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lunes, 27 de febrero de 2012

La vía absurda II: a propósito del choque de tren que mató a 51 personas e hirió a más de quinientas, y de la vida social en general

Como no es bueno repetir lo ya dicho si no es perentoriamente necesario, remito a las definiciones generales del artículo “La vía absurda” de junio de 2010. Principalmente sobre la imprecisión de la que suele hacerse abuso en escritos y dichos (y en los pensamientos de los que surgen), pensamientos, dichos o escritos que requieren cuidadosa precisión. No es lo mismo referirse a la calle Acha como Acha que llamarla Charcas, como bromeando la nombraba mi abuelo materno para disparar la inmediata aclaración de mi padre.

(Y ya que estamos, la calle Mariano Acha lleva el nombre de un militar porteño del siglo XIX, unitario como su jefe Juan Lavalle, por encargo de quien apresó a Manuel Dorrego, un federal “moderado”, para que aquél lo hiciera fusilar como a Quiroga, pero no porque Dorrego persiguiera en su momento a José Artigas. Lavalle, tanto cruzó los Andes con San Martín como después expolió pueblos originarios para fundar la moderna oligarquía terrateniente bonaerense. A propósito: lleva su nombre también la plaza en Buenos Aires frente al edificio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.)

El choque en Once del tren sin frenos

Sobre el gravísimo y luctuoso incidente –“que sobreviene en el curso de un asunto o negocio y tiene con este algún enlace”, no confundir con accidente– ocurrido en la estación cabecera de la línea ferroviaria que une la periferia oeste del Gran Buenos Aires con el centro de la ciudad, y que costó la vida a 51 personas y graves lesiones a otro tanto y más de un millar de afectados de distinto rango, se habló, escribió y mostraron imágenes abusivamente en los medios de comunicación, y en torno a la muerte de un joven de veinte años cuyo cuerpo recién fue hallado dos días después hasta emitió su opinión el director de la Biblioteca Nacional, el reconocido sociólogo Horacio González.

El dolor empaña la razón, suele decirse con acierto, y entonces a veces se abordan cuestiones concretas con subjetividad excesiva. Los padres y la hermana del joven, claro que superlativamente doloridos, también se expresaron, y reclamaron por las responsabilidades en la desprolijidad e ineficacia de los procedimientos de búsqueda. Fue el padre del joven el que dio la pista de la ubicación del cuerpo cuando lo reconoció en un vídeo de “seguridad ferroviaria” accediendo al tren por la primera ventana de un vagón.

El Gobierno, en tanto conductor y apoderado del Estado anunció que se presentará como querellante en la causa judicial que investiga el choque, las muertes y lesiones ocasionadas y otras consecuencias. Es el mismo gobierno del Estado que no ha resuelto todavía acciones generadas por el neoliberalismo y la cultura individualista imperantes desde hace treinta años: por caso, ahora, la efectiva vigilancia y control de las instalaciones ferroviarias y de su gestión comercial. Tampoco una definida acción cultural para que cada uno de nosotros seamos creadores y partícipes de conductas activas de solidaridad y supervivencia: entendiendo que si un conductor de trenes se niega a continuar la marcha por los riesgos que ello implica hay que escucharlo y prestarle apoyo, y no amenazar con lincharlo. Que tenemos que poder acceder todos al tren y sin atropellarnos y tampoco entrando por una ventana: estar atentos al nosotros siempre y no solamente para llorar, filosofar o putear.

Ahora, ya silenciándose hacia las memorias de sus familiares y amigos los atormentados ayes de dolor de los apretujados y lastimados entre los fierros del tren (seguramente que ya inestables por la corrosión), aparecen nuevas noticias hasta el próximo desbarranque de un ómnibus o la triste suerte de una familia que se desplaza en un automóvil a ciento cincuenta por hora por la curva de una carretera de solo dos carriles para dos sentidos de tránsito. Wikileaks ha ventilado ahora miles de correos electrónicos entre la central de la agencia privada (no estatal) de espionaje Stratfor (ver en Wikipedia) y sus “corresponsales” instalados quizá en la casa de al lado, entre ellos los mensajes con “análisis” referidos a las suramericanas Islas Malvinas (ver http://santiagoodonnell.blogspot.com/).

Inversor global

Sttatfor, dirigida por un Friedman desde EE. UU., que vende sus informes sociales, políticos y militares a empresas multinacionales y también a gobiernos, debe ser el modelo ideal del porteño Federico Tessore, alma mater y “ceo” de la empresa de asesoramiento en asuntos de “guita” que paga el anuncio en Google titulado con caracteres catástrofe “El fin de la Argentina”. Tessore dice, en un mensaje extenso y de poca consistencia al que se accede haciendo “clic” en el aviso, que “ante la debacle inminente” y para salvar la plata los argentinos tienen que hacer inversiones inmobiliarias en el exterior. ¿Deberían ser en Punta del Este, en José Ignacio o ahora en las exclusivas urbanizaciones que se prometen frente a la laguna Garzón, límite entre los departamentos de Maldonado y de Rocha?

En las funciones políticas e intelectuales gubernamentales, y en las de la sociedad en general, son demasiados los oportunistas. Es hora ya de cortar la cadena infeliz de la que somos víctimas, pero todavía falta…

Gervasio Espinosa (lunes 27 de febrero de 2012).

domingo, 12 de febrero de 2012

Elección primaria (discernir para elegir)

Desde orillas del gran estuario Del Plata –confluencia y desagüe en el océano de los ríos Paraná y Uruguay–, procuraremos ahora llegar a Cristina Fernández y a Pepe Mujica, respectivamente presidentes de Argentina y de Uruguay. El objetivo es plantearles cuestiones que podrían parecer de importancia menor (y lo hacemos así, de manera abierta, para ponerlas en discusión general).

Una de esas cuestiones es la dificultad para, empleando los sistemas informáticos, establecer intercomunicación fehaciente con sus aparatos burocráticos de gobierno. Sus sitios de internet no son de intercomunicación sino de comunicación unidireccional: transmiten exclusivamente hacia nosotros. Es un modelo empresarial de gerencia, “gestional” dirán los enamorados de neologismos de ocasión. En esos sitios de internet “oficiales” se induce a recurrir a las con exceso llamadas “redes sociales”: conexión entre usinas generadoras de opinión con sus ingenuos afiliados y promotores.(1)

Otras cuestiones que podrían parecer menores refieren a las lámparas de gas xenón que proliferan instaladas en motocicletas y automóviles de argentinos “fan”, puestas donde no se deben poner, y a la publicación de la foto de un adolescente, presumiblemente montevideano, de frente, mirando a la cámara, que hizo el diario uruguayo El País el sábado 2 del corriente mes de julio, ilustrando una nota. Habrá un par más de cuestiones.

El País publicó la foto del adolescente (http://www.elpais.com.uy/110702/pciuda-577099/ciudades/comerciantes-con-temor/) para ilustrar sobre “los fundados temores que los comerciantes de Carrasco” tienen de ser rapiñados, asaltados y robados. Este cronista informó del abuso al Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU), por vía del sitio de éste en internet, pero el organismo oficial del Gobierno uruguayo no acusó recibo.

En Argentina existe un organismo oficial dependiente del Ministerio de Interior, la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), también con sitio en internet. A su través se procuró detalladamente alertar al organismo sobre el inadecuado y peligroso uso que se hace de las lámparas de gas xenón (que emiten una luz muy blanca, más potentes que las llamadas halógenas, y que solamente pueden ser instaladas en reflectores u “ópticas” con diseño y lentes específicos)(2). La ANSV del Gobierno argentino tampoco acusó recibo.

Así como el sábado 2 de julio el diario de Montevideo El País sin ningún escrúpulo atropelló los derechos de los adolescentes, ayer mismo (27 de julio), ya noche, en una avenida principal de la ciudad de San Miguel, Provincia de Buenos Aires, el conductor de un WV del año 2000 con cuatro faros “arreglados” para gas xenón y encendidos, más ruidos electrónicos a todo volumen y un gran GPS pegado al parabrisas avanzó sin ningún escrúpulo de contramano y en oposición al semáforo en rojo. Quizá para este adulto automovilista de los pagos de Aldo Rico (en 1988 mientras ejercía de coronel sublevado autor de la sentencia: “La duda es la jactancia de los intelectuales”), como lo es para la mayoría de los adolescentes montevideanos según dijeron jerarcas del Gobierno y publica hoy mismo El País, el más exitoso e imitable paradigma social sea el del narcotraficante.(3)

Si las cosas son así debe ser porque tanto en diarios y academias como en las agencias gubernamentales de un lado y otro del gran estuario anidan copias más o menos fieles del arquetípico conductor del WV 2000 del pago suburbano de Rico, exponentes de la peligrosa imbecilidad posmoderna que se multiplica en vectores políticos tanto conservadores como renovadores y autoproclamados progresistas.

Entre las invenciones existentes en la colorida y triste actualidad está la del “consumo cultural”. Es decir, según las acepciones del verbo “consumir”: la destrucción, extinción o gasto de lo que los diccionarios definen como “conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.”.

Ayer, en la Ciudad de Buenos Aires, confrontando con su gestor mayor Mauricio Macri, frente al Teatro San Martín un numeroso grupo de artistas reclamó en defensa de la cultura. El diario Página/12 en un párrafo de la crónica dice:

Alrededor del escenario se multiplicaron los abrazos. Horacio Fontova, Horacio González y Ricardo Forster fueron algunos de los referentes que, en respaldo de la fórmula Filmus-Tomada, se integraron a la multitud que “hacía el aguante” a la vera de la calle Corrientes, minutos antes de que llegara –en visita sorpresa– el propio ministro. El actor Patricio Contreras se encargó de leer el comunicado oficial de la reunión, donde se señala que «una política cultural no puede circunscribirse al suministro burocrático de espectáculos, festivales y megaeventos que aparecen y desaparecen» y que es imprescindible dar con «una propuesta integral que genere equidad en el consumo». La lista de adherentes incluyó a Peteco Carabajal, Ricardo Bartís, Andrea del Boca, Gustavo Garzón, Jorge Dubatti, Lidia Borda y Noe Jitrik, entre muchos otros.

¿Cómo es que intelectuales y artistas de tan buena y popular disposición pudieron escribir “una propuesta [cultural] integral que genere equidad en el consumo”? (El destaque es mío, porque, nuevamente yendo al diccionario, leo y transcribo respecto de la locución adjetiva “de consumo”: “Dicho de la sociedad o de la civilización: que está basada en un sistema tendente a estimular la producción y uso de bienes no estrictamente necesarios”. Es decir… el gran menjunje de palabrerío alrededor de ideas que se clasifican en los rubros de “producción” e “industria” cultural ya se está haciendo indeleble.)

Para la estadística puede resultar meritorio, y sumamente interesante para las industrias de la celulosa y el papel, la cantidad exorbitante de libros publicados en Argentina por sus pujantes empresas editoriales (beneficiadas con subsidios del Estado y de fundaciones que premian a las prolíficas autoras y autores), una rama de las industrias culturales que abastece el mercado de los lectores. Esa exorbitante cantidad de libros, sin embargo, poco se lee. Aun así el propio volumen reproduce ese sistema, como lo hacen los motores de búsqueda en internet.

Si al menos algunos más (¿y fantasear que también Cristina y Pepe?) prestáramos activa atención crítica al fenómeno de las lámparas de gas xenón, del individualismo creciente, de la crisis ética, los miedos patológicos y la inescrupulosa y mayúscula manipulación de la opinión pública que hace el capitalismo para disimular (y reproducir) su crisis final (que de esto se trata), otro sería el cantar.

Y porque así otro sería el cantar es que citamos al gran poeta cubano Nicolás Guillén:

y a todos el son preciso,
José Ramón Cantaliso
les canta liso, muy liso,
para que lo entiendan bien.


Gervasio Espinosa (29 de julio de 2011)

Notas:
(1) Sobre esta cuestión de la generación y manipulación de opinión y otras que se plantean en cuanto a la deshumanización de los procesos de pensamiento véase un trabajo interesante del periodista estadounidense Nicholas Carr: Superficiales. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?, Taurus, Buenos Aires, 2011
(2) Véase en internet http://www.taringa.net/posts/autos-motos/7456951/Tenes-o-queres-Xenon_-Entra-1_.html).
(3) El País, Montevideo, 28.7.2011. Guarteche: la mayoría de jóvenes quiere ser “narco”: “Encuestas de hogares y a estudiantes liceales revelaron que los jóvenes y niños quieren ser narcotraficantes cuando antes el modelo que seguían era a futbolistas, médicos, bomberos o policías, afirman jerarcas del Ministerio del Interior. «Hace poco se hizo una encuesta en la que se preguntaba a los menores qué querían ser cuando llegaran a adultos. La respuesta que más se repitió fue que querían ser narcotraficantes. Eso es muy preocupante, ya que es al narcotraficante a quien ven como modelo», dijo el lunes el director Nacional de Policía, Julio Guarteche en la Comisión de Constitución y Legislación del Senado. Durante la sesión, Guarteche fue interrumpido por el senador Ope Pasquet (Vamos Uruguay [Partido Nacional]), quién preguntó si los datos que manejaba el jerarca policial provenían de un sondeo efectuado por el Ministerio del Interior. La respuesta provino del subsecretario de dicha cartera y ex presidente de la Junta Nacional de Drogas, Jorge Vázquez. «En realidad se hicieron varias encuestas, algunas de hogares y otras de estudiantes de enseñanza media. De ahí surgió esa información», explicó”.

Clase media contemporánea: estupidez y perversidad

Ojalá antropólogos, sociólogos, psicoanalistas e historiadores, entre otros auténticos científicos que no hayan sido infectados por el posmodernismo, sea éste de acción o de omisión, es decir, del que “cree movilizar” y del que pone todo en paréntesis, tomen la presentación de este tan elemental como veterano observador para, más pronto que tarde ya, desentrañar la estupidez y perversidad de la clase media contemporánea.

(Dedico la inquietud a los cinco nietos, entre los venidos y los viniendo, y en paridad al quinteto de antiterroristas cubanos injustamente presos en EE. UU.)

I
El automóvil que está detenido al costado en la senda rápida tiene motor del doble de potencia, quien lo conduce está –al parecer, y sin hacer discriminación de sexo– en la plenitud de las condiciones vitales de salud y edad para su reproducción y la de su clase. El vehículo brilla, es nuevo. El conductor, que lo ha detenido frente a la luz roja del semáforo pero invadiendo plenamente la franja para el movimiento de los peatones, tiene su cabeza a una altura por lo menos veinte centímetros por encima de la mía. Debe estar apurado, acuciado por las urgencias del presente. Cuando simultáneamente se apaga la luz roja y enciende una amarilla y con igual sucesión al final queda encendida la verde arranco el vehículo que conduzco (que tiene un motor de la mitad de la potencia del que estaba detenido al costado). Quince metros más adelante observo por los espejos retrovisores que el conductor del automóvil más potente y que parecía tan urgido recién ha iniciado la marcha.

Ahora vamos por la autovía que tiene una velocidad máxima permitida de 120 kilómetros por hora. Conduzco regulando la marcha aproximadamente entre 110 y 115 kilómetros un automóvil con un motor que como máximo tiene por lo menos la mitad de la potencia de los que me sobrepasan por la izquierda o por la derecha, y que puede estimarse avanzan a 130 o 140 kilómetros por hora y otros aún a más. Algunos conductores, sin hacer discriminación de sexo ni de condiciones generales para la reproducción, me sobrepasan con maniobras arriesgadas y vertiginosas pudiéndose presumir que poseen destreza para ello. También puede presumirse, observando el cielo cercano y el horizonte, que pronto se descargará un chaparrón; sucede, rápidamente se oscurece la atmósfera y comienza la lluvia. Ahora tengo dificultades para continuar avanzando a 110 kilómetros, e inclusive a menos velocidad. Los demás conductores, a quienes el chubasco parece haber licuado sus pretensiones y altanerías, van lento, temerosos, inseguros.

En la ciudad llego por una calle al cruce con otra, transversal. No hay peatones a la vista y por mi derecha no se acerca ningún vehículo, cuando avanzo un largo y estridente bocinazo me alarma desde el lado izquierdo (¡precisamente el oído que me funciona mejor!) y veo el gesto iracundo del conductor que acciona su bocina. Sigo avanzando. Luego, el conductor del gesto iracundo acelera haciendo bramar motor y ruedas. En este barrio están reparando desagües y han clausurado calles, algunas cuadras más adelante el soberbio automovilista va nuevamente detrás.

II
Hago cola para acceder a un cajero automático. La cola pasa por delante de la puerta del banco. Veo que quienes salen o entran tienen que en el mejor de los casos pedir que les cedan el paso, o empujar, y hay roces. Cuando llego a estar frente a la puerta por la que aquellos salen o entran dejo entre quien me precede y yo una distancia suficiente que sirve de pasillo. La persona que está detrás de mí, sin importar sexo ni condiciones para la reproducción, intranquila, indaga si voy o no voy al cajero; le explico que sí, y que dejo esa distancia para que pase la gente que entra y sale del banco. La cola avanza unos pasos y entonces me acerco nuevamente, poniéndome del otro lado del pasillo que evita roces, empujones e incomodidades varias. Vuelvo la cabeza y nuevamente la apretujada cola pasa por delante de la puerta y quienes entran o salen del banco tienen que pedir que les cedan el paso, o empujar.

Para cruzar a pie la avenida espero que el semáforo para peatones nos dé paso. Lo da, medio metro delante cruza alguien cuando un ciclista, que no ha respetado las señales para vehículos, le interrumpe el paso pretendiendo atravesar nuestra senda. Lo detengo con firmeza y le muestro la llave del automóvil, le explico cortésmente que habitualmente conduzco vehículos y le pregunto que pensaría de mí si con mi mole metálica me le pusiera amenazante delante de su bicicleta y su cuerpo; me mira y no dice nada, entonces le digo con claridad que eso mismo ahora pienso yo, no de mí sino de él.

III

En una dependencia gubernamental superpoblada de recurrentes y funcionarios, la madre de mi nieto más pequeño –con él alzado– tiene que hacer un engorroso trámite para la inscripción en la seguridad social y la atención médica que al niño le corresponden por el desempeño laboral de ella. Este nieto es muy pequeño, tiene apenas un mes de vida. La madre de este nieto, que lleva ya unas horas en el lugar, mientras espera se inquieta por la cercanía con una niña de bastante más edad, con intenso sarpullido y que se rasca en brazos de una mujer. Alguien le pregunta y dice: ¿tiene varicela?, podría contagiar a otros niños… —Sí —responde ella.

Hace ya veintitantos años que no concurro a reuniones escolares de madres y padres. Pero las recuerdo. Hubo ocasión en que una docente planteó el problema de “los repetidores” como si fueran una categoría de parásitos propios del aula, como pulgas, o chinches. Siendo que había unas dos docenas de presentes, solamente dos progenitores a quienes no nos vinculaba en esa condición otra cosa que no fuera que nuestros hijos fueran condiscípulos, sin importar para el caso el sexo (aun siendo que ambos, entonces sí, transitábamos nuestras edades reproductivas), intercambiamos miradas de cierto desagrado. Luego observamos, los dos, como el resto se arremolinaba alrededor de las y los docentes para solamente, cada una y cada uno (sin importar… como ya se ha dicho) reclamaba por las calificaciones de sus respectivas hijas o hijos, nada más.

IV
“Clivaje” por escisión, “historizar” por historiar o poner en relación histórica (como “frizar” por congelar, todo da igual, ¡es lo que hay!). “¡Quelevachaché!” Un cambalache: en cierta jerga “cientista” las preocupaciones populares y reclamos solidarios referidos a tal o cual cosa (por ejemplo el medioambiente) son equivalentes a los de los “stakeholders”. Lo han leído (los repitientes) en “la literatura especializada” capitalista neoliberal generada especialmente a partir de la década de 1980, auge del “posmodernismo”. Según la enciclopedia Wikipedia se llama “stakeholders” a “quienes pueden afectar o son afectados por las actividades de una empresa”. Es decir, por caso, que a los asambleístas de Gualeguaychú o a quienes en las estribaciones andinas se oponen a la explotación minera con cianuro y que en los esteros del Iberá no quieren embalses ni uso de agroquímicos, se los homologa (en cuanto “campo” u objeto de estudio) con los “parte interesada” o “tenedores de apuestas”, traducción literal de “stakeholders”.

Pese a haber cursado muchísimos años atrás la escuela industrial, o quizá por el prolongado lapso entre aquello y el presente, no tengo ya dominio sobre el cálculo de porcentajes, sólo recuerdo que en él se emplea una simple regla de tres (sin que ello implique, ahora, ninguna otra cuestión). Sí sé que aunque pueden indistintamente siempre que no se entreveren escribirse con números y signos específicos o con letras, nunca deben anteponerse a sus cantidades los artículos un o el (aunque objetivamente es una verdad no debe escribirse que en Suramérica “el” o “un” 20% de la población vive treinta y pico veces mejor que otro 20% en el extremo opuesto de la escala social). Son cosas de mi oficio, por el que he debido y debo revisar y arreglar decenas y decenas de textos académicos de las ciencias sociales que han de publicarse. Sin poder precisar una cifra porcentual estimo que son demasiados los escritores que confunden. Es decir, si es que han entendido algo no lo pueden explicar, lo que en realidad es difícil. Digo: no es que sea difícil explicarlo sino que es difícil que si no lo pueden explicar lo hayan entendido.

V
Para terminar. No sé en qué porcentaje, pero al menos una gran parte de los miembros de la clase media contemporánea (en tanto automovilistas, académicos o simples viandantes, etcétera, sin discriminar por sexo o por edad) demuestran ser muy estúpidos y perversos.

Gervasio Espinosa (25 de septiembre de 2010)

La vía absurda. A propósito de Gualeguaychú-Fray Bentos en 2010, los monocultivos y ahora la mega-minería

Cuando alguien que aparece como investigadora o investigador en ciencias sociales porque hay mención de que en esa condición tiene filiaciones institucionales y recibe pagos de tales o cuales organismos académicos, y por caso en Argentina también del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), y haciendo una afirmación absurda escribe que una gran concentración de personas se realizó “en el Monumento a Los Españoles” de la Ciudad de Buenos Aires, a partir de esa manifestación todo lo demás que exprese por lo menos debe ser considerado sujeto a revisión, no hay vuelta, tanto por sus eventuales escuchas o lectores como por parte de quienes son responsables de solventar su desempeño. Porque no existe tal monumento en dicha ciudad, y habiendo uno con nombre parecido pero muy diferente significado sería mínima una concentración de personas que se encaramaran sobre esa construcción escultórica, quizá treinta, o cuarenta, más no. El ejemplo vale para muchos otros casos y circunstancias. (Otra cosa sería afirmar que al pie del Monumento de Los Españoles, en el barrio Palermo de la Ciudad de Buenos Aires, ocurrió una concentración de personas.)

El reclamado “monitoreo” de la emisión de líquidos y gases de la fábrica de pasta de celulosa emplazada frente a la ciudad entrerriana de Gualeguaychú es otro imposible. Aceptada tal necesidad y dispuesta tal ejecución no se haría nada, absolutamente nada, o cualquier cosa cuyo resultado sería incierto: no existe acción concreta alguna de un sujeto la cual sea llamada “monitorear”, no hay tal verbo. Existe, sí, el sustantivo “monitor”, que refiere a personas o cosas con determinadas capacidades o utilidades, y por asociación podemos suponer, sólo suponer, qué podría tentativa y provisoriamente entenderse por “monitorear”, y de paso, si se pudiera, qué entender por “rubiar” o “rubiado”: ¿acción de los rubios o blondos, en el primero, o efecto causado por una rubia en el segundo? (¿Qué rubia?…).

Según el diccionario monitores son las personas que guían los aprendizajes deportivos y culturales, también quienes amonestan o avisan y los ayudantes de los profesores de educación física en el Ejército. Explica el equipo de consultores del sitio de Internet El castellano.org , que el sustantivo “monitor” proviene del latín moneo, monere (advertir, avisar), y que se llamaba así a los ayudantes que acompañaban en el foro a los oradores romanos para recordarles y presentarles los documentos y objetos de los que debían servirse en sus exposiciones, y a los esclavos que acompañaban a sus amos por las calles para recordarles los nombres de las personas con las que se iban cruzando.

En el idioma inglés se tomó la palabra del latín porque es sabido que los romanos, promediando el primer siglo de la era cristiana, cruzaron el Canal de la Mancha y dominando a los britanos que poblaban la primera gran isla constituyeron una provincia más de su Imperio, la Britannia, y fundaron Londinium a la vera de un río, viéndose obligados a retirarse hacia el continente medio milenio después. De la lengua inglesa la palabra llegó a nuestra habla. Así es como se instalan otras tres acepciones de “monitor”, que no refieren a personas sino a cosas, a productos tecnológicos. La primera y la segunda aluden a aparatos sensibles que detectan y revelan la presencia de radiaciones, entre los que se encuentran las pantallas luminiscentes para televisión, computadoras u ordenadores, teléfonos y gran cantidad de otros dispositivos electrónicos.

Una tercera acepción pudo ser la razón de la intranquilidad habida hace dos o tres años en el marco del conflicto que genera estos comentarios. Monitor se llamó un antiguo barco de guerra fabricado en Nueva Orleans y destinado a la guerra civil norteamericana de mediados del siglo XIX, artillado, acorazado y con espolón de acero en la proa, que podía navegar casi sumergido para pasar inadvertido y ser menos vulnerable, y cuyo pequeño calado le permitía internarse en vías fluviales. Una recreación entrerriana podría haber sido referida metafóricamente como “la abuela bomba”, la que se inmolaría derrumbando a Botnia, hoy UPM…

Con “monitorear” –en lugar de vigilar de todas las maneras posibles el enclave industrial celulósico (y mejor todavía, verbo sí plenamente existente, vigilar a todos los enclaves industriales y agro intensivos) inclusive con monitores– pasa igual que con la denunciada “judicialización” de la protesta que se enrostra al Gobierno. Se emplean mal las palabras y se hace un menjunje de ideas que no resuelve ni tampoco cambia el aspecto del problema, no es mezcla médica ni cosmética. ¿No fue la Asamblea la primera en denunciar ante la Justicia a los responsables de Botnia? ¿No era que había que llevar el conflicto a la Corte Internacional de La Haya? ¿No fue todo eso la “judicialización”? Además, ¿alguien puede mostrar alguna intervención de los aparatos judiciales sean estatales o supranacionales que no sean acciones de efectos políticos que se despliegan ante conflictos sociales?

Quienes vienen ganando en el ínterin de la composición del menjunje, al que del lado oriental del Río de los Pájaros no se le hace asco y se le agregan ingredientes, son los negociantes del papel para los envoltorios y la publicidad del mercadeo (en lo menos que se lo emplea es en libros) y sus socios de la soja, que en tiempo y forma récord y en ambas bandas, “a lo bruto nomás”, ambos, consumen al acuífero Guaraní. No son ajenos a la generación de confusión los vanguardistas que creen o pretenden hacer creer que avanzan al frente aun sin nadie detrás, y que para auto complacerse en su soledad procuran mirarse reflejados en lo que imaginan y valoran como heroica resistencia. No se enojen conmigo porque lo digo, enójense consigo mismos porque lo hacen.

La Asamblea Ciudadana de Gualeguaychú cumplió un papel importante frente a la implantación grosera y soberbia de la contaminante industria de la celulosa en la ribera oriental del río Uruguay, también lo cumplieron los ambientalistas fraybentinos y de toda la cuenca. Pero en el proceso de confrontación hubo errores producto de limitaciones ideológicas y conceptuales, y por la implicación oportunista de la derecha política. Para resolver las carencias y dificultades hay que abandonar las vías absurdas y despejar las cabezas. Probablemente instancias superadoras de las ahora existentes sean las que puedan hacerse cargo de la continuación de esta lucha y el planteo de nuevas estrategias. Cuanto más demoremos en asumirlo, aunque ahora duela, más se demorará la sanación de las heridas propias y la aludida recomposición de fuerzas.

Gervasio Espinosa (13 de junio de 2010)

Grecia de hoy explicada a Jaritos por Zisis

(Agradeciendo la necesaria deferencia del novelista Petros Márkaris)

La debacle capitalista y su brutal agresión contra la humanidad toda, y en ese marco especialmente la febril actividad de autodefensa del pueblo griego, probablemente sean las que impiden –por ahora y en la urgencia– que Petros Márkaris nos ponga al tanto de las reflexiones y quehaceres que en Atenas asume por estos días el comisario de homicidios Kostas Jaritos, su creación.

Nosotros imaginamos al susodicho atravesando la ciudad tan congestionada como él mismo, en su casi destartalado Mirafiori, habiéndose escapado del control de su jefe Guikas y despotricando contra los burócratas políticos del Ministerio del Interior, o ya en su casa disputando la pantalla del televisor con Adrianí y sacado de quicio por el mundialista desparpajo de los “informativistas” que hablan mucho y dicen nada. Al fin, más tranquilo porque ha llamado Katerina, la hija de ambos, diciendo que ella y su marido están bien, sale del apartamento para dirigirse al suburbio donde vive Zisis, el viejo comunista con el que trabó amistad en los inicios de su carrera policíaca, viendo la entereza con que aquél soportaba la tortura durante la llamada “dictadura de los coroneles”.

Zisis, ahora, lo vemos, ofrecerá café a Jaritos y una charla serena, esclarecedora. “No es lo que dicen que es –le dirá a Kostas–, no está en riesgo la integridad griega ni se esfumarán el país y su pueblo como afirma el ministro de Finanzas, Evangelos Venizelos, que amenaza con el peligro de un derrumbe si el país no acata los mandatos de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI”. Y con pícara sonrisa agregará: “Una pretendida nueva santísima trinidad local para la ortodoxia capitalista católica, es decir, universal”.

—Lo que se cae, Kostas, es el capitalismo, en tanto modo de producción y ordenamiento social —explica el viejo militante—. No se cae de repente, claro, se va cayendo, corrupto y decrépito. Puede tardar años y aun décadas, o desplomarse en un santiamén. Pero ten en cuenta que la economía en sí, el trabajo y la producción social y su distribución, y el pensamiento que en ellos va y se reproduce no solamente no caerán sino que irrumpirán nuevos y florecientes. ¿Lo entiendes?

Jaritos regresa a la hora de la cena. Lo esperan frente a una rebosante fuente con rojos tomates rellenos Adrianí, Katerina y el yerno Fanis. Los besa y luego de lavarse las manos, mientras se sienta a la mesa, señalando el televisor dice: —Lo que ese Venizelos anda ventilando para meteros miedo son todas mentiras.

Gervasio Espinosa (21 de septiembre de 2011)

viernes, 10 de febrero de 2012

Nov shmoz ka pop?

(Publicado por TINKU información alternativa, el 4 de enero de 2007.)

Los sesentones realmente de izquierda –además de estar transitando nuestro personalísimo último cuarto de hora biológico junto con algunos menos setentones y aún más escasos ochentones–, mientras nuestras memorias y capacidades reflexivas estén todavía en buen funcionamiento tenemos impostergables obligaciones. Principalmente participando en “la batalla de ideas” para, a quienes en actual operatividad política y que por acción u omisión la exponen como popular y progresista (sean de las siguientes o de la misma generación nuestra), advertir tozudamente con nuestro ejemplo que es peligrosamente de lesa humanidad insistir en las repeticiones de engaños y oportunismos. Obvio es que esta afirmación está muy lejos de las gracias de Lula cuando dice de sí que por su edad ahora es socialdemócrata; siempre lo fue, y afirmarlo no es peyorativo.

La memoria colectiva, la propia o la registrada por alguna escasa buena historiografía, junto a la reflexión aplicada y el buen humor (aprovechando todavía el apogeo, aunque de uso muy restringido, de cierta comunicación cibernética horizontal que en algún momento podrá colapsar) son los recursos para este ejercicio que proponemos, voluntarioso aunque no exceptuado de profundo pesimismo.

Hace algún tiempo, Invernizzi, frenteamplista presidente de una junta municipal del interior uruguayo, me decía, más o menos así, que “en la era de internet el asambleísmo de base es una rémora del pasado”. Como el jerarca estaba ocupadísimo organizando una maratón, que como se sabe es una saludable actividad que reúne a mucha gente corriendo pero que entre sí no necesariamente habla ni hace otra cosa que correr, tras lo dicho me despidió de manera amable y terminante (ya en la calle caí en la cuenta de que podría haberle retrucado exponiéndole que él mismo en la dicha época de la virtualidad consideraba necesario hacer correr reales y oxigenadas maratones).

Ahora, apenas una semana atrás y casi un año después de aquella conversación, el diario montevideano La República tituló “Silencio de catedral” una mínima nota aludiendo a la ausencia de comentarios del gobierno de Buenos Aires sobre el retiro de la custodia militar de la planta en construcción de Botnia, en Fray Bentos. Retiro de custodia que fuera, como su implantación, dispuesta por Tabaré Vázquez; medida, la última, formalmente solicitada por la dicha Botnia. En el momento de su implantación, recordaba La República, la custodia había sido calificada por Kirchner como “una afrenta”.

En ámbitos comunes, populares, tanto la implantación como la desactivación de la custodia generó opiniones, aunque una oportuna prudencia evitó que esa “vergüenza ajena” tuviera excesiva difusión (no en el caso de Lacalle, claro). Con todo fueron más explícitas respecto de la desactivación que, como se informó en Montevideo luego del anticipo hecho por el intendente de Fray Bentos, principalmente obedeció al deseo y voluntad de la empresa finlandesa de no ver desprestigiado su nombre.

La medida de implantar la custodia pareció justificada en una fabulación desatada en pueriles conciliábulos en territorio de EE.UU. sobre la peligrosísima octogenaria entrerriana que se habría ofrecido como abuela-bomba, cuya aparición (a la que se atribuyó paralelismo con el fenómeno Bin Laden, y así, al fin, a la abuela-bomba sin pretenderlo se la convertía en un engendro de la CIA) fue precedida por la muy publicitada noticia de una presunta intimidación nocturna hecha hace un mes a un policía que vigilaba el perímetro fabril por parte de tres sujetos, “dos con armas largas”, y que hablaban con “acento porteño”. Un discurso para la “gilada”, sin duda, de los que tanto se han usado y todavía se usan (y vaya que tenemos antecedentes de ello en la Banda Occidental de las Provincias del Río de la Plata).

El uruguayo Guillermo Waksman escribió en el semanario montevideano Brecha (“Guardia militar en Botnia. Jugar con fuego”) que la militarización de la custodia de la empresa recorrió un sinuoso y controvertido camino. La medida fue decidida el 23 de noviembre pasado y la dio a conocer el diario Últimas Noticias tres días después. Pero, dice Waksman que fue “un mes y medio antes, el 2 de octubre, que el Poder Ejecutivo habilitó por decreto la participación de las Fuerzas Armadas en la custodia del predio”, cuando la encomendó a la Prefectura Naval dependiente de la Armada.

Ese primer decreto del 2 de octubre, se lee en Brecha, “además de la firma del Presidente lleva las de la ministra Berrutti y el titular de Economía Danilo Astori”, ese afable académico –colaborador de Enrique Iglesias, ministro de Julio María Sanguineti y asesor de Luis Lacalle– que frente a las cámaras de TV intercambia sonrisas y espaldarazos con Tabaré (“¡con el que no se juega!”, según sostuvo un seguidor de no menor papel en el Partido Socialista). En ese entonces no participó el ministro de Interior, José Díaz, en uso de licencia por enfermedad, ni tampoco su subsecretario Juan Faroppa “que no fue convocado a la reunión pese a que se le quitaban cometidos a esa cartera”, de la cual depende la Policía Nacional.

“Vázquez habría dicho, en la última reunión del Consejo de Ministros –escribió Waksman–, que seguramente iba a ser criticado por adoptar una medida de esta naturaleza, pero que no se perdonaría si llegara a pasar algo sin haber tomado ninguna previsión para disuadir acciones directas contra la empresa o alguna operación tendiente a ridiculizar al gobierno.” Sin embargo, esta última eventualidad fue autoinfligida con las marchas forzadas (la disposición de militarizar la custodia de los intereses empresariales fue fundada en un decreto de 1974, de la Dictadura, y en oposición al Programa del Frente Amplio) y contramarchas del propio equipo presidencial. Entre aquel 2 de octubre y el 23 de noviembre mediaron discusiones y consultas con expertos constitucionalistas, como José Aníbal Cagnoni, para remediar los despropósitos formales. La nota en Brecha es precisa con los detalles.

En la prensa de Buenos Aires se dijo que el gobierno de Helsinski y la propia empresa Botnia se habían manifestado absolutamente ajenos a la actitud asumida por Vázquez en cuanto a la seguridad en Fray Bentos. Según Petra Teman, diplomática finlandesa para Montevideo y Buenos Aires, el gobierno de su país aboga por “una solución dialogada” entre los dos gobiernos sudamericanos, y afirmó que “no tuvo participación alguna” en la referida militarización. “Con ello –escribió Laura Vales en Página/12–, la diplomática tomó distancia de las versiones periodísticas que citaron un presunto informe de Finlandia al gobierno del Uruguay en el que se alude a un escenario de inseguridad en torno de la planta de Botnia. Theman explicó que algunas referencias a Osama bin Laden formaron parte de una cadena de correos electrónicos apócrifos que circularon semanas atrás desde una dirección que simulaba ser la de la Embajada de Finlandia.” Pero, Botnia, a sus empleados jerárquicos europeos les recomienda no viajar a Entre Ríos advirtiéndoles que podrían ser víctimas de hechos de violencia...

La hora de cruzar los puentes

Julio César Castro, “Juceca”, escritor y humorista uruguayo costumbrista, célebre creador de las historias en el boliche El Resorte donde se regodea la Eduviges, puso en la boca del occidental y chaqueño Luis Landricina aquello de la inteligentísima decisión de un ingeniero que construyó un puente y lo hizo perpendicular al río, porque de haberlo hecho paralelo de poco hubiera servido.

La octogenaria abuela-bomba, los presuntos “guerrilleros porteños”, la exposición de gigantescas hondas de utilería y avioncitos de papel sobrevolando el río Uruguay más las proposiciones de cruzarlo, produjeron lecturas y reacciones propias de la tan sensible como de mala fama inteligencia militar y policial (de un lado y probablemente también del otro). Coincidentemente, durante ese octubre pasado, este sexagenario que avisa y no traiciona el viernes 20 le escribió a la Asamblea Ciudadana de Gualeguaychú, como un año atrás le había escrito al presidente Vázquez (ver “Qué pena sería, Tabaré”):

“Estamos frente a una situación grave y sumamente compleja –manifestaba–, el norte nos subsume cada vez más desde la ‘apertura’ neoliberal a la que nosotros mismos no nos opusimos inteligentemente ni suficientemente. Los nuevos espejitos de colores volvieron a confundir, de un lado y del otro del río Uruguay... Ahora es un momento crucial, de estrategia muy sesuda y tácticas que acrecienten los consensos. Pienso que los cortes cumplieron un cometido y que ahora, de continuar, entrarían en una situación de rupturas muy negativas (ver en Le Monde Diplomatique el artículo de Ricardo Carrere, de Guayubira). Ahora hay que cruzar los puentes, vincular creativamente las voluntades populares de Gualeguaychú y de Fray Bentos, de Mercedes, etc. Poner el acento en que son el Banco Mundial, los organismos internacionales y los gobiernos, no los pueblos, los desencadenadores de desatinos que inevitablemente la historia, más temprano que tarde, retrotraerá, señalando responsabilidades políticas imposibles de disimular. Abrazos, a todas y a todos.”

¿Estos cruces de puentes, de confraternidad popular, de afirmación de raíces históricas comunes pone “en armas” a un gobierno que, en el siglo XXI, se autodefine “progresista”? ¿Los jerarcas de ese gobierno sufren los temores de algunos exponentes de la clase media montevideana que creen sin dudar que si llegan a Entre Ríos les van a pegar o romper el automóvil? (¿Y que los provincianos comunes oriundos de la banda occidental queremos romper todo en la oriental, cuando los que ensucian y rompen siempre han sido los inversores “off-shore”, ricachones a los que ahora el gobierno ofrece regalarles 30 litros de nafta para cada automóvil “extranjero” que vaya de Colonia hacia Punta del Este?) ¿Se creyeron la propia cantinela de que los asambleístas son “piqueteros” pagados por Kirchner? ¿No observaron, por ejemplo en el Foro virtual del diario La República/21, que así algunos locos y guarangos, inspirados en tales despropósitos, siguen cada vez más groseros?

Nov shmoz ka pop?

La frase, que se dice es intraducible, reapareció en mi memoria hace más o menos una década cuando descubrimos que en la comarca de los cerros y el mar, como la llama la radio RBC de Piriápolis, habían una proveeduría Jopito y otra Calvete. La primera, que pertenecía entonces a una pequeña cadena nacional, sucumbió ante “el hiper” de otra muchísimo mayor y multinacional que se inauguraba, generando, según palabras entonces de Nelson Guerra, durante aquellos años edil en Maldonado del Frente Amplio, que “la gente vuelca su esperanza en la inversión pero las instalaciones servirán tan sólo de depósito para la cadena y todo el mundo [trabajador] a la calle” (y así fue, el “hiper” chiquito funciona sólo en temporada). En cambio, la proveeduría de la familia Calvete sigue desde 1968 como emprendimiento familiar que se fue desarrollando según los hijos del matrimonio fundador fueron creciendo y casándose.

“Jopito” y “Calvete” me retrotrajeron entonces a una historieta de tres personajes, dos de los cuales así se llamaban, que por 1940 publicaba la revista Billiken, fundada en Buenos Aires veinte años más atrás por Constancio C. Vigil (quizá para contrarrestar el ideario rebelde inspirado en la clase obrera de la época por la revolución bolchevique). El tercer personaje era un viejo, con sobretodo y gran gorra que repentinamente, detrás de los protagonistas principales, obviamente uno calvo y el otro con jopo, aparecía con el pulgar de una mano en posición de “auto-stop” y un cartel en la otra con la intraducible leyenda. Algunos especialistas dicen que este personaje y su pregunta pertenecen al historietista estadounidense Gene Ahern (1895-1960), autor de The Squirrel Cage (La jaula de la ardilla), y que fueron creados únicamente como efecto surrealista.

Así, Nov shmoz ka pop?, aunque pudiera parecerlo, no es, respecto de la controversia por el depredador monocultivo de eucaliptos y la apestosa fabricación de pasta de celulosa, una inquisición en una jerga hermética de los nihilistas finlandeses. Quizá en los años treinta y cuarenta, y a pesar de Vigil mismo a quien se le pudo haber colado en Billiken, planteaba una subconsciente duda sobre hacia dónde iba el new deal de Roosevelt (algo parecido, salvando las distancias, a la no tan lejana perestroica de Gorbachov).

Cuando el descubrimiento de las proveedurías Jopito y Calvete, nuestro hijo menor (por entonces con sólo dieciocho años a cuestas) insistía en prevenirnos que más pronto que tarde el pragmatismo menemista saltaría desde Punta del Este al resto del país oriental.

Nov shmoz ka pop?

Gervasio Espinosa (23 de diciembre de 2006)

South “SOHO”

En Fray Bentos (Uruguay) muere a golpes niña de siete años. En La Plata (Argentina) “nueva” ley de educación la hace “obligatoria” desde los cuatro años de edad. La Prefectura uruguaya “vigila” a los “enemigos” de Botnia. Picolotti, secretaria de Medio Ambiente, de zapatillas viaja en “personal jet”.

Dicen las agencias de turismo que el SoHo de Nueva York es un simpatiquísimo barrio al sur de la calle Houston (South of Houston Street), simpatiquísimo para sus habitantes de clase media adinerada y los turistas de clase media adinerada. Dicen que esta simpatiquísima clase media desplazó de allí a los artistas bohemios que por los años 1960 lo habían poblado cuando de Greenwich Village los desplazó otra simpatiquísima generación anterior de nuevos ricos.

En Buenoshaire (Argentina) un sector del viejo barrio de Palermo, el del Hache Nacional (“me tenés seco y enfermo, mal vestido y sin morfar”), muy otrora poblado por descendientes de viejos sirvientes negros y mulatos y luego por provincianos migrantes avecindados en conventillos junto a pungas, cafishios y malandrines, ahora es Palermo SoHo y Palermo Hollywood. En el ínterin –siempre los hay– también abundaron allí bohemios. Como el original del norte éste “es una de las zonas mas pijas de la ciudad, con sus enormes lofts de diseño y tiendas de las primerísimas marcas” (así sobre el de Nueva York en www.trivago.es). La simpatiquísima clase media adinerada local allí instaló sus cuarteles ciudadanos cuando no está en el country, en Puerto Madero “trabajando” o en Punta del Este, etcétera.

En Montevideo, en la vereda del Canal de TV Monte Carlo (informó el diario Últimas Noticias del 11 de julio) se amontonaron más de quinientos jóvenes de entre 18 y 35 años, algunos pasaron allí una noche de ventisca helada, aspirando a pasar el “casting” para un nuevo “Gran hermano” que se transmitirá desde la capital de enfrente. Dice la crónica que “Todos concuerdan en que el concurso es la gran oportunidad de trascender y ganar dinero, si es que llegan a la final, y si no darse a conocer de cualquier manera”.

“La gente se manda una patriada enorme”, afirmó –siempre según el referido diario– un agente de la productora del engendro. Mientras, la Prefectura uruguaya convenientemente dejó trascender que vigila celosamente a mil orientales y entrerrianos “enemigos” de la empresa Botnia. Es evidente que no son pocos los que simpáticamente piensan estilo SoHo.

También mientras tanto, casi simultáneamente, la directora general de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires (Adriana Puiggros) anunció que la recientemente promulgada ley de Educación que reimpone el “novedoso” sistema de escuelas primarias y secundarias (una década atrás demolido por los mismos “académicos” para instalar la Enseñanza General Básica en dos ciclos, y en otros dos la Escuela Polimodal, ¡ja!) incluye como “obligatorio” el preescolar para párvulos, pibes o gurises desde los cuatro años de edad.

Sería exagerado decir ahora que se convertirá en obligatorio escolarizar a los niños en la morgue, pero se le parece. Después de la inusual nevada, en el área más densamente poblada de la provincia con capital en La Plata, casi no hay actividad escolar porque los establecimientos carecen de calefacción. Además, desde mucho antes de la dicha nevada, es evidente el estado crítico edilicio y profesional de todo el sistema “obligatorio” (para la estadística del Banco Mundial).

Morgue en serio fue el destino de una muchachita de apenas siete años, muerta a golpes de su propia madre en Fray Bentos, en la banda oriental del río frente a Gualeguaychú y sede industrial de la empresa Botnia asediada por mil enemigos que están siendo vigilados por la Prefectura. Pobres desgraciados la fallecida, dos hermanitos más, la madre de veintitrés años y la abuela de cuarenta y dos y ya hemipléjica. La información la brindó (también este 11 de julio) Radio El Espectador. La madre y la familia de la niña muerta, muy pobres, fueron hace tiempo excluidas de la vida rural por la falta de puestos de trabajo. La madre que mató a golpes a su niña ya tenía antecedentes de incontrolados castigos, réplica con seguridad de los que ella también sufre, y vecinos, educadores y especialistas en protección de la niñez lo habían puesto en conocimiento de la policía y de la Justicia. Pero los ojos estaban enfocados en los mil enemigos (con probabilidad uno de ellos es este mismo servidor y cronista) que saben, sí que sabemos, que el campo en bolsillos imperiales y los monocultivos intensivos mucho tienen que ver con la tristeza y el extravío popular.

Para el remate “hollywoodense” se suman los escándalos de la bolsita con pesos y dólares en el oficial cuarto sanitario de una ministra que fuera militante y los vuelos en jet de la secretaria Picolotti, jovencísima decana en su momento de los derechos humanos ambientales.

Demasiado dolor, y demasiada pavada. No nos es simpático el estilo SoHo.

Gervasio Espinosa (16 de julio de 2007)

Presentación. La censura y la autocensura existen


Es esta la primera vez que manejo un bloc de apuntes en internet. Me han dado auxilio los hijos para no perder la paciencia. El tiempo no me sobra ni material ni simbólicamente porque he cumplido los setenta de edad y por delante hay compromisos que cumplir. Uno es el trabajo cotidiano en las cosas de la casa junto con mi amada compañera desde hace cuarenta y cinco años, y otro el editorial: leer decenas de páginas de originales sobre política, filosofía y ciencias sociales. Cambiar de lugar puntos y comas, hacer enroque de expresiones, alertar a las autoras y autores sobre erratas o quizá errores, sugerir textos acabados, aportar para que las lecturas de esos futuros libros sean explícitas y felices. Que suenen...

En estos setenta años me he desempeñado, primero, como auxiliar y redactor en una pequeña editorial de teatro (Talía), y luego siendo ayudante en una fábrica de fideos, ñoquis y ravioles en un mercadito suburbano (José León Suárez), cumplí con el servicio militar escribiendo a máquina y manejando “jeeps”, y luego fui auxiliar en un depósito de un organismo público de investigación espacial (CNIE), encargado de ventas a crédito de una editorial francesa (Larousse), repartidor-vendedor de quesos y fiambres (San Fernando), artesano y galerista de arte (Paraná), técnico mecánico de máquinas de escribir y herrero (Posadas), herrero, constructor y reparador de dispositivos electromecánicos para laboratorios bioquímicos, organizador de un taller de trabajo para personas discapacitadas mentales, periodista suburbano asalariado y, por último (continúo, como se escribe en los formularios burocráticos), corrector “ortotipográfico” (horrible palabra) y de estilo de textos principalmente académicos.

Además he actuado en política. Siempre. Desde la época de la escuela secundaria (mis dieciséis años), pasando por un cineclub que incursionaba dando cine en el delta bonaerense, la organización de un frente antiimperialista en tierra misionera, una sociedad vecinal en un barrio obrero del Gran Buenos Aires y la militancia de izquierda, hacia donde he mirado y miro. Todo es una única cosa: la vida. Más no voy a decir.

En esta bitácora o “blog” se reúnen notas publicadas en Surmedia.com (Maldonado, Uruguay), La Fogata Digital, ALAI América Latina, etc. También las no publicadas porque, claro que sí, la censura existe. Se pueden citar y reproducir por todos los medios posibles, sin tergiversar e indicando la fuente. ¡Abrazos!

Gervasio