlo, recibió innumerables amenazas telefónicas y la casa tiene varios vidrios con rastros de pedradas.
 

«Yo doy mi nombre, mi dirección para que los ingenieros agrónomos, los médicos, los políticos vengan a discutir el tema, pero nunca tuve la suerte que ninguna autoridad se interese por el tema: cuando salen a la luz es porque la opinión pública se pone de pie.»



Nota:

* http://www.telam.com.ar/notas/201505/103615-agrotoxicos-vida-salud-fabian-tomasi.html